La Anécdota Musical… Váyanse con sus bocuses para otra parte…

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Cuando Pacho Alonso se encaramó en los sitiales de popularidad, desde los años 1960, sus partidarios se dividieron en dos bandos: quienes adoraban sus boleros, como Imágenes (“Como en un sueño… sin yo esperarlo… te me acercaste…”) o Tú no sospechas, y aquellos que preferían sus éxitos bailables. En esta última faceta, Pacho incorporó al habla popular de la época frases como Dale carácter, Sin miseria, Persona atenta, y muchas otras. Y convirtió en éxitos las semblanzas musicales de filosofía popular compuestas por el querido Enrique Bonne: A cualquiera se le muere un tío, El que haya pecado que tenga cuidado (“si encuentro la llave… no doy con la casa”), aquello de Que me digan feo y Se tambalea, creado a raíz de uno de tantísimos temblores de tierra en Santiago de Cuba, ¡tierra caliente!

Además de los movimientos sísmicos, claro que la ciudad cuenta con una historia de innumerables facetas: heroicas y cotidianas. Sus carnavales son legendarios. Y en ellos, se arrolla con las comparsas, al compás de una conga que suena distinto a la de Camagüey. O a la de La Habana.

Entre los instrumentos musicales que caracterizan a las comparsas santiagueras, se halla el bocú. Las enciclopedias lo describen como membranófono de golpe directo que presenta las siguientes variantes tipológicas: de caja tubular cilíndrica o cónica, abierta, independiente, con la membrana clavada, apretada por un aro o por un sistema que combina el aro con llaves metálicas de tensión. Un tanto mayor que la clásica tumbadora.

¿Y a qué viene este preámbulo? ¿Qué relación guarda con el hijo de Luisa, como el propio Pacho se anunciaba?

En aquellos años iniciales de su triunfo en la capital, Pacho dirigía un conjunto acompañante, al cual denominó “sus Bocucos”. Y, quizás, usted desee saber el porqué de ese nombre tan peculiar.

Según se cuenta, el nombre surgió de una queja de vecindad. Pacho cantaba con el grupo en alguno de los muchos bailes populares que se ofrecían en Santiago. Estaba el jolgorio en su apogeo, cuando una vecina del lugar protestó por la bulla:

-¡Oigan, ‘tá bueno ya! ¡Váyanse con sus bocuses a otra parte…!

Nota al margen: como cubanos que somos, es muy seguro que el final del reclamo fuera un poco más fuerte. Y, por eso mismo, ¡impublicable!

En el conjunto que Pacho dirigió entonces en La Habana cantaban, junto a él, Carlos Querol, una de las mejores voces de segunda que ha tenido nuestra música, y el hoy legendario Ibrahim Ferrer, quien quedó como líder vocal del Conjunto Los Bocucos cuando Pacho decidió organizar una orquesta de mayor formato a la cual, lógicamente, llamó “sus Pachucos”.

Y, por aquello de bocuses, la anónima vecina dio origen al nombre de Pacho Alonso y sus Bocucos, que durante poco más de siete años matizó el panorama bailable en Cuba. Parafraseando una frase suya, no dudo que el inolvidable cantante exclamara:

Qué muchacha…

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