Un encuentro con la obra del maestro Tulio Peramo Cabrera (La Habana, 1948)

Por Daniel Toledo Guillén. Compositor

Conciencia, esa es una palabra implícita en la vida y obra de Tulio Peramo, y es que las palabras en él pesan, conllevan acciones, reflexiones y finalmente a conductas.

Durante algo más de cuatro años de visitas sistemáticas cada semana, pude descubrir una persona profunda en sus análisis como severa y determinada en su pensamiento; un ser casi de otro tiempo. Desde el detalle de conocer en consciencia del porqué de cada gesto, como a él gusta llamar, hasta la cristalización musical de una idea tan subjetiva, como la elevación espiritual que ha de producir una obra de contenido religioso.

Es el tipo de persona que puede responder cualquier pregunta y quisiera, sin convertir este análisis en un motivo de halago banal y frívolo, manifestar que este hombre y amigo es, sin dudas, en extremo interesante, provechoso para la cultura cubana, necesario para nuestro sistema de enseñanza y justo merecedor de posteriores consideraciones, quizás por alguien más autorizado o versado en esos quehaceres.

Es redundante mantenerse en un discurso obsoleto que no permita ir hacia un pensamiento profundo, integral, universal. Una suerte de nacionalismo bárbaro donde, a ultranza, resulta ser más una treta que un salvoconducto. Entonces, al hablar de cubanidad, procesos de síntesis en nuestra música o de identidad nacional, en el maestro Tulio Peramo, resulta que todo esté dado en él para comprender la naturaleza de su trabajo y de su autenticidad como compositor cubano.

Tulio expone claramente sus puntos de vista acerca de estos temas en cualquier lugar, encuentro o en una simple conversación y, es que él como compositor, como artista, piensa el arte como en permanente construcción y elaboración sistemática de la idea, del gesto musical. Allí, la estética es un resultado expresivo y no un fenómeno Lo cubano, la cubanidad, lo nacional para él “es inevitable”. Sobre esto comenta:

A menos que yo deliberadamente quiera utilizar algún género específico de la música cubana, como estas últimas piezas para violín y guitarra, donde y con toda intención utilizo habanera, son, danzón, y por eso el título general de la pieza Piezas en estilo tradicional cubano, yo no trabajo nada a priori con la conciencia de que voy a utilizar un género cubano, para que suene cubano. Las ideas nacen como son, yo no me pregunto en ese momento si nacen con Guayabera y sombrero de yarey, las ideas son como son, mi función a partir de ahí es llevarlas a buen fin; si son ideas que yo acepto como interesantes, válidas para hacer una pieza a partir de ellas, mi propósito es la construcción de la pieza de la música, la elaboración de esa idea.

Entrevista realizada por Daniel Toledo Guillén a Tulio Peramo en La Habana, enero de 2018. Todos los testimonios citados en el texto corresponden a esta entrevista.

Podemos ver una parte de Cuba a través del maestro Peramo, en lo ecléctico, la mezcla de influencias, la no correlación directa entre estas influencias, lo real y maravilloso de vivir en Cayo Hueso, junto a su devoción por Verdi o Wagner y, por la contradanza, la guajira o el son. Por eso, quisiera reiterar que, cuestionar la nacionalidad de este compositor sería poco prudente e ilógico, pues es algo que hace tiempo ha superado su personalidad creadora identitaria, que se desdobla en múltiples maneras. Es sin dudar, un compositor que no se esclaviza en un modo único de comprender, apreciar y transmitir la música, por eso no hay manera de encasillarlo. Su obra es tan variada en formatos y géneros, como lo es en lenguajes y procedimientos, de manera que este gran espectro y su cuasi obsesivo tratamiento en el más mínimo detalle, son características de su lenguaje y estilo. No le teme a lo “anticuado” de la tonalidad, no le teme al ser tonal, como no le teme a ser “dodecafónico” o “serial”, a ser, desde lo más sutil, calmado, contemplativo o casi hedonista, un compositor de la furia o de la violencia más precipitada, pues es que no le teme a nada en la música, y de nuevo la estética no es algo en lo que él repare de antemano.

Ahora bien, sí es una constante en su obra la elaboración motívica, en todo caso gestual, literalmente nada sale de la nada en una obra de Tulio, todas las notas pesan, por así decirlo. Podemos decir, con certezas, que su intuición solo echa a andar las cosas en el movimiento creativo, que es perpetuo en él. Entonces, después de este catalizador intuitivo, comienza la construcción que es la base, el sustento intelectual de la composición y algo para él fundamental, como lo expuso claramente en nuestras conversaciones. Son tres los elementos recurrentes que veo en la música de Tulio Peramo: melodía, elaboración motívica y oficio. Ese eclecticismo, lo podemos observar en su formación como músico y en sus propias palabras:

Mi formación musical es polifacética… De niño me crié en la iglesia protestante, y por tanto en contacto con los himnos de esta iglesia, con los que me sentía muy cercano, y los cuales me agradaba mucho escuchar y tener por las partes de piano (…) Durante mi infancia estuve entonces muy cercano por estos medios al corriente de toda la música popular cubana y latinoamericana, al mismo tiempo que escuché mucho CMBF, pues mi madre era una gran aficionada de la música clásica, y recuerdo que en mi infancia yo sentí una empatía muy grande con Mozart, luego Beethoven que me impactó de una forma telúrica. También estuve en contacto desde temprano con la ópera, que ha sido un gran amor toda mi vida, amor que comencé a cultivar desde esa época, primero con los románticos italianos, y luego ampliándolo desde Otelo de Monteverdi hasta la ópera contemporánea. Paralelamente asistía a los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, que por esos años tenía una calidad muy digna y estaba dirigida por Mantici y Duchesne. Nunca olvido la primera vez que escuché La mer de Debussy, por quien fue después mi maestro, Félix Guerrero (…)

Tulio es un creador que está presto a absorber cuanto conocimiento tenga a su alrededor. Siempre piensa y traduce esa actividad analítica en su música y en su trabajo como pedagogo. Ha sido Peramo también un hombre de su tiempo, que ha estado presto a recibir la influencia no solo de la historia pasada sino también del presente que ha vivido. En este sentido, a lo largo de más de cincuenta años, nos da cuenta de sus influencias y de las personas de las que ha aprendido y, de cómo estas enseñanzas han permeado su trabajo. Es Tulio un ser humano generoso, que no solo brinda su conocimiento al que esté interesado, sino también, recuerda con agradecimiento a todos los que han contribuido a su formación.

Mi formación técnica-académica comenzó en la ENA (…) en el contexto de las relaciones con los países de Europa del este, vino una profesora búlgara de canto, se abrieron convocatorias y me admitieron en la ENA. En la ENA estuve tres años, no me gradué, y después de muchísimas convulsiones en mi vida personal y demás, acabé en el ISA, y bueno estudié composición (…)

O en referencia a los que fueron más decisivos en su formación:

Una persona decisiva en mi formación fue Félix Guerrero. Con él estudié orquestación y armonía, y fue la primera persona que me aclaró la necesidad de hacer del arte un oficio (…). Fue el primero en decirme que mi camino era la composición, y me dijo: “póngase a estudiar como una polilla”, cosa que he hecho desde entonces (…) Al final Félix me enseñó mucho más que orquestación.

Así mismo y en relación a los maestros cubanos de su época y de los cuales logró asimilar sus comentarios, su espíritu crítico y su consolidada manera de mirar al arte en Cuba le hace expresar:

Nunca fui alumno directo de Carlos Fariñas en el ISA, pero siempre estaba en los exámenes, y me interesaban mucho sus comentarios, comentarios críticos muy severos, pero al mismo tiempo muy atinados (…) sí Carlos Fariñas fue importante, indirectamente, pero muy importante para mi formación. (…) Leo Brouwer fue también, un referente para mí por esos años, por supuesto si necesito consultar una obra funcional en la guitarra, él es sin dudas un buen referente, y estudié muy profundamente la obra de Brouwer (…). (…) Hubo otros profesores interesantes como Diez Nieto, que sobre todo me interesó por su metodología en la enseñanza de la armonía. Mery Córdova fue muy interesante, cobré conciencia de la utilidad de la reducción a piano de la partitura orquestal (…) Ahora voy a hablar de Harold…Harold no era muy técnico, como Fariñas, era más filosófico, espiritual, inspirador (…) A veces conversaba largas horas con él en su estudio, y eran conversaciones que cubrían otros campos de las artes u otras áreas del conocimiento…siempre fueron muy inspiradoras (…).

II

He querido escoger dos obras, que son distantes en formato, estilo y concepción para someter al análisis, un análisis general que no entra en particularidades innecesarias. Se trata de su Salmo XXIII (2007)es para coro de contratenores, y dedicada a la Camerata Vocal Sine Nomine; y Toccatina de una noche de verano (2018), una de las piezas que integra su colección de obras cortas para piano, que es de lo más reciente de su creación.

En estas obras lejanas en sonoridad, obviamente el tratamiento coral y pianístico son totalmente diferentes, pero además de las evidentes diferencias, están las más sutiles, el Salmo XXIII: una especie de mixtura o abrazo entre el Renacimiento y la contemporaneidad; Toccatina… apegada a la Toccata barroca, y las ideas contrapuntísticas de Bach, compositor fundamental en su obra. Y es que estas piezas para piano son una demostración del profundo conocimiento del contrapunto y las posibilidades de la tonalidad, todas con más o menos sutiles influjos de sonoridades típicamente cubanas.

El Salmo XXIII constituye una de las más importantes obras del repertorio coral cubano, y sin dudas, una de las más atrevidas en sonoridades, texturas y trabajo con el texto. La obra es una brillante manifestación de su pensamiento expuesto en el trabajo con la textura y la contraposición de elementos distantes; se aprecian, a mi juicio, dos fenómenos esenciales: el uso de la recitación y la ocurrencia de un pedal que se observa en toda la obra. Una especie de núcleo sólido y magnético que atrapa todo a su paso, convirtiéndose en un Salmo que tiende al desarrollo circular más que a la tradición lineal. Profundo dramatismo y solemnidad se aprecian en esta obra, los ecos de motetes renacentistas de Orlando di Lasso o de Giovanni Gabrielli, hasta el oscuro y complejo Carlo Gesualdo. El formato es uno de los más grandes aciertos de la obra, la homogeneidad que le confiere, y la sutil diferenciación tímbrica entre bajos recitantes y contratenores sopranos envolventes, en que las voces están también compartimentadas, de manera que la densidad está por encima de la solidez de la textura.

Toccatina… esel trabajo, que, en mi opinión, representa uno de los ejemplos más notable de su labor en torno al ritmo, que se expresa en un tempo rápido en oposición al Salmo XXIII, y aderezada con el profundo conocimiento del contrapunto y la armonía tonal, creando así una obra rica en expresión. Ahora bien, el contrapunto no es solo melódico que, por supuesto, está en todas sus variantes referenciando y reverenciando a Bach. Como anteriormente comentaba, lo rítmico, la polirritmia, el contrapunto rítmico son los elementos más distintivos. Primero, es necesario observar la contraposición de medidas entre una y otra mano al piano, referencia, en mi opinión, a Ligeti (Etudes pour piano 1986). Segundo, destaca a su vez, la ocurrencia de contratiempos y síncopas, el constante cambio de compás que genera una asimetría general, la velocidad y las duraciones individuales de las figuras, generalmente cortas. Esto posibilita otra especie de compartimentación del tiempo o lo que es lo mismo, la diferenciación entre tiempos lineales y tiempos psicológicos; lo mismo ocurre en una obra lenta y densa, que, en una muy rápida con mucha información interna, por la brevedad casi obsesiva de las figuras. En estas el tiempo se relativiza y la percepción se expande. Además, el influjo soterrado de Lecuona y su estilo, está presente en algunos fragmentos y, sin tener temor a equivocarme, la obra “suena cubana” y de esto es de lo que se trata.

La estética es un resultado, lo importante es el arte, la honestidad, lo legítimo; es tan cubano el Salmo XXIII, con sus oscuras y profundas sonoridades, porque sale de las necesidades expresivo-creativas de un cubano; como lo es la Toccatina de una noche de verano con sus pasajes referenciales a ritmos típicos de la música popular cubana. Es tan cubano Esteban Salas como El Tosco.

Estos elementos y muchísimos más están presentes en esta obra, y en la serie completa de las piezas para piano. Es de cierta manera, la experimentación sobre una plataforma tradicional, todo ello demostración del manejo, conocimiento y astucia creativa de este compositor. Por todo ello me pregunto: ¿Es importante prestarle atención a Tulio Peramo? Para responder, hay que recordar y reconocer que tenemos en Cuba personas olvidadas que son en sí mismas resultado de la maravillosa cultura cubana, esa que es diversa y ecléctica. Estas personas pudieran estar aportando activamente al quehacer cultural de la nación en vez de estar apartadas por la pereza de no llegar a ellas, de no buscar. He estado presente en varios festivales en Cuba tanto como compositor, como espectador y, nunca he escuchado en público obras de Tulio Peramo. ¿Será olvido, pereza o desidia?

Es penoso que no se le preste la debida atención, y que su sabiduría y talento creador solo sea disfrutado por algunos pocos; pero sin duda nunca tendremos suficientes palabras para agradecerle.

¿Dónde Tulio expone la mayoría de sus obras? ¿En Cuba? No, fuera de nuestro país y, por supuesto es de alta valía y honor que nuestra música recorra el mundo, pero, ¿no es también importante la difusión de su música en la isla?

¿O tendremos que conformarnos con el dicho: “nadie es profeta en su propia tierra”?

¿No íbamos a “cambiar todo lo que debía ser cambiado”?

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