El ISA, “45 Aniversario”…Una maestra singular: Ñola Sahig

Por Grizel Hernández Baguer. Musicóloga

Desde su apertura, el claustro del Departamento de Musicología se formó por destacados profesores cubanos y soviéticos que mostraron una vasta cultura musical y general, así como diversidad de métodos para impartir las conferencias y clases prácticas. El colectivo de Historia de la Música, en particular, contó entre sus disímiles maestros con una singular mujer que se vinculó durante un largo periodo como maestra del primer año de estudiantes de los más diversos perfiles de la Facultad, me refiero a la profesora Juana María Saínz Sahig, quien fue conocida por su nombre artístico, Ñola Sahig.

Ñola Sahig

Pianista, musicóloga, crítico y profesora, Ñola, nacida en la ciudad de Camagüey el 11 de enero de 1925, procedía de una familia de raíz árabe-libanesa. Acotan los datos biográficos localizados, que de pequeña se sintió atraída por el instrumento por lo que comenzó a estudiarlo a la edad de cuatro años hasta obtener el título de profesora de Piano otorgado por el Conservatorio Raffols de su ciudad natal. Posteriormente, perfeccionó sus saberes en La Habana como discípula de Julián Orbón y Oscar Lorie, excelsos maestros con los que completaría sus estudios especializados. En este tiempo cursó el Bachillerato en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Ciego de Ávila y realizó estudios superiores en la carrera de Doctorado en Ciencias en la Universidad de La Habana, ejercicio que le permitiría, posteriormente, acercarse a la teoría e historia de la música desde una perspectiva y profundidad analítica muy particular, así como al sistemático ejercicio de la crítica.

Asimismo, alcanza la madurez intelectual con los estudios en la Juilliard School of Music de Nueva York bajo la orientación de la profesora Rossina Lhevine y durante cinco años cursa el programa musicológico con la dirección de Isabelle Venguerova. En el New York College se especializa en música de cámara y otras disciplinas teóricas, las estudió con prestigiosos profesores en centros internacionales de Roma, París, Chicago y Gran Bretaña donde obtiene una beca por concurso bajo el auspicio del British Council.

Como músico, la historia de vida de Ñola Sahig evidencia su concurso en relevantes hitos de la historia cultural cubana desde su primera presentación profesional en la Sociedad de Música de Cámara de La Habana, cuando interpretara el Concierto de Brandeburgo No. 5 de Johann Sebastian Bach en 1941, acción que continuaría, ininterrumpidamente, durante más de cuatro décadas como solista o haciendo música de cámara junto a destacados intérpretes del momento.

Realizó numerosos viajes por el mundo en muchos de los cuales fue pionera como embajadora del arte de nuestro país, ejemplo de ello el periplo por cinco países árabes al ser la primera en representarnos en el Líbano, Siria, Marruecos, Egipto y Argelia donde también ofreció conferencias en inglés y francés sobre música cubana. Es en este último país donde tiene el honor de inaugurar las transmisiones experimentales de la televisión a color en el año 1971. Asimismo, fue la primera cubana que ofreciera recitales en las universidades de Oxford, Cambridge y Edimburgo, así como en la BBC de Londres; además de ser pionera en ejecutar obras de compositores cubanos y del maestro español Joaquín Rodrigo en la Radio Nacional de España y de interpretar un concierto con orquesta en Estados Unidos con la Filarmónica de Scranton, bajo la dirección de Frieder Weissmann y con la Orquesta de la Fundación de Nueva York, bajo la dirección de Sasha Fischberg. En escenarios de Bulgaria y Checoslovaquia, también actuó bajo la batuta de directores de relieve internacional.

En Cuba la pianista estrenó una rica diversidad de piezas, entre ellas Burlesque en re menor, para piano y orquesta de Richard Stauss; la Suite en do menor de Jean Baptiste Loeillet y una Sonata del compositor Boghos Gelalian, primera obra musical de un autor árabe presentada en nuestro país. Fue a su vez una activa intérprete de obras de autores cubanos.

Continuando con su rica historia fundacional, llama la atención que Ñola Sahig es quizás, una de las más prolíficas mujeres que haya escrito críticas con mayor sistematicidad en las publicaciones cubanas hasta el momento. Su sólida formación musical, científica y vasta cultura le permitieron durante años (1967-1971) mantener una sección de música en la revista Bohemia donde escribió reseñas de conciertos, entrevistas a compositores, intérpretes y otras notas de interés o de actualidad musical. Curiosamente, selecciona como seudónimo en sus primeras publicaciones los nombres de dos famosas artistas para conformar el nombre de Clara Sand, haciendo referencia a la pianista y compositora Clara Schumann (1819-1896) y a la escritora George Sand (1804-1876), hasta que en los años 70 comienza a utilizar su propio nombre.[1]Acerca de este rol apunta Lendys Díaz en su estudio acerca de esta figura de nuestra historia musical:

Hasta 1967 sin embargo, la sección de crítica musical estuvo reservada en su totalidad a hombres como Odilio Urfé, Juan Blanco, Pacope, Armando Castillo y Orlando Quiroga. Fue precisamente en ese año que Ñola se incorporó al plantel como crítico musical, en la sección dedicada a la cultura, Cámaras y Micrófono, la cual abarcaba varias manifestaciones artísticas: cine, teatro, ballet y música.  Allí, mediante reseñas, biografías, entrevistas o crónicas, se abordaban los eventos culturales acontecidos en la Isla y se informaba sobre los artistas nacionales y extranjeros que participaban de ellos. Ñola permaneció en el personal de la revista durante cinco años consecutivos, escribiendo con frecuencia casi semanal.

La noble profesión de maestra también fue parte de la historia de vida de esta talentosa artista pues ya en 1960 comienza a impartir clases de Historia de la Música en la escuela anexa a la Universidad de La Habana y al año siguiente se incorpora al proyecto de la Escuela de Instructores de Arte, como fundadora, para dar clases de esta misma asignatura a la vez que era profesora de piano en el Conservatorio Amadeo Roldán, plaza que obtuvo por concurso-oposición.

Al Instituto Superior de Arte, hoy Universidad de las Artes, se incorpora en los años 80 para dictar conferencias al primer año de la Facultad de Música. Las clases son recordadas por sus discípulos, en particular, por la profundidad con que abordara la Antigüedad, contenidos que incorporara con temas sobre Egipto, Grecia, India, China, Roma y la música árabe en la cual era toda una autoridad. La musicóloga Esperanza Varela[2] aún recuerda como la profesora iba más allá de la propia música para abordar cada tema en su dimensión histórico-cultural, llegando a exponer de los escenarios explicados con una aguda visualidad. Otros recuerdan cómo mostraba instrumentos, fotos, telas, piedras y una rica diversidad de objetos que permitían un acercamiento más real a aquellas remotas culturas. Las palabras de la también musicóloga Prisca Martínez, escritas para la revista Clave, recuerdan una singular vivencia, sin dudas, también se convierte en evocación del imaginario colectivo de todos los que de alguna manera tuvieron relación con tan especial persona:

El paso de Ñola por el Instituto Superior de Arte sentó huella en sus alumnos. Su personalidad un tanto arrobadora y a veces enigmática, sus actos llenos de exotismo y su porte oriental, la distinguieron simplemente así, como Ñola. Todos identificaban sus clases no con el nombre de la asignatura, enciclopédicamente amplia en su conducción: Historia de la Música, sino con el propio nombre de quien la hacía enciclopédicamente profunda, y decían: “¿hoy tienes Ñola?” Pudo ser una excelente profesora de piano, pero su paso por la cátedra de las asignaturas teórico-musicales la enlazaron con el profundo saber de la historia de la humanidad. Sus grandes conocimientos la ubicaron entre los maestros que nunca olvidamos. No solo exigía a los alumnos aprender los contenidos teóricos convencionales al detalle, sino que aportaba numerosos escritos en mimeógrafo, que llamábamos “las conferencias de Ñola”. Nos daba nuevas pruebas de su vasta cultura cuando en clases recitaba al dedillo todo lo que a nosotros nos costaba tanto retener. Aun así, ¿cómo lo lográbamos?, motivados por su ejemplo y sus vivencias, que trasmitía en cada turno de clase. Recuerdo cuando estudiamos el Antiguo Egipto, era tal su pasión, y tal vez su inocencia, que con toda naturalidad un día nos comentó: “Si han visitado las Pirámides de Egipto se habrán dado cuenta de que para entrar hay que inclinar la cabeza”. Esa forma de ser nos desconcertaba, tanto por sus costumbres como por sus hábitos. Aquella manera singular en que fumaba, su forma de caminar, su constante ir y venir con las manos llenas de libros y enciclopedias que sabíamos devoraba en largas noches de estudio. No solo tuvo esa personalidad multifacética: pianista, investigadora, profesora. Fue una pedagoga con el don de la enseñanza y el afán de ilustrar. Ese paradigma de maestro que todos queremos ser.

No solo tuvo Ñola Sahig un estrecho vínculo con la interpretación, la enseñanza y la investigación, sino que puso su arte a favor de la nación cuando se incorporó desde los primeros momentos al proceso revolucionario, actitud patriótica que había mostrado ya con anterioridad cuando se negó a tocar con la Filarmónica en un concierto programado por el entonces llamado Instituto Nacional de Cultura, solventado por la dictadura de Fulgencio Batista. Fundadora de organizaciones culturales que se crearon en el país en los años 60, formó parte de la directiva de los músicos de la UNEAC, integró jurados de diversos concursos y fue electa delegada a uno de sus congresos. Ferviente dirigente sindical y siempre en defensa del sector artístico, ofreció recitales para los combatientes en las trincheras durante la llamada Crisis de Octubre, en 1963.

De la misma manera, fiel a sus orígenes, fundó y dirigió el primer Centro Cultural del Pensamiento Árabe en Cuba, el Centro Cultural Cubano Árabe y la Federación Nacional de Sociedades Árabes en Cuba, así como 1a Biblioteca Nasser y la galería de arte Emir Abdelkader. Ofreció su arte a la lucha guerrillera palestina, pues también tocó en los campamentos en Damasco y Beirut.

Ñola Sahig fallece el 29 de septiembre de 1988. Su estampa oriental, reforzada por una peculiar imagen al fumar y sujetar su boquilla, así como la especial elocuencia y sabiduría al comunicar los secretos de la música de las más añejas culturas, dejó en sus alumnos y conocidos una impronta difícil de olvidar. Sin dudas es una maestra que merece ser recordada a propósito de los 45 años del Instituto Superior de Arte.


NOTAS

[1] En su trabajo de diploma para la Licenciatura en musicología, Lendys Díaz apunta que localizó 81 de estos artículos, de los cuales 29 están fechados en 1968, 13 en 1969, 23 en 1970 y 16 en 1971.  Hasta enero de 1970, y de marzo a mayo de dicho año, ella firmó las notas con el seudónimo Clara Sand; a principios de 1970 y a partir de junio del mismo año, firmó con su nombre.

[2] La musicóloga Esperanza Varela realizó a estudios con la profesora en el curso 1979-1980, en el que también participaron entre otros, los estudiantes de piano, Alicia Perea, María Dolores Novás, Ernán López Nussa y Teresita Irañeta, y de musicología Mercedes Lay, Lidia Bécquer, Laura Vilar, Alberto Alén, Martha Rodríguez Cuervo, Ana Casanova y Juan Villar. Lino Neira participó como alumno de la especialidad de Percusión.

BIBLIOGRAFÍA

Cossio, Nicolas: “Ausencia y presencia de Ñola Sahig por sus 60 años de nacida”, en Clave, Año 5, No. 16, 1990, pp. 36-38.

Díaz, Lendys: “Ñola Sahig Saínz: pensamiento y acción. Los artículos musicales de una destacada pianista cubana”. Tesis para optar por el grado de Licenciado en Musicología, Instituto Superior de Arte, ISA, 2011.

Martínez, Prisca: Ñola Sahig y el sabio oficio, en Clave, Año 7, No. 1-2, 2005, p.86.

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