A mi querido padre

Por José Antonio (Tony) Rojas Montes

Se nos ha pedido dedicarle unas palabras a la memoria de nuestro querido padre. Y realmente no resulta fácil, el poder plasmar en palabras, tantas vivencias, recuerdos, experiencias y momentos gratos…que tuvimos la dicha y suerte de compartir con él, y cuando me refiero a él incluyo a nuestra querida madre pues eran como una sola persona.

José Antonio (Ñico) Rojas Beoto fue el primero de cuatro hijos, fruto del matrimonio de José Antonio Rojas Rodríguez y Ángela Beoto Díaz. Desde niño mostró gran inclinación por la lectura, muestra de ello fue la colección de novelas de Emilio Salgari, así como otras obras de la literatura universal, que atesoraba en su biblioteca, y ese placer supo inculcárnoslo a mis hermanos y a mí. Fue un gran estudiante, y esto se traduce en haber sido seleccionado alumno distinguido al graduarse de bachiller en el Instituto de La Habana, y de los primeros expedientes al graduarse de Ingeniería Civil, en la Universidad de la Habana).

Nuestro abuelo paterno —arquitecto de profesión— de muy buen gusto musical quiso que sus hijos estudiaran música, como hobbie, al menos. A mi padre le regalaron una guitarrita cuando tenía catorce años y le buscaron un profesor para que le impartiera clases de instrumento, lo que no prosperó, según contó el profesor, porque las sesiones de clases transitaban con mi padre oyéndole tocar la guitarra todo el tiempo. Meses después, cuando mi abuelo se dio cuenta de que mi padre no avanzaba como guitarrista, dio por terminada dichas clases, mas fue obvio que esa relación dejó una impronta en él, pues continuó con la guitarra, de forma autodidacta, hasta convertirse en el músico que llegó a ser…

Nuestros padres nos inculcaron el gusto por la música también, pues nosotros —mis hermanos y yo— aprendimos, en mayor o menor grado, música, además de crecer y educarnos en un ambiente musical, pues gustaban de oír música clásica, jazz, música brasileña. Había especial apego por escuchar a Nat King Cole, Frank Sinatra, se disfrutaba la música popular cubana…y en ese sentido tuvimos la gran oportunidad de conocer a personalidades de la cultura, que visitaban nuestra casa, tanto en Matanzas como en La Habana.

Es por eso, reitero, que no nos resulta fácil, mostrar, en pocas palabras, lo que significan mis padres, y digo así, pues en el quehacer profesional y personal de mi padre, va implícita la influencia de mi madre, Eva Montes Cobián.

Mi padre fue de esos seres que nacen con un don, que los hacen ser excepcionales. Admiro su inteligencia, talento, gran memoria musical, pues fue capaz de guardar en mente toda esa música que concibió y supo interpretar, sin el conocimiento académico necesario para escribirla en un pentagrama. Su sencillez, modestia, honestidad, decencia, inspiración, cultura, ética profesional, sensibilidad, amor al prójimo (nunca dañó o perjudicó nadie, todo lo contario). Así mismo admiro ese carisma, caballerosidad, en fin, su notable calidad humana que le permitió ser el buen hijo, padre, esposo, hermano, amigo, profesional, músico, destacándose como ingeniero, guitarrista y compositor,… el gran hombre que fue.

Vivimos muy orgullosos de nuestros padres, y me queda la gran satisfacción de haberles podido expresar nuestro profundo y sincero agradecimiento, principalmente, por la esmerada educación que nos dieron, formándonos como personas de bien: legado valioso que transmitimos a nuestros hijos, honrando su memoria, en el día a día, y llevando su recuerdo imperecedero, en nuestros corazones.

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