La Anécdota Musical…Ay, virgencita, qué pronto me escuchaste…*

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Fotos cortesía del autor.

*Fragmentos del volumen Los Campeones del Ritmo. Memorias del Conjunto Casino, del autor. Ediciones Cidmuc, La Habana, 2014.

Contratado para la inauguración del cabaret Sans Souci en México, donde la música cubana supo cosechar grandes simpatías, llegó el Conjunto Casino a ese país, en diciembre de 1943. Todo prometía una halagüeña temporada.

Varios imprevistos pusieron en peligro la gira mexicana. A poco tiempo de su llegada, Esteban Grau, director del conjunto, decide volver a La Habana y deja al grupo sin dirección. De acuerdo con lo narrado por Roberto Espí, entonces cantante del Casino, Grau sufrió una agudización de su padecimiento diabético, pero otras fuentes sugieren serias desavenencias con varios músicos. La empresa del Sans Souci no objetó la continuación de la temporada con los artistas cubanos, pero impuso condiciones: un aumento de sueldo a los miembros del Conjunto Casino, siempre y cuando se designara a Espí como nuevo director. La sugerencia de los directivos del cabaret es aceptada. De esta accidentada manera comienza la carrera de Espí como líder y principal promotor e impulsor de una agrupación a la cual llevaría a los más altos planos de la preferencia popular en Cuba y en otros países.

Sin embargo, la situación descrita no fue la más grave. Durante la temporada también se produce un temblor de tierra, lo cual provoca un desequilibrio nervioso a Nelo Sosa, quien toma ruta precipitada hacia La Habana sin pensarlo dos veces ni avisar a sus compañeros del conjunto. Recordaba el propio Espí:

Una noche preparábamos nuestra tanda en el cabaret y comienzo a preocuparme, porque Nelo Sosa no llegaba. Llamo al hotel donde se alojaba –no coincidimos todos en el mismo lugar– y me dice el empleado que “el señor Sosa regresó por la mañana a La Habana”.

¡Figúrate, qué clase de problema! Ya Grau había embarcado también. Al irse Nelo, nos quedamos sin guarachero y sin coro. Y yo solo cantaba boleros…

Cuelgo y me dirijo a la oficina del gerente del Sans Souci. Cuál no sería mi sorpresa cuando me responde que lo sabía, que su esposa, precisamente, había conseguido el pasaje para Nelo, conmovida porque él le confesó que no se sentía bien en México, que había dejado muchos problemas en Cuba y que estaba decidido a regresar de cualquier forma.

Dicho todo esto, el empresario me extiende un cheque y un pasaje Habana-México para que localice en La Habana a un cantante capaz de suplir a Nelo. Me sugiere que hable con Mario Ruiz Armengol, con cuya orquesta alternábamos, para que extendiera su tanda.

Así fue. Nos tocó a nosotros y, cuando estoy cantando uno de los boleros, veo entrar al cabaret nada menos que a Alfredito Valdés.

— ¡Eh, Carechivo! –así le decíamos en Cuba– ¿qué tú haces por aquí?

—No me digas na’, viejo. Vine a buscar pega, porque allá no hay na’ pa’ nadie…

Veo los cielos abiertos. Lo invito, entonces, al bar, para conversar con más tranquilidad. Y en un momento del diálogo le pregunto:

—Bueno, dime, ¿te gustaría trabajar aquí con nosotros?

No lo quería creer. Le insistí y Alfredito, que era muy religioso, agarra una medallita que le colgaba del cuello con una cadena y empieza a besarla una y otra vez:

—C…, virgencita, ¡no me digas que me oíste tan pronto! –y a entrarle a besos a la medallita.

De aquel vínculo fugaz del gran sonero cubano Alfredito Valdés con el Conjunto Casino, quedan como testimonio sonoro varios discos RCA Victor. Su nombre se unió de ese modo a la que sería, luego, la enorme lista de figuras musicales que alcanzaron la fama con aquellos Campeones del Ritmo

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