Los Bocucos. Después de seis décadas mantienen el espíritu creativo de sus fundadores

Por Ada Oviedo. Historiadora de Arte

A la memoria de Ibrahím Ferrer a noventa y cinco años de su natalicio, 20 febrero 1927

Como herederos directos de la época de oro de los conjuntos, a partir de la década del sesenta del pasado siglo, Los Bocucos marcaron para Cuba y el mundo un timbre y una sonoridad inconfundibles.

LOS INICIOS

Con la llegada a La Habana de Pacho Alonso (1928-1982) y varios de los músicos de su grupo Los Modernistas, en búsqueda de nuevas y mejores vías de promoción, nace el 1 de abril de 1958 el conjunto Pacho Alonso y Los Bocucos, nombre inspirado en el Bocú, tambor de vital presencia en las congas y comparsas santiagueras.

El conjunto lo integraron por entonces Pacho Alonso en la dirección general y voz líder; Manuel Couto, piano y dirección musical; Modesto Balvuene, contrabajo; Manuel de Jesús Cobas (Quengue), tumbadora; Miguel Ángel Albear (Chino Pichón), pailas, bombo y platillo; Pepito Couto, coros y maracas (con la peculiaridad de tocarlas con una sola mano); Pedro Julio Crespo, Epifanio Ravel, Roberto Correa y Nilo Valle, trompetas; Carlos Querol, voz segunda y guitarra eléctrica; y como voz prima, solista en guarachas y sones, Ibrahim Ferrer (1927-2005).

La riqueza rítmica e innovación en el repertorio han caracterizado la trayectoria del conjunto desde sus comienzos. A Enrique Bonne, uno de los nombres imprescindibles en la historia de la agrupación, se debe junto a Pacho Alonso, la creación de uno de los ritmos que lo identifican: el pilón, variante sonera basada en el movimiento lento del órgano oriental, estructurado en el conjunto por la combinación de pailas-bombo y tumbadoras. Es el propio tumbador Manuel Cobas, quien por los años sesenta modifica la resultante rítmica del conjunto, al interpretar el pilón de modo más acelerado. A esta variante se le denominó quengue.

Logran así gran difusión temas de obligada referencia en la música popular cubana como Baila José Ramón, Yo no quiero piedra en mi camino, Se tambalea, Rico Pilón, Todavía me queda voz, Que me digan feo, este último representante del ritmo guasón, otra de las modalidades rítmicas popularizadas en el conjunto, y en la que se mezclan células del son oriental con influencias del merengue (dominicano y haitiano) y la tumba francesa.

Al binomio autoral Pacho-Bonne se sumaron otros compositores, cuyas obras rápidamente se identifican y entre las que llevaron al conjunto a planos estelares de popularidad. Así destacaron Faustino Oramas (El Guayabero), con Ay candela y Sibanicú; Emilio Cavailhón, autor de No te precipites, Cuándo me toca a mí, Estoy seco y me quiero mojar. También varios músicos de la agrupación aportaron temas ‒todavía vigentes‒ en el repertorio de la agrupación, tal son los casos de Mi quimbín, Pepito Couto y Tierra caliente, de Roberto Correa.

A los escenarios internacionales llegó también esta nueva sonoridad que hizo bailar a públicos tan diversos como los de Francia, invitados a las fiestas del periódico L´Humanité, y en Checoslovaquia a la Feria de Brno. Todavía es recordada por sus seguidores, como un hecho sin precedentes, la presentación de Los Bocucos en la afamada Sala Tchaikovski de Moscú.

Se destaca en estas primeras décadas el disco de larga duración (LP) A bailar con Bonne, galardonado con un Disco de Oro en Latinoamérica.

Entre 1967 y 1971 el conjunto es dirigido por el pianista Manolo Couto y se mantiene como agrupación invitada a los carnavales de las provincias orientales, dentro de estas festividades, destaca la primera edición del Festival del Son en Mayarí, Holguín.

En esta etapa, la voz de Ibrahím Ferrer va adquiriendo mayor protagonismo al interpretar, además de las guarachas y sones, títulos más cercanos a la canción y el bolero.

TODAVÍA LE QUEDA VOZ…

Ibrahím Ferrer demostró con creces ante Cuba y el mundo que todavía le quedaba voz, sentimiento y corazón suficiente para seguir defendiendo la música cubana, cuando ya septuagenario fue “reclutado” por el músico Juan de Marcos González con la gran responsabilizar de revitalizar ante el mundo lo mejor de nuestra música tradicional.

La historia musical de Ferrer había iniciado cinco décadas atrás en su natal Santiago de Cuba con el conjunto Los jóvenes del son. Luego, con Electo Rosell, “Chepín”, y el son montuno El platanal de Bartolo, se convertiría en un clásico de su repertorio. Así se va perfilando una manera particular de interpretación, que llegó a convertirse en un sello distintivo en sus más de cincuenta años como vocalista, luego. cantante líder de Los Bocucos y finalmente con sus éxitos en el Buenavista Social Club.

Con un timbre, carisma y, sobre todo, cualidades humanas excepcionales, Ibrahím se afianza con títulos antológicos de la música popular cubana, entre ellos Compositor confundido, Estoy seco y me quiero mojar, y otros en los que también aborda su faceta de compositor como El pilón sí se goza, De camino por vereda, y Hay que entrarle a palo a ese, los cuales contribuyeron a su resurgimiento en el panorama musical cubano e internacional y a que fuera reconocido de manera póstuma como “Autor del Año”, en el 2006 por la Agencia Cubana de Derecho de Autor (Acdam).

Bajo la dirección del trompetista Roberto Correa, entre 1971 y 2004 se abrió otra etapa en el conjunto, en la que Correa desarrolló su capacidad como orquestador. Realizó algunas modificaciones tímbrico-armónicas con la incorporación de dos trombones; mientras el percusionista Jesús Pérez, músico con más años de experiencia en el conjunto, incorporó la batería, el bongó y la doble campaña, lo cual permitió mayores posibilidades rítmicas y propició la creación de otra variante conocida como salson que los acerca a sonoridades más contemporáneas. En este período se mantiene la presencia de Los Bocucos en bailes populares, carnavales y giras por todo el país.

En 1993, luego de varios años, se presentan nuevamente en escenarios internacionales que incluyó una gira por Chile. De igual forma realizaron varias producciones entre las que destaca Tierra Caliente (Egrem), donde Ibrahím una vez más reafirma sus cualidades soneras enraizadas en el oriente cubano. En 1998 son invitados, entre otras agrupaciones, para participar en el disco La Tierra del sol, producido por el Vaticano.

DESEOS DE HACER

A medio siglo de trayectoria artística, el entonces director y contrabajista Roymelis Fuentes continuó con el legado de los directores y músicos que han dejado su huella en el transcurso de estos años. A pesar de etapas difíciles en las que la difusión y promoción han sido prácticamente nulas, Los Bocucos se han mantenido haciendo música cubana, en defensa de su identidad como agrupación. Sus producciones discográficas para el sello español Envidia: Ay Candela (2001), El platanal de Bartolo (2004) y Nuevo rumbo (2007) son testimonios sonoros inestimables del alto grado de compromiso con la música, los músicos y los bailadores de hoy.

Con el entusiasmo y profesionalismo de los actuales músicos del conjunto, bajo la dirección, desde el año 2014, del trombonista Arístides Albert (Ito) y una adecuada promoción, seguramente se cumplirá el sueño del legendario Ibrahím Ferrer de revitalizar la obra musical de Los Bocucos, agrupación a la que “todavía le queda voz, sentimiento y melodía para asegurar que en el siglo XXI con el pilón sí se goza”.  

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s