Habla Argelia Fragoso, la voz de oro de Cuba

Para hablar de Ñico Rojas, es necesario hacerlo como ser humano y músico. En él se sintetizan grandes valores que lo hacen un ser único y muy especial: su humildad y su alto vuelo estético.

Iniciador del movimiento del feeling, junto a otras grandes figuras de nuestro panorama musical entre los que podemos encontrar compositores, músicos e intérpretes, Ñico ayuda a definir el camino de este género que se convierte en la forma más auténtica del canto popular cubano y, a la vez, que proporciona nuevos y hermosos vestidos armónicos a la canción, propone estudiar la música  popular desde lo clásico y viceversa.

Su obra para guitarra es fiel reflejo de su pensamiento musical e intelectual y además de plasmar en ella toda la complejidad técnica necesaria para convertirse en partituras de estudio y ejecución obligadas de estudiantes del instrumento y de profesionales, aporta frescura y mucha cubanía.

Como persona e intérprete fui bendecida por su amistad, su cariño y por sus canciones. Mi Ayer, tema que interpreté muy joven y por primera vez junto a la Orquesta Aragón bajo la batuta del maestro Rafael Lay, se convirtió en un referente para el público cubano y como siempre digo, en uno de mis apellidos más entrañables. Es una canción muy querida por mí, que agradezco infinitamente, haya quedado en la memoria popular.

Ñico Rojas representa lo más auténtico del buen cubano. Humilde, familiar, cariñoso, respetuoso, dulce, bondadoso, íntegro y musical a la enésima potencia.

Muchas  gracias, mi querido Ñico, porque la vida me regaló tres oportunidades: quererle, respetarle y cantarle.

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