Mario Romeu, piano de Cuba*

Por Belinda Romeu. Compositora, escritora y actriz

*Notas al fonograma Mario Romeu, piano de Cuba (2 volúmenes), Bis Music, 2019. Nominado Cubadisco 2021, Categoría Música de Archivo

Cuando mi padre emprendió su rumbo hacia donde habitan los ángeles, el destello se llevó mi luz, el desconcierto impuso sobrevivir el inevitable después, en esa transición entre la sequedad y la lumbre, la memoria jugó su parte, extendió su enorme abanico, entregó vivencias coloridas, recuerdos de la niñez y preciosos sonidos musicales. Rememoré, entonces, el día que lo encontré llorando mientras escuchaba el Concierto No. 2 de Rachmaninov, cuando pregunté qué sucedía, me dijo, como quien atesora lo obvio: “¡La música, hija, la música!”. Sucedía esto a sus noventa años, la música lo estremecía como el primer día, no había edad allí, solo esencia: era su vida.

La primera actuación de Mario Romeu fue a sus tres años de edad. La prensa de entonces registró: “No sabe leer ni escribir, y ya es un virtuoso”. A sus doce años realizó una gira, por treinta y seis ciudades de Estados Unidos interpretando el Concierto No. 2 para piano y orquesta de Beethoven y la Fantasía Húngara de Liszt. Esto le valió ganar una beca para el afamado conservatorio Curtis, de Filadelfia.

En Cuba, fueron muchos los escenarios que aclamaron su virtuosismo. Anduvo su camino repartido por el Teatro Auditorio, la Sinfónica de Caracas y todo espacio musical relevante. Luego comenzó en la Televisión Cubana, desde su fundación en los años cincuenta, hasta la jubilación más allá de las ocho décadas. Sin embargo, no se retiró, continuó hasta el final de sus días el ritual mañanero de sentarse al piano y crear.

En esencia el maestro Romeu, fue y es música; y como la música es presencia y permanencia, comprendí que recuperar su legado musical, lo traería de vuelta. Fue en ese instante que nació el sueño de recopilar y restaurar su obra repartida, así comenzó esta pequeña epopeya de amor y homenaje a un ser elevado en talento y humildad. Extendí el mapa de su preciosa vida y comenzamos, de alguna manera, a reandarlo juntos. Bello camino de revolver cajones, armarios personales y de la familia, fonotecas y estudios, búsqueda incesante de fuerte carga emocional. Tuvo que pasar mucho tiempo para acostumbrarme a escuchar nuevamente su piano y su voz, sin emocionarme demasiado. Pronto llegaron los momentos felices: el hallazgo de los verdaderos tesoros de su interpretación pianística, composición musical y orquestaciones magistrales.

La búsqueda comenzó por su casa. Apareció más de un centenar de cintas y fue necesario digitalizarlas todas, como única oportunidad de salvar sus misterios. Así fuimos descubriendo sus secretos, incluidas grabaciones caseras realizadas por Romeu el ser humano, el padre, el abuelo amoroso, tales como el hallazgo del diálogo sostenido entre él y su nieto, desde su primer mes, identificadas como “cumple mes” y realizadas con el mismo amor y entrega a todo lo que hacía. Este tesoro, si bien no aportaba al propósito patrimonial, sin dudas rescataba vivencias profundas, amados recuerdos, para alimento del alma.

En esta aventura descubrimos cintas que originalmente fueron grabadas en los estudios de la radio y la televisión a partir de los años 60, donde los pianos Steinway de alta gama no habitaban, en vez de estos se contaba con instrumentos que sostenían la fuerte dinámica del medio, pianos que no daba tiempo afinar regularmente y, desde esos pianos, Mario Romeu hizo maravillas. Su sonido, catalogado por músicos excelsos como “único”, acaricia el piano, no parece percutirlo. Su estilo inconfundible carga linaje cubano y alcance universal. Su densidad sonora, su sensibilidad interpretativa, trasciende lo físico para elevarnos al plano espiritual, él nos lleva allí, con el virtuosismo de los genios y la humildad de la grandeza.

Algunas cintas rescatadas, registraron en su diagnóstico: Cinta en muy mal estado, posiblemente su última reproducción”.

Es así que algunas de las interpretaciones que atesoramos fueron salvadas en su último rodar, aferradas a la intención de recuperar el patrimonio musical, legado del maestro.

Un día mi hermano, me llevó por un largo pasillo, casi un laberinto, hasta la fonoteca de la televisión cubana. Allí, entre miles de grabaciones guardadas, vivía un mago cuidador de tesoros que las protegía y conocía todos sus secretos. El mago accedió a abrir sus cajones, sacó un libro que dormía un sueño añejo y encontró códigos dispersos, alzó las manos e hizo su magia y comenzaron a escucharse los sonidos encerrados por muchas décadas. Surgió, desde allí y desde otros lugares, música de ensueños. Después llegó la restauradora de tanta maravilla, [1] quien hizo revivir la música de nuevo y, entre los vericuetos del camino, abrió las puertas el hacedor de sueños y todo se hizo posible.

La obra que atesora este fonograma –Mario Romeu, Piano de Cuba– es un homenaje merecido al maestro Mario Romeu, por su obra de toda una vida, por su talento, genialidad y virtuosismo, por su humildad y calidad humana, por ser quien es y será siempre, gloria de la música y la cultura cubana.

Disfrútenlo.


NOTAS

[1] Se refiere a la ingeniera de sonido Niurka Lecusay, quien realizó la restauración y masterización de las grabaciones para el fonograma.

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