Entreclaves…Sones in blue: lo anecdótico y vivencial en la obra de David Álvarez

Por Yaisel Madrigal Valle. Musicólogo

David Álvarez y su agrupación Juego de Manos llega esta vez con Sones in blue, un fonograma repleto de sonoridades contemporáneas, donde se refleja la estrecha relación de la música popular cubana con géneros y estilos de expresión afrocaribeña.

Es este un disco donde Álvarez se consagra como un artesano musical, capaz de tejer con sus manos y voz las más bellas melodías, mezclándolas de manera original con expresiones que forman parte de nuestra identidad. Producido por el sello Bis Music en el año 2019, Sones…, está nominado al Cubadisco 2021 en la categoría Canción Contemporánea.

Lo anecdótico y vivencial se aprecia en la pieza Ahora, un canto al amor desde una instrumentación que recuerda la sonoridad del septeto sonero por ese aire trovadoresco que se imbrica, coherentemente, en el discurso musical desde una armonía sencilla. Es típico el tratamiento de la factura compleja a partir de la superposición de elementos simples que tienen mucho que ver con la resultante polirrítmica en la música cubana. 

Sofía es una obra melancólica, emotiva, llena de imágenes poéticas, donde se unen las voces de David Álvarez y Pablo Milanés. Las interpretaciones están marcadas por lo vívido. La pieza hace gala del ingenio de dos intérpretes con reconocidas carreras interpretativas en los predios de nuestra música popular: fundamentalmente en los ámbitos sonero y trovadoresco.

El uso de metáforas, unido a una realización musical de exquisita factura, garantiza el éxtasis que experimenta el oyente al disfrutar de la bellísima melodía. Con un lenguaje marcado por armonías contemporáneas sobresale, a su vez, en Sofía la excelencia del pianismo de Rolando Luna. La cancionística y el bolero, así como el toque filinesco recurrente en las producciones de David Álvarez, se unen en este tema, otorgándole un acabado mágico.

La influencia de la música country al estilo de Jimmie Rodgers y Hank Williams, —dos figuras imprescindibles del género en los Estados Unidos—, se evidencia en Compay Severino de Richard Luis Pérez, a partir de la ejecución de la armónica o de instrumentos de cuerda pulsada como la guitarra. El empleo del metrorritmo característico junto a acentuaciones propias del género, logran excelente mezcla con el son cubano.

La mixtura de esos elementos del country con el son más tradicional demuestra la vitalidad y contemporaneidad de ambos géneros. Estos, aun considerados divergentes en cuanto a esencia rítmica, acentuaciones o por su pertenencia a culturas o realidades sociales diferentes, son capaces de imbricarse en un discurso coherente, gracias al ingenio, creatividad y musicalidad de David Álvarez.

Pesadilla es un tema que se erige sobre la sonoridad de un samba proveniente de ese Brasil mestizo, africano y sobre todo latinoamericano. Es una página que nos transporta en espíritu y alma al gigante sudamericano tras desgarradora y emotiva interpretación. Se combinan varios factores decisivos en ese resultado: la herencia de la canción latinoamericana desde las armonías, el uso de giros melo-armónicos y la instrumentación que evoca esa mezcla que distingue la música del área cultural del Caribe y Latinoamérica.    

Desde el piano, Rolando Luna se vale de secuenciaciones de carácter modulante como método de desarrollo del material temático, hecho que nos mantiene expectantes a su desempeño. Las intervenciones pianísticas aparecen y se difuminan en todo el entramado polirrítmico que protagoniza junto a los instrumentos de percusión en un franco proceso de asimilación de patrones provenientes de la música brasileña. La armónica establece una especie de hilo conductor o punto de contacto entre el country de Compay Severino y el tratamiento del samba: exquisito recorrido que propone por esta América Latina diversa, multicultural, y a la vez, unida en una historia común.

David Álvarez a través de sus interpretaciones, tiene la peculiaridad de convidarnos a vivir sus experiencias de vida, a partir del tono anecdótico de su retórica. Él posee ese ángel de establecer un alto y sostenido nivel de empatía con su receptor. Este valioso elemento discursivo es palpable en Hoy, un tema que se mueve desde su yo interno hasta su conexión con el oyente; los medios expresivos y sonoros están interconectados para lograr ese propósito. Y es que Sones in blue está pensado precisamente para entablar un fuerte vínculo entre el músico y su público.

Sobre esta óptica también se manifiesta La tormenta, pieza apegada a la cancionística y a maneras expresivas que provienen del jazz, el blues y la música popular cubana, especialmente a partir de elementos melo-armónicos e instrumentación. Esta es otra muestra de profundidad y madurez artística en Álvarez.

Si hablamos de interpretaciones temperamentales hay que referirse a la figura de Gema Corredera y su intervención en el tema Aquella vez, heredera de lo más distintivo de la canción y la trova, especialmente a partir de la convergencia de dos líneas melódicas con diferente texto, un recurso muy utilizado en nuestra música.

En este disco David se une a su hija Sabrina Álvarez en Biografía de un tonto, una bellísima y simpática historia que nos recuerda la sonoridad juglaresca de los trovadores provenzales de la Edad Media. Instrumentos como la flauta, la pandereta o el set de percusión son empleados en esta pieza, donde se asimilan funcionalidades de instrumentos típicos del medioevo. Igualmente destaca el carácter danzable sobre un tempo ternario.

Punto de contacto que unifica cada uno de los tracks es la variedad de estilos que se abordan. Que mata de la autoría del propio Álvarez posee un aire caribeño y a la vez muy cubano, fundamentalmente por el empleo de la base rítmica del son. En la pieza se sintetizan también, elementos provenientes del bossa nova, que afirman la calidad y capacidad interpretativa de los músicos que intervienen.

La temática trovadoresca es recurrente en el repertorio de David Álvarez, materializado en Anda trovador, tema de la autoría de Richard Luis Pérez y Garrido. A través de la sonoridad sonero-trovadoresca nos trasladan a tiempos en que trova y son, se entretejían dentro del repertorio de las agrupaciones. En ese contexto convivían músicos que cultivaban uno y otro género, de ahí el fenómeno conocido como la trova del son.

Sones in blue es, sin lugar a dudas, un viaje de ida y vuelta a sonoridades que nos definen como cubanos, afrocaribeños y latinoamericanos. Este trabajo constituye, a mi juicio, la cúspide de la carrera musical de David Álvarez y Juego de Manos, debido a la maestría con que son manejados los diversos elementos técnico-musicales. Sobresale, igualmente, la calidad interpretativa de un David temperamental que logra exteriorizar ese yo interior, en cada acorde, melodía, armonía o arpegio que confirma lo valioso del resultado sonoro.

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