ISA 45 Aniversario… Argeliers León Pérez “Maestro de Luces”

Por Dr. Regla Diago Pinillos. Investigadora y profesora.

La libertad de la investigación científica no consiste en una ausencia de orientación o programa, sino en la libertad de elegir sistemas problemáticos, planteamientos, métodos y soluciones sin más objetivo que la consecución de la verdad.

Mario Bunge.  La Investigación Científica. Su estrategia y su filosofía. (Traducción de Manuel Sacristán) 2da edición corregida. (Tomado de Academia.edu. Cortesía del Dr. Ernst Westland) Editorial Ariel, S.A. Barcelona,1983.

Honor, gratitud infinita, satisfacción, orgullo; pero -sobre todo- un compromiso sin límites. Todo esto sentí al recibir la amable invitación de la Dra. Grizel Hernández Baguer para escribir unas cuartillas en las que comparta mis experiencias de trabajo junto al eminente pedagogo musical, etnólogo, musicólogo, etnomusicólogo, compositor: nuestro Maestro, el Dr. Argeliers León Pérez. De esta manera, me uno al homenaje del Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC), celebrando el 45 Aniversario del Instituto Superior de Arte (ISA), Universidad de las Artes de Cuba, de la cual soy fundadora.

Honor, por la trascendencia y la incidencia de estas dos prestigiosas instituciones en la cultura cubana contemporánea. Fundamentalmente, en el campo de la música y, dentro de éste, en el de la Musicología y la Etnomusicología. Participar como invitada, con una reseña sobre el Maestro, me honra grandemente.

Argeliers León Pérez

Gratitud infinita, por la oportunidad de poder compartir con todos cuánto le debo al Maestro en lo que logré ser; primeramente, allí, en la Universidad de las Artes de Cuba, en sus inicios; en un ambiente, que en ocasiones -por su naturaleza intrínseca de majestuosidad y elevación artística hasta pináculos insospechados- me fue un tanto hostil.

En el Instituto Superior de Arte, de La Habana, me elevé hasta la UNESCO, con una creación de mi cosecha: La Cátedra de Estudios Culturales Africanos, la cual llevó el nombre del Maestro desde su creación, hasta que las autoridades de dicha institución -de aquella época- decidieron que yo no seguiría trabajando más en la misma. Desde entonces, 1999, mi proyecto lleva mi nombre: Cátedra Cimarrona de Estudios de la Tradición Oral Africana “Regla Diago Pinillos”.

Al Dr. Argeliers León Pérez, le debo mucho de lo que sigo siendo hoy, en gran parte, gracias a sus enseñanzas, esas que viven y vivirán siempre en mí. Bajo su dirección, trabajé 15 fructíferos años, en el Departamento de Musicología de la Facultad de Música del ISA. Y aun después, cuando se fue a dirigir el Departamento de Música de la Casa de Las Américas, continuaron allí nuestras sesiones semanales de trabajo, en las cuales siguió mostrándome, con todos los recursos a mano por aquella época, el maravilloso mundo de los conocimientos etnomusicológicos y de las culturas cubana y de otras latitudes.

Satisfacción, esa dicha inefable; porque podré compartir anécdotas sobre mi querido Maestro; las que se mantienen tan vivas en mis recuerdos, que tal pareciera ocurridas ayer y no hace ya casi 50 años.

Orgullo, por el privilegio indiscutible de compartir páginas de recuerdos y homenaje a una persona inmensamente grande en su humildad y en su elevación, tanto como ser humano, bondadoso en extremo: como profesional de méritos incalculables y trascendentales.

Compromiso sin límites, con él, con sus familiares y amigos, con nuestros alumnos de aquel entonces, quienes hoy son colegas de prestigio nacional e internacional; muchos de ellos, transitando caminos diferentes al núcleo central de sus estudios, pavimentados -en su basamento- con la impronta de aquel Departamento dirigido por Argeliers León; asentados sobre los sólidos pilares de aquellos conocimientos musicológicos, los cuales -andando el tiempo- se convirtieron en una armazón fuerte, poderosa, que sería revestida con una robusta musculatura de diversa índole: ya sea incursionando con éxito en el canto, la instrumentación, la dirección orquestal; la producción y la crítica musical u otras áreas; o entregados a la investigación de la especialidad y al trabajo como autores de libros, o de Tesis ya sean de Maestrías o Doctorados; imprescindibles, no solo para la cultura cubana; sino también para la latinoamericana y caribeña; así como mundial.

No puede haber una investigación fuera de un camino científico…No puede haber investigación si no nos adentramos nosotros mismos en la ciencia.

Argeliers León. Tomado de Datos Bibliográficos. https://www.ecured.cu/Argeliers_Le%C3%B3n

Siempre que pienso en el proceso fundacional del Instituto Superior de Arte (ISA), llega a mi mente la imagen del “Nacimiento de Venus”, de Sandro Botticelli. Puede ser por lo controversiales que resultaron ser ambas; pues esta Universidad, única de su tipo en la región, tuvo un proceso creacional extremadamente convulso. El mismo, estuvo preñado de las mismas inquietudes iniciales que afrontan los artistas de diferentes especialidades al comenzar su creación. Así como un escultor golpea sobre la piedra o el mármol bruto; un músico va ordenando las notas que conformarán una excelente pieza musical; el pintor inicia su creación con la imprimación del lienzo donde plasmará su obra; el bailarín va acoplando los pasos para crear una fantástica coreografía; un cineasta prepara las condiciones y lo alista todo para el crucial momento de “luces, cámara, acción!”; los dramaturgos y actores infunden vida a los personajes de sus piezas teatrales o un escritor busca afanosamente la palabra inicial de su obra literaria; así, de esa manera, se gestó la obra única -irrepetible- “arte ella misma”, que es el ISA. Y fue allí -en ese contexto- donde conocí al Dr. Argeliers León Pérez, el Maestro de tantas luces.

Yo había llegado al Instituto, recientemente, egresada de la Universidad de La Habana. Su Rector, el Dr. Mario Rodríguez Alemán, me pidió que aceptara una posición que varias personas, antes que yo, habían rechazado por considerarla extremadamente compleja: la Secretaría Docente de la Facultad de Música, que a la sazón tenía 22 Departamentos. La persona que cubría dicha posición no podía continuar haciéndolo por no ser graduada universitaria, requisito indispensable estipulado en los estatutos de la Institución para poder ser contratado en algunas de las posiciones vinculadas con la docencia. Acepté.

Si compleja era la tarea de completar la información estadística del proceso docente de dicha Facultad, no lo era menos el llevar la redacción de las Actas de los Consejos de Dirección de la misma; muy tensos en aquella primera etapa. Algo nuevo nacía. Y llegar a los necesarios acuerdos no era tarea fácil. Y, en aquellas circunstancias, el Maestro Argeliers siempre hizo gala de mesura, calma y ecuanimidad en medio de los más tormentosos debates y del arribo a cruciales decisiones.

Luego de cinco años en esas funciones, también asumí la responsabilidad de ser la Coordinadora del Movimiento de Alumnos Ayudantes de dicha Facultad. Este otro reto permitió que me compenetrara más con los estudiantes pues -entre otras funciones- me correspondía coordinar sus Conciertos de Graduación y las discusiones de sus Tesis de Grado.

Cuando apareció la oportunidad de que yo pudiera ocupar una plaza de Instructora y dedicarme a la docencia, el Dr. Argeliers León me llamó a impartir la asignatura Redacción y Composición I y II en el Departamento de Musicología que él dirigía. Bajo su guía y orientación, accedí a los estudios Etnomusicológicos y de otra índole dentro de la Música, a los que apliqué mis conocimientos lingüísticos y filológicos durante los 15 fructíferos años en que trabajé con el Maestro y que continuaron después de su triste partida. Bajo su orientación y supervisión reorienté mis estudios literarios hacia una formación estilística funcional más sobria en cuanto al uso de los recursos para “escribir bien” y así lograr que los estudiantes adquirieran la técnica que les permitiera procesar la grabaciones realizadas en sus investigaciones de campo, hacer adecuadamente las transcripciones de sus entrevistas y lograr escribir sus ensayos, los cuales -al decir del Maestro- no podían resultar “parecer unas sobrecamas de retazos mal engarzadas”.

Toda la experiencia y conocimientos acumulados durante estos años y el ensayo sistemático -en clases- de diferentes recursos pedagógicos discutidos con el Maestro, me permitieron -tiempo después de su desaparición física- presentar la propuesta de los nuevos Programas de Estudio de la Disciplina Redacción I y II para las cinco Facultades del ISA, como ejercicio pedagógico para la obtención -por oposición, en 1996- de una única plaza con la Categoría Docente Principal de Profesor Auxiliar de Español. Entonces aparecieron contenidos imprescindibles para propiciar que los estudiantes pudieran ejercer mejor su multifacética especialidad. Introduje el estudio de las técnicas periodísticas y de elementos de radio, cine y televisión. Durante 20 años fui la única profesora de dicha disciplina en las 5 Facultades de la Institución.

El Profesor Argeliers León también supervisó la preparación de la “Selección de Lecturas para Musicología y Danza Folklórica” que debió ser publicada por la Editorial Pueblo y Educación a fines de la década de los 80. Para la parte de Danza Folklórica, conté también con el visto bueno del Dr. Rogelio Martínez Furé, con quien compartía la impartición de clases en dicha especialidad. Desafortunadamente, el funcionario a cargo de los trámites editoriales en el ISA me devolvió las 100 páginas del texto en cuestión, ya en la etapa final, listo para ser impreso, alegando que la Editorial temía reclamos de Derecho de Autor.

Argeliers me adentró en las técnicas de la Investigación Científica. Me recomendó y ayudó a encontrar el fabuloso libro con ese mismo nombre del Dr. Mario Bunge, que se convirtió en mi libro de cabecera desde aquellos tiempos iniciales y guio mis pasos en el complejo mundo de la investigación, tanto musicológica como de las otras ramas que abarcaron las cinco Facultades del Instituto; así como para la preparación de mi Tesis Doctoral y otras muchas investigaciones que he completado hasta hoy.

El Maestro fue quien también me introdujo -de lleno- en el mundo de la africanística y la afrocubanidad, vistos -ambos- desde una perspectiva diferente a la que -como iniciada en varias de las religiones Afrocubanas y heredera natural de esas raíces- llevaba conmigo desde que vine al mundo.

Él me enseñó elementos claves que arrojaron luces sobre todo el profundo proceso de crecimiento como investigadora que me llevó a fundar -en el Instituto Superior de Arte- una Cátedra de Estudios Culturales Africanos, que logré vincular con 43 Organismos e Instituciones Nacionales y con más de 20 Universidades y Centros de Investigación en el extranjero y tuvo la gloria infinita de ser propuesta como Cátedra UNESCO a petición expresa del Dr. Miguel Barnet, Presidente de la Fundación Fernando Ortiz y representante cubano ante el Comité Ejecutivo de dicha Agencia de las Naciones Unidas. Fue una feliz circunstancia el hecho de que se me pidiera poner el nombre del Maestro al proyecto presentado por mí y que fuera aprobado y fundado como Cátedra el 13 de Mayo de 1992. También como resultado de mi desarrollo como investigadora y por tener un proyecto vivo y en permanente crecimiento, defendí y obtuve -en 1997- un Doctorado en Ciencias del Arte, en la especialización de Tradición Oral Africana, reconocido también por los más prestigiosos investigadores de aquel continente; momentos que – tristemente- no me fue posible compartir con mi querido Maestro Argeliers León Pérez; pues -desafortunadamente- en esas dos fechas, ya él nos había dejado.

El Curso de Postgrado “Introducción al Estudio del Arte Africano” impartido por el Maestro, entre 1982 y 1983, fue uno de los sucesos más significativos de mi experiencia de trabajo y estudio junto a él. El hecho de poder recibir, “en vivo y en directo”, de su autor, los detalles más significativos que aparecían en el libro del mismo nombre -que es una joya en lo referente a los estudios del Arte del Continente Madre- fue un verdadero privilegio. No faltó durante el desarrollo del Curso, la proverbial jocosidad y sentido del humor del Maestro. Llovieron las anécdotas de sus vivencias durante los cinco años que pasó en Ghana, haciendo sus estudios de campo, bebiendo de la savia primada de ritmos, compases y armonías que después volcaría en el amplio espectro de su creación artística y pedagógica.

En cada sesión, viajábamos con él al escenario de sus búsquedas; de sus encuentros y desencuentros con muchas costumbres y sucesos culturales que ya en nuestro país se habían reinventado y mezclado -con las indígenas y europeas- para dar origen a la nacionalidad cubana.

Programa del Evento en saludo al 1er Aniversario de la Cátedra del ISA que llevó el nombre del Maestro.

Dos hitos a destacar, sin lugar a dudas, cargados de una gran dosis de humor, fueron el de su experiencia de tener que comerse -en una ocasión, por delicadeza con los anfitriones- una gallina que había sido cocinada -por tradiciones de aquel grupo- con tripas y todo; y el tener que declinar –al final de su estancia- el regalo que el jefe tribal quiso entregarle como obsequio: una preciosa doncella; la cual -evidentemente- “ni jugando”, podría haber formado parte de su equipaje al llegar de regreso a casa.

Cuando me hablaba de la Casa Templo de Sagua la Grande, por la cual sentía una devoción sin igual, o de la Casa de Santo de la Iyalosha Ferminita, en la ciudad de Matanzas, me transmitía las esencias vivas de todo el acervo africano que en Cuba hincó raíces enormes y profundas. Esas mismas esencias son las que aparecen en sus libros. Las vemos en Del canto y el tiempo y en otras de sus valiosas creaciones. Cabe destacar, de manera especial, la que -a mi juicio- es una de sus joyas de contenido “socio-económico-histórico-cultural”, indispensable para entender el proceso de transculturación que se desarrolló en Cuba, específicamente con la emigración forzosa producto de la trata esclavista, en este caso del área Bantú. Me refiero a su artículo, que me recomendara estudiar: “De paleros y firmas se trata”.[1] Cautiva -e ilustra al mismo tiempo- la manera magistral en que Argeliers entreteje en el mismo los -más arriba- expresados elementos de su contenido; los cuales afloran de manera un tanto inesperada, dándole más sentido a la evidente esencia gráfica de los trazos estudiados.

Otro artículo de su producción, de corte similar: “Para leer las firmas abakuá”[2] también introduce al investigador en el complejo mundo de una de las religiones afrocubanas que más ha influido en el patrimonio musical cubano.

Su devoción por otras ramas del arte, fundamentalmente el Teatro, también dejó una profunda huella en mi vida profesional. Él era lorquiano en extremo. Lo prueban sus ocho Composiciones para Coro y Orquesta, con textos de Federico García Lorca.[3]

Así es que, cuando le propuse tomar un ensayo/conferencia sobre las canciones de cuna de dicho autor, para estudiarlo en mis clases de Redacción y Composición, en Musicología. Al aprobarlo, aceptó el reto que implicaba el hecho de que dicho texto “rompía con los cánones” más conservadores en relación con lo que se considera un “estricto y sobrio” texto científicamente elaborado. Este ensayo, visto holísticamente, es una joya de la investigación sociomusicológica aplicada a la cultura de España y otros países de Europa, expuesta con un lenguaje en el cual su autor se mantiene -todo el tiempo- “bordeando las esquinas” del consabido rigor propio de la prosa de carácter científico, que no puede ser corrompida con los giros característicos de la poesía. Fue interesantísimo el debate que se generó en clases a partir de este fragmento del mismo: España tiene cantos alegres, chanza, bromas, canciones de delicado erotismo y encantadores madrigales. ¿Cómo ha reservado para llamar al sueño del niño lo más sangrante, lo menos adecuado para su delicada sensibilidad?”.[4] Sobre todo, considerando la temática de la última “nana” con la que el autor ilustra su análisis. Los invito a buscarla.

Yo conocía de su amistad con el Profesor Emérito de la Universidad de Yale, EE UU, el profesor cubano José Juan Arrom, también devoto del arte teatral. Así, en 1981, coincidentemente, el mismo día en que la Universidad de La Habana le conferiría, al Dr. Arrom el Profesorado Honoris Causa[5] en horas de la tarde, era mi sesión de trabajo -en la mañana- con el Maestro, en la Dirección de Música de la Casa de las Américas, que estaba a su cargo.

Enorme era mi interés en poder entrevistar al Dr. Arrom, quien había sido amigo personal de José Antonio Ramos, el padre del Teatro Nacional de Cuba, sobre el cual estaba en fase de terminación mi Tesis “Consideraciones acerca del lenguaje en la obra de José Antonio Ramos”, investigación que yo desarrollaba en la Facultad de Artes Escénicas y que cerraría el ciclo de más de dos años de un Estudio de Postgrado de Teatro (ahora en la categoría de Máster). Le consulté a Argeliers mi intención de ir al hotel donde se hospedaba Arrom; pues su entrevista sería crucial para el feliz término de mi Tesis. Inmediatamente me dijo: “Regla, salga para allá ahora mismo!” Recuerdo que le pregunté: “Maestro, si hiciera falta… ¿usted me autoriza a pedirle esa entrevista en su nombre?”. “Claro que sí -me respondió enseguida- pero verá que no será necesario. Él la va a recibir”. Y así fue.

El Dr Arrom me dedicó 15 minutos de su precioso tiempo aquel día trascendental de su investidura como Profesor Honoris Causa, en el Aula Magna de La Universidad de La Habana, para arrojar la luz necesaria, autorizada por demás, a mi investigación sobre el teatro de José Antonio Ramos. Igualmente, me recomendó incluir en mi “Selección de Lecturas para Redacción y Composición en Musicología y Danza Folklórica”, de la cual también le hablé, su ensayo “La Copa de Daiquirí”, por considerarlo un excelente compendio de la historia del Caribe, vista a partir del seguimiento de todo el proceso de la fabricación de esa bebida. Al expresarle mi agradecimiento, por su noble gesto al recibirme, me dijo: “Los verdaderos profesores son asequibles” ¡Me sentí tan afortunada! Había conocido a otro eminente Profesor con la misma bondad, dedicación, desprendimiento, sencillez y humildad; las mismas virtudes que adornaban a mi querido Maestro Argeliers, quien saludó la recomendación del ensayo hecha por el Dr. Arrom. No fue tarea fácil hallarlo; pero, finalmente, lo encontré en una de las revistas Bohemia de mi colección personal. Aunque, como expresé anteriormente, la Selección de Lecturas -tristemente- no se publicó.

Recuerdo un día en que nos encontramos -frente al buró de la bedel- en el pequeño ‘lobby’ del ISA, que estaba justo al subir las escaleras. Yo tenía clase en el aula 1, detrás de la puerta de cristal. El Maestro me dijo: “Regla siento curiosidad por saber por qué lleva usted siempre consigo, con sus materiales de clase, esa carterita de plástico semitransparente”. “Ah, Profe, mire!” Le respondí riendo, al tiempo que abría el zipper de la bolsa y le mostraba el contenido: un borrador y tizas blancas y de colores. Le dije: “Es que un día, por alguna razón, no encontré estos materiales en el aula y -desde entonces- siempre traigo los míos”.

Días después, me lo encontré de nuevo en el mismo lugar y, riéndose, levantó en su mano una bolsita plástica y me dijo: “Aquí siguiendo su ejemplo, pues me pasó lo mismo que a usted”. Y yo me sentí ‘realizada’. Aquel eminente Profesor no había tenido reparos en tomar una experiencia de su discípula y hacerla también suya en un gesto de sencillez y humildad.

Argeliers fue para mí una fuente pura y cristalina, un manantial de conocimientos infinitos que aún hoy alimentan mi quehacer en ese complejo y maravilloso mundo que es la investigación científica. Ir de lo sencillo a lo complejo, era su divisa. Tomar lo concreto y después ir combinándolo. Aprendí a hacerlo. Ya sea con resultantes de áreas internas del campo investigativo del que nos ocupamos; o con otras áreas de investigación afines o diferentes, a las que podamos aplicar alguna que otra variable del objeto de estudio del que se trate.

Tener un horizonte amplio en el cual se puedan acomodar -como él lo hizo de manera magistral- las más diversas ramas del saber. ¡Era tan multifacético el Maestro! Ese es el legado principal que dejó en mí.

Honré su memoria y sus enseñanzas cuando logré ser -si no la única- una de las pocas Profesoras que trabajó en cuatro Departamentos diferentes en The University of the West Indies (UWI), in St Augustine Campus, Trinidad y Tobago W. I. Ellos fueron: Department of Creative and Festival Arts (DCFA); Liberal Arts, ahora Department of Modern Languages and Linguistics (DMLL); the Centre for Language Learning (CLL) and the Centre for Latin America and the Caribbean (CENLAC) of the Institute of International Relations (IIR).

Argeliers siempre me decía que Trinidad -la llamada Tierra de Changó-, Brasil y Cuba son los tres máximos exponentes de la presencia cultural africana en este hemisferio. Comprobé -en esta Isla Mágica- cuánta razón tuvo. África vive -aquí- en cada rincón, al igual que en su isla hermana, Tobago. Y ambas son terrenos propicios para el desarrollo de importantes investigaciones organológicas, musicológicas y etnomusicológicas.

Fue una gloria sin igual, un placer inmenso haberlo conocido, Profesor Argeliers León Pérez, MAESTRO DE LUCES.


NOTAS

[1] León, Argeliers. «De paleros y firmas se trata”. Unión. La Habana (7) 70-106.1986.

[2] León, Argeliers. “Para leer las firmas abakuá”. Unión (10) 2-13 La Habana.abril-junio.1990.

[3] León, Argeliers. Eco, coro mixto. s/f; En la palma, coro mixto a tres voces. s/f; Granada y 1850, coros mixtos. s/f; La tarde, coro mixto. s/f; Canción del naranjo seco, coro mixto. s/f; Tres canciones, tres voces femeninas. 1945; Canción del jinete, coro mixto. s/f (https://www.ecured.cu/Argeliers_Le%C3%B3n#Obras).

[4] Garcia Lorca, Federico. Conferencias. “Las nanas infantiles” en https://federicogarcialorca.net/obras_lorca/las_nanas_infantiles.htm

[5] Universidad de La Habana. Doctores Honoris Causa.† José Juan Arrom González, 1910-2007 (Cuba-Estados Unidos) Profesor Honoris Causa en Artes y Letras, por Resolución No. 1202 de 1981. http://www.uh.cu/acerca-de-la-uh/doctores-honoris-causa

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