Acercándonos a “Un siglo de discografía cubana” Ediciones Museo de la Música, 2018

Por Liettis Ramos González. Musicóloga

La más reciente publicación de José Reyes Fortún: Un siglo de discografía cubana, se adentra en el difícil campo investigativo del registro fonográfico de la música realizada dentro y fuera de la Isla. Campo donde se destacan a nivel internacional, investigaciones que se erigen como verdaderos pilares en la construcción histórica y la caracterización de esta en el siglo XX; entre ellas las realizadas por Richard K. Spottswood, John Storm Roberts y Cristóbal Díaz-Ayala. Sin embargo, a diferencia de la investigación que nos ocupa en el presente libro, las anteriores fueron realizadas fuera de Cuba, exentas de las dificultades que se presumen para que un investigador residente en la Isla, pueda acceder a fuentes de información y colecciones sobre música de obligada consulta, ubicadas fuera del país.

Lo anterior es uno de los obstáculos salvados con dignidad por José Reyes Fortún. Ello deviene un mérito del libro, cuyos valores se sustentan por el rigor investigativo y la copiosa tenacidad de su autor, que, tras un período de diecisiete años de búsqueda, análisis, cotejo y redacción de la información, nos ofrece como resultado Un siglo de discografía… dando continuidad al pensamiento esbozado en su anterior libro La música cubana: la aguja en el surco (Ediciones Cubanas, 2015).

Quizás por ello resulta modesta la declaración de Reyes Fortún cuando advierte la ausencia en el libro de un inventario o catálogo del registro fonográfico en Cuba; ciertamente no es este su contenido. Sin embargo puede seguirse el curso de la historia musical mediante la referencia de innumerables títulos, contrastados por fechas de grabaciones y series o matrices en los catálogos donde aparecen. Probablemente lo más difícil del proceso investigativo fuera el acceso a las grabaciones de los títulos que se mencionan y que dan sustento y valor a la investigación. Un largo proceso en verdad, si se tiene en cuenta que la mayor parte de dichas grabaciones y discos, no se hallan en los catálogos discográficos cubanos y sí en manos de coleccionistas y melómanos de nuestra música, muchos de ellos residentes fuera de la Isla.

No obstante, salvar tales dificultades en el proceso de esta investigación desde Cuba era una meta que con seguridad podría ser cumplida por Reyes Fortún, teniendo en cuenta su aval y prestigio como especialista en fonografía, tanto a nivel nacional como internacional. Musicólogo nacido en La Habana el 3 de julio de 1946, se desempeña como investigador adjunto del Museo Nacional de la Música de Cuba, miembro del Comité Organizador del evento Cubadisco, del Comité del Premio y del Consejo Editorial del periódico de este evento. Premio a la Investigación discográfica en 1997 y Premio Especial Cubadisco en el 2005 por su compilación de ocho discos El Gran tesoro de la música cubana, Premio Anual de Investigación “Juan Marinello” 2001 y 2005 y Premio de Honor Cubadisco en el año 2011. Como parte de su labor de rescate y divulgación del patrimonio musical, mantiene los espacios radiales especializados Archivo Musical y Vivir en la memoria, en la emisora Habana Radio, la cual es captada por las ondas radiales de otros sitios de América Latina. Su obra bibliográfica ha sido coherente con su línea investigativa: Ofrenda Criolla: aproximación a una discografía de Benny Moré, Bio Bibliografía de Odilio Urfé, El Conjunto Casino: Los campeones del Ritmo, El arte de Benny Moré y La música cubana: la aguja en el surco.

A pesar de su prestigio el autor hubo de tender puentes de amistad y establecer convenios de colaboración mutua con amigos, investigadores y coleccionistas. Estos facilitaron no solo la escucha u obtención de algunas de estas grabaciones, sino también la identificación de voces, instrumentistas e incluso, imágenes de sellos discográficos o discos considerados de escasa existencia y por tanto elevados a piezas únicas de colección. A través de las colaboraciones y en viajes a Colombia y Estados Unidos para estancias de investigación, participación en ferias internacionales del disco así como encuentros de coleccionistas, pudo el autor consultar los más importantes catálogos fonográficos y colecciones personales, que recogen el acontecer musical latinoamericano; como es el caso de la colección personal del investigador Cristóbal Díaz-Ayala, la cual fuera donada a la Universidad Estatal de La Florida (Estados Unidos).

Las referencias a personalidades o a títulos contrastados, constituyen ejes centrales en torno a los cuales se desarrollan las historias que dieron lugar al entramado de siete capítulos. Como inicio, el acercamiento al panorama musical cubano al arribo de las grabadoras de cilindros, tiene entre sus protagonistas a la figura de la soprano Rosalía Díaz Herrera “Chalía”; dada su condición de haber sido la primera artista que registrara su voz en tales soportes. La llegada del fonógrafo como auxiliar del cinematógrafo no solo abunda en la importancia que tendría para la historia, el maridaje más tarde indisoluble entre música y cine, sino que toman protagonismo los primeros sellos discográficos y su incidencia en las diversas esferas de la creación musical cubana.

Tras abordar el surgimiento de la discografía, el autor esclarece en el siguiente capítulo: la significación que tuvo la llegada del proceso eléctrico en las grabaciones y el empleo del micrófono, especialmente para la definición y distinción tímbrica de los sextetos y septetos que dieron a conocer el son a nivel nacional e internacional. Tal hecho también fue importante para caracterizar la situación competitiva impuesta por las acciones y selecciones de artistas llevadas a cabo por los sellos discográficos que comandaban el mercado musical, dando al traste con el desarrollo desigual alcanzado por los diversos géneros del ámbito popular.  

A la presencia del recurso discográfico en la radio se dedica el siguiente capítulo. El decisivo consorcio de la radio y el disco en Cuba, es resaltado por cuanto fue el punto de partida, no solo de la difusión acelerada de la música cubana, sino también, al surgimiento de los primeros estudios de grabación cubanos. Tal hecho no podía desembocar sino, en el desarrollo de los dos siguientes capítulos dedicados al inicio de la industria discográfica cubana, el uno; y los primeros sellos cubanos: Puchito y Panart, el otro. Como colofón, los nuevos caminos, propuestas y retos de la discografía en la Revolución y el surgimiento de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

A través del libro Reyes Fortún hace un guiño al difícil arte de historiografiar. Arroja luz sobre esa parte de la historia que se puede reconstruir desde el registro fonográfico y que –aunque cueste creerlo–, deja en evidencia que ocasionalmente el discurso histórico oficial en los textos de música cubana se ha desarrollado de forma paralela, teniendo escasos puntos de contacto con la anterior. A manera de ejemplo citemos el epíteto otorgado en algunos textos a Paulina Álvarez y elevado casi a categoría de supremacía: “la Emperatriz del danzonete”.

Es muy conocida su interpretación del danzonete Rompiendo la rutina. Sin embargo, en pocos textos o discursos oficiales se reconoce que el despegue del género ya había ocurrido antes de la interpretación de Paulina. Fueron el cantante Arturo Aguiló y un vocalista de apellido Garay quienes lo registraran por primera vez en Cuba para el sello Brunswick en 1929, con su correspondiente popularidad. A fines de ese mismo año, retoma popularidad el tema y género esta vez en las voces de los cantantes del famoso Trío Matamoros, quienes lo grabaran por primera vez en el extranjero (Estados Unidos), junto a la orquesta del cubano Vicente Sigler.[1] Todo ello justo dos años antes de que iniciara su carrera discográfica la conocida “emperatriz del género”.

Ante tal escenario donde el autor estimula constantemente el pensamiento, el lector no está exento de ser atrapado por las dudas e inquietudes que el primero comparte. Ejemplo de ello ocurre cuando comenta sobre la gestión que hiciera en 1947 Anselmo Sacasas para llevar desde La Habana a Estados Unidos ¿al cantante Rubén González (1919-2003)? para que integrara su orquesta…y nos obliga a preguntarnos ¿si se refiere al mismo pianista que años después se convertiría en figura ilustre del Buena Vista Social Club? O cuando argumenta las contradicciones existentes en la integración del Sexteto Habanero y los datos del registro de sus primeras grabaciones. También cuando nos ofrece otras perspectivas de análisis a las transformaciones de algunos géneros popular-bailables de inicios de siglo XX, como el danzón y el son, a partir de criterios puramente técnicos, manejados por las discográficas extranjeras residentes en Cuba; practicados ocasionalmente por la necesidad de acortar el tiempo de duración de los temas musicales, con el fin de que se ajustaran a la capacidad que ofrecían los discos de 38 y 45 rpm.[2]

Más que ofrecer respuestas mediante una relación histórica, el autor destaca datos que se convierten en esas señales que siempre han estado ahí, totalmente apreciables en un camino lleno de encrucijadas, pero que pocas veces nos detenemos a observar. Datos que nos hacen preguntarnos no solo cómo hemos podido llegar hasta donde estamos creyéndonos exitosos, sino también el por qué no han sido vistos y de qué formas habrían condicionado nuestros caminos investigativos. En tal sentido, el autor trae a colación los sextetos Gloria Cubana, Mikito y Cuba; entre los primeros en incorporar el piano en función armónica en la década del veinte del pasado siglo, alcanzado importantes éxitos discográficos. Este hecho no solo es ocasionalmente olvidado a la hora de entender de forma orgánica la transición de formatos como los sextetos y septetos hacia los conjuntos; su invisibilidad también puede haber limitado una concepción más amplia en los posibles repertorios y posibilidades tímbricas de estos formatos en la música cubana.

Quizás por el aforismo de que para potenciar el futuro debe entenderse el pasado, Un siglo de discografía… es ya otro de los textos de obligada consulta para la comprensión y desarrollo de la industria musical cubana, por cuanto ilustra los basamentos y condicionantes que explican muchas de sus dinámicas. Su relevancia alcanza incluso el ámbito pedagógico al aportar un texto sólido como referencia a la enseñanza de la Historia de la Música Cubana y Latinoamericana y la apreciación de estas; esclareciendo por ejemplo la integración de múltiples formatos de la música popular cubana.

Al decir del investigador Ricardo Oropesa en su valoración al libro: “Un siglo de discografía cubana es el libro que todos hubiésemos querido realizar pero que sólo los hombres que llevan el privilegio de la estrella de la humildad y la palabra veraz como corona, pueden alumbrar el camino de sus seguidores”. Este libro constituye una obra indispensable en el rescate y difusión del patrimonio musical de Cuba. Atestigua etapas en las que el recurso discográfico constituyó uno de los principales medios de legitimación y perdurabilidad cultural, anterior a que el poder comunicativo de los medios audiovisuales tomara protagonismo. Tal relevancia acrecienta la necesidad e importancia de la reconquista y fácil acceso –de forma general–, a las múltiples grabaciones que se citan; este hecho continúa siendo una deuda pendiente de los cubanos con su propia cultura.

No obstante, las Ciencias Sociales se visten de gala con este libro al que podemos decirle ¡Enhorabuena! Gestado como idea, en días de conversación y sesiones de apreciación de la música entre colegas en una oficina, felizmente inició el proceso en que el conocimiento se desborda de la mente del autor, se plasma en papeles que vuelan de sus manos y que llegan, un día cualquiera, a otras manos en forma de libro permitiendo que se expanda cual brisa fresca el saber humano. Gracias José Reyes Fortún.

Liettis Ramos González. Licenciada en Musicología. Diplomada en Complejidad y Episteme y en Patrimonio Musical Hispanoamericano. Máster en Gestión del Patrimonio Histórico-Documental de la Música. Investigadora del Museo Nacional de la Música. Miembro de la sección cultural de la Sociedad Económica de Amigos del País.


NOTAS

[1] El registro del tema fue con el sello discográfico Víctor y aparece como Rompiendo la rutina (Vi-4640A).

[2] Revoluciones por minuto. Medida de catalogación discográfica.

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