El Bolero: género músico-danzario de un alto alcance popular en Cuba.

Por Rafael Lara González. Metodólogo de Tradiciones del Consejo Nacional de Casas de Cultura

Cuando hablar de un alto valor popular se trata, el bolero marca pautas significativas en este apartado, pues su distinción la adquiere al ser preferencia de casi todos los cubanos.

El bolero lo encuentras en diversos ámbitos de actuación; es común su existencia en los propios hogares, por lo general las mujeres en la realización de sus quehaceres domésticos se inspiran en su melodía y poesía, cuantas veces no cantamos un bolero mientras nos duchamos, muchas festividades de tipo familiar y vecinal como la celebraciones de bodas, cumpleaños y demás apuestan por el bolero como parte del repertorio en el jolgorio. He presenciado como un chofer de ómnibus urbano cantaba un bolero como medio de motivación mientras tomaba en sus manos el timón para asumir la jornada; no hace mucho un señor barría las calles a las tantas horas de la madrugada y asombrado por su afinación y colocación de las voces hacía gala de una majestuosa y espontánea interpretación, mientras tomaba la escoba y el recogedor siguiendo la melodía al ritmo de su carrito.

En otra ocasión hace unos meses, iba rumbo a la terminal de ómnibus cuando paso por la panadería cercana a la Tienda de Carlos III y escucho desde dentro una voz sensacional interpretando un bolero. En otras oportunidades he presenciado a varios guajiros durante sus labores agrícolas o ganaderas inspirarse en la música y la letra del bolero, incluso cuando toman radio en mano, buscan de forma esmerada la emisora o frecuencia donde hace presencia.

En mis viajes a provincias se me hace común el bolero, sobre todo en las actividades culturales propias de nuestras instituciones culturales donde nunca falta; en muchas ocasiones con el acompañamiento musical a través de una guitarra o un piano, y en otras con una simple grabación instrumental como fondo; pero siempre presente.

No existe exclusión alguna; la persona que acuda a la Casa de Cultura en búsqueda de una afición cultural hacia cualquier género musical o de otra manifestación artística tiene las puertas abiertas y el bolero no está exento de esta condición.

En la actualidad contamos con artistas aficionados y portadores del bolero de ambos sexos, no existe distinción alguna al respecto. Muchos de estos no presentan las aptitudes vocales para ser un intérprete del género; pero demuestran que desean conocer mucho más de la historia o, simplemente, escribir e indagar con vista a futuros procesos investigativos o periodísticos del género. Más que el buen artista, en ese sentido, nuestro objetivo se traza en hacer de cada individuo un mejor ser humano, tal vez no sea en el futuro un gran intérprete; pero quién sabe si ganamos, entonces, un buen crítico de arte o simplemente un amante eterno del bolero.

Precisamente el escenario fundamental es la propia comunidad; pero si nos adentramos desde el trabajo sociocultural tenemos a los instructores de arte, quienes desde las escuelas y Casas de Cultura realizan una labor encomiable desde lo artístico y lo cultural, teniendo como base la realización de los talleres de creación y apreciación desde tempranas edades; igualmente en la formación de unidades artísticas de calidad pertenecientes a todos los sectores poblacionales, ahora bien, hay que tener en cuenta que no se considera propicio el hecho de fomentar la práctica del género en los infantes, ya que no se considera un repertorio adecuado para estas edades infantiles por el sentido propio de las composiciones.

Ciertamente es común la aparición del género en los programas de estudio y planificación de nuestros docentes; pero su impartición se remonta a su significación  como elemento o género perteneciente a la historia y el desarrollo de la música cubana, o sea, como objeto de estudio en la apreciación. Por tal motivo nuestros instructores de arte en los procesos netamente de creación artística correspondientes a  la formación de unidades artísticas relacionadas con este género apuestan por aficionados al arte jóvenes, adultos y aquellos representativos de la tercera edad.

En los propios proyectos socioculturales los promotores culturales encuentran en el bolero un importante aliado para  sus actividades de tipo social, político y cultural, donde me atrevo a manifestar que es considerado el más reiterado de los géneros representativos en esas programaciones; tanto en las de las instituciones culturales propias como en las actividades de extensión cultural celebradas en los barrios o asentamientos poblacionales, incluso, al visitar centros penitenciarios por todo el país pude comprobar como el bolero también es el preferido entre los reclusos.

Como parte de una herencia desde que se fundaron nuestras Casas de Cultura ha sido un paradigma de beneficios incalculables la creación de las aficiones culturales como forma de agrupación de aquellos interesados, aun no de manera profesional al arte. Estas personas se reúnen, intercambian, dialogan, confrontan y comparten los mismos intereses, teniendo como colofón la atención técnico-metodológica de los valiosos y consagrados instructores de arte. Esto trae como consecuencia que existan centenares de peñas, clubes, así como encuentros del bolero en la totalidad de las Casas de Cultura del país, las cuales encuentran en la programación cultural espacios caracterizados y hasta eventos con un público fiel y constante.   

 La programación de las instituciones culturales son creadas a través de la realización de los talleres de programación cultural en cada municipio, donde se discute, analiza, valora y planifica las presentaciones del talento artístico existente en cada lugar. Muchos de los profesionales defensores del bolero encuentran espacios en el pedido de cada institución en esa programación cultural; una planificación diseñada como parte de la vida cultural de la población.

No obstante existen otros escenarios  como los centros nocturnos y recreativos donde no se permite la inserción de aficionados al arte, ahora bien, las peñas o clubes del bolero de las Casas de Cultura se manifiestan bajo la espontaneidad de los propios portadores- boleristas en negociación con la dirección de la institución. De esa manera se programan y tienen su espacio fijo dentro del plan de actividades del mes.

Conozco de muchos boleristas profesionales que, por iniciativa, crean su propio espacio fijo, como también muchos de ellos acuden como un integrante más a las peñas o clubes del bolero e incluso digo más, muchos de ellos asumen el rol de liderazgo en dicha afición cultural de la Casa de Cultura, donde son recibidos con beneplácito por los demás integrantes aficionados al arte. Por lo general no existe división o parcela como tal, sucede que en una misma peña encuentras exponentes del bolero pertenecientes al movimiento de artistas aficionados intercambiando saberes y conocimientos, con artistas profesionales inscriptos en un catálogo institucional.

Soy partidario de la unidad y alianzas cuando de procesos de salvaguardia del Patrimonio Cultural Vivo se trata: una parcialización local sería funesto en nuestros propósitos, pues la cultura popular tradicional y sus portadores no son propiedad de ninguna institución en particular; son joyas que atesoran el Patrimonio Cultural de la Nación y por tanto le son inherentes solo a la cultura cubana en sentido general. Todas las instituciones culturales del país desde su encargo social tienen el deber de atender, viabilizar y acompañar los valores identitarios generados a través de décadas en las comunidades cubanas. Su existencia representan orgullo y nivel de resistencia cultural, significan también la solidez y firmeza de los sellos distintivos que nos dignifican en el mundo, mientras su visión de forma integral y antropológica serviría de mucho en los procesos de sensibilización y salvaguardia, muy necesarios para el sentido de continuidad en las nuevas generaciones así como su perdurabilidad en el tiempo. 

Se declara el bolero como elemento del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, merecida distinción donde cientos de boleristas son reconocidos como baluartes y protagonistas de un legado músico-danzario que desde su surgimiento en 1883 hasta nuestros días ha sido, sin duda, preferencia y necesidad sentida en la vida cotidiana de los cubanos.

Con este valioso otorgamiento se  abren nuevas pautas y puertas para, totalmente convencidos, sigamos luchando para que algún día, no muy lejano, el bolero sea inscripto igualmente en la prestigiosa lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, designación que otorga la UNESCO.  

Enhorabuena para el bolero y sus portadores boleristas!!!     

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