Síntesis del testimonio de Radamés Giro publicado al libro «Ñico Rojas».

…Cómo definiría la obra de Ñico, la calificaría de grandiosa: fíjate, no grandilocuente, pues este último término suele asociarse en ocasiones con lo superficial, y la obra de Ñico es sustancial y esencialmente auténtica.

Pienso que en términos de música, cuando se haga un estudio exhaustivo de su obra y se le conozca bien, Cuba lamentará el tiempo que ha tardado en divulgar y promover toda su creación, porque solo grabó en aquellos tiempos en que físicamente podía hacerlo. Por suerte, notables intérpretes como Ildefonso Acosta y Ahmed Dickinson se han interesado seriamente en estas magníficas interpretaciones y han hecho formidables apropiaciones de la música de Rojas, sin embargo su swing no lo tiene nadie. El modo con que “juega” con la guitarra nadie lo logra como él. Lo he visto acompañando un trabajo de violín, es sorprendente pareciera que se tratara de una orquesta. Ñico sigue la melodía del violín y es increíble cómo va empastando y acoplándose al sonido de éste. También es de destacar el uso del bajo o de los bajos de la guitarra, todo eso lo logra armonizar de modo genial y el resultado es una obra maestra.

Volviendo al swing ese que hablo de Ñico puede tener perfectamente puntos de contacto con el feeling, pero éste no es determinante. El “sabor” de su creación es único y muy propio. Ñico toca una guitarra distinta a César y al Niño Rivera; diferente a José Antonio Méndez, punto fuerte eran sus hermosísimas letras y la base melódica. Ñico, por su parte, crea un mundo armónico donde, si bien las letras no dejan de ser hermosas, lo más importante no es el texto, sino la manera de proyectar la melodía y de armonizar. Basta escuchar sus obras dedicadas a personalidades como Guyún, Bebo Valdés y Nicolás Guillén.

Otro rasgo curioso de su trabajo es que se ha convertido en una suerte de cronista de su época, a través de la guitarra; sin embargo en esas obras no hay letras. Son una especie de canciones sin palabras, al estilo Mendelsohn.

Pienso que todos esos atributos ya han hecho de Ñico Rojas un clásico de la música cubana, al igual que César Portillo de la Luz y el Niño Rivera. Ñico Rojas ha dejado sentada una obra valiosa en la música cubana. Y vale subrayar que lo digo sin distinguir entre música clásica y popular. Esa dicotomía hay que acabar de romperla, y una excelente manera de hacerlo es a partir de la música de Ñico Rojas. De finísimos y muy complejos acordes melódicos ha llegado a calar en los más diferentes gustos, no exactamente de entendidos, y lo ha hecho con la dignidad y sencillez de los grandes.

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