Gisela: el jardín mutiplicado*

*Notas musicológicas del CD doble Gisela Hernández, colección Renovación Musical. Intérprete Ulises Hernández, Invitados Bárbara Llanes y Alfredo Muñoz. Nominado al Cubadisco 2021 en la categoría de Notas Musicológicas y Solista Concertante.  

Por Roberto Chorens Dotres

Bebió de todas las fuentes válidas, recreó estilos y sembró en Cuba nuevas formas de expresión musical, repartió con total nobleza no aquello que le sobrara sino todo lo que era capaz de concebir y dar forma… caminó sobre muchos senderos con sus tesoros creativos visibles en la frente y guardados en su corazón para escribir una pieza (¿simple?) con aires de guajira o hizo pensar sabiamente durante una conferencia y asesoramientos para el mejoramiento pedagógico y espiritual de su pueblo. Cantó siempre, eso sí, cantó para sí y para todos como sello del paisaje perpetuo de sus multiplicaciones.

Hay seres que son muchos seres a la vez y para nuestra fortaleza andan por el mundo con  la música que envuelve la misión de sus propias vidas: este es el caso de Gisela Hernández Gonzalo, la mujer llamada a redimir  y que aún espera  reciprocidad dentro de la magia de la redención. En este y no en otro costado del prisma se yergue el valor de este fonograma perteneciente a la serie Renovación Musical, hija del maestro Ulises Hernández y que, en el caso de Gisela, pudiera formar parte de otras series discográficas como las concernientes a los grandes pedagogos musicales de Cuba, a los más lúcidos conferencistas sobre temas relacionados con el  devenir del desarrollo artístico-musical del país, a nuestros impulsores y grandes creadores  de partituras corales o de literatura –variada y apropiada- para los niños cubanos que van adentrándose en los caminos de la música mediante aquella que les es cercana por derecho propio.

No hace falta adjudicarse la categoría de profesional del arte musical para que la audición del registro que tienen en sus manos se convierta, sin dificultades mayores, en el desfile imaginativo de una  música locuaz, que tiene mucho que decir mediante un desdoblamiento lleno de asombros. ¿Copia irreverente de un pasado o presente del pensamiento musical de otros que han nacido en diferentes épocas y latitudes geográficas? ¿Recreación perversa de lo “nacional cubano” mediante fórmulas manidas y llamadas a provocar el desinterés del oyente? ¡Eso jamás!. Esto es parte del milagro y su multiplicación: el primer disco de Gisela, dedicado a la música pianística y en interpretación del maestro Ulises, presenta en algunas de sus piezas la secreta intención de que un piano suene como una orquesta, y esto lo habían hecho otros  grandes como Franz Liszt  o Serguei Rachmaninov pero, claro está, no en el caso de un zapateo cubano escrito en l954 e iniciador del fonograma primero. ¿Miedos o excesos de cautela expresar la evocación singular de los susurros de Schubert o Schumann en su música “infantil” cuando escuchamos las obras escritas por Gisela como la “Pequeña Suite” de 1929 donde se incluyen títulos  como la Balada de Blanca Nieves, La muñeca negra, Danza de la muñeca guajira y Danza de la muñeca latinoamericana o el ciclo hermosísimo de un tema con variaciones del año siguiente titulado Variaciones de los doce años? Cambian después el discurso e intenciones, aunque no la lucidez y el oficio creativo, al escuchar en este registro la Sonata No. 1 en Do Mayor (1942), el Preludio y Giga (1943) y la serie Cubanas (1957), esta última tal vez la menos desconocida de la producción para piano de Gisela Hernández.

No hay duda de que este séptimo título de la colección Renovación Musical, pensado para un total de ocho realizaciones (algunas acompañadas por un  CD rom y DVD, además de guardar la importancia de recoger la premier mundial de varias partituras en el mundo de la discografía) e incluyente de la obra de Argeliers León, Harold Gramatges, Hilario González, José Ardévol, Julián Orbón y Edgardo Martín, más uno final coronado con un concierto en vivo donde se interpretan obras de estos miembros de Renovación Musical acompañado por un  DVD contentivo de  un documental que aborda el significado de la labor de estos creadores cubanos, con excepción de José Ardévol quien, además de su cuna hispana, fue líder de las aspiraciones de una reunión de intelectuales para quienes las aulas del Conservatorio Municipal de La Habana –hoy Conservatorio “Amadeo Roldán”- abrieron sus puertas. Con pesar se considera el hecho de  que si no aparecen los nombres de Dolores Torres, Virginia Fleites, Serafín Pro, Juan Antonio Cámara, Enrique Bellver, Ester Rodríguez, Francisco Formell Madariaga y otros posibles, ha sido por la ausencia  de obras capaces de ser recogidas en un registro fonográfico: entiéndase entonces que es el nombre y la obra de Gisela Hernández el de la única mujer dentro de  la colección. Considero que si  el Grupo puede verse con la variada plataforma de código, modos y estética de sus integrantes, entre ellos se yergue la figura de Gisela con ciertos aires de protagonismo bien ganado. Los miembros de Renovación Musical, en tanto dinamizadores del desarrollo intelectual y musical cubanos durante la década del 40 en el Siglo XX y luego de la desaparición prematura del binomio Roldán/Caturla, se orientaron por un camino que traza una serie de principios de trabajo a los que Gisela Hernández Gonzalo respondió brillantemente. Citaremos dos de estos principios porque la cita podrá servir para valorar la representatividad de esta valiosa intelectual cubana:

-Organizar conciertos y conferencias para dar a conocer, cultivar y difundir la buena música, según las más puras tendencias actuales.

-Crear en nuestro país una conciencia artística, por medio de una labor que tenga como fin originar un concepto musical típicamente del siglo XX, es decir «nuestro».

Del tronco sólido que es el Grupo Renovación Musical volvamos a una de sus lúcidas ramas representada por la figura de Gisela mediante los comentarios que nos es dado hacer sobre el segundo de los fonogramas que integran el registro número 7 (¿número mágico?) de la colección pensada por Ulises Hernández y dedicada al canto, aunque al final el registro incluya la primera grabación  de una Sonatina para violín y piano, escrita en 1945 e interpretada esta vez por el maestro Alfredo Muñoz y el propio Ulises en la compañía pianística.

La escritura de lieder (canciones de concierto) fue consustancial al despliegue del talento creativo de Gisela, fueron escritos durante gran parte de su vida y el trabajo realizado en torno al género la llevó con todo éxito al hecho de lanzar al viento el canto de una selección de versos de Mirta Aguirre, Rabindranath Tagore, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Dulce María Loynaz, Fina García-Marruz, Cleva Solís, Ángel Gaztelu, José Lezama Lima y Nicolás Guillén. Lo grande busca siempre sus iguales en tamaño y resonancia…

En ocasiones se expresa que “tal autor o autora de canciones de concierto o lieder posee una creación de difíciles niveles interpretativos”. Si así fuese, ¡bravo para la soprano Bárbara Llanes, encargada de hacer música los versos de un grupo de poetas del mundo y todos de primera línea!. ¡Palmas igualmente para la compañía pianística del maestro Ulises Hernández en estas obras! y ¡bravo resonante para la autora! Los escuchas, nosotros,  estamos ante y dentro de un jardín pleno de descubrimientos: a la aparición de la dulzura que pueda existir dentro de un paisaje de ciertos sentimientos de tristeza sigue una partitura de lirismo insuperable, de llamados diversos a todas las vibraciones de la espiritualidad, identificadas con el llamado de José Martí a pedir que no sonara una cuerda, sino todas las cuerdas… Muy sensible y personal la comprensión de Bárbara Llanes de este tipo de obra, con  lamentable falta de constancia en los repertorios de nuestros cantantes, y donde hay que dominar una serie de elementos técnicos, musicales y artísticos para llegar a desentrañar las maravillas yacentes en  la belleza de sus ejemplos más perfectos. Nada sobra ni nada falta en los lieder de Gisela Hernández, hizo suya cualquier influencia de grandes compositores europeos del Siglo XIX (Mendelssohn, Schubert, Brahms…) y las devolvió con una deslumbrante cercanía. Los textos-poemas ayudan al disfrute de estas multiplicaciones del jardín de Gisela Hernández Gonzalo ¡No demoren el disfrute de escucharlos!

Se extienden demasiado, quizá, estas notas y no es nuestro interés dilatar el tiempo e invitarlos, cuando tengan oportunidad propicia, de acercarse auditivamente a la degustación convertida en alimento digno para el  crecimiento espiritual de cada quien.

Imposible no volver al agradecimiento que esta grabación con la obra de  Gisela Hernández Gonzalo nos ofrece y de felicitarnos por haber  podido  penetrar en un jardín multiplicado  donde la anfitriona revela el  refinadísimo talento de esta artista cuya obra ocupa el número 7 (¿número mágico?) en una colección que, como hija del alma, ha venido amasando el maestro Ulises Hernández y aquellos que han tenido los laureles de colaborar en el empeño. Nobleza obliga, ¡claro que es así!

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