La Anécdota Musical… La firma de Grenet

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

No entiendo por qué he ocultado durante más de treinta y cinco años esta anécdota. Quizás, pensaba que alguien, con mayor conocimiento de causa o, incluso, testigo de la época, pudiera revelar este singular secreto. En medio de un devenir de casi medio siglo en los medios radiales cubanos, esta anécdota tiene para quien escribe un valor realmente excepcional.

La cuento enseguida…

De manera inesperada, pasé a integrar el grupo de escritores y productores de la naciente emisora Radio Taíno, de La Habana. Salió al aire en noviembre de 1985, con el lema de La Tur Emisora de Cuba, y pocos meses más tarde, en marzo de 1986, me vinculé a esa nueva planta radial, a instancias de un colega que requirió de mi labor como escritor para estrenar allí un nuevo espacio, dedicado a describir los sitios turísticos más atractivos del país. Eso me condujo, una tarde de domingo, a La Bodeguita del Medio.

El programa en cuestión se basaba en entrevistas en el lugar escogido: a empleados, animadores turísticos y visitantes. También, a artistas que actuaran para los huéspedes en alguna instalación hotelera. De tal modo, tan pronto como llegamos al mítico rincón de La Habana Vieja, iniciamos las coordinaciones pertinentes. Y alguien sugirió:

-¡No se pueden ir sin entrevistar a Ángel!

Dicho y hecho. En menos que se narra, ya estábamos en el hogar de Ángel Martínez, el fundador.

Con una sonrisa nos recibió y gentilmente nos facilitó las cosas. En pocos minutos, ya estaba lista la grabadora. Solo recuerdo -y entenderá usted por qué- una de las preguntas que le hice:

-Ángel, ¿y cómo empezó esa costumbre de firmar las paredes?

-Verá usted… -no pudo reprimir una risa traviesa, como la del niño majadero a quien le cantaba el Anacobero Daniel Santos y, tras breve pausa, me contó la historia. Lamentablemente, no pude conservar la grabación, pero puedo apelar a mi memoria. Aquello era especial:

“Cerca de aquí había una imprenta. Y cuando algún escritor lograba la impresión de su libro, salía de allí y venía a La Bodeguita a celebrar. Fue así como, una vez, vino Nicolás Guillén, con algunos amigos, porque acababa de ver las primeras copias de un libro suyo.

“Yo había hecho un remozamiento del local y las paredes estaban recién pintadas. Eso llamó la atención de Guillén:

Eliseo Grenet

“-Oye, Ángel, ¡qué lindas te quedaron las paredes! -dijo y, de pronto, sacó de su bolsillo un lápiz grueso, de esos que llaman very black, que usan mucho los carpinteros; fue hacia la pared y dejó en ella una firma suya grandísima…

“-¿Qué hiciste? ¿Cómo me vas a hacer esto? ¡Una pared acabada de pintar! -protesté. Y, en eso, Eliseo Grenet, que festejaba también con Guillén, le dijo:

“-Dame el lápiz, hazme el favor…

“Y, al lado de la firma de Guillén, dibujó en la misma pared un pentagrama con las primeras notas de su número Ay, mamá Inés y, abajo, firmó también.

“-¿Tú ves? -Me dijo Grenet: ¡Ahora no vas a poder pintar la pared!”

Así empezó la tradición. La Bodeguita del Medio cumplirá ochenta años. Es de suponer que las viejas paredes no resistieran los embates del tiempo. Pero, con otras firmas, seguirá esa tradición que iniciaron, en medio de un festejo, los autores de Motivos de son y del canto concluyente:

“Todos los negros… tomamos… café…”

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