Compilación de entrevistas “Ideas, conflictos y posibilidades de las disciplinas teórico-prácticas en los niveles elemental y medio de la enseñanza musical: los docentes”.

Por Leannelis Cárdenas Díaz. Musicóloga

En el año 2015, como parte de un trabajo de la asignatura Metodología de la Investigación, un grupo de estudiantes que cursábamos el segundo año de la carrera de Musicología en la Universidad de las Artes, nos dimos a la tarea de realizar un trabajo investigativo basado en los problemas que presentaban las asignaturas teóricas en la enseñanza musical. Como objeto de estudio, decidimos centrar nuestra mirada en las escuelas de los niveles elemental y medio existentes en La Habana.

Para ello se procedió a entrevistar a una serie de destacados y experimentados docentes, que, a pesar de su larga trayectoria y años de servicio, e incluso, siendo algunos de muy avanzada edad, continuaban vinculados a la docencia en muchas de nuestras escuelas. Del testimonio de estos maestros, emergieron una serie de problemas y carencias que en aquel entonces eran recurrentes a la hora de impartir las asignaturas teórico-musicales en los niveles anteriormente mencionados. La información recogida y procesada durante esta investigación nos permitió realizar un diagnóstico bastante exhaustivo del estado y la salud de materias fundamentales en la formación del músico como Solfeo, Armonía e Historia de la Música, entre otras. El trabajo titulado: Ideas, conflictos y posibilidades de las disciplinas teórico-prácticas en los niveles elemental y medio de la enseñanza musical: los docentes, mereció ese año el Premio Musicalia de Investigación que otorga la Universidad de las Artes.

Seis años después, y debido a la importancia que continúan teniendo las asignaturas teóricas en la formación de la joven cantera de músicos cubanos, decidimos poner a su disposición de manera íntegra y en primera persona, algunas de las entrevistas de los docentes que accedieron a hablar con nosotros en aquel entonces. Esta compilación nos brinda la posibilidad de revisitar cada una de esas valiosas conversaciones, para luego confrontar en una suerte de balance final los criterios, puntos en común, observaciones y consideraciones generales sobre las temáticas abordadas. De esta manera, también pretendemos homenajear a muchos de esos maestros que hoy, lamentablemente, ya no están entre nosotros.


Entrevista a Roberto Chorens Dottres

(21 de enero de 2015)

Foto tomada de Internet

Con gran respeto y algún que otro temor, llegué a la sede del Teatro Lírico de La Habana el 21 de enero del 2015. El objetivo de esta visita era preciso: entrevistar al maestro Roberto Chorens Dottres. Sus consideraciones sobre el conjunto de asignaturas teóricas que se imparten en las escuelas de arte, los planes de estudio y el estado del nivel medio de enseñanza musical en Cuba eran parte fundamental de la investigación que, junto a mis compañeros, realizaba por aquel entonces.

De todas las figuras que debía entrevistar, decidí que Chorens fuera el primero, ya que representaba un reto enorme para mí. Aquel día dejaría de ser “su guajirita de Ciego de Ávila” -como cariñosamente me llamó durante el tiempo que coincidimos en el Conservatorio Amadeo Roldán que él dirigía y donde yo estudiaba-, para convertirme en la aprendiz de musicóloga que osadamente le haría esta entrevista.

LCD: ¿Tuvo usted una formación musical académica? ¿Quiénes fueron sus maestros?

RCD: Estudié música como muchas personas de mi generación. Empecé con una maestra de piano particular. Después hice la prueba en el Conservatorio Amadeo Roldán, al cual ingresé en el año 1962 en la especialidad de piano. Mi maestro del instrumento fue Oscar Loriet, y cuando él se jubiló, me gradué con César López. También antes de graduarme comencé a estudiar órgano cuando estaba en sexto año de piano, porque así era como estaba establecido. En esa época no había Nivel Elemental ni Nivel Superior, nada de eso. También me gradué de órgano con Manuel Suárez.

LCD: Ud es conocido como un gran pedagogo. Buena parte de su labor profesional es como docente. Como profesor o maestro ¿tuvo alguna formación específica?

RCD: No tuve ninguna. En aquella época no se daba esa asignatura que hoy se llama Metodología, que en definitiva no creo que enseñe nada, pero bueno. No recibí formación específica como maestro, sino que siempre sentí una profunda vocación de serlo. Cuando uno nace para algo, pues lo es y si no, se le tuerce la vida. A mí me gustaba ser maestro. Yo todavía no me había graduado de Amadeo cuando me fui a trabajar a Cubanacán, a la facultad de danza, como pianista acompañante de las clases de técnica. De ahí me formé en otra disciplina muy ligada a la danza que era la improvisación. Según el compás en que ellos estuvieran haciendo el ejercicio: “un, dos, tres…” dice la maestra y da con un palo en el tabloncillo, uno tenía que improvisar en ese compás.

LCD: ¿Qué lo motivó específicamente para dedicarse a la docencia?

RCD: Yo no me vi nunca como pianista, como instrumentista, siempre me vi más como maestro. Nadie me llevó a ser maestro, ni me metió en un plan emergente, es que es lo que me gusta y lo que me gustó siempre.

LCD: Casi todos tenemos en el plano profesional figuras que sirven de ejemplo a seguir. En su caso ¿quiénes influyeron en su formación como educador y de qué manera incidieron en su posterior desempeño profesional?

RCD: César López fue mi último maestro de piano, hoy fallecido. Cuando José María Vitier o Ernán López-Nussa hablan de un maestro, hablan de César, al igual que yo. Él siempre fue un ejemplo. Además, tuve increíbles maestros, de esos que siempre se mencionan, como una maestra de Apreciación Musical llamada Miriam Furniere, una mujer dulcísima que aún trabaja en Amadeo Roldán como profesora de piano complementario. ¡Era una persona tan increíblemente buena! También en el ISA (Universidad de las Artes) cuando estaba estudiando Musicología, tuve muy buenos maestros. Fue la época de los rusos en el ISA.

LCD: ¿De qué época estamos hablando?

RCD: Yo terminé el Nivel Medio y me fui a trabajar a Danza, donde había empezado a estudiar antes de graduarme. Seguí en Danza varios años, ya no tanto como pianista, sino que empecé a dar clases de música a los bailarines. En ese momento de mi vida yo tenía muy buenas relaciones de trabajo con el ISA porque había empezado a trabajar en le Dirección de Enseñanza Artística, lo que es hoy CNEART (Centro Nacional de Escuelas de Arte). Ahí tenía, una vez fundada el ISA, relaciones incluso con el decanato de la facultad de música, vinculándome a todo lo referente con planes y programas de estudio. Yo era subdirector de la Escuela Nacional de Arte (ENA) de música en esa época, había terminado ya en Cubanacán, y al ser subdirector de la escuela de música -donde está el gusano hoy- me decían: bueno y por qué no haces Musicología. Y fue así como empecé a estudiar Musicología en el curso para trabajadores.

LCD: Exactamente ¿dónde y cuándo comienza su labor como profesor?

RCD: En el año 1969, en la Escuela Nacional de Danza, o sea, Cubanacán, impartiendo clase a los bailarines de danza moderna.

LCD: En su amplia trayectoria como maestro de asignaturas teóricas, imagino que son varias las materias que ha ofrecido. ¿Qué asignatura imparte actualmente y cuáles ha impartido?

RCD: A día de hoy imparto Historia de la Música, pero en todo el tiempo que llevo como docente he impartido un millón. Una de ellas fue Panorama de la Cultura Cubana. Esa era la época en la que uno quiere saber y saber, entonces un grupo de músicos nos matriculamos en la Universidad de La Habana, en un momento en el que abrieron un curso para trabajadores de noche e hicimos Estudios Cubanos. Te hablo ahí de Mercedes Marín, Juan Blanco, el hijo de Juan Blanco, César López, Amet Gutiérrez. Todos los que te acabo de mencionar estábamos en la Universidad y cursamos Estudios Cubanos. Después, yo también comencé a impartir Panorama de la Cultura Cubana, lo hice durante muchos años. Y solamente no impartí la asignatura en música, sino también en San Alejandro, para tener la experiencia de darle clases a alumnos de Artes Plástica. En cuanto a Historia de la Música que es la asignatura que imparto actualmente, llevo unos treinta y cinco años impartiéndola.

LCD: Cuando se piensa en asignaturas medulares dentro de la formación del músico, Historia de la Música puede verse como una materia base. ¿Cómo valora la situación actual de su asignatura?

RCD: No la valoro como crítica ni caótica, pero sí considero que está en una especie de bache eterno. Si se piensa a nivel de país, no solo Ciudad de La Habana, los profesores no están preparados para impartir la asignatura como va. Aun cuando el CNEART les da todos los materiales de apoyo, audiovisuales, audiciones, etc., ellos no los utilizan, a veces por desidia, o porque no saben qué hacer con ellos. No saben hablar de un pintor, de un escritor porque nunca se han leído un libro. Y no es un pecado que no lo sepan, el problema es que no les interesa saberlo. Yo pienso que la asignatura de Historia de la Música está en deprimencia con respecto al Solfeo. Porque el Solfeo no necesita esa preparación y esa gran base material de estudio que sí necesita la Historia, quedando así en desventajas con asignaturas como Armonía y Análisis, por ejemplo. Esta es una asignatura infinita, muy abarcadora, entonces el profesor tiene que ser una especie de erudito, tiene que tener conocimientos más allá de la música. Yo la asignatura la veo más que como Historia de la Música, como Historia del Pensamiento Musical.

LCD: Además de lo que mencionaba anteriormente ¿Cuáles son las causas de los problemas que aquejan a la asignatura en estos momentos?

RCD: Un problema serio es la falta de interés por parte de algunos de los profesores que la imparten. La mayoría de las veces en las escuelas sucede que llega un profesor, y sin saber si le gusta o si está realmente preparado, lo ponen a dar Historia porque es donde hacen falta, o porque tienen que darles algo. Eso no puede ser así. Al profesor le tiene que gustar la asignatura que imparte, y tiene que dominarla. ¿Soluciones? Escoger muy bien el claustro que va a impartir Historia de la Música, y organizarles toda una serie de acciones de superación. Que no sea que Beethoven nació o que Mozart murió…tienen que darles elementos de cultura humanística integral, porque no hay otra asignatura en los planes de estudio de música que, como lo hace la historia, sea capaz de relacionar por ejemplo todo lo que tiene que saber un instrumentista para tocar bien cualquier estilo.

LCD: En su opinión: ¿Qué lugar ocupan las asignaturas teórico-musicales en la formación del músico?

RCD: Las asignaturas teórico musicales son la plataforma sobre la cual se erige un instrumentista, un músico. Los grandes pianistas, trompetistas, violinistas, son personas de una cultura muy grande. Entonces este hecho ahora de “el toca tecla” o “el sopla flautas”, sin saber a derechas ni lo que está tocando, eso es muy falso. Hay un dicho callejero que dice que “la música es muy chismosa”, y es verdad. Cuando un instrumentista toca, y hay sobre todo un oído y un cerebro como oyente que esté más o menos aguzado, enseguida se da cuenta si el intérprete es culto o inculto. O sea, más allá del atletismo o el virtuosismo de tocar bien técnicamente, hay que saber que sin cultura no se hace buena música.

LCD: ¿Cómo valora la incidencia del plan de estudio en el resultado docente?

RCD: ¡Tremendo! Por ejemplo: en Nivel Medio es un total desacierto, porque con tal de que los alumnos que se gradúan puedan optar por carreras universitarias que no sean en el ISA, se le tienen que dar las mismas asignaturas que imparte un Pre Universitario de la calle. Entonces, ahí hay una contradicción tremenda, porque cada vez más crece el número de muchachos que cuando terminan el Nivel Medio quieren estudiar medicina, o cualquier ingeniería. Si esos niños no tuvieran la carga de matemática, física y esas asignaturas que tienen por la parte de escolaridad, no pudieran hacer eso. Es una inmensa contradicción. ¿Cómo el antiguo Campo Socialista resolvía esto? Bueno, el conservatorio es el conservatorio, el Nivel Superior es el superior, tú no te puedes graduar de Nivel Medio si tú no me traes el título de bachiller. Pero aquí no, hay un enroque, una unión entre las dos cuestiones que se vuelve un bumerán. Se hace con una buena intención, que el alumno bajo un mismo techo resuelva el profesor de Matemática, el de Solfeo, etc., pero tiene este problema.

El plan de estudio de Nivel Medio tiene más horas de clases de asignaturas de escolaridad que de especialidad, y se le da mucha más importancia en algunos casos a la escolaridad que a la misma especialidad. Claro, es mucho más fácil encontrar un buen profesor de Matemática o Español que un buen maestro de Armonía, porque Educación se ha ocupado de la superación de sus maestros, Cultura no. Por ejemplo: tenemos lo que sucede con el famoso Servicio Social, que es una solución a la que ha habido que recurrir. ¿Qué pasa? que te manda un niño que se graduó en julio y en septiembre comienza a dar clases. ¿Con qué aptitudes cuenta, con qué aval, con qué experiencia? Además, muchos no tienen vocación, sin mencionar que están durmiendo en una litera de albergue y en muchos casos, en condiciones desfavorables.

LCD: ¿Qué valor le confiere a la articulación de las distintas asignaturas teórico-musicales en el proceso de enseñanza-aprendizaje?

RCD: Eso tiene un valor supremo. No es por darle una falsa importancia a las asignaturas teóricas, es que es un problema de cultura. Sin cultura no hay música, no hay danza, no hay artes plásticas.

LCD: En todo este engranaje académico, hay una pieza que resulta imprescindible para el buen funcionamiento del mismo: la cátedra docente. ¿Qué opinión le merece la incidencia del trabajo de cátedra en el resultado académico?

RCD: La cátedra tiene que ser el motor que mueve todo, y el jefe de cátedra el que maneja la locomotora. Pero todo eso descansa en la cultura que tengan las personas que compongan una cátedra, además otros aspectos como la vocación, el salario… El buen trabajo de cátedra es el que defiende que otras cátedras no le vayan a quitar peso e importancia a la tuya.

LCD: ¿Hasta qué punto considera importante la interrelación alumno-profesor dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje?

RCD: El respeto es el homenaje que le hace el alumno a la cultura del maestro. No me refiero a que sea disciplinado, ni atento. Un aula atendiendo, tomando nota en silencio, es un aula que homenajea a la persona que los está llevando a ese estado divino, un tanto de elevación espiritual. Porque cuando un colectivo cae en un estado así -no de hipnosis, pero sí de atención suprema-, que tú ves que los muchachos te hacen preguntas, eso es un estado de divinidad que no se alcanza con un solo alumno. El profesor es importante, y no estoy hablando solo del de instrumento, porque a veces se piensa que la guía de todo alumno es el profesor de instrumento. Si el otro profesor es bueno, puede hacer que los alumnos deliren con él, ya sea de Armonía o de Análisis. Ahora, hay otras asignaturas que no hay buen profesor que la levante. Pero en las de música creo que según el conocimiento que tenga el profesor, se gana el respeto del alumno y su atención. Porque el respeto lo da el conocimiento, no así el grito.

Y ni hablar de la retroalimentación que existe, máxime si tu provocas a tus estudiantes con una serie de reflexiones que sabes que son difíciles porque tienen que relacionar muchas cosas. Si tú logras a través de una pregunta que ellos lleguen a una buena reflexión, y que, a su vez te planteen alguna duda de esas que uno dice: ¡imagínate tú! Entonces tienes que ver de qué manera satisfaces aquello, porque no es pregunta de conocimiento, sino de interrelación. Si no la puedes contestar estás frustrado ocho días como profesor.

LCD: ¿Qué otras condicionantes contextuales, logísticas y económicas afectan el proceso de enseñanza-aprendizaje de las asignaturas teóricas?

RCD: Lo primero que te puedo mencionar es el problema existente con la base material de estudio, que en estos momentos no afecta solo a las asignaturas teóricas, sino también a los instrumentos, estoy pensando en los accesorios y la actualización de libros, documentos, información en general. Gracias a los dioses ahora en una memoria flash de tantos GB tú le puedes entregar una enrome cantidad de música, y no tienes que estarla guardando en ningún lugar. Esto encarece y nunca satisface, pero al menos con la tecnología actual hay más facilidades.

LCD: ¿Qué opinión le merece el desempeño de las nuevas generaciones de maestros de asignaturas teóricas?

RCD: El desempeño puede ser bueno en una parte mayoritaria de los profesores, pero ellos no pueden sentarse a decir “ya me lo sé todo”, y repetir lo mismo cada vez que le toque dar ese tema año por año. El desempeño es medio en sentido general, porque hay una ausencia de necesidad de superación. Estoy hablando de los profesores de Nivel Medio.

LCD: Como es evidente, durante todos los años que ha ejercido como docente, terminó siendo “maestro de maestros”. Muchos de los profesores que tenemos al frente de un aula hoy día, han sido sus alumnos. ¿Qué responsabilidad usted ha asumido en la formación de estas nuevas generaciones de maestros?

RCD: Yo he sido muchos años profesor de profesores en un antiguo centro que existe hoy pero no con la misma fuerza de antes, que es el Centro Nacional de Superación de la Enseñanza Artística. Desde allí tuve la posibilidad de irme al país completo, desde Guantánamo a Pinar del Río, un tanto haciendo un censo de los profesores que no habían cursado el Nivel Medio. Los profesores venían acá a La Habana una vez al mes y recibían clases para superarse. Yo era el director, pero les daba clases de Historia de la Música. Entonces esa responsabilidad ha sido tremenda, o al menos yo lo he sentido así.

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