Remembranza de Niuris Naranjo Dorta

Por Roxana M. Coz Téstar. Musicóloga

Apuntes biográficos

La céntrica calle Gelabert, que desemboca en el teatro Sauto,[1] vio nacer en el siglo XIX la intelectualidad criolla en la figura de José White, en la voz de Úrsula Deville y en los poemas de Plácido y Milanés, del cual tomaría luego su actual denominación. Por ella transitaron durante el siglo XX las señoritas de alta sociedad que se dirigían a los conservatorios de música y años más tarde, una joven con su violín al hombro andaría sus estrechas aceras hasta llegar al Viaducto para su habitual traslado a la capital.

En un breve período Niuris Naranjo Dorta sacudió dentro de las cuerdas frotadas el espíritu del movimiento musical matancero y por demás cubano, en una síntesis que representó la herencia, en técnica y ejecutoria, de los nombres notables que han escrito la historia del violín en su ciudad natal.

Niuris Naranjo / Foto archivo personal de Walkiria Dorta

Nació el 22 de agosto de 1982 en el hospital de Colón, municipio de Matanzas. A los siete años descubre su vocación artística y dirige sus pasos a la Escuela Vocacional de Arte “Alfonso Pérez Isaac” de la ciudad, donde ingresa en la especialidad de guitarra en 1992.

Desde entonces, no hubo ocasión en la que sus progenitores Walquiria Dorta y Alberto Naranjo no apoyaran su carrera. Se pudieran evocar aquellas primeras experiencias, donde la madre debió aprender a rearmar un destartalado estuche, o el padre idear un atril de aluminio para que la pequeña sostuviera las partituras, hasta llegar a la sonrisa, el aplauso y el orgullo de verla dueña de escenarios en cada concierto.

Una constante remembranza de los profesores que la conocieron devuelve la imagen de Niuris asomada en la puerta del aula donde trabajaba una de las figuras consagradas en la enseñanza de las cuerdas frotadas. Por las tardes la pequeña aparecía y observaba, hasta que por fin se escurría en el interior del local para escuchar las clases. Otras veces pedía prestado algún violín a sus compañeros. A tanta insistencia de la propia niña y de su profesora de Solfeo Damarys Laza, ese maestro de la cátedra de violín, que era Nelson Gómez, accedió a escucharla.

El maestro no hallaba posible que ella estudiara el violín, pues debía haber iniciado desde el tercer grado según las normas del programa de enseñanza artística. Pero sus condiciones excepcionales y el hecho de que regresara a pocos minutos con los objetivos vencidos en cada lección orientada le permitieron convencer al jurado de que se aprobara su cambio de especialidad luego del examen de nivelación. Nelson Gómez fue quien la acompañó y formó en sus primeros años.

En el curso 1993-1994 obtuvo premios y menciones a nivel provincial y nacional en el Concurso “Amadeo Roldán” para estudiantes de nivel elemental. Al año siguiente sería ganadora del Primer Premio, Gran premio y Premio a la Mejor Interpretación de Música Cubana en dicho certamen. En el marco del XVII Festival de Jóvenes Músicos el 13 de junio de 1997, en la Sala White, se efectuó su concierto de graduación, compartido con la pianista Yudalis Perdomo. Resulta relevante el hecho de que hayan sido solistas de nivel elemental que a pesar de la corta edad se hacían acompañar por la Orquesta Sinfónica de Matanzas, dirigida por el maestro Enrique Pérez Mesa. Para la ocasión Niuris interpretaría el Concierto para violín en mi menor, Op. 64 de Felix Mendelssohn.

Esta primera etapa de estudios no sería más que el reflejo de lo que caracterizó su vida en relación con el violín, un espíritu de consagración que posibilitó finalizar cada nivel a un ritmo más acelerado que el establecido por el programa de estudios en Cuba. Niuris no encontraba límites en los horarios de estudio de un alumno becado. Profesores como la reconocida cellista Felipa Moncada recuerdan que mientras los demás estudiantes descansaban, ella escondida, a altas horas de la noche, sacaba sonidos a su violín.

Antes de su entrada al nivel medio de la enseñanza artística y a propuesta de su profesor contacta con Alfredo Muñoz, eminente pedagogo del violín en Cuba, quien queda sorprendido por su musicalidad, talento interpretativo y especialmente por su violinismo natural. Este hecho marcaría el inicio de una provechosa relación de maestro-discípulo que perduraría más allá de su graduación del nivel superior.

En 1997 comienza entonces en la Escuela Nacional de Música. En el tercer año participó en el Concurso UNEAC, donde obtuvo el Premio Especial de Interpretación que le valió graduarse ese mismo curso, un año antes de lo contemplado en el plan de estudios. Niuris fue reconocida por la Dirección Nacional de Escuelas de Arte como Mejor Graduada con Título de Oro. Por ello fue seleccionada en representación de los estudiantes de la ENA para recibir en julio del 2000 su diploma de manos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Durante su tránsito como estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA), Niuris integró todos los formatos que permiten a un violinista formarse integralmente en el trabajo camerístico, el acompañamiento y como solista. Participó en los eventos y certámenes más importantes que tuvieron lugar; entre ellos el Musicalia, concurso que cada año organiza la Facultad de Música. Un logro significativo fue resultar ganadora del Primer Premio en el II Concurso Iberoamericano de Violín en agosto de 2003.

Su violín se lució dentro de la escena camerística del ISA de conjunto con la pianista Rebeca Lluveras. Su labor les llevó a presentarse en la Sala Dolores de Santiago de Cuba, en la sede del ISA en Camagüey y en Matanzas. En el año 2002 obtuvieron el Premio a la mejor interpretación de Música Contemporánea y el Premio Especial de Interpretación en el V Concurso de Música de Cámara. En el Teatro Auditorium Amadeo Roldán realizaron su recital de graduación de música de cámara, interpretando obras de gran complejidad técnica como lo constituyen la Sonata Kreutzer de L. van Beethoven y la Sonata no. 2 en Re mayor op. 94 de Sergei Prokofiev. Por la excelencia de su trabajo camerístico, el jurado les concede al finalizar la máxima calificación y les recomienda desarrollar su trayectoria profesional como dúo de concierto, aunque sus caminos se separarían con posterioridad.

En este período también integró el Cuarteto del ISA que después sería Cuarteto Amadeo Roldán, dirigido desde entonces por Leonardo Pérez. Junto con su director, se alternaba en los roles de primer y segundo violín. Este formato lo completaban en la viola Yaser Cruzata y en el cello Lester Monier.

Otra experiencia significativa de esta etapa fue la del año 2001, cuando sale a luz Expedición de Silvio Rodríguez. Este es un disco sinfónico con orquestaciones y arreglos realizados por el cantautor. La orquesta estuvo integrada por músicos de la Sinfónica Nacional y futuros integrantes de Solistas de La Habana, allí se encontraba Niuris. Un día sucedió algo curioso: durante el receso de uno de los ensayos, Silvio caminaba por entre los atriles y la descubrió apoyada sobre la voluta del violín. Este era un gesto usual en ella durante los momentos de descanso. El trovador no perdió la oportunidad de grabar en el lente de su cámara la imagen que después acompañaría la letra de Amanecer en el cancionero del disco.

En 2002 se instituye la Orquesta Solistas de La Habana, de la cual fue fundadora bajo la guía del contrabajista Iván Valiente que más adelante sería su director. Niuris en un inicio fue de los últimos atriles, hasta llegar a ser concertino, aunque la mayor parte del tiempo se desempeñó en los primeros violines. Es importante referir que también por este tiempo surge la iniciativa de incorporar jóvenes cubanos a la Orquesta Simón Bolívar, para la cual fue seleccionada. De esta manera conoce al maestro Claudio Abbado que ejerció gran influencia en su posterior desarrollo profesional.

Su profesor Alfredo Muñoz afirma que en los años de experiencia pedagógica no tuvo otro alumno que pudiese superar el excelente desempeño de Niuris Naranjo. También refería que hay personas a las que les resulta muy difícil aprender golpes de arco, tocar spiccato, tocar martillado, diferentes maneras de hacer sonidos. Pero a ella no había que explicarle nada, el violín caía en el cuello a la justa medida y las manos funcionan por curiosa intuición. En el tiempo de formación llegó a interpretar los compositores más destacados en el arte violinístico. En una entrevista realizada menciona Muñoz que dominó el repertorio más importante del violín con la característica de una sonrisa en la boca y siempre todo cumplido. Para él cada examen de su alumna fue un verdadero concierto.[2]

Su graduación fue el 13 de junio de 2004 en el Teatro Auditorium Amadeo Roldán. A decir de su maestro fue la única estudiante del ISA que se graduó con un repertorio integrado completamente por obras del siglo XX. Interpretó la Sonata no. 2 Op. 27 de Eugene Isaye con sus cuatro movimientos: I Obsesión, II Melancolía, III Danza de sombras y IV Furia. El lirismo de Héctor Villalobos se presenció con la obra Improviso, estrenada en Cuba en esa ocasión. En la segunda parte del recital interpretó el Concierto No. 2 para violín y orquesta de Bela Bartok. Esta composición se ha considerado como una de las obras más complejas del repertorio de violín y de la cual no se tiene conocimiento haya sido tocada en Cuba posterior a 1959. En ese concierto fue acompañada al piano por su maestra, la pianista María Victoria del Collado.

Luego de graduada del ISA, Niuris es ubicada en la Orquesta Sinfónica de Matanzas para el cumplimiento de su servicio social, aunque continuaba su labor en la Orquesta Solistas de La Habana y se había incorporado como maestra de la Cátedra de Violín de la universidad. Esto implicó un esfuerzo que asumió con valentía, pues significaba un constante movimiento autogestionado entre su ciudad natal y la capital. Ensayaba en la mañana con la orquesta de Matanzas y al mediodía salía hacia La Habana para el siguiente ensayo.

Con la Orquesta Solistas de La Habana participó en eventos internacionales como el XVIII Festival Internacional de Música de Morelia (México) en 2006. Otro acontecimiento relevante dentro de la actividad cultural de la orquesta fue el estreno en Roma de la Misa Cubana a la virgen de la Caridad del Cobre, compuesta y dirigida por José María Vitier. El hecho tuvo lugar en 2005 en la Basílica de Santa María en Trastevere.[3]

En esta etapa se mantiene en contacto con el maestro Claudio Abbado. El director había llegado a la isla para presentar la Orquesta Gustav Mahler y percatándose del talento de los jóvenes músicos cubanos asumió la responsabilidad de integrarlos a una orquesta juvenil, la Simón Bolívar.[4] En 2005 realizaron sus primeras presentaciones en el Teatro Teresa Carreño de Venezuela y luego en La Habana en el teatro Amadeo Roldán.

Ese mismo año se integraría como solista al catálogo del Centro Nacional de Música de Concierto y realizaría una serie de presentaciones acompañada por diversas orquestas sinfónicas del país y relevantes directores. De sus conciertos quedó grabado el del 8 de noviembre de 2005 junto a la Orquesta Sinfónica de Matanzas en el II Encuentro Nacional de Orquestas Sinfónicas, bajo la dirección de Jeny Delgado. Interpretó el Concierto no. 5 en La Mayor para violín y orquesta de W.A. Mozart, obra que acompañaba a Niuris desde sus años de estudio en el ISA. Una nueva oportunidad de interpretarla junto a la OSN y el director español Juan Luis González tuvo lugar el 8 de julio de 2007, su última presentación en público.

Ya para finales de 2006, por mediación de sus amigos Mirelys Morgan y Abdiel Valiente, comienza la gestión para aplicar a una beca de la Fundación Carolina en España. Con esta lograría financiar sus estudios en Reina Sofía, considerada una de las instituciones académicas más prestigiosas de Europa desde su fundación en 1991. Luego del proceso de audición donde cerca de una treintena de aventajados estudiantes de todo el mundo optaban por una plaza en la cátedra de violín, sería anunciada en junio de 2007 la noticia de que había sido admitida y entraba a la clase del italiano Marco Rizzi.

El concierto para violín y orquesta de José White

El departamento de música de la Biblioteca Nacional Francesa aún conserva la partitura original del concierto para violín y orquesta, donde aparece firmado por White el 1864 como año de su composición. El propio compositor regalaba al público parisino la primera escucha un 3 de marzo de 1867 en la Sala Herz, durante un programa compartido con el pianista cubano Ignacio Cervantes. Si bien White supo orientar su obra como heredero de los recursos y técnicas del romanticismo de su tiempo, el conocimiento en su Matanzas natal de géneros de la música cubana tales como las danzas, contradanzas y la canción, le permitió incorporar de forma espontánea elementos que comenzarían a definir el nacionalismo musical cubano del siglo XIX. La importancia de esta composición está dada en buena medida por la manera con la cual su autor logra resumir las principales dificultades técnicas del violín. Aunque el concierto se ha comparado estilísticamente con el trabajo de compositores como Jean Sibelius y Henryk Wieniawski, no presenta simples imitaciones del estilo clásico, sino que extiende a esta tradición la creativa personalidad de su autor.

A modo de ampliación de los aspectos planteados, considero necesario incorporar la visión analítica de la musicóloga Belkys Hudson, que en su trabajo de diploma La obra creativa de José White plantea que esta composición, con sus dificultades técnicas y expresivas reúne:

[…] requisitos de carácter didácticos y de concierto en los que el violinista puede hacer galas de sus condiciones como gran intérprete del instrumento.

En la creación de J. White se evidencia un nivel de actualización con relación a las técnicas y procedimientos más modernos de su momento histórico y del entorno socio-cultural donde se desarrolló. Las combinaciones y golpes de arcos que utilizaba, así como los recursos empleados corresponde al lenguaje característico que predominaba en los compositores europeos de aquella etapa. […]

Diversas combinaciones de arco son empleadas por el compositor, las cuales constituyen uno de sus recursos más recurrentes y en algunas obras requieren de un elevado dominio de la técnica de este instrumento.

Hudson, Belkys: La obra creativa de José White. Trabajo de Diploma, ISA. La Habana, 1997. pp. 68-70.

Tendrían que transcurrir cincuenta y seis años después de su desaparición física, para que el concierto fuera redescubierto en los archivos de la biblioteca francesa por Paul Glass, profesor norteamericano de la Brooklyn College. En un trabajo de conjunto con Kermit Moore, logran editarlo y estrenarlo en 1974. Fue presentado en Estados Unidos por el violinista Ruggiero Ricci que lo interpretó junto a la Symphony of the New World, dirigiendo el propio Kermit Moore en New York´s Avery Fisher Hall, del Lincoln Center.

La partitura de este concierto llega a Cuba por gestión personal de la Prima Ballerina Alicia Alonso y su esposo, quienes la adquirieron en Estados Unidos.[5] No fue hasta la década del ochenta cuando dos eminentes del violín harían mayor justicia del concierto en territorio nacional. Primero fue estrenado por Evelio Tieles junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Manuel Duchesne Cuzán en el Teatro Nacional, durante la Jornada de la Cultura Cubana el 9 de octubre de 1981. Luego Alfredo Muñoz grabó para la televisión con la Orquesta del ICRT bajo la batuta de Miguel Pinto. También junto a Duchesne Cuzán a partir de 1987, el maestro realizaría otras presentaciones en la Sala García Lorca del Teatro Nacional, en la Plaza de la Catedral y en una gira por diferentes provincias. Para ese tiempo, tuvo la oportunidad de estrenarlo en el escenario matancero del Teatro Sauto, dirigiendo Tomás Fortín la Orquesta Sinfónica de Matanzas. De la joven generación, Fernando Muñoz lo interpretó en 2008 junto a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, en el Teatro Teresa Carreño. Un año antes nacía el primer fonograma cubano que registraba la obra. La solista era Niuris Naranjo.

Con regularidad, Niuris acostumbraba visitar a Enrique Pérez Mesa. En una de esas ocasiones hacia el año 2002, se atrevió a tocar algunos pasajes del concierto que comenzaba a estudiar en el instrumento. El maestro quedó tan sorprendido por el dominio que Niuris había alcanzado en la ejecución de las complejas doble cuerdas que propuso acompañarla con la Orquesta Sinfónica de Matanzas el 14 de enero de 2003 en el Teatro Sauto.

Niuris Naranjo / Foto Carlos Merino

Luego de su estreno le sucedieron otras presentaciones: acompañada por la Orquesta Sinfónica Nacional en La Habana durante una jornada martiana, en el I Encuentro de Orquestas Sinfónicas en 2004, -salvando por su brillante ejecución y la excepcional dirección de Manuel Duchesne el estado endeble de la Orquesta Sinfónica de Santa Clara- hasta llegar a la grabación del DVD Clásicos cubanos del Siglo XIX; e invitada por la directora María Elena Mendiola junto a la Orquesta Solistas de La Habana. Según la nota de prensa que publica el periódico Juventud Rebelde, el CD-DVD Clásicos Cubanos del siglo XIX se grabó en el Teatro Auditorium Amadeo Roldán entre los días 7 y el 12 de mayo de 2007.[6]

Sin necesidad de hacer repeticiones y sin requerir efectos de edición su grabación fue impecable de principio a fin. Este trabajo fue merecedor del Premio Cubadisco 2009, en las categorías Música de Concierto y Making Off. Además se ha convertido para la enseñanza artística en obra referente al impartir el siglo XIX cubano en la asignatura Historia de la Música.

Si hubiese que definir la interpretación de la solista, sería desde la elegancia de la profesión en todo sentido, excelentemente realizada. El cuerpo estaba entrenado para ser el canal que encarnara la energía del concierto. En las manos de Niuris las doble cuerdas son bien precisas, los arpegios que se extienden en todos los registros muestran su flexibilidad y los grandes saltos resultan totalmente naturales a un sonido formado desde la exquisitez de sus horas de estudio. Todas las dificultades parecen fáciles a sus dedos y la dirección que toma el arco en gestualidades vigorosas es coherente al carácter de la música.

El último aplauso

Para el verano de 2007 ya Niuris se encontraba en los preparativos de su viaje a España. En su última visita a La Habana le acompañaba el deseo de escuchar la grabación del concierto. La vida no le alcanzó ese primero de septiembre de 2007 para llegar, como se proponía al momento del trágico accidente, a casa de la maestra Mendiola donde le esperaba la versión editada. A pesar de la pérdida, esta interpretación fue su gran legado.

“Aquellos que la conocieron y la amaron; quienes, sin conocerla, la aplaudieron; tantos que ya no podrán alcanzar con su música un atisbo de redención, nos quedamos este septiembre sin música y sin ángel.”[7] Para la historia de la música de nuestro país, Niuris Naranjo fue la primera mujer cubana que registró en un audiovisual obra de tal magnitud. Orgullosas habrán sonreído Martha de la Torre y Alla Tarán al ver que su nombre prestigia la historia de los arcos en manos femeninas. Su talento le une para siempre a la estela de violinistas que como Juan Torroella y José White, representan patrimonio musical valioso de la ciudad de los puentes. Su recuerdo sigue inspirando las jóvenes generaciones a su paso por la escuela de arte donde estudió. A su memoria se dedican conciertos y festivales, y sus virtudes son reflejadas en obras como Concierto para Aurora, creación colectiva del prestigioso grupo de teatro El Mirón Cubano… Pérez Mesa decía que cuando Niuris llegaba salía el sol,[8] y su vida fue precisamente eso: un amanecer para el violín.

Niuris ha trascendido la ausencia física para vivir imperecedera como símbolo de matanceridad. El último aplauso, ese que la despidió en el duelo, se sigue replicando como las cuerdas de su violín… porque cuando artistas así se despiden, el aplauso se vuelve interminable. Niuris Naranjo Dorta vive en el aire, como en sus conciertos, donde el arco podía ser lanzado por accidente pero sus manos lo alcanzarían justo a tiempo para la nota final.


NOTAS

[1] En sus inicios denominado Teatro Esteban en honor al Gobernador Civil de Matanzas. 

[2] Entrevista concedida a la autora por Alfredo Muñoz el 7 de septiembre de 2018.  

[3] Primer recinto eclesiástico dedicado a la Virgen María en Roma en el Siglo XVII. 

[4] La Orquesta de Jóvenes Latinoamericanos, como también se le conoció, era parte del “Programa de Acción Social por la música” y fue apoyada por la Corporación Andina de Fomento (CAF) en Venezuela. Esta iniciativa constituyó un acontecimiento artístico sin precedentes en la historia de la música clásica de la región.  

[5] Trujillo, Iraida y María Victoria Oliver: José White. Ediciones Vigía, Matanzas, 2005 p. 85 

[6] Hernández Fusté, Yelanis: “Eternas sinfonías cubanas” en: http://www.juventudrebelde.cu/index.php/cultura/2009-08-01/eternas-sinfonias-cubanas 

[7] Ribot, Amarilys: “Niurys: ángel y genio” publicado en Juventud Rebelde el sábado 22 de septiembre de 2007, p. 6 

[8] Entrevista concedida a la autora por Enrique Pérez Mesa el 19 de abril de 2019. 

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