De la guitarra y sus cultores en Cuba: Jesús Ortega, un músico holístico (parte I)*

Por: MSc. Janet Rodríguez Pino. Musicóloga y percusionista

* Artículo elaborado a partir de: Jesús Ortega, entrevista de Janet Rodríguez Pino (1ro. de octubre de 2020).

La Escuela Cubana de Guitarra ha alcanzado prestigio nacional e internacional gracias a la incansable labor de maestros como Jesús Ortega Irusta. Guitarrista, compositor, catedrático, director de orquesta, pensador y gestor cultural, el maestro Ortega ha realizado cuantiosos aportes, sobre todo, en el ámbito de la enseñanza del instrumento tanto en Cuba, como en la concepción del Festival y Concurso Internacional de Guitarra de La Habana.

Fructífero ha sido el paso de Jesús Ortega por el sendero artístico, desde que descubrió tempranamente su interés por la guitarra. Su camaradería con el maestro Leo Brouwer y su entrada al Conservatorio Municipal de Música −actualmente Conservatorio Amadeo Roldán− le impulsaron a adentrarse en el mundo de la guitarra clásica. De igual forma, la guía de importantes tutores como Isaac Nicola, Harold Gramatges, Argeliers León, Serafín Pro y José Ardévol resultó vital para que Ortega llegara a ser un intérprete y pedagogo del más alto nivel.

Ampliar el conocimiento sobre este intelectual holístico y las aristas en que se ha desempeñado, es la principal motivación para este encuentro en que sintetiza su vasta trayectoria como intérprete solista, así como los repertorios y compositores que le han acompañado durante estos años.

Mi carrera como concertista se inició en 1956 con una presentación en la Sociedad Cruz Blanca de La Paz, que presidía la pianista y compositora Blanca Fernández de Castro. En esa ocasión presenté piezas sueltas de Fernando Sor, Francisco Tárrega y Manuel Ponce, que constituían el repertorio habitual de los guitarristas.

En mi carrera, la principal visión era ampliar en lo posible el repertorio, y con ello que el público disfrutara de la guitarra. Mi colega y amigo Leo Brouwer obraba de la misma forma, componía numerosas piezas para el instrumento y buscaba las menos conocidas por el público; lo que no significaba que de vez en vez, ambos incluyéramos obras célebres en nuestros respectivos conciertos. De esa manera di a conocer mucha música del repertorio Barroco español, a través de los guitarristas Gaspar Sanz, Lucas Ruiz de Ribayaz y Francisco Gueráu; del Barroco italiano, con obras de Ludovico Roncalli; además de los vihuelistas renacentistas españoles Luis de Milán y Luis de Narváez.

En efecto, Jesús Ortega se entregó con éxito a la interpretación y actualización del repertorio guitarrístico durante varias décadas, acciones que luego beneficiarían la enseñanza del instrumento en los conservatorios del país. Su labor posibilitó, además, la creación de nuevas obras para guitarra por parte de compositores cubanos reconocidos, que ostentaban un amplio catálogo. Acerca de esta eficaz gestión, rememora:

Para ampliar el repertorio guitarrístico, solicité a compositores como Héctor Angulo, Carlos Fariñas, Harold Gramatges, Argeliers León, Edgardo Martín, José Ardévol, entre otros, que crearan música para el instrumento. Los primeros en escribir fueron Natalio Galán con la Suite para guitarra, y el Concierto para guitarra y orquesta de cuerdas; y Héctor Angulo con su obra Punteados, las suites Cantos yoruba de Cuba y Cantos para ir juntos, y el Cuarteto para guitarra, violín, viola y violonchelo. Harold Gramatges le secundó y escribió Fantasía −una maravillosa obra para guitarra–, el concierto titulado Duende, y El arpa milagrosa para guitarra sola.

Por su parte, José Ardévol me dedicó cuatro piezas, Edgardo Martín escribió Variaciones para guitarra, y Argeliers León compuso Tres canciones lentas, además de obras de cámara. Todas estas las presenté en concierto. Además, junto a Leo Brouwer estrené la Música para dos guitarras, que Carlos Fariñas escribió para nosotros, porque por entonces Leo y yo constituimos un dúo que se mantuvo hasta 1964. A partir de entonces, yo únicamente interpretaba la guitarra como solista o acompañado por orquesta de cámara y sinfónica.”

Jesús Ortega contribuyó con la difusión de un amplio muestrario de piezas guitarrísticas, precisamente como concertista. Esta faceta que mostró en disímiles ciudades y salas de concierto del mundo, se traduce de esta manera:

Soy el primer cubano que integró el jurado del Concurso Internacional de Guitarra de París, de la Radio Francesa, celebrado en 1968. A lo largo de mi carrera realicé conciertos en varios países y teatros, y sin dudas tengo que significar en ese sentido, la Sala de las Columnas de Moscú, donde me presenté como solista con la Orquesta Sinfónica de Leningrado. Participé en el primer festival de música contemporánea realizado en Moscú, donde estrené el Concierto no. 1 para guitarra y pequeña orquesta, de Leo Brouwer. Lo mismo sucedió en la ciudad checoslovaca de Pilsen, con la obra Tres Danzas Concertantes para guitarra y orquesta de cuerdas, del mismo compositor. La gran Sala del Palacio de la Cultura de Berlín, en la Sala Chopin de Varsovia; la Sala Bulgaria de Sofía –capital de ese país–, en el Kennedy Center de Washington, y en el Metropolitan Opera House de New York, fueron igualmente oportunidades muy especiales. En esta última actuaron Alicia Alonso y el Ballet Nacional de Cuba, con obras de mi autoría, para cuarteto de guitarras.

Tuve otras grandes oportunidades en la Sala Cecilia Meireles de Río de Janeiro, la Biblioteca Nacional de Montevideo, así como en salas de distintas ciudades de México, pertenecientes a la Organización de Bellas Artes. En fin, tuve la dicha de presentarme en muchos escenarios, vivir estas experiencias e interpretar música a solo y con orquesta.

Sobre su experiencia en Cuba como solista y músico de agrupaciones camerales, Ortega amplía:

En Cuba, he realizado conciertos en todas las salas, sin excepción: Covarrubias y Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, en el Teatro Auditorium Amadeo Roldán, la Sala Dolores, de Santiago de Cuba, entre otras.

En nuestro país me dedicaba sobre todo a la música de cámara, una modalidad que no trabajé en el exterior. Integré la Sociedad de Música de Cámara de Cuba y por ello participaba en los conciertos mensuales que organizaba esta institución, y aunque era muy joven por entonces, tuve la suerte de compartir la escena con los mejores músicos de Cuba y algunos invitados extranjeros de altísimo nivel. Además, en el verano participaba en una rama de la Sociedad, denominada Club de Música de Cámara, que, incluso, llegué a presidir hasta su desaparición al triunfo de la Revolución.

Integré el circuito radial de C.M.Q. y participaba en un concierto semanal, primero bajo la dirección de Enrique González Mantici y luego de Roberto Valdés Arnau. Con la orquesta de esta institución actué en varias ocasiones como solista. El repertorio era bastante sencillo, porque había muy poco tiempo de ensayo, y para esas ocasiones asumí entre otras piezas el Concierto en Re Mayor de Antonio Vivaldi, entre otras obras de este estilo.

La prolífera carrera del maestro Jesús Ortega en su arista como solista, se extendió durante cuarenta años hasta que, en 1995, el guitarrista decidió abandonar los escenarios y consagrarse a la enseñanza de la guitarra, una disciplina que había desarrollado en paralelo. En la segunda parte de esta entrevista, abordaremos las disímiles experiencias de Jesús Ortega en sus facetas de profesor, compositor y gestor cultural.

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