Entreclaves… “Cuba es mi casa”. Entrevista al pianista, compositor, arreglista y educador cubano Dayramir González.

Por Ms. Gloria Ochoa. Musicóloga y productora

Dayramir González pianista, compositor y arreglista graduado del Instituto Superior de Arte en el año 2010, es uno de los invitados al evento “Cuba va conmigo”. Actualmente reside en Los Ángeles, graduado del Berklee College of Music de Boston; pero se mantiene muy cercano a la tierra que le vio nacer.   

Dayramir, eres graduado del sistema de enseñanza artística en Cuba. ¿Qué conocimientos aportó a tu carrera la academia cubana? 

“Estudié en el Conservatorio de música Paulita Concepción el nivel elemental de música. Este primer aprendizaje me concedió una sólida base sobre los estilos musicales y la técnica del piano, luego pasé al nivel medio en la Escuela Nacional de Música, donde recibí clases de los profesores Rosalía Capote, Ana Teresa Pedroso y el maestro de la pianística Huberal Herrera. Ellos fueron mis pilares en la enseñanza de la técnica del piano, a través de los estudios de compositores como Chopin, Liszt, Ernesto Lecuona y Juan Sebastián Bach. Una vez en el ISA estudié composición con Juan Piñera. Esta carrera me enriqueció en el conocimiento armónico y estructural de la música.

Viviendo ya en los Estados Unidos me doy cuenta del rigor musical de la academia cubana, donde los niños conocen de teoría musical, de historia de la música, de los medios sonoros. En Estados Unidos los niños trabajan con un profesor el instrumento hasta alcanzar un nivel medio. Por eso soy un privilegiado, por ser un músico cubano formado en ese rigor académico, que es una de las bondades que más ha marcado mi carrera”.

Eres uno de los ganadores del Concurso Jojazz, ¿qué te significó este evento?

“Este concurso es una plataforma maravillosa creada en La Habana para exponer las inquietudes musicales de los jóvenes al gran público conocedor del jazz y a los jóvenes amigos y músicos de las escuelas. En ese tiempo compartí con músicos talentosos como Ariel Bringuez, Alfredito Rodríguez, los hermanos Vistel, Michel Olivera, Carlos Sarduy, las vocalistas de Sexto Sentido, Marialys Pacheco, Alejandro Vargas, Harold López-Nussa. Éramos un grupo grande de jóvenes talentosos amantes del jazz.

Como joven de 21 años pude presentar mis obras al público, y eso me abrió las puertas de la escena cubana y la industria musical. Pude grabar mi primer disco llamado Dayramir y Habana en Trance, aún recuerdo el concierto de lanzamiento el 8 de enero del 2008 en el Teatro en el Teatro Amadeo Roldan con mis amigos Edgar Martínez en la percusión, Yandy Martinez, bajo, Aniel Tamayo, drums y una cuerda de metales de jóvenes estrellas como Thommy Loury, Tonatiut Isidrón y Michel Herrera. Este trabajo consolidó mi proyecto personal con Habana en Trance, en él plasmé mis inquietudes como joven compositor; de ahí salieron temas (muchos de ellos creados con16 y 17 años) como Mabel Cha, San Francisco.com y Gozando entre otros. Nos presentábamos en varios espacios en La Habana y participamos en el festival de Campeche, en Mexico. La banda creció y se unieron músicos de la talla de Ramsés, en el drums y Mary en las voces; fue una época muy linda, trabajamos mucho y nos hicimos los mejores amigos”.

Y qué nos comentas sobre tu experiencia como pianista en las agrupaciones de música popular bailable cubana

“La música popular bailable nos toca a todos los pianistas de cerca. Nací en 1983 y para el año 1995 cuando tenía 12 años, el auge de la timba cubana era increíble. Recuerdo a Emilio Morales con la orquesta de Paulo FG, a Tirso Duarte, con la Charanga Habanera, a César, Pupi, Pedroso Y Cucurucho Valdés, en Van Van, NG; Peruchín y Miguelito pan con salsa, con NG La Banda; Melón en el piano de Isaac Delgado, y el gran Tony Pérez con Klímax. Todos eran espectaculares, los tumbaos del Checa, el tema Arriba de la bola de Manolito, el Médico de la Salsa, imagínate, nosotros escuchábamos y transcribíamos todos esos tumbaos estando en nivel elemental en Paulita Concepción, los estudiábamos.

La timba fue con lo que aprendí a bailar y a quintear en el piano, llevar a mi instrumento el sonido del quinto en la rumba, su rítmica, las armonías que ellos utilizaban, las distancias entre las voces, las secuencias percutidas; eso nos lo ensenaron ellos.

Cuál fue tu primera banda como profesional

“Estando en primer año de la Escuela Nacional de Música integré la agrupación Diákara, bajo la dirección del maestro Oscar Valdés y en tercer año paso a Klímax, que es una de las orquestas-escuela más importantes de la música popular contemporánea cubana, dirigida por Giraldo Piloto. Con él aprendí de liderazgo, pues sabía cómo manejar el ego de tantos musicones que integraban la banda, hacernos respetar los horarios; es un líder que da el ejemplo. En esa etapa conocí a Yusef Díaz que me enseñó el tratado de las armonías y cómo desarrollar los metales.

Posteriormente trabajé con Habana Casino la música tradicional cubana, y no puedo olvidar el tema Fuego en el 23, con el fabuloso cantante matancero Joaquín Moré.

En el 2008, Rolandito Luna estaba girando con el Buenavista Social Club y me llamaron para hacer la suplencia en la orquesta Habana de Primera, integrada por músicos que venían de Isaac Delgado, y liderada por ese gran músico y trompeta que es Alexander Abreu. Estuve con ellos hasta el 2010 haciendo giras por Cuba y Europa y simultaneando con Klímax. Esto fue otra escuela por el nivel musical de sus obras contemporáneas con improvisaciones de jazz. Ellos me nutrieron para hacer el jazz afrocubano, yo me inspiré en la timba, en el quinteo, el Rif de metales, sí señor, tremenda experiencia”. 

Y con esa experiencia ¿Cómo llegaste a Berkeley, y cuánto te ha aportado?

“Llegué a Estados Unidos en el año 2010; pero debo hacer una retrospectiva al 2007 en España, cuando acababa de salir mi disco con Colibrí y conozco en Zaragoza a la cubana Luzmila Mercerón que estaba organizando un concierto en la Plaza de Toros con Bebo Valdés, Chucho Valdés y el Cigala. Ella ella me escuchó y me invitó a participar en el concierto. Este evento tuvo una gran repercusión y la Sociedad de Autores y Editores de España (SGAE) me ofreció firmar con ellos como compositor. En el 2009, la SGAE organiza una segunda convocatoria para músicos cubanos a optar por una beca en Berkeley, y decidí presentarme a la audición en México, febrero del 2010.

Tengo que agradecerle a Chucho Valdés por su apoyo, él ha sido mentor, me invitó a su casa para prepararme a la audición. Juntos seleccionamos los temas a interpretar y me dio consejos sobre la improvisación, cómo mantener el dinamismo en la mano izquierda y muchos otros secretos que hasta ahora han sido maravillosos para mí. Con esto me convertí en el primer cubano residente en la Isla que gana una beca residencial para estudiar en el Berklee College of Music de Boston”.

 Cuéntanos más de Berklee en ti       

“Arribé a Berklee en 2010 y con un bagaje musical amplio. Me había graduado del ISA en composición clásica, había girado con Klímax y Habana de Primera y había grabado mi primer disco con Habana en Trance. Llegué con 26 años y objetivos claros de lo que quería hacer, tales como desarrollar mi vocabulario jazzístico en la improvisación, la armonía y abrir el campo de conocimientos sobre orquestación para metales y arreglos sinfónicos.

Una de las cosas que le debo al estudio en esta etapa de mi vida es que Berklee me aportó organización en el pensamiento armónico y las estructuras jazzísticas a la hora de improvisar. Yo era un improvisador intuitivo, al concluir ese tiempo aprendí cómo improvisar de forma estructurada musicalmente, podía llegar al color de lo que estaba interpretando, sabía profundamente cómo desarrollar el lenguaje y estilo de la improvisación.

Tuve la experiencia de codearme con músicos estelares de la escuela como Giorgi Mikadze, de Georgia; el alemán Tigran Hamasyan, los norteamericanos Esperanza Spalding, George Garzón, Joanne Brackeen; el panameño Danilo Perez y el francés Raphael Pannier. Fue hermoso compartir sus riquezas culturales y saber que yo también venía de una cultura poderosa, porque eso es la cultura musical cubana, poderosa en sus armonías, melodías, ritmos y tradiciones africanas, entre ellos la yoruba”.

Eres un invitado al evento “Cuba va conmigo”, donde acabas de presentar un tema de factura musical exquisita: Sencillez. Es una descarga cubana en chachachá, donde la identidad se te sale por los poros, entonces ¿Cómo lleva Dayramir su relación con Cuba?

“Mi relación es maravillosa, siempre he cuidado mantener mi posición como músico en la Isla. He sentido que mi obra no está completa aún. Trabajé muy fuerte, trabajé para lograr una base sólida como músico en Cuba y no quería que esto se perdiera; por el contrario. Y es que resulta sorprendente la cantidad de jóvenes talentosos que se gradúan de las escuelas todos los años para integrarse al mundo profesional. Yo sentía que si me perdía de la escena cubana más de un año, mi legado se perdería. Por esto cuando llegaban las vacaciones de verano en la escuela, regresaba a La Habana, y la pasaba tocando en los teatros y en el centro nocturno La Zorra y el Cuervo.

Al graduarme de Berklee me propuse como meta aportar todo lo que había aprendido, por lo que regreso a Cuba hasta tres veces en el año para realizar talleres y clases magistrales sobre jazz en instituciones educacionales-culturales como la Escuela Nacional de Música, el conservatorio Amado Roldán y las escuelas de nivel elemental Manuel Saumell y Paulita Concepción.

Es importante guiar a los jóvenes, no solo en la memoria y la improvisación, si no también en los conocimientos sobre la industria musical y los negocios porque en estos tiempos los músicos deben saber cómo conducir sus carreras porque en algún momento tendrán que firmar sus contratos discográficos.

Conscientemente tengo la meta de aportar lo que sé en favor del desarrollo del crecimiento de los jóvenes músicos de Cuba. Estoy orgulloso de ver crecer a pianistas como Ahmed Alón, Miguelito de Armas, Rodrigo Almenares, Kali Álvarez, entre otros muchos que venían a mi casa a estudiar y compartir juntos experiencias. Quiero estar vinculado social y culturalmente a mi Cuba, mi Habana. Porque Cuba es mi casa.

Por eso pienso que esta idea del festival es muy positiva, hay muchos artistas que han emigrado por el tema económico y otra gran cantidad buscando la realización profesional y su validación en el mercado internacional del arte. Tener la oportunidad de participar en un evento que difunde el arte cubano; reunir a tantos coterráneos para que ofrezcan su obra al pueblo que los vio nacer, es algo único. Unos más consagrados que otros, pero todos haciendo música cubana donde quiera que estén”.

Entonces, se impone que nos comentes sobre tu último proyecto discográfico

 “Mi último proyecto parte del concierto de inauguración en el Festival Jazz Plaza del 2020. Es un concierto que se convirtió en un CD/DVD, editado en coproducción con Unicornio y el Centro Nacional de Música Popular. En octubre se presentó a la prensa en Cuba y el mundo. A este proyecto le dediqué mucho trabajo, es un tributo abarcador a uno de los grandes músicos cubanos y su legado: Juan Formell y los Van Van, ellos constituyen un paradigma de la música popular cubana, apreciado por bailadores de varias generaciones de cubanos.

Soy timbero de nacimiento; pero quería concebir un proyecto donde se apreciaran todas las potencialidades musicales de la obra de Formell. Con mi sonido y estilo trabajé los arreglos y la orquestación, articulando la tradición cubana con el jazz y la música de concierto. La música de Formell es bailable; pero tiene contenida en sí misma los elementos de una sinfónica, de un Big Band, con el uso de los trombones, la flauta virtuosa de un Leliebre que te remonta a Richard Egües y la Charanga típica, los dos violines y el chelo que son propios de la Charanga; pero se pueden llevar en dualidad a la música clásica.

Con esta estructura instrumental tenía todos los elementos necesarios para ampliar el formato. Eso hice, los violines se convirtieron en una Camerata de cuerdas con la maestra Zenaida Romeu al frente, los trombones ampliaron a una cuerda de cinco vientos, al estilo de un Big Band neoyorquino. Por su parte la flauta se agregó por su conexión con la música de cámara y el jazz haciendo pasajes virtuosos junto al resto de los metales. La base armónica junto al ritmo desarrollado por Changuito en el timbal y el maravilloso Songo que después Samuel Formell llevó a otro nivel le dieron solidez a la obra de Formell. 

Para lograr este trabajo contamos con la participación de un Todos Estrellas del jazz y la música cubana, grandes músicos como Barbarito Torres que, en algunos casos, tienen sus propios proyectos como líderes y se unieron a este homenaje a Formell con toda humildad y ganas de hacer buena música. Destacan las voces de cantantes de Van Van como lo fue Mayito Rivera, y hoy Robertón, el Lele, Mandy Cantero, que compartieron junto a Alain Perez, Haila Mompié, Arlenys Rodríguez, Luna Manzanares, David Blanco, Brenda Navarrete, Telmary y Teresa Yanet.

El concierto contó con una constelación de estrellas, jóvenes consagrados que se unieron en este sueño, sé que pronto podrán disfrutar de este CD/DVD: Dayramir Gonzalez. Tributo a Juan Formell y los Van Van.

Con este final de lujo, Dayramir te despido y espero que pronto tu público en Cuba pueda disfrutar de otro concierto como ese.

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