Entreclaves… Aymée Nuviola: la exaltación del legado músico-tradicional cubano

Por MSc. Janet Rodríguez Pino. Musicóloga y percusionista

Con voz profunda y versátil, capaz de abarcar plurales estilos, la cantante cubana Aymée Nuviola ha conquistado prestigiosos escenarios, públicos y casas discográficas a nivel internacional. La devoción por su natal isla de Cuba se percibe en cada interpretación de la Sonera del Mundo, calificativo que define a la popular cantante nacionalizada estadounidense.

Junto a más de una decena de artistas cubanos residentes en el exterior, Aymée Nuviola resultó invitada al primer festival cultural “Cuba va conmigo”, celebrado del 7 al 9 de julio. A propósito de su participación en la cita estival, surgió la idea de reseñar su antepenúltimo álbum titulado A Journey Through Cuban Music (2019), nominado en la más reciente edición de los Premios Cubadisco y merecedor en 2020 del Premio Grammy al Mejor Álbum Tropical.

La estética visual del fonograma supone cierta coherencia con el diseño gráfico del Festival Artes de Cuba: From the Island to the World (2018), celebrado en el Kennedy Center For The Performing Arts de Washington DC, en el que Aymée Nuviola mostró su talento durante el concierto inaugural. A Journey Through Cuban Music propone en este sentido, una visualidad colorida, muestrario de los variopintos afluentes culturales cubanos.

Entre pregones, chachachás, boleros, rumbas y sones, el álbum cumple su propósito e invita a un recorrido por el patrimonio músico-tradicional de la Isla. El son funge como estilo jerarquizado, al tiempo que alterna con otros socialmente relevantes para la identidad cubana. Así, aparecen sones como Chan chan que, a mi juicio, podría asumirse como una de las versiones más respetuosas y elaboradas de este tema, desde que su autor Francisco Repilado, el inolvidable Compay Segundo, popularizara dicha canción.

Otros sones versionados llevan la impronta de los artistas que colaboran con Aymée Nuviola. En el tema Consuélate como yo, el cantante Mario “Mayito” Rivera y la anfitriona del álbum, recrean sobre esta pieza del puertorriqueño Nacho Sanabria, un son tradicional que pone de relieve el talento vocal e improvisatorio del sonero pinareño invitado. Asimismo, el sencillo Dónde estabas anoche se convierte en espacio de confluencia entre la cantante cubano-estadounidense y el Septeto Santiaguero, y funge como crisol de los elementos hispanos y africanos transculturados en Cuba.

En estos temas La Nuviola devela cualidades valiosas como intérprete: humildad para compartir la escena y permearse del estilo de los artistas que la circundan; y, al mismo tiempo, autonomía y sensibilidad para abordar el repertorio seleccionado. Un resultado musical similar se aprecia en la pieza Tres palabras, de ambiente intimista, engalanada por la voz de Omara Portuondo. La obra acoge el diálogo intergeneracional de la Diva del Buena Vista Social Club y la Sonera del Mundo, sobre un bolero resemantizado, sugerido apenas en la factura del piano que las acompaña.

La reconfiguración estilístico-musical constituye una herramienta fundamental para esta realización discográfica; por ejemplo el arreglo de Lágrimas negras difiere del estilo sonero al que se adscribe esta antológica canción, y se concibe sobre un ritmo de danzón. De igual forma, este concepto se materializa en El manisero, devenido en una especie de arquetipo o canción modelo, ineludible en casi la totalidad de las colecciones de música autóctona cubana. El famoso pregón de Moisés Simons se transforma en la voz de Aymée Nuviola, pues la cantante posee una tesitura media-grave de gran profundidad, que se aleja del referente originario de la voz nasal y aguda de Rita Montaner. Adornan el arreglo, como una especie de toque jazzístico, el uso de la trompeta con sordina –interpretada por Alexander Abreu– y el solo pianístico de Gonzalo Rubalcaba, que gira en torno a la timba y el latin jazz.

Destaca en el álbum la yuxtaposición de estilos, en busca de la sonoridad latinoamericanista influyente en varios ámbitos de la música cubana. En este sentido, el tema Dale Tumba elogia al tambor como esencia de nuestra música popular latinoamericana; e incluye la trompeta con sordina y la armonía bi-acordal como evocación inmediata de las danzas caribeñas –principalmente dominicanas o puertorriqueñas– y de la salsa colombiana. Esto sin abandonar la estética sonera cubana, con el uso del tres y la percusión tradicional conformada por cencerro, güiro y tumbadoras.

Por otra parte, Aymée Nuviola muestra su capacidad de adaptación a diversas estéticas musicales en temas como el medley El bodeguero y Pepe Cabecita, en el que se acompaña de la Orquesta Aragón hacia la búsqueda de un auténtico chachachá; o la rumba titulada Ese atrevimiento, cuya base rítmico-armónica provista por Los Muñequitos de Matanzas con Chucho Valdés al piano, sostiene los denominados lalaleos de la cantante y enuncia, sin duda alguna, un raigal guaguancó.

Un proceso similar ocurre en la conga La caminadora, revitalizada en esta singular y marcadamente contemporánea versión en la que Aymée se acompaña de la Conga de Los Hoyos, de la provincia de Santiago de Cuba. La sonoridad de la corneta china y las percusiones de metal, así como el carácter de peregrinación inherente al género, convierten esta pieza en fidedigno e importante registro de una práctica socio-cultural devenida en símbolo identitario.

De forma coherente, en el tema Taxista la cantante defiende al changüí, secundada por el Conjunto Son del Guaso. Sus versos, armonía e instrumentación dibujan el ambiente rural montañoso del oriente cubano, y rememoran aquellos lienzos pletóricos de gallos y campesinos, típicos del pintor Mariano Rodríguez. En esencia, la Sonera del Mundo ha concebido este álbum como un mapa músico-danzable de nuestra identidad.

Ello se acentúa en el sencillo Somos cubanos, que cuenta con Samuel Formell como percusionista invitado. Reminiscencia de la sonoridad vanvanera de Juan Formell, su lírica es un relato identitario que recuerda obras literarias cubanas como Cimarrón, del escritor Miguel Barnet. El reiterado estribillo “Somos cubanos: español y africano” es la sentencia que evoca el legado etnológico de Fernando Ortiz y Alejo Carpentier, y pondera los dos afluentes etno-histórico-culturales más influyentes de la nacionalidad cubana.

A manera de colofón, la pieza Yo soy el punto cubano enfatiza en la tradición de antecedente hispánico desarrollada en la Isla. Nuviola se apropia de las coplas popularizadas por la cantante campesina Celina González y las dedica a “Cuba querida, la tierra de mis amores”; constituye este gesto, una declaración del compromiso de la sonera con su tierra natal.

Ante el reconocimiento de la identidad nacional y su significación en los procesos históricos y socio-culturales, la respuesta del arte tiende a ser el rescate de los elementos raigales que nos definen. A Journey Through Cuban Music es un ejemplo de esta gestión patrimonial. Su resultado sonoro manifiesta el sentir de Aymée Nuviola, una cantante dotada de talento, sensibilidad y experiencia interpretativa; y, a su vez, preconiza los valores del legado musical cubano.

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