De «Tristezas» hasta hoy

Por Luis Osniel Frank Rojas. Cantante de boleros

Es Cuba la Isla de la Música, quizás la pequeña porción de tierra que más aportes rítmicos haya legado a la cultura universal. Pareciera como si nuestra patrona, la Caridad del Cobre o el mismísimo señor de los cielos, hubieran realizado un experimento de tipo musical, dotándonos a todos los cubanos de una cadencia, ritmo y un sentido armónico singular, que nos representa a nivel internacional.

Tal vez sea debido a ese ajiaco multicultural, del que habló Don Fernando Ortiz, al referirse a la composición y características del cubano. De cualquier forma lo que es innegable es la disposición casi innata de los nacidos en la isla para crear, interpretar y cultivar varios géneros musicales. A uno de esos grandes géneros (el bolero) quiero hacer alusión con estas humildes letras.

El primer bolero del que se tiene conocimiento fue creado en el año 1883 por quien fuera el padre de este género, Pepe Sánchez y su título fue Tristezas. Desde entonces, este género se apoderó, poco a poco, de la preferencia popular y con el tiempo, ha llegado a formar parte de nuestras tradiciones, nuestro acervo cultural, calando hondo en nuestros corazones y expandiéndose a todas partes del mundo como material representativo de la cultura cubana.

Soy un joven de mi tiempo, tengo 36 años, y me siento portador de esta tradición y género musical como cantante e instrumentista. Muchas veces me han preguntado qué es el bolero para ti? Hoy después de unos años sigo respondiendo igual. El bolero es como un vehículo, en el cual puedo transportar y verter mis sentimientos, es un género dúctil, flexible, capaz de permear y absorber casi todos los géneros populares; es un cronista social por excelencia y sobre todo representativo del amor; es poesía, galantería, respeto y orgullo. Es inclusivo para todas las edades y sobre todo es tradición.

Crecí en un hogar cubano como otro cualquiera, eso sí, muy musical. Hablo de tertulias de fin de semana, mucha radio, bailes y hasta buena rumba de cajón, algo espontáneo en cualquier fin de fiesta, donde a falta de otros instrumentos, palmas, utensilios de cocina y demás, de ese modo se hacían las delicias de la tarde y, por supuesto, el bolero era el invitado principal.

Aún recuerdo de niño, verme jugando en la sala y escuchando a mi abuela Pura todos aquellos temas que me tocaron el corazón o a mi tío abuelo Ramón que cantaba como los ángeles, temas de Antonio Machín, Benny Moré, Fernando Albuerne, José Tejedor, Orlando Contreras y Vicentico Valdés, mi cantante preferido junto a Elena Burke y Blanca Rosa Gil. También mi mamá y mi papa jugaron su rol porque que me enseñaron a apreciar este género en tanto son sus más fervientes amantes.

Hoy soy cantante, pertenezco a la Casa de Cultura de Santiago de las Vegas, lugar al que agradezco en gran medida mi desarrollo musical. Tengo una peña de música mexicana y asisto a todas las peñas que allí se dan, como miembro activo de esa comunidad que tanto quiero, pues no faltan los amigos: desde niños hasta ancianos que nos visitan con asiduidad.

El bolero, principalmente, aunque también incursiono en otros géneros, me ha dado la oportunidad de enamorar, unir, complacer, interactuar; en fin, disfrutar de tanto a lo que estoy agradecido, ya sea en su estado puro o fusionado con otros géneros. Da igual si es cubano, mexicano o borinqueño, para mí aún sigue siendo mágico, un mundo idílico en el cual todo puede suceder.

No obstante a estas validaciones me preocupa algo: el bolero es necesario cuidarlo, los jóvenes como yo es necesario que tengan más acceso a esta música, que haya más difusión en los medios televisivos y radiales, con temas menos habituales y con diferentes artistas. Es necesario que existan más concursos de canto y composición para fomentar el desarrollo del género y que se interprete en las escuelas junto a los más representativos de la cubanía para que no se pierda o quede opacado por otros ritmos foráneos más populares entre los jóvenes de estos días. Esa semilla está sembrada, basta regarla un poco y de seguro florecerá.

Espero y anhelo mientras me mantengo en mi trinchera -que es mi casa de cultura y mi comunidad de Boyeros- y apoyado en mi talento y el de todos mis compañeros músicos del lugar que también son mi familia y por supuesto, a ese público amigo que nos visita y que es mi razón de ser, que el bolero siga siendo ese género que tanto se necesita para avivar ilusiones. Ya lo saben, allí estaré para regalarles y regalarme un bolero, no importa cuál, eso sí aseguro que es… de Tristezas hasta hoy.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s