Acercamiento a lo afrocubano en la obra de Obdulio Morales.*

Por Ada Oviedo Taylor. Historiadora del Arte

*Versión realizada a partir de ponencia presentada al XIV Festival y Coloquio Internacional de Música Popular Benny Moré (2003) y el artículo “Obdulio Morales, en busca de sus raíces”, publicado en la revista Tropicana Internacional, No.11/2001.

El pasado 7 de abril se conmemoró el aniversario 111 del natalicio de Obdulio Morales (1910-1981). Tomando como pretexto la fecha proponemos una breve aproximación a sus aportes a la música y la cultura cubanas.

Las investigaciones de carácter historiográfico que realiza el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, permiten analizar y valorar el quehacer artístico de una época, una figura o la relación entre ambas. Es nuestro propósito, en esta oportunidad, abordar la trayectoria artística, dentro de la música folclórica, popular y de concierto, de una de las personalidades que contribuyó a fijar los elementos del folclor afrocubano en la búsqueda de nuestra identidad durante una etapa de intensos conflictos sociales y políticos. Se trata del Maestro Obdulio Morales.

El estudio de las diversas vertientes que abarcó Obdulio Morales como compositor, intérprete, investigador y director de orquesta no ha sido suficientemente abordado. Pretendemos iniciar un primer contacto con su vida y obra, que estuvo vinculada al rescate, difusión y revalorización de la raíz africana en la música cubana.

Junto a la producción sinfónica afrocubanista de Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla, la obra musical de Gilberto Valdés, las profundas y valiosas investigaciones de Don Fernando Ortiz, con quienes compartió, se encuentra el talento creador y la labor iniciadora de Obdulio Morales; él estudió la riqueza expresiva de una de las raíces de mayor incidencia en la integración de la música cubana, desde todos los roles en los que se desempeñó.

Perpetuar la obra de esta figura imprescindible cuando se habla del afrocubanismo en nuestra cultura musical, ha sido también un interés personal, que se relaciona con la  oportunidad que tuve de trabajar –aunque por corto tiempo– bajo la dirección de este prestigioso músico.

Apuntes biográficos

Desde su niñez sus padres lo encaminan hacia la música. Inicia estudios con la profesora María Luisa de Valop y luego continúa en el Conservatorio Municipal de La Habana. De esta etapa datan sus aventajadas cualidades para la armonía y excelentes condiciones para memorizar la música.

Con solo 12 años inicia sus primeras actividades como pianista en varios cines habaneros, labor que comparte con la sastrería para de esta forma aliviar la situación económica familiar, después del fallecimiento de su padre en 1922.  

Comienza a frecuentar varias de las sociedades negras de la época, entre ellas la llamada “Bohemia”. Aquí se vincula a las orquestas de música bailable de mayor popularidad y a prestigiosos instrumentistas como Antonio María Romeu, Cheo Belén Puig, Augusto Valdés y Calixto Allende, quienes le transmiten sus experiencias en esta vertiente musical.

La sólida formación técnico-musical que le proporcionan sus estudios académicos y la inserción en el ambiente de la música popular bailable, junto a su interés por la revalorización y defensa de nuestra cultura musical a partir de los ancestros africanos, le permiten proyectar en su obra la labor de un músico integral que logra transmitir altos valores estéticos en toda su trayectoria artística.

De lo afrocubano

En 1926 estrena en el Teatro Payret su primera obra teatral sobre temas africanos: Batamú (mezcla de los vocablos batá y música), con argumento de Julio Chapotín y coreografía de Armando Borroto. Participan en ella actores aficionados, los tamboreros Juan y Francisco Reigada, Pedro Mena y Chano Pozo, con tambores facilitados por integrantes de la comparsa “Los Barracones”. Esta obra se convierte en la primera de su tipo que rescata y revitaliza en la escena los auténticos valores artísticos y las potencialidades de lo afrocubano en nuestra cultura musical y danzaria.

A pesar de no alcanzar el reconocimiento público, debido a la poca estimación que existía en la época hacia esta música, unido al temor y desacuerdo de los propios practicantes portadores de esta cultura, al considerarla una profanación a sus cultos religiosos, la obra Batamú abre el camino del conocimiento de nuestra identidad en otros continuadores.

La tenacidad y voluntad demostrada por Obdulio en su labor por reivindicar nuestras más auténticas raíces, aún en contra de su propia integridad física, al ser agredido en varias ocasiones por los reaccionarios de la época–, lo conducen a nuevos proyectos. Funda el 22 de marzo de 1938 el Grupo Coral Folclórico de Cuba, con la obra Ciriaco y el acompañamiento de güiros, tambores e instrumentistas de la Orquesta Sinfónica de La Habana. Entre sus voces se encontraban Merceditas Valdés y Candita Batista, quienes luego desarrollarían una importante carrera artística.

A partir de la década de 1940, Obdulio intensifica su trabajo de promoción de la música folclórica afrocubana. El Grupo Coral Folclórico se amplía, nombrándose Conjunto Coral Sinfónico Folclórico de Cuba, acompañado de una orquesta de veinticinco profesores y los tambores “Isupo Irawo”, de Trinidad Torregrosa. Con este formato realiza importantes presentaciones en la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura y en la Sociedad de Estudios Afrocubanos, donde comparten con el Dr. Fernando Ortiz.

A finales de la década del cuarenta, toques y cantos yorubas irrumpen las ondas radiales; se inaugura en la emisora Radio Cadena Suaritos, bajo su dirección, un programa didáctico de extraordinario valor para la preservación y promoción de lo más auténtico de nuestras raíces. A pesar de las violentas protestas de los propios religiosos y las fuertes críticas por parte de los reaccionarios, el programa logró mantenerse durante doce años.

Obdulio musicólogo, compositor, director.

En el campo de las investigaciones musicológicas Morales también realiza una amplia labor, basada en el estudio y análisis de las células rítmicas africanas y su vinculación a géneros de la música cubana.

Entre las conferencias que ofrece durante la década de 1940 en la Sociedad de Estudios Afrocubanos, y luego en otras instituciones cubanas y extranjeras, se encuentran temas como “La estructuración rítmica de la música negra”, “El ritmo como expresión popular”, y “La intermitencia, base de todo ritmo”. En “La combinación bicompasada”, clasifica y caracteriza cinco componentes esenciales presentes en las fracciones rítmicas de cada célula analizada, entre ellos, considera la combinación bicompasada como elemento estructural de mayor influencia en nuestros géneros populares. De ella señala: “[…] es la sucesión de dos compases que se repiten invariablemente donde aparecen en el primero una pregunta o proposición ritmática y en el segundo la respuesta o resolución del compás anterior […] pero esto no se reduce sólo a estas figuraciones reiterativas y estables, sino a la emoción profunda que producen en el negro y en todo ser humano, como un fascinante embrujo, un fenómeno expresivo, vivo, ritmático […]”.

En entrevista realizada en 1963, llama a la reflexión sobre las posibilidades de esta música: “[…] Hay que estudiar el intrincado tejido contrapuntístico de los ritmos africanos […] el lenguaje de los tambores no ha sido aún incorporado a plenitud a la música universal y es precisamente su destino […]”

El término “afrofonía”, fruto también de sus amplios estudios en esta vertiente musical, lo emplea para calificar, como una de las grandes formas musicales, aquella donde se enfatice en la hábil armonización del complejo contrapuntístico de las diversas calidades tímbricas de los tambores en la música negro africana.

Por los años setenta del pasado siglo colabora con la investigadora Zoila Lapique en el estudio de catorce células rítmicas africanas, y establece un método para la obtención de nuevos ritmos a partir de las mezclas entre ellas.

En la composición desarrolla un extenso catálogo que alcanza alrededor de 300 obras entre música popular y de concierto. Se destaca su música para la banda sonora de numerosas películas, entre ellas Rincón Criollo, Yambaó, Una gitana en La Habana, entre otras.

En su compañía teatral Batamú –nombre tomado de aquella primera obra teatral de los años 1920– se escuchan varios de los títulos que alcanzan gran popularidad en las voces de figuras que llegaron a convertirse en importantes intérpretes como Xiomara Alfaro y Neris Amelia Martínez Salazar, la conocida Juana Bacallao, que adopta este seudónimo, precisamente, por este título popularizado en su voz.

De sus obras inspiradas en los ritmos yorubas pueden mencionarse Ciriaco (su primera composición), Mi Ochún (canción de cuna de la revista Milagro de Ochún), Ecué, Enyoró, Bembé no.1, Mambo africano, Changó y Yemayá (donde recrea temas rituales lucumíes para tambores y metales), Pregón (con texto de Nicolás Guillén) y El reloj de mi casa (para cuarteto de viento). Entre las de mayor trascendencia destacan Sube espuma, inicialmente titulada Negra lavando, obra que denuncia la humilde condición social de la mujer en aquellos años, y La Culebra, su obra de mayor difusión, estrenada en la voz de Daniel Santos, en 1938 y popularizada mundialmente por el gran Benny Moré a partir del año 1950.

Obdulio Morales dirige importantes agrupaciones, la Orquesta Sinfónica de La Habana, invitado por el maestro Gonzalo Roig –para Obdulio uno de los momentos más importantes de su carrera artística–, la gran orquesta del Centro Recreativo “Nocturnal”, la Banda Gigante del Circo Nacional de Cuba y el Conjunto Folclórico Nacional, con el que realiza extensas giras por países de Europa e imparte conferencias sobre temas de la música afrocubana.

 Ya enfermo y jubilado funda el Conjunto Afrofónico, donde mantiene vivos los bailes y toques de la música afrocubana, dejó inconclusas varias investigaciones, entre ellas un estudio sobre la lengua bantú y la presencia de la escala pentafónica en los pueblos africanos.

Sin dudas, Obdulio Morales fue un iniciador en el camino hacia la búsqueda de nuestra identidad y un maestro en el arte de difundir nuestras raíces. Su obra imprescindible, de la que aún queda mucho por estudiar, es un fiel reflejo de nuestro arte popular.

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