Entreclaves…Isaac Oviedo (1902-1991), músico integral *

Por Ada Oviedo Taylor, Historiadora del Arte

Fotos: cortesía de la autora

* Versión actualizada del artículo publicado en la Revista Tropicana Internacional, no.16, 2004.

Cuando se hable de nuestra más genuina tradición musical, sin dudas, se debe tener entre sus mayores exponentes al tresero de profunda raíz sonera Isaac Oviedo. En una larga carrera de más de siete décadas, numerosos fueron sus aportes al tres y al son que permiten calificarlo como uno de los imprescindibles de la Escuela del Tres Cubano.

Desde muy joven, prácticamente un niño, sus innatas condiciones musicales y físicas le imprimieron a sus interpretaciones una sonoridad que lo identifica por su limpieza, riqueza armónica, exquisitez melódica matizada por apoyaturas, mordentes, arrastres; ornamentos muy difíciles de encontrar en instrumentistas empíricos, según ha referido el Dr. Efraín Amador en sus investigaciones.

Pero Isaac no sólo se distinguió por esta forma inusual de ejecutar el tres, extremadamente difícil por la fuerza y destreza que hay que desplegar; también le caracterizó su excelente digitación, dominio y rapidez en los movimientos escalísticos y el alto sentido creativo que concedió a sus improvisaciones. Estos elementos lo llevaron a crear un estilo de interpretación adelantado para su época.

Músicos que compartieron con Isaac en diferentes etapas coinciden en lo carismático de su personalidad; algo que los bailadores también disfrutaban cuando interrumpían el baile para verlo tocar, sobre todo en el tema Engancha carretero, considerada su obra maestra, escrita con apenas 13 años de edad, y donde, con el tres colocado entre las piernas, lograba imitar los sonidos de un tren. Otro elemento distintivo de esta obra es la incorporación de un texto hablado, una conversación, una especie de parla (o lo que hoy llamaríamos rapear) sobre la base rítmica del tres, estructura sin antecedente que se conozca para un son montuno.

Como cantante excepcional y compositor incursionó en todos los géneros de la música popular tradicional cubana pero fueron el son y sus variantes los de mayor presencia en su catálogo. Entre sus títulos se destacan: El son se baila así, El chino, Panchita la tintorera, Cógele el sabor, Soñé contigo gitana, El congo Simón.

Mucho se debe a Isaac la universalización del tres. En 1933 al frente del Sexteto Matancero lo dio a conocer en Puerto Rico, además de enseñarlo a tocar, de allí pasó a Estados Unidos y hoy se ejecuta en todos los continentes; en países tan lejanos como Japón, Australia y Finlandia.

APROXIMACIÓN A SU VIDA Y OBRA

Nace el 6 de julio de 1902 en Sabanilla, hoy municipio Juan Gualberto Gómez, Matanzas. De origen humilde, el duro trabajo en el campo no le hizo abandonar su verdadera vocación: la música.

De forma autodidacta comenzó desde muy joven el estudio del tres, en el que logró una gran maestría interpretativa.

Su primera actuación la realizó en 1917, amenizando una fiesta en la Colonia del Central Santo Domingo donde vivió varios años. Fue tal el éxito que motivó la formación de su primer conjunto, “Los Unionenses”. Pronto su calidad fue reconocida en toda esta zona matancera por lo que tuvo que organizar dos agrupaciones para cumplir con los numerosos compromisos; así es invitado a actuar en el Teatro Sauto y en el Liceo de Matanzas, el mismo donde años atrás se había estrenado el primer danzón. Con Isaac entraron, por primera vez a sus salones, la cadencia y el sabor del son cubano.

La Habana lo recibió en 1926, al frente del Sexteto Matancero, causando con su novedoso estilo en el tres, el asombro en los soneros de la capital. Una vez en la capital, alternó con numerosos intérpretes e integró varias agrupaciones como el Cuarteto de Justa García, con Lorenzo Hierrezuelo, Hortensia López y María Teresa Vera, joyas de nuestra canción trovadoresca.

Pero sin dudas, su más reconocida agrupación fue aquella donde se conjugaron el tres de Isaac, la guitarra de Graciano Gómez y la voz de aquel joven matancero recién llegado a la capital habanera, quien luego trascendiera como “la Voz del Danzón”, Barbarito Diez. Ellos se mantuvieron unidos en diferentes formatos por más de cuatro décadas: Septeto Matancero, Quinteto Selecto, Quinteto Típico Gómez-Oviedo, Los Gracianos.

Desde las descargas familiares, las peñas de la bohemia trovadoresca en las que se destacan el legendario Café Vista Alegre y La Peña de Sirique con el grupo Los Tutankames, hasta el lujoso Cabaret Montmartre, y muchos otros escenarios, en todos ellos fueron acogidos con igual éxito al deleitar a los más exigentes públicos.

Con la modestia y sencillez que lo caracterizó toda su vida garantizó un futuro para las más genuinas expresiones de la cultura musical cubana en generaciones posteriores con la enseñanza práctica del tres desde su propia casa. Ejemplo de ello son los treseros Pancho Amat, Efraín Ríos y sus hijos Gilberto “Papi” Oviedo y Ernesto Oviedo (este último destacado cantante), entre otros de presencia obligada en el ámbito de la música cubana actual.

Isaac y sus hijos

Para quienes conocen de su valiosa trayectoria, la cual se inserta por derecho propio en lo mejor de la tradición musical cubana, es necesario promover su infatigable labor como compositor, tresero, cantante y músico integral. No dejemos que su obra se pierda en la memoria.

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