Mensaje a Ñico Rojas en sus setenta y cinco*

Por Marta Valdés. Compositora

*Leído durante el homenaje que le ofreciera el Teatro Nacional de Cuba en el Café Cantante Mi Habana, el 3 de agosto de 1996

Querido Ñico:

Una de las encomiendas más difíciles que se me han puesto por delante, ha sido el venir a hablar aquí, hoy, acerca de sus canciones. El día que nos conocimos en casa de Felito Ayón, un sábado por la tarde como éste; pero hace cuarenta años, ya regresé a mi casa impactada, no sólo por el descubrimiento de que el pataleo de un niño podía ser llevado al mundo de la guitarra, no sólo conmovida por el ingenioso retrato de su amigo el médico violinista; sino orgullosa de haber estado cerca del autor de una de mis canciones favoritas: Mi ayer.

De entonces a esta fecha, en mi lucha por crear una obra digna de un cancionero tan rico como el nuestro, he vuelto muchas veces la mirada sobre la obra de usted y siempre he admirado en ella, no ya el vuelo melódico o las armonías tan lógicas, tan audaces sino la transparencia de las letras, esa forma que usted halló para compartir con nosotros la gran verdad que ha sido su paso por la vida y por el arte de nuestro país.

Esa misma transparencia que sirve para comparar de manera matemática el ayer y el hoy descubriendo en ello tanta belleza; esa misma transparencia que nos comunica sus angustias en tiempo de bolero o de una manera dramática desde una canción libre, tan libre y soberana como Canción Estudio,o que asume la lejanía como usted lo hace en Ahora sí sé que te quiero; esa misma transparencia que es uno de los rasgos más firmes de su personalidad, es la que nos ha convocado aquí a tantos amigos, colegas y admiradores para hacer votos por setenta y cinco años de generosidad que todavía son pocos, puesto que los festejamos con estrenos, con una apertura en el ámbito internacional representada en las recientes grabaciones de obras suyas realizadas por Omara y Frank Emilio para Europa.

Permítame plagiarlo, cariñosamente, y expresarle a nombre de todos “esta dicha nuestra” así como también pedirle que añada a sus razones para considerarse “un hombre feliz”, la certeza de haberse ganado, de manera limpia y ejemplar, el derecho a ocupar un sitio entre los más grandes y amorosos creadores musicales de nuestro país y de Latinoamérica.

Hace unos días, usted me pidió que venciera el terror que me daba venir aquí a decir algo sobre alguien como usted y sobre unas canciones como las suyas. Me dijo—si mal no recuerdo—:“Marta, vaya y diga nada más que usted me quiere….” Y hoy—permítame plagiarlo nuevamente—encabezo la lista de los que le diremos uno a uno, tal vez no “muy quedo” sino de la forma más efusiva que cada cual encuentre: “Ñico, yo a usted también lo quiero…” Salud y larga vida a Ñico Rojas .

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