José White: el intérprete

Por Dra. María Victoria Oliver. Pedagoga

El pasado 12 de marzo se cumplió el 103 aniversario del fallecimiento del destacado violinista José White, el texto que sigue pretende homenajear a tan importante figura de la música cubana.

White no toca: subyuga. Las notas resbalan en sus cuerdas, se quejan, se deslizan, lloran. Suenan una tras otra como sonarían perlas cayendo. Ora en un suspiro prolongado que convida a cerrar los ojos para oír, ora en un gemido fiero que despierta el oído aletargado. En el “Carnaval de Venecia”, las notas ya no gimen ni resbalan; salpican, saltan, brotan; allí encadenan voluntad y admiración.

José Martí

Revista Universal de México

25 de mayo de 1875

JOSÉ WHITE LAFFITE, famous Cuban Violinist and Composer. (Born: Matanzas).  Video. (II) – JOSÉ WHITE LAFFITE, Famoso Violinista y Compositor. (Nacido  en Matanzas). Video. | The History, Culture and Legacy of

Si un término designa a White con justeza es el de virtuoso, pues su arte ha trascendido los parámetros del oficio. Como instrumentista explotó al máximo las posibilidades del instrumento, captó las sutilezas de cada frase con sus timbres y matices, recreó a través de una emoción profunda, la dimensión de cada obra que interpretaba. No es el virtuosismo de White ese encasillado en la acepción trillada y superficial que suele dársele a la palabra; en él no solo se dio la cristalización de la ejecución y la técnica; sino una personal manera de comunicarse al decir, que le permitió convertir su sólida formación musical en vehículo de expresión capaz de satisfacer las mayores exigencias de los oyentes, y dar paso al placer verdaderamente culto.

Aunque poseedor de un temperamento romántico, su estilo interpretativo ha sido considerado sobrio respecto a los cánones clásicos propios de la formación académica de ejecutar el violín, sin dejar de ser por ello vehemente en su expresión. Formado sobre la base de profundos principios estéticos abordó las más complicadas obras del repertorio universal, de las más sólidas escuelas desde el período barroco hasta su momento. Y es quizás por esto que muchos estudiosos plantean que en White se da la síntesis de un realismo y un romanticismo clásicos.

Amén de sus dotes naturales para el instrumento exhibía una depurada técnica. De corrección asombrosa en la ejecución de pizzicatos con su mano izquierda, cuidadoso en el empleo de los vibratos, evitando que la saturación de los mismos pudiera afectar el color natural de su timbre; con una afinación perfecta y dominio absoluto del diapasón del violín, solía realizar ingeniosas combinaciones digitales. Según la crítica especializada de la época, sus dobles cuerdas eran únicas.

Las dificultades todas las vence con increíble facilidad, los pasajes de octavas, décimas, sextas y terceras ascendentes o descendentes, en tiempos lentos o vivos. Y lo mismo decimos de su arco potente, vigoroso, flexible y ligero, arco familiarizado con todos los golpes y juegos que han podido combinarse; en fin, baste decir que el mecanismo del instrumento está bajo su dominio. Y después, qué sorprendente afinación, qué justa y precisa, qué tono tan simpático y halagador. Si bien no tiene más que la suficiente intensidad, fuerza y robustez, la muy necesaria y nada más. Su manera de decir es admirable.

“La Gazzeta Musicale”, 1872

Intérpretes que pasaban entonces por ser buenos ejecutantes no podían por menos de envidiar su talento. Genialidad avalada por varias facetas: pedagogo, compositor, director de orquesta e intérprete.

Pero un análisis de la proyección de White como intérprete, no puede ceñirse solamente a las valoraciones que de él hace la crítica. Se impone la caracterización de un repertorio que permita evaluar el nivel de integralidad musical del artista.

En este punto es preciso subrayar como una de las cualidades primordiales que coadyuvó a la estatura musical de White, su capacidad de adaptación a las demandas de los diferentes tipos de públicos, desplegando sus posibilidades técnico-interpretativas según lo requiriese el momento. A partir de ello se considera pertinente catalogar los programas hallados – escasos teniendo en cuenta la intensa actividad artística del maestro -, atendiendo al género al que pertenecen las obras y al lugar, región o país donde fueron ejecutadas. Por lo que no es necesario ceñirse a un orden cronológico se sus actuaciones como parámetro determinante para este análisis.

En una etapa temprana de su carrera, dos fuentes nutren su repertorio: la música religiosa y la popular bailable. Aspecto interesante es el hecho de que en su mayoría, las obras interpretadas por White, correspondientes a estos géneros, eran composiciones suyas. Acotar además que, aunque en menor grado, durante este periodo también White ejecutó temas de óperas; un ejemplo de ello fue el concierto ofrecido junto al pianista Gottschalk en 1854 en el Teatro Principal de Matanzas, en el cual interpretara una Fantasía sobre el tema de Guillermo Tell de Rossini.[1]

A partir de su primera estancia en Cuba en 1859, aparecen con más frecuencia en sus recitales en la Isla, Variaciones y Fantasías basadas en temas operísticos; los temas más ejecutados fueron los de las óperas Nabuco y El Trovador, ambas de Verdi.

Por otra parte no caracterizaba el gusto de estas tierras, aquella excelencia de la educación eurocéntrica; menos cultivados, más enfrascados en consolidar su identidad como pueblo, nuestros públicos no requerían del despliegue artístico de los grandes maestros clásicos, es por ello la notoria ausencia de obras de estos compositores en los programas interpretados por el matancero. Sin embargo, de muy positiva podría juzgarse la aceptación que tuvo en los diferentes auditorios cubanos la predilección del intérprete romántico por las piezas de cámara y las microformas violinísticas. Obras cargadas de poesía, intensas y rápidas, en las que el ejecutante muestra la pericia técnica y la profunda sensibilidad artística que posee. Las piezas de estos géneros más ejecutadas por el instrumentista, según consta en los programas encontrados, fueron las variaciones sobre el Carnaval de Venecia, de Schumann y su Bolero de Concierto.

Otro tanto ocurría con las partituras cuyo contenido musical llevara implícito motivos rítmicos o giros melódicos y armónicos que denotaran la presencia de la idiosincrasia criolla. El Popurrí de aires cubanos compuesto por José White con motivo del homenaje que diera el Liceo Artístico y Literario de La Habana, a la poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda; y que fuera estrenado para la ocasión el 24 de enero de 1860,[2] es el caso más notorio de lo anteriormente expuesto. Se puede considerar la obra más solicitada al músico en sus actuaciones.

La ocasión del concierto es también una cuestión importante a tener en cuenta a la hora de elegir el repertorio. La comunicación público – intérprete es bien diferente tratándose de un teatro con relación a una velada particular. El ambiente íntimo del salón, exige un programa menos ampuloso dentro del marco de la cultura universal musical, y sí más propicio para la ejecución de obras de pequeño formato o de carácter nacional. La referencia bibliográfica más elocuente que ha quedado como evidencia de estas tertulias en las que participara White es la reseña de Dolores María Ximeno Cruz, en sus Memorias de Lola María:

José White en el centro del gabinete veíase perfectamente desde la sala y empezó la audición. Qué decir, sublime resaltaba. Oberturas soberbias y el notable popurrí dejáronse oír. El popurrí con sus cantos cubanos populares, apasionados, espontáneos, bellos entre los bellos.

La sugestiva pieza donde palpitaba el alma de la tierra amada con sus secretos, con sus tristezas, con sus errores, con sus deseos, con su significación tan honda mezcla de quejas, llanto y baile, se hizo repetir.

Ximeno y Cruz, Dolores María: Aquellos tiempos. Memorias de Lola María. La Habana: Imprenta El Universo, 1928, pp.165-180.

En la época en que el violinista matancero visita España, esta comenzaba a destacar los valores tradicionales de la música de su pueblo. Proceso largo de resurgimiento, luego de una etapa prolongada de decadencia que siguió a la altura musical alcanzada en el siglo XIX; se iniciaba la oposición de la identidad popular en la música española al italianismo trivial que invadía los gustos y las costumbres europeas. Tocó la suerte a White de conocer a uno de los hombres más importantes de este período: Hilarión Eslava. Un antecedente violinístico marcaba la historia musical de este tiempo, cuya identificación con los preceptos del movimiento nacionalista español posibilitaba un mejor acercamiento de la obra creativa e interpretativa del ejecutante cubano. España había dado al mundo a Jesús Monasterio, quien obtuviera grandes éxitos en Europa popularizando el tono popular español con su Canción Morisca para violín y orquesta y el Adiós a la Alhambra.

Irrumpió White en los salones y la corte madrileña ejecutando temas de óperas como Motivos de Nabuco, Fantasía sobre el Trovador, de Verdi, el Duetto de Guillermo Tell de Rossini. Ofreció las Variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Schumann como parte de su repertorio virtuosístico; pero párrafo aparte merecen mención sus obras de carácter nacional Popurrí de Aires nacionales interpretado en el Conservatorio de Madrid,[3] y su capricho Jota Aragonesa brindado en especial ocasión a sus Altezas Imperiales en el Palacio Real de Madrid;[4] y que tantos elogios le proporcionó. En un momento de efervescencia nacionalista supo White ubicar consecuentemente su papel de intérprete-compositor al portar como carta de presentación su “Jota Aragonesa”.

Los programas de los conciertos dados por el célebre violinista en América Latina no difieren en su contenido de aquellos brindados en Cuba o en España. Persisten los temas de óperas, siendo los más ejecutados “Motivos de Martha” de Von Flotow, “Motivos de la Traviata” de Verdi, “Roberto el diablo” de Meyerbeer y “Quinteto de la Sonámbula” de Bellini.

En cuanto a la ejecución de composiciones clásicas universales en un país latinoamericano, debe indicarse que la única constancia de programa con repertorio de este tipo se refiere al concierto brindado en México el 12 de julio de 1875 en el cual interpreta la Chacona en re de Juan Sebastián Bach, la Sonata en do menor para piano y violín de Beethoven, interpretada con el pianista puertorriqueño; Sr Núñez, y el Quinteto de Mozart, el cual dirigió y ejecutó.

Respecto a las piezas románticas consideradas virtuosas las más tocadas fueron las Variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Schumann y la Styarianne del propio White. Tres obras de corte nacionalista se incluyen en el repertorio de esta gira latinoamericana, Cocoyé cubano, interpretado en el Teatro Principal de Lima, Perú; el 31 de agosto de 1877, conjuntamente con Aires cubanos, ambas obras de White; y su célebre Zamacueca  compuesta en Valparaíso, Chile, y ejecutada según hace constar la prensa de este país, en agosto de 1878.

No debe valorarse el repertorio interpretado en Brasil como se evalúa el ejecutado en el resto de Latinoamérica, las condiciones histórico-sociales determinaron otro status cultural para esta región. Existía aquí una tradición musical, alimentada por diferentes fuentes: música indígena, música negra, y música sacra propagada fundamentalmente por la misión jesuita. Se cultivaba además, el género vernáculo a través de las modinhas de ascendencia europea y marcada influencia italiana, con sus exóticas melodías y ricos ritmos. Brasil fue, quizás, la región de Latinoamérica, que tuvo durante todo el siglo XIX las más brillantes temporadas de óperas; fue un compositor brasileño, Carlos Gómes (1835-1896), el primer latinoamericano que triunfó con sus creaciones operísticas en los salones europeos. Cuando White llega a esta región suramericana estaba en apogeo la música de Gómes; no obstante, sus Altezas Imperiales disfrutaban de la música clásica universal, especialmente la sinfónica.

A White le correspondió el papel de difundir la música clásica en Brasil; labor que realizó con los conciertos ofrecidos fundamentalmente en el Casino Fluminense, y en la Sociedad de Conciertos de la que fue su director.

Podemos afirmar sin lugar a dudas, que si un período ha posibilitado medir la cultura musical del violinista, ha sido la etapa de su estancia en Brasil. De este tiempo se han conservado dieciséis Programas en los cuales fueron ejecutados nueve temas de óperas, treinta y una obras del repertorio clásico universal, nueve piezas virtuosísticas y cuatro de carácter nacional. Se debe señalar como aspecto interesante que en estas presentaciones White aparece indistintamente como ejecutante o director de orquesta; así sucede cuando dirige Obertura, Marcha y Allegro de “Sueño de una noche de verano” y la Sinfonía No 3 de Mendelssohn[5], o la Sinfonía No 3 de Beethoven. Otros compositores interpretados frecuentemente en Brasil fueron Haydn, Mozart, J. S. Bach, cuya Chacona en re para violín siempre estuvo en el repertorio de White; Schumann, Chopin, Schubert, y Rubinstein. El tema de ópera más ejecutado en Brasil fue “Motivos de Otelo”, basado en la obra de Verdi, y la pieza de carácter nacional más popular La Zamacueca, de su autoría.

Particularidades bien diferenciadoras caracterizaban a los jóvenes estados anglosajones de América del Norte. Un desarrollo cultural condicionado por el florecimiento de grandes capitales financieros. Un pueblo que asimilaba las concepciones estéticas del romanticismo, cuyas efusiones estimulaban la naturaleza virgen de sus tierras; y un público que aunque amante de la musical Comedy, sabía apreciar y aplaudir la obra de los clásicos.

Ser favorecido por la crítica estadounidense y sortear su censura, no ha sido nunca fácil, incluso para artistas de probada talla universal; White pasó sin dificultades esta prueba, constancia de ello son las crónicas de la época:

El concierto de la Thomas Orquesta

” …la sensación particular de la noche fue la presentación del violinista cubano Sr. White”.

” …el Sr. White al momento llamó la atención como un gran virtuoso. El tocó el concierto Op. 64 de Mendelssohn tan aguda, tan inteligentemente y con tanto sentimiento como nosotros nunca lo habíamos oído tocar, y con una pureza de sonido y estilo de respiración justa de los más famosos artistas. Fue frecuentemente interrumpido por los aplausos, al igual cuando ejecutó la Chacona de Bach”.

”Filadelfia”  ”Evening Bullihin ”, Sección «Musical», enero 14 de 1876

El lunes 20 de marzo de 1876 participa en el quinto concierto de la Sociedad Filarmónica de New York, según crítica aparecida en el “Tribune” de esta ciudad. En esta oportunidad ejecutó bajo la dirección del Sr. George Matzka, Balada y Polonesa para Violín y Orquesta Op. 38 de Vieuxtemps, y la Chacona en re de Bach.

A pesar de que su paso por los Estados Unidos fue fugaz no podemos menos que catalogarlo de trascendente; no existe antecedente corroborable de que otro intérprete haya ejecutado la difícil obra para violín de Juan Sebastián Bach, Chacona en re menor, antes de que White lo hiciera públicamente en este país.

Los escenarios de Europa y en especial los de París, engrandecieron su arte. Pocos programas se han conservado, no obstante, durante todo este período que abarca desde su triunfo en el Conservatorio de París en agosto de 1856 hasta su muerte en 1918 acaecida en esta misma ciudad, donde fijó su residencia. Apenas diez programas han llegado hasta nuestros días; a pesar de esto, el repertorio ejecutado permite estimar los autores más representativos que interpretó. Las sedes en las cuales con más asiduidad se presentó fueron: La Sociedad de Conciertos de París, el Conservatorio de París y la Sala Erard. Los compositores más ejecutados: Viotti (Concierto Op. 29), Bocherini, Handel, Bach (Chacona en re), Mendelssohn (Concierto para violín), Kreutzer, Romanza en fa de Beethoven, Mozart (tríos, cuartetos) y Brahms.

En cuanto al repertorio virtuosístico del romanticismo debemos resaltar el hecho de que en él figuraban obras como la Fantasía de Paganini; nos sólo de altos vuelos poéticos, sino también de innumerables dificultades técnicas.

Los temas de óperas también están presentes en sus conciertos en Francia; las famosas transcripciones de su profesor Delfín Alard, como su Fantasía sobre Nabuco, no faltaron en sus programas.

La crítica especializada francesa fue pródiga en alabanzas hacia la figura y el arte de White, gracias a ello se puede completar la imagen artística del maestro.

”…tocó con un estilo siempre igual el concierto de Mendelssohn y la Fantasía de Paganini. Esto quiere decir que se presta a tocar todo lo que se quiere porque todo puede presentarse entre estos dos términos extremos”.

”..helo ya colocado en el primer rango, en esa gloriosa falange de violinistas que la Europa nos regala”.

”La Ilustración Francesa ”, 1861

Quizás la labor más relevante de White en París como intérprete fue el haber sido el fundador de la Sociedad Schumann, a través de la cual hizo oír por primera vez, como solista él, las obras de Saint Säens, Raff, Brahms y Schumann, además de promocionar la obra de otros compositores de la música universal.

Una valoración final de White como intérprete precisa ante todo su ubicación en el ámbito de una época. La proyección general de su figura se identifica, sin lugar a equívocos, con los preceptos románticos que matizan a su generación. Fue un virtuoso a la medida, sin adicionar ni restar. Dueño de una técnica impecable adquirida en la academia, que supo conjugar felizmente con los ímpetus interpretativos del romanticismo. Por el propio hecho de poseer una formación musical vasta, concedió especial importancia a la interpretación de las obras de los compositores clásicos.

No compuso Sinfonías ni música de programa, tampoco óperas; su Concierto para Violín y orquesta evidencia una concepción musical cosmopolita. Lo nacional en su música se expresa a través del sentimiento patrio que lo hace identificar con su tierra natal, sin que por ello pueda considerarse un expositor pleno de la corriente nacionalista cubana.


NOTAS

[1] Ramírez, Serafín: La Habana Artística. La Habana, Imprenta E.M. de la Capitanía General, 1891, p. 176.

[2] Periódico “Aurora del Yumurí”, sección “Gacetillas”. Matanzas, año 32, no 153. Martes 24 de enero de 1860.

[3]“La Correspondencia” Madrid.22 de noviembre de1863

[4] “La Correspondencia” Madrid 27 de noviembre de 1863

[5] A Epoca. Brasil.1887 En: Álbum Museo Nacional de la Música.                                                        


BIBLIOGRAFÍA

Ramírez, Serafín. La Habana Artística. La Habana, Imprenta EM de la Capitanía General. 1881.

Ximeno y Cruz, Dolores María. Aquellos Tiempos. Memorias de Lola María. La Habana, Imprenta El Universo. 1928. P. 165-180.

Fuentes periódicas

Aurora del Yumurí, sección Gacetillas. Matanzas, año 32, no.153. Martes 24 de enero de 1860.

La Ilustración Francesa. París. 1861. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

La Correspondencia. España. 1863. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

La Revista Universal de México. México. 1875. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

La Gaceta Musical. París. 1872. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

Tribune. N.Y. 1875-1876. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

Evening Bullihin. Filadelfia. 1876. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

La Opinión Nacional. Perú. 1877. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

The Chilian Times. Chile. 1877. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.

A Epoca. Brasil. 1889. En: Álbum. Museo Nacional de la Música.


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