La Anécdota Musical…Aquí no graba ni medio número…

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Foto: Cortesía del autor

Ya poseedor de una amplísima popularidad, a mediados de los años 1950, el cantante Orlando Vallejo concede una entrevista a Germinal Barral, quien, con el seudónimo de Don Galaor, publicaba sus diálogos con artistas del teatro, el cabaret y la música, tanto cubanos como aquellos que desde otros países nos visitaban. Lo sorprendente del caso fue que, al visitar a Vallejo, el cronista se encontró con que el destacadísimo intérprete vivía humildemente en un local que le facilitaron los trabajadores de una estación de ferrocarril. Allí, durante la conversación, Don Galaor anotó todas y cada una de las agrupaciones musicales, de todos los formatos, donde el cantante había trabajado hasta ese momento. Según decían los músicos de entonces, le llamaban El Enterrador, porque cuando llegaba a un conjunto, literalmente, lo hundía

Años antes, en 1951, Vallejo era, por así decirlo, un desconocido. Hoy día se le recuerda como uno de los grandes intérpretes de guajiras y boleros que ha tenido Cuba. Pero en aquellos días, acumulaba ya una copiosa hoja de servicios… sin un solo éxito en el ambiente.

Cuando Agustín Ribot se va del Conjunto Casino, su director, Roberto Espí, luego de escuchar a Vallejo como vocalista de grupos como el Conjunto Kubavana, el Colonial de Nelo Sosa y el de Ernesto Grenet, le propone su entrada al Casino, el más solicitado y cotizado de la época. Vallejo acepta y, tras sus primeras presentaciones, tiene lugar una sesión de grabaciones para la firma cubana Panart.

Faz, Espí y Vallejo en una broma colosal

Mientras los músicos se preparaban, Espí comunica al ingeniero Ramón Sabat, propietario del sello disquero, los títulos y créditos correspondientes a las grabaciones a efectuar. Al mencionar a los cantantes, Sabat reacciona airado:

-¿Vallejo? Conmigo Vallejo no graba ni dos, ni uno… ¡ni medio número!

Ahí mismo comenzó la discusión. Espí alegaba que él garantizaba el éxito de Vallejo, pues lo había presentado en bailes y el público lo había aceptado. Sabat, en sus trece, insistía:

-¿Tú estás loco, Espí? Ese hombre lleva años en esto y no ha pegado ni una sola vez. No, conmigo Vallejo no graba…

Y todo se producía ante la presencia del propio Vallejo, quien, lógicamente, quedó sumido en total vergüenza. Los músicos amenazaban con irse y el director del Casino advirtió que, en el contrato, se decía: “el Conjunto Casino con tantos músicos”. No especificaba nada particular con alguno de sus integrantes. En eso, Espí fue tajante:

-Si Vallejo no graba, ¡nos vamos de la Panart!

En medio de aquello, Galo Sabat, hermano del dueño, trata de apaciguar los ánimos. Propone ir a un bar cercano a zanjar la cuestión. Para la Panart sería una gran pérdida, pues el Casino era uno de sus grupos con mayor pegada en el mercado. Finalmente, Ramón Sabat acepta:

-Bien, que grabe Vallejo…

Regresaron todos al estudio. Según los datos de catálogo, Orlando Vallejo grabó esa noche, como vocalista del conjunto, dos piezas movidas donde hizo los coros a Roberto Faz, e interpretó el bolero Cielo y sol, original de Juan Pablo Miranda (disco Panart 1385)…

En solo unos días, el éxito fue total.

Semanas después, Sabat llamó a Espí y le pidió prestado a Vallejo para grabar una serie de boleros y guajiras. “Vallejo no es propiedad mía. Es miembro del Conjunto Casino bajo contrato. Si usted lo quiere, hable con él…”

Después de dos años con el grupo, Orlando Vallejo se convierte en solista. El resto, como decimos con frecuencia, es historia conocida.

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