De la guitarra y sus cultores en Cuba: Jesús Ortega, un músico holístico (parte III y final)

Por MSc. Janet Rodríguez Pino. Musicóloga y percusionista

El contexto guitarrístico latinoamericano se ha enriquecido con la realización del Concurso y Festival Internacional de Guitarra de La Habana. Entre los principales gestores y jurados de la competición se encuentra el maestro Jesús Ortega, quien considera el evento como un hecho vital para diversas generaciones de guitarristas:

Al Festival le precedió el Encuentro de Guitarristas de América Latina y el Caribe de 1978, impulsado por Haydée Santamaría y la Casa de las Américas. En 1982 se celebró la primera edición del Concurso y Festival Internacional de Guitarra de La Habana, en el que participaron Paco de Lucía, Manuel San Lúcar, Vicente Anido, entre otros guitarristas flamencos. Además destacaron exponentes de la música brasileña y de instrumentos exóticos como el oud iraní y la kora africana; mientras que los artistas nacionales honraron a la cultura cubana con sus interpretaciones del laúd y el tres.

Según explica el maestro Ortega, la atracción por el Festival también se debe a la oportunidad con que cuentan los estudiantes de recibir clases magistrales, impartidas por músicos reconocidos a nivel mundial:

Nuestros alumnos han podido escuchar a grandes maestros solistas, cuyos conocimientos modifican de forma sutil nuestra visión de la guitarra y brindan una perspectiva más internacional.[1] Estos cambios suceden por la apropiación de elementos que son aportados por guitarristas de cualquier región del mundo y que convienen al desarrollo de la guitarra cubana. La mayor parte de esas clases está grabada, preservada como documento que contribuye al desarrollo.

Los aportes del maestro Jesús Ortega a la guitarra cubana también se materializan en su trayectoria como fundador de diversos formatos de cámara. Desde 1956, colaboró junto a Leo Brouwer en un dúo de guitarras que les permitió desarrollar habilidades como concertistas. En 1957, organizó un quinteto de vientos conformado por flauta, oboe, clarinete, fagot y corno; y, a finales de ese año, instituyó un trío clásico integrado por el flautista Enrique Castro, el violista Osvaldo Cañizares y el propio Jesús Ortega. Por otra parte, en Santiago de Cuba dirigió la banda de música del Ejército Oriental, cuyos conciertos en el parque “Céspedes” de esa provincia se convirtieron en un hecho cultural relevante para la población santiaguera de aquellos años.

Décadas más tarde, fundó la agrupación Sonantas Habaneras, una de las mayores contribuciones de Jesús Ortega a la guitarra cubana. La orquesta surgió en 1995, casi por azar, en una ocasión en que el maestro reunió a los estudiantes de Guitarra de la Escuela Nacional de Música (ENA) y el Instituto Superior de Arte (ISA), para presentarse en la Fiesta de la Joven Guitarra, celebrada en Santiago de Cuba. Luego de esta actuación, otro suceso marcaría el camino de la agrupación:

Uno de los integrantes de aquella orquesta fue Aland López, quien dirige junto a Teresa Paz el conjunto de música antigua Ars Longa. Su progenitora trabajaba como realizadora del programa Hurón Azul de la UNEAC, y nos invitó a participar en una grabación, en la que presentamos Tres Danzas a Cuatro Manos de Ignacio Cervantes, transcritas para conjunto de guitarras. Cuando el programa estaba en proceso de edición, la directora me preguntó el nombre de la orquesta. Mi intención era llamarle “Guitarras de La Habana”; pero ya existía un trío denominado así. Y recordé que los flamencos llaman a su guitarra “sonanta”. Me pareció interesante nombrar a la orquesta de esta manera, y agregar el gentilicio de nuestra ciudad: Sonantas Habaneras.

A la formación común de varias guitarras en la tesitura habitual, el maestro Ortega añadió un requinto, que suena en una cuarta más aguda con respecto a la guitarra en la altura convencional, además de algunas guitarras bajas, que suenan una cuarta más grave. Así, se ampliaban los registros de la orquesta, mientras que ésta alcanzaba una vinculación profesional, integrada en este momento por graduados del ISA y la ENA.

Jesús Ortega dirige la orquesta Sonantas Habaneras. Foto: Tomada del sitio Ecured.

La carrera de la orquesta incluye significativas presentaciones en Cuba y el exterior. En este sentido, el maestro Ortega describe con regocijo la experiencia de Sonantas Habaneras durante su primera gira internacional:

Visitamos Alemania en el año 2000, gracias a la gestión de Leo Brouwer. Realizamos once conciertos con muchísimo éxito, en algunas ocasiones solos y, en otras, junto a la Orquesta Juvenil de Guitarras de Baden-Guttenberg. Aquella gira fue muy fructífera por la acogida del público y de la crítica. Hubo criterios que nos llenaron de satisfacción; por ejemplo, un periodista manifestó que cuando aparecía la orquesta de guitarras Sonantas Habaneras “salía el sol”, porque la sonoridad era muy luminosa.

Al regreso, la orquesta mostraba una interesante consolidación y empezamos a realizar más conciertos. En la ciudad de Las Tunas han tenido lugar cuatro encuentros encabezados por Sonantas Habaneras, en los que se han reunido orquestas de guitarras de Holguín, Guantánamo, Camagüey, Villa Clara, Cienfuegos y Pinar del Río. Estos encuentros finalizaban con la actuación de una especie de orquesta gigante conformada por los guitarristas que participaban, y eran muy bien acogidos por el público tunero, que llenaba el teatro sede de la provincia durante cada concierto.

En su trabajo como director de Sonantas Habaneras, el maestro Ortega aplica sus experiencias previas como gestor y ofrece programas de notable variedad estilística:

Para diseñar el repertorio selecciono obras universales. Del Barroco italiano, interpretamos obras de Antonio Vivaldi, entre ellas, cinco de sus sinfonías,[2] y varios conciertos para guitarra solista o dos guitarras concertantes; de Arcangelo Corelli realizamos cuatro de sus concerti grossi. Del Barroco alemán, interpretamos obras de Johann Sebastian Bach, como el Concierto para violín en la menor, en una adaptación en la que uno de nuestros guitarristas asume el papel de solista. Además, del Clasicismo mozartiano interpretamos tres sinfonías versionadas para orquesta de guitarras.

Por otra parte, de la música del siglo XX realizamos la Suite Bergamasque, de Claude Debussy; el ballet El Sombrero de Tres Picos, de Manuel de Falla; y disímiles obras cubanas. Entre estas últimas, tenemos obras escritas especialmente para Sonantas Habaneras por Leo Brouwer, Harold Gramatges, Carlos Fariñas, Juan Piñera, Martín Pedreira, Héctor Angulo, además de piezas de mi autoría. Entre las obras de corte popular, interpretamos danzones, boleros y sones. Calculo que realizamos alrededor de ciento cincuenta obras en dos formatos, tanto en la orquesta que incluye requintos y guitarras bajas, como en el conjunto de guitarras convencionales.

A veinticinco años de su fundación, Sonantas Habaneras es un resultado tangible de la encomiable labor de Jesús Ortega. La agrupación ha sido integrada por más de cien guitarristas, que se desempeñan actualmente como profesionales de alto nivel en Cuba o más allá de sus fronteras. Este logro se debe, en gran medida, al trabajo holístico realizado por el maestro Ortega, como concertista, docente, gestor y editor musical, compositor, crítico y director de orquesta. Sirva esta entrevista, para reconocer sus contribuciones a la cultura musical cubana y al universo guitarrístico latinoamericano.


NOTAS

[1] De sus vivencias durante las diferentes ediciones del Festival, el maestro rememora el concierto ofrecido por el músico norteamericano Hopkinson Smith: “La visita a Cuba de Hopkinson Smith, uno de los más prestigiosos e importantes especialistas en instrumentos antiguos relacionados con la guitarra –la guitarra y el laúd barrocos, el laúd renacentista, la tiorba, entre otros instrumentos históricos–, fue para los estudiantes un hecho inusitado. Los guitarristas estamos acostumbrados a tocar sentados, en una silla y usando el banquito donde apoyamos el pie; pero Hopkinson Smith no actuaba de esta forma. Él tenía la guitarra sujeta con una correa y caminaba por el escenario, bailando con la música que estaba tocando. Por eso, fue maravilloso el recital que realizó, con músicas del siglo XVII, específicamente”.

[2] Sobre la interpretación del género sinfonía en el estilo Barroco, el maestro aclara que “no se deben confundir con las posteriores sinfonías del Romanticismo; [las sinfonías barrocas] son obras pequeñas, cuya duración se extiende entre cinco y siete minutos, que fungían como introducción a los conciertos”.

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