Entreclaves…Clavicuba: novedoso instrumento de percusión cubana *

Por Ada Oviedo Taylor. Historiadora del Arte

* Versión reducida de la ponencia presentada en el Festival Percuba´99.

Desde los siglos XVI y XVII los trabajadores del puerto habanero tuvieron la feliz idea de utilizar las clavijas torneadas de madera, que se empleaban en la reparación y construcción de las embarcaciones para acompañarse en sus cantos y bailes, como instrumento musical. Desde entonces, las claves han recorrido un largo camino dentro de la organología cubana.

Las claves se encuentran, sin dudas, entre los instrumentos cubanos de percusión más conocidos y difundidos, “las cuales cumplen un fundamental papel de guía metrorrítmica, facilitan medularmente la ejecución y propician la adquisición de una enorme parte de los rudimentos rítmicos básicos de la música cubana”. (Neira, 1999: 55)

Los estudios organológicos la definen como idiófono de golpe directo, compuesto por dos palos de madera independientes con forma de cilindros, donde uno percute sobre el otro, denominados hembra, al que se sostiene con la mano izquierda ahuecada y cumple la función de resonador; mientras el macho o percutor es al que golpea. Su función musical fundamental como guía metrorrítmica permite mantener la ejecución de las células rítmicas básicas que identifican a diversos géneros y agrupaciones instrumentales como el son, el punto y la rumba. Las claves se vinculan como línea conductora, tanto del canto como del conjunto instrumental que la integran. (CIDMUC, 1997: 59-72)

Este otro aporte habanero a la música cubana pronto se difundió hacia todo el país y fue asumida también por músicos de otras latitudes.

Es precisamente Orlando Peña Alonso (1928-1994),[1] músico nacido en la capital, quien tras largos años de estudios, logra ampliar las posibilidades tímbricas y sonoras de este sencillo instrumento con la creación en 1974, del clavicuba, en el cual aplicó todos sus conocimientos musicales y de carpintería.

Así Peña describe su novedoso instrumento en el que desarrolla las posibilidades tímbrico-sonoras de la clave cubana: “a la función principal de las claves como línea rítmica conductora, se le incorporan posibilidades melódicas; se logra mayor diversidad tímbrica al unificar el ritmo con diferentes alturas de sonido, lo cual permite utilizarlo como instrumento solista en su ejecución. En la riqueza tímbrica que alcanzan los efectos musicales es donde radica su novedad”.

El clavicuba está integrado por varias claves de 7 u 8 pulgadas que descansan en su base interior sobre unos resonadores que se afinan por unas llaves colocadas a cada lado. El estuche es todo de madera, mide 30 pulgadas de largo por 14 de ancho y 10 de alto, montado sobre cuatro patas adaptables. Se utilizan dos baquetas de 10 pulgadas de largo por ¾ de espesor.

Clavicuba

Con este instrumento se reduce a un ejecutante la labor de seis instrumentistas. Logra múltiples variaciones en ritmos y altura de sonidos, lo que proporciona al discurso musical mayores recursos armónico- tímbricos. Se adapta a todo tipo de formato instrumental y puede ser utilizado como instrumento solista o acompañante de géneros musicales diversos con posibilidades de amplificación electrónica.

Esta invención supera la técnica de la clave, desarrollando sus capacidades sonoras sin desvirtuar lo mejor de nuestra tradición.


NOTAS

[1] Orlando Peña Alonso realizó estudios musicales en el Conservatorio “Gerardo Murillo, lo cuales amplió luego con los maestros Armando Romeu, Italo Besa y Raúl Basulto. Inició su vida profesional en una agrupación integrada por José Dolores Quiñones, Raúl Basulto y Manuel Mayarí, donde ejecutaba la marímbula. Peña fue contrabajista, percusionista y constructor de instrumentos. Se destacó como notable compositor, con un extenso catálogo donde muchos de sus títulos alcanzaron popularidad en importantes voces del panorama musical cubano y de Latinoamérica, entre los que se destacan: el bolero Misterio de amor, su primera obra escrita en 1948 e interpretada por Eva Quiant; El son te llama, grabado por Elena Burke y la orquesta Aragón; Tremendo Cumbán, Ponle la montura al potro, popularizados por el conjunto Casino, Nelo Sosa, Luis Santí; Tito Puente, Andy Montañez con el Gran Combo, Tito Rodríguez; Las de china dulce, grabado por el cuarteto Los D´Henríquez; Montuno alegre, éxito interpretado por el Conjunto del Niño Rivera; Rumba Patria, por Pío Leyva; Muriéndome de risa, en la interpretación de Los Papines.

BIBLIOGRAFÍA

Instrumentos de la música folclórico-popular de Cuba. Atlas. Volumen 1. Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC). Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997.

Neira, Lino: “El universo de la percusión cubana”, en Revista Musicuba, No.0, 1999, p.55.

Ortiz, Fernando: La clave xilofónica cubana. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984.

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