Mamasonga de David Álvarez y Juego de Manos: otra manera de abordar la identidad cubana y afrocaribeña.

Por Yaisel Madrigal Valle. Musicólogo

Referente para muchos por su peculiaridad en el decir desde la música, el director y fundador de Juego de Manos David Álvarez Garrido es heredero y continuador de la llamada vertiente humorística en la canción cubana, cultivada por Ñico Saquito -de quien celebramos este año el aniversario 120 de su natalicio- y recientemente por Alejandro García Virulo o Pedro Luis Ferrer, por solo citar dos de los ejemplos más ilustrativos. David Álvarez ha recibido, además, las influencias de varios músicos y maestros que, para él, han sido decisivos en su formación musical y en la configuración de su personalidad artística, en conjunción con la individualidad creadora.

Con una obra discográfica que comprende los fonogramas Rimasones (1995), Mundo loco (1999), Son demasiado (2001), Deuda. David Álvarez canta a Luis Marquetti (2012), Clandestino (2013), Somos Cuba (2017), Sones in blue (2019) y Mamasonga (2021) -estos dos últimos nominados al Cubadisco 2021, su creación ha tenido como eje fundamental la defensa del son cubano como matriz generadora y como base primordial de su estética artística, fusionándola con elementos genéricos que forman parte de la identidad afrocaribeña, cuestión esta que se afianza en sus dos últimas producciones. De este, aprovecha su fuerza y flexibilidad para hibridarlo con géneros como la rumba, cuya elasticidad y dinamismo -al decir del musicólogo Leonardo Acosta- permite obtener una mixtura orgánica y personalísima, producto de la experiencia que posee David Álvarez en relación con la manifestación musical.

Mamasonga es un disco que, a mi entender, resume el estilo interpretativo y los principales caracteres que definen su carrera discográfica y musical. Nominado al Cubadisco 2021 en la categoría Tradicional Variado, el fonograma comparte el puesto con discos como el de Rembert Egües, De Re a Re, Tributo a mi abuelo. Homenaje a Daniel Castillo del Septeto Moneda Nacional, Presencia de Marcos Fernández “El brujo del tumbao” y Esa flauta, protagonizado por Orlando Valle “Maraca”.

Les propongo entonces hacer un breve recorrido por este fonograma que, a manera de homenaje a nuestras raíces, recoge la esencia de las sonoridades que caracterizan al área del Caribe. Corazón presumido, de la autoría de David Álvarez es un tema erigido sobre la base rítmica del son que, con el tumbao característico del bajo sonero, mezcla ritmos caribeños con un alto grado de fusión multicultural. Estos contactos constituyen tema recurrente a través de todo el fonograma, en ese ir y venir de influencias que tienen lugar en el área del Caribe, donde la música cubana ocupa un lugar preponderante, resultando un complemento o ingrediente esencial.

El empleo del acordeón es decisivo en el logro de esa sonoridad característica de las músicas del Caribe, sobre todo en el vallenato o música vallenata y la cumbia, por ejemplo, alcanzando aquí un protagonismo determinante. Unido a lo anterior está la imbricación que se logra con el son como ente musical coherente.

Ámame es una pieza que pertenece a Pedro Luis Ferrer. El bolero como expresión del sentimiento más puro se hace presente en el fonograma desde una letra elaborada, ejecutado con un desgarro sin igual, como demostración de la sensibilidad interpretativa de David Álvarez. Con un toque filinesco y un evidente contacto con secuencias provenientes del jazz y del blues, el tema sobresale por ser un canto al amor a manera de súplica.

La pieza, repleta de un lenguaje metafórico, es sustentada desde lo musical por la delicadeza en la interpretación del piano de Rolando Luna, quien es capaz de hilvanar secuencias atractivas desde armonías contemporáneas que revitalizan el género. El empleo de texturas complejas a partir de la superposición de elementos melo-armónicos realzan y complementan la interpretación de David. El saxofón soprano de Idisán Aldana y la flauta de Loidis Taboada también se suman a este canto al amor, aportando un acabado técnico-musical de esmerada factura, con un trabajo de conjunto que destaca sobremanera por el empaste y la compenetración de ambos instrumentos en los pasajes que protagonizan.

Mamasonga es un disco donde abundan los contrastes, ya sea desde el tratamiento genérico con la imbricación o mezcla de ritmos de diversas partes de la geografía caribeña o a partir del abordaje de una misma temática desde ángulos diferentes. El fonograma en su conjunto, se convierte en defensor de la identidad cultural que nos define como cubanos y como parte de ese otro amplio ajiaco que es lo afrocaribeño.

Precisamente el tema Mamasonga -sencillo que da nombre al fonograma- muestra esa otra manera, muy cubana, de tratar el hecho amatorio. El músico parte desde un enfoque que va más a lo chabacano, a lo popular, al llamado cubaneo y que, desde el propio título nos dibuja a la típica mujer cubana: inteligente, bella, llena de curvas, con protuberantes atributos y capaz de captar la atención de todos los hombres.

La pieza nos transporta a la sonoridad típica del septeto y específicamente a esas noches de bohemia en Santiago de Cuba. También cita -de paso y a modo de homenaje- el estilo sonero-trovadoresco que cultiva Pancho Amat junto a su Cabildo del Son o el Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, en una fusión de estilos interpretativos que proceden del septeto, formación músico-instrumental decisiva en la historia musical cubana, matriz a partir de la que se generaron otros formatos que para las décadas del 40 y 50 del siglo XX aseguraron el boom de la música popular bailable en el país.

Un canto al amor, una nueva visión -“otra”- del hecho amatorio, lo constituye Que no tenga fin desde la fusión de elementos genéricos provenientes del blues con conceptos de la cancionística cubana contemporánea y el bolero. La influencia jazzística se hace palpable a través del empleo del scat singing y una original imbricación e integración de la voz con los procederes estilísticos y tímbricos de la trompeta, el fliscorno y las armonizaciones del piano, en una suerte de diálogo constante. Voz, piano y trompeta se erigen como protagonistas y hasta cómplices de la historia que se narra.

Sobre esta línea también se erige el tema Es mejor de la autoría de David Álvarez, en cuya introducción y primera parte hay una asimilación de elementos jazzísticos con el empleo del walking en el bajo, en claro contraste con la sección de metales que realiza un trabajo sutil en el tratamiento tímbrico y donde sobresale el contrapunto o diálogo que se establece entre cada uno de los instrumentos de la sección. La timba, como intergénero concreto, alcanza protagonismo en esta obra a partir de la asimilación de patrones interpretativos provenientes del ámbito musical, sobre todo en ese contrapunto recurrente entre los instrumentos que componen la sección de metales y la relación que se establece con la sección rítmica a partir de la asunción de elementos que dinamizan el discurso musical.

En El Ñico y la China hay una recurrencia a las armonías contemporáneas y al ritmo afrocaribeño apegado a la manera de hacer del merengue fusionado con el son cubano, en un vaivén que se vale de lo cadencioso para hacernos partícipes de esta historia desde lo sonoro y gestual. Constituye este un lugar común, un proceder recurrente en el intérprete, y es que a pesar del grado de fusión o mixtura que pueda percibirse, el son siempre será reconocible dentro de la sonoridad de Álvarez Garrido, un rasgo de estilo ligado a él y a Juego de Manos.

Por otra parte, la vertiente tradicional de la trova cubana también está magistralmente abordada en el fonograma. Sobre un arreglo del propio intérprete llega la pieza Tardes Grises de Sindo Garay, una desgarradora, melancólica e íntima versión de este tema antológico que recrea un contacto evidente y orgánico con la rumba. Se sintetizan aquí procederes estilísticos y de realización musical que parten de la manera de hacer de Pedro Luis Ferrer, una de las fuentes directas que mayor influencia ejercen sobre David Álvarez. Precisamente este tema nos recuerda o evoca -a manera de cita sonora y estilística- al reconocido tema La tarde se ha puesto triste.

La pieza y el disco en general tienen la cualidad de despertar en el receptor emociones y sentimientos que están en total interconexión con lo textual y musical, expresado en la conjunción de la voz con los instrumentos como su más acabada expresión y realización. Todos los elementos musicales empleados, díganse gestos sonoros en relación con los parámetros técnico-musicales o convenciones estilísticas, logran conectar al receptor en una complicidad empática, creando un lugar común de emociones entre productor -el músico como emisor del mensaje- y receptor.

Calma corazón marca el punto culminante de este trabajo discográfico que sin lugar a dudas nos deja un buen sabor de boca, precisamente por la variedad de enfoques en el tratamiento genérico. Así mismo nos aporta un abordaje novedoso de la música cubana a partir de la mixtura -como ya hemos visto- con géneros y sonoridades procedentes del área del Caribe, dándole una connotación multicultural al disco, a la vez que realza los valores de nuestra idiosincrasia afrocubana y afrocaribeña.

Es importante destacar el papel de los artistas invitados en cada uno de los temas, lo que aportan una visión enriquecedora desde lo sonoro. El desempeño individual ha sido decisivo en el resultado del fonograma como un todo integrado y en lo que nos aporta Mamasonga desde el punto de vista estético y como producto artístico. A David Álvarez y Juego de Manos se suma un equipo de todos estrellas como Rolando Luna, Roberto Carcasés, Alfred Thomson, José Morales Garbey, Juan Kemell Barrera, Lino Lores García, Dayron Ortega, entre otros, que se insertan de manera coherente dentro del discurso.

Solo me resta invitarle a que disfrute, como yo lo he hecho, de esta propuesta de David Álvarez y Juego de Manos, un disco que brinda una novedosa visión de nuestra música popular bailable cubana desde lo experiencial, desde esa raíz que nos une, donde lo cubano y lo afrocaribeño se imbrican como parte de un amplísimo conglomerado músico-cultural que es el área del Caribe.

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