El ISA «45 Aniversario»… Karelia Escalante: pianista, profesora, decana…

Fotos: Cortesía de la familia de Karelia Escalante.

La pianista cubana Karelia Escalante (1939-2021) se desempeñó como directiva de la Facultad de Música del ISA, ya iniciada la década de los años 80. Esta etapa, aún fundacional, le permitió establecer estrategias novedosas para una academia superior de la música: formuló principios de organización docente que se conservan hasta el presente; utilizó de manera certera el vínculo interpretación – academia; incentivó la composición de un claustro integrado por creadores en activo, para transformar la relación profesor-alumno en una real transferencia profesional.

En Karelia, maestra y decana se fundieron en una personalidad recta y gentil. Los testimonios que se publican a continuación dan fe de sus aportes a través del relato, el afecto y la valoración de una obra, aún por explorar y justipreciar.

Recuerdo a Karelia

En 1980 comencé a trabajar en el Instituto Superior de Arte (ISA). Procedía de un Centro de Educación Superior que se caracterizaba por su rigurosa observancia de todas las indicaciones del Ministerio de Educación Superior; pero en el ISA todo era diferente; por ejemplo, la cantidad de alumnos a los que podía impartir clases un profesor, mientras que en otras universidades podía haber cien estudiantes en varios grupos, en el ISA esta cifra podía ser de seis, siete…

Mi primer puesto de trabajo fue como metodólogo de la Vicerrectoría Docente, y se me encargó apoyar a la Facultad de Música en la preparación del curso 1980-1981. Fue lo mejor que pudo pasarme para comprender todo aquello, que me resultaba a la par de novedoso, complicado. El maestro Carlos Fariñas era el Decano y Karelia Escalante la vicedecana.

Lo primero en que trabajamos fue en los horarios. Karelia, con gran espíritu colaborativo, no solo me fue explicando la dinámica de la Facultad, sino también me puso en contacto con los entonces jefes de departamentos, y con algunos profesores que, por sus compromisos artístico-profesionales, necesitaban cierta flexibilidad en sus horarios. La mayoría de estos eran contratados, hecho que igualmente me resultaba novedoso, porque en el resto de las instituciones de educación superior que conocía era exactamente lo contario.

Organizamos los horarios a partir de un sistema que creamos, y poco a poco fue reduciéndose el uso de la frase “ponte de acuerdo con el profesor”. Tengo entendido que es el sistema organizativo aún vigente, con variaciones, luego de 40 años.

El siguiente curso (1981-1982), Karelia fue nombrada decana de la Facultad, y yo pasé a ocupar el cargo de vicedecano. Trabajamos juntos durante cinco cursos, hasta 1985-1986. Muchas fueron las tareas que asumimos pero recuerdo la de mayor complejidad: la revisión y actualización de los planes de estudio, tanto del Curso Regular Diurno como del Regular para Trabajadores, así como la preparación para iniciar los Cursos por Encuentros. Esa fue la gran tarea de mi primer año como vicedecano, y fue el período de mis mayores aprendizajes. Karelia y yo compartíamos la oficina, lo que nos daba la oportunidad de dialogar. Sus estudios en el conservatorio Tchaikovski, de Moscú ―uno de los más prestigiosos del mundo―, le otorgaban una gran experiencia sobre el diseño curricular musical de nivel superior.

Yo sentía que formaba parte de la Facultad. Karelia sabía distribuir y delegar tareas, y luego controlar su ejecución y resultados. Comencé a participar en la organización y ejecución de actividades como prácticas pre-profesionales, exámenes de ingreso, recitales de graduación, etcétera. Conservo desde entonces, grandes amigos, eminentes músicos y docentes de la facultad.

¿Cómo recuerdo a Karelia? Pues, simpática, sincera. Karelia era una auténtica cubana, sobre todo en sus modos de hablar, reírse, gesticular. Llegamos a ser grandes amigos. Conservo como tesoro tres valiosísimos libros pertenecientes al patrimonio familiar, que me regaló cuando yo estaba elaborando mi tesis doctoral: José Martí, el santo de América, de Luis Rodríguez-Embil, (1941); Martí hombre, de Gonzalo de Quesada, (1944) y Martí, carne y espíritu, de Néstor Carbonell, (1952)

La noticia de su muerte “me movió el piso”, porque ella era del tipo de persona positiva, que nunca pensó en eso, a pesar de “los palos que le dio la vida”, como diría el poeta Fayad Jamís.

Roberto Hernández Biosca. Doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor titular de la Universidad de las Artes, ISA.

Karelia Escalante, nuestra querida profesora

¿Qué pudiéramos decir de una persona que dedicó su vida a la enseñanza de la música, una pianista que no economizó tiempo ni esfuerzo en transmitir sus conocimientos para tantos alumnos? Son muchas las historias que recogen la vida creativa de nuestra querida Karelia, gran pianista y profesora, pero sobre todo, gigante ser humano.

Nacida en 1939, realizó sus estudios de piano en el Conservatorio de La Habana, actual Amadeo Roldán, con las profesoras Carmen y Lidia González Valladares. Completó su formación superior en el Conservatorio Tchaikovski en Moscú (1957), donde estudió con Yakov Flier, Lev Vlasenko, S. Feinberg y Liudmila Roshina. Tras su conclusión, en 1963, continuó la Aspirantura en la misma institución, hasta 1966.[1]

Conocí a Karelia a su llegada a Cuba (1966) cuando se incorporó como profesora a la Escuela Nacional de Arte, Música. Tuve el orgullo de ser una de sus primeras alumnas. Recuerdo hasta hoy nuestra aula, en la entrada a la izquierda de la casa de Humara, aquella residencia de la Avenida 146, donde funcionaba la Cátedra de Piano. Eran los primeros años de la ENA. 

Karelia fue para mí un estímulo constante en la carrera y una fuente de aprendizaje y sabiduría. Su clase no era solo de Piano, era un bello encuentro entre alumno y profesor, donde a veces te sentías hija y a veces amiga. Como sucedía con muchos de los profesores de aquella época, su clase era una entrega de amor a la profesión que superaba el trabajo técnico- pianístico. Su rica formación le permitía abordar no solo aspectos musicales, sino también de cultura general. Con una didáctica impresionante, sabía encontrar el repertorio perfecto y las variadas formas de trabajarlo. Nunca faltaba el estímulo para regresar con optimismo a la clase siguiente.

Nos aproximó su carácter alegre y afable, a pesar de riguroso en cuanto a disciplina y estudio. Siempre vi en Karelia una persona exigente, pero a la vez risueña y muy dulce. Con mucho dolor acompañamos pérdidas y pasajes tristes de su vida personal y a todos nos impresionaba su fortaleza, al verla comparecer día a día en nuestras clases sin abandonar nunca su deber, transmitiéndonos optimismo y confianza en el futuro. 

Durante años integró la Comisión Nacional de Piano, trabajando junto a sus miembros en la orientación y asesoramiento de la enseñanza del piano en Cuba.[2]        

Karelia participó en las Escuelas al Campo con nosotros, sus alumnos, en la Isla de la Juventud. Eran los años 70, la ENA se trasladaba para atender las plantaciones de cítricos. Se incorporaba a las tareas agrícolas como una más entre los estudiantes, y durante la noche era la maestra que nos impartía clases de piano, como todos los profesores que nos acompañaban en esas jornadas. Serían interminables las anécdotas que pudiéramos narrar de una vida tan rica. 

Al crearse el Instituto Superior de Arte (ISA) en 1976, Karelia fue una de las fundadoras de la Cátedra de Piano. A pesar de que no fue directamente mi profesora, pues yo pasé a la clase de Cecilio Tieles por orientación de ella misma, siempre tuve al lado la eterna maestra y amiga, dispuesta a dar un consejo o una orientación, tanto personal como profesional. Durante los años 1981- 1984, fue también Decana de la Facultad de Música, donde todos fuimos testigos de su entrega, no solo directiva, sino también como profesora. 

Al egresar del ISA, fuimos por mucho tiempo colegas de trabajo.  Justa, enérgica, comprensiva, siempre abierta en sus planteamientos y discusiones y sobre todo manteniendo una linda relación con los alumnos. Presencié muchos regaños a los estudiantes, pero prevaleció el sentimiento de madre tratando de orientar a sus hijos, sin perder la autoridad y la disciplina que su responsabilidad exigía. 

Profesora en la ENA y el ISA, decana, colaboradora en la República Dominicana y profesora en el Conservaorio Amadeo Roldán, Karelia será siempre aquella maestra que nos marcó en la vida, aquella que no olvidamos y siempre intentamos imitar.  

Karelia Escalante, ¡estarás siempre en nuestros corazones!   Dra. Rosa María Tolón Marín. Pianista y profesora

Gracias Karelia

Conocí a la profesora Karelia Escalante a los diez años, a través de una de mis primeras maestras de piano: Rosa María Tolón, ex alumna de ella. Estudiaba en la Escuela de Vocacional de Artes de Pinar del Río y me preparaba para el Concurso Amadeo Roldán, donde participaría por primera vez. 

Cuando llegamos a su casa, nos recibió muy amablemente y me mandó sentar al piano con mucho respeto. Yo no podía contener los nervios, pero tampoco entendía lo que me estaba sucediendo. Después de ejecutar mi programa me dio algunas indicaciones y recuerdo qué le dijo algo muy bajito a mi profesora. 

Al finalizar la clase, su tono era diferente, ya no era de orden, sino más suave. En ese momento comprendí que la situación había cambiado, que la clase se había terminado y comencé a entender la relación alumno- profesor en clases y fuera de esta. Ser una profesora exigente, no la limitaba de ser al mismo tiempo simpática y dulce. Preguntó muchas cosas de mí, a pesar de que nos estábamos conociendo.

Volví a tener contacto con Karelia, ya joven, cuando ingresé en el ISA. Estudiante, al fin, pasé por muchas vicisitudes, justo en la época cuando ella era la Decana de la Facultad de Música. Pensaba que me había olvidado, pero resultó todo lo contrario.

Era un estudiante intranquilo y me encontré en Karelia una persona exigente, pero con gran nobleza y excelente condición humana. Con su transparencia y valentía, era capaz de sancionar las travesuras, pero al mismo tiempo protegerte y orientarte. Fue en esta época que supe realmente el valor de esta profesora y comprendí que aquel día, en que estuve en su casa con solo 10 años, nació el cariño y admiración por un simple alumno, que venía de provincia a estudiar piano. Nunca olvidaré toda la ayuda que me proporcionó con sus consejos. ¡Gracias Karelia, que estés en la Gloria!                            

Miguelito Núñez. Pianista, compositor y productor musical

A “Mi Gallinita”

He iniciado estas líneas varias veces porque me ha invadido la tristeza por su carácter póstumo, y a su vez una inmensa satisfacción por mi eterna deuda de gratitud. 

“Mi Gallinita”, apodo que le regalé desde mi juventud, describe nuestro gusto por su corte de cabello y cuyo look conservé por muchos años: una forma de expresarle todo mi cariño y admiración. 

Comencé a formar parte de su clase de piano en la ENA en 1967, y continué con ella el nivel medio hasta 1974.  En 1979 inicié mis estudios en el ISA bajo su conducción; posteriormente, en 1987, fui su alumna en un curso de post-grado sobre “La obra pianística e interpretación de Robert Schumann”. 

A lo largo de todos esos años que integré su clase, recibí todo su caudal de conocimientos técnicos, pianísticos, musicales e interpretativos, indispensables para mi vida profesional. Esto junto a su entrega humana consolidó mi amor, respeto y dedicación por la labor docente. 

En su larga y dedicada vida formando varias generaciones de pianistas, desempeñó responsabilidades académicas, que ejercía con gran profesionalidad. Conjuntamente, desarrolló con brillantez su vida como intérprete.

Fuimos varios estudiantes que formamos parte de su clase, quienes sostuvimos durante todos estos años vínculos de hermandad, valores que nos inculcó como profesionales, entregándonos cada día el amor, comprensión y ternura que la caracterizaron como una gran mujer y madre. De ella admiré su estatura humana, principios inquebrantables, fortaleza, sencillez y humildad.

 Como un modesto y sentido gesto de gratitud, dediqué mi Tesis de Maestría en Pedagogía e Investigación Musical (Cuenca-Ecuador, 2015) a mis dos queridas y admiradas profesoras: Karelia Escalante y Teresita Junco, quienes sembraron todo mi compromiso y respeto por la pedagogía pianística y musical. 

Deseo que este sencillo relato sirva de baluarte para las presentes y futuras generaciones de músicos y pianistas, cuyo valor está basado en mi admiración y eterna gratitud a esa gran mujer, guía y ejemplo que fue Karelia Escalante, y quien forjó mis deseos de superación y crecimiento personal y profesional. 

“Te amaré siempre mi gallinita”  

Mercedes Crespo González. Pianista y profesora


NOTAS

[1] Casanova Oliva, Ana: “Escalante Colás, Karelia”, en Emilio Casares (ed.) Diccionario de la música española e hispano-americana. T4. Madrid, Fundación Autor – SGAE, 2002, p.701. 

[2] Tieles, Cecilio: “Karelia Escalante, artista y profesora”, en Blog Del Canto y el Tiempo https://cidmucmusicacubana.wordpress.com/2021/03/24/karelia-escalante-artista-y-profesora/ [consulta 26/3/2021]

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