Para cantarle a la campiña cubana*

Por Ada Oviedo Taylor. Historiadora del Arte

*Versión del artículo publicado en Diario Cubadisco (20/05/2010).

Entre los exponentes de las tradiciones más raigales de la música campesina en las últimas décadas, se encuentran dos poetas que han conformado un peculiar estilo caracterizado por su versatilidad: Cecilio Pérez Rodríguez “Guambán” y Gilberto Morales Orta “Guambín”.

El éxito que han tenido estos dos trovadores por muchos años se debe precisamente a esa sagacidad que han desarrollado y que les ha permitido alcanzar la anuencia y admiración de su público.

Comunicación personal con Dra. María Teresa Linares, 2010.

Genuinos portadores de nuestra tradición cultural, han desarrollado todas las modalidades del punto guajiro por más de cinco décadas, realzando los valores identitarios de esta (otra) manera de hacer la música cubana.

Calificados como los “acuarelistas de la música campesina”, sus códigos expresivos se fundamentan en la integración de manera orgánica de tonadas, décimas e improvisación, junto a las variantes montunas del son y otras formas vinculadas a los cultos sincréticos. El tratamiento temático de tendencia humorística no excluye la presencia de otros temas de contenido patriótico, conformando en los primeros años de vida artística, una propuesta novedosa y fundacional que tuvo luego sus continuadores.

El encuentro de estos dos jóvenes en una controversia dio origen a un entendimiento y relación amistosa que les permitió idear un grupo en el que ésta sería de carácter humorístico, siempre con un por y un contra, pero que terminaba con el consabido “arreglo”.

Comunicación personal con Dra. María Teresa Linares, 2010.

El 24 de febrero de 1958, en el programa Patria guajira, de la emisora Radio Cadena Habana, a petición de “El Caballero de la décima cantada”, Justo Vega, quien dirigía el espacio, se realiza la primera controversia entre Cecilio Pérez “El niño poeta” y Gilberto Morales, “El niño prodigio”. La aceptación del público fue tal, que permanecieron alternando con los ya consagrados Inocente Iznaga y Raúl Rondón.

La presencia reiterada en el repertorio poético, desde la década de 1960, de la tonada Guambán, del poeta Juan Pagés, y los elementos expresivos que Cecilio incorporó a la misma, motivaron que desde entonces el público lo reconociera con ese sobrenombre. Para Gilberto su nombre artístico fue propuesto por José (Pepe) Ramírez, entonces presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap), al coincidir una actividad en Santiago de las Vegas. Así, Guambín y Gambán han pasado a la historia de la música cubana.

Como verdaderos cultores de la tradición musical campesina llevada a los medios de difusión, realizaron una intensa labor a través de la radio y la televisión. Integrantes desde 1960 del conjunto dirigido por el laudista Alejandro Aguilar, participaron en los programas Alborada guajira, Al cantío de un gallo, A cumplir con la Patria (CMQ Radio), Guateque del mediodía (Radio Cadena Habana), por más de veinte años, además de Vivimos en Campo Alegre, de Radio Rebelde, llamado luego La parranda de Rebelde. Incursionaron también en la década de 1950 en En el guateque de Apolonio (canal 2), que escribía Jesús Orta Ruíz “El indio Naborí”, y son fundadores del programa Palmas y Cañas, decano de la música campesina en la televisión cubana.

Escenarios internacionales conocieron en sus voces de nuestra herencia campesina. En 1969, junto a Carmelina Barberis y El Jilguero de Cienfuegos, realizan una exitosa gira por China, Mongolia, Corea y la antigua Unión Soviética. En años posteriores se presentaron en Las Palmas de Gran Canarias y en la República Bolivariana de Venezuela en dos ocasiones.

Durante su trayectoria unieron sus voces a otras figuras como Celina González, con quien Guambín cantó varias tonadas para el programa Vivimos en Campo Alegre. Guambán protagonizó junto a Joseíto Fernández un duelo poético en el popular programa costumbrista San Nicolás del Peladero.

De profundas raíces campesinas

Como es característico, las diversas manifestaciones de la música campesina se transmiten de generación en generación. La tradición familiar resulta, pues, un elemento significativo en la formación de sus valores expresivos. De ella se nutrieron Cecilio Pérez y Gilberto Morales.

Cecilio Pérez Martínez (Guambán), nace en Calabazar, localidad donde se establece su familia proveniente de Pinar del Río, y desde los 7 años, junto a su padre, el poeta Marcelino Pérez y su hermano Digno, voz sonera de emblemáticas agrupaciones como el Conjunto Chapottín y el Septeto Habanero, conforman el Trío Pinareño, donde ya se destacaba en la interpretación de décimas. También bajo la enseñanza de su padre incorpora la improvisación a su quehacer con sólo 10 años de edad. Esto le permitió crear luego sus propias tonadas, entre ellas las denominadas tonada-chá y tonada-reloj.

El dúo Guambín y Guambán junto a Fernando Murga en la guitarra. Foto tomada de Internet.

Tuve la oportunidad de conocer a muchos trovadores y repentistas en las canturías que se celebraban en los Jardines de la Tropical para galardonar a las Reinas de los bandos Azul y Rojo, adonde asistían los más famosos improvisadores para realizar sus controversias. Se destacaba el jovencito Cecilio Pérez por las tonadas de diferentes estilos que entonaba, y la potencia y afinación de su voz.

Comunicación personal con Dra. María Teresa Linares, 2010.

Gilberto Morales Orta (Guambín), ya fallecido, nació en Bauta y fue conocido como “El niño prodigio” por sus tempranas dotes para la improvisación y el canto guajiro, cultivados por su padre, el poeta Dilio Morales.

Desde la década de 1960 desarrolló un trabajo de rescate de la seguidilla, una de las variantes del punto que demanda gran dominio de la improvisación, por lo que fue conocido como el “Rey de la seguidilla”.

No sólo desde la escena campesina trasmitió sus conocimientos y experiencias para la preparación de nuevas voces que salvaguarden la práctica y evolución del canto guajiro y que reafirmen la identidad de la música de nuestros campos, pues se mantuvo durante cinco años como profesor en Bauta del Taller de Repentismo auspiciado por el Centro Iberoamericano de la décima y el verso improvisado, que justamente lleva el nombre de su padre Dilio Morales Cepero. Fue jurado en los concursos de tonadas que se celebraban en la Casa Canaria y en el evento homenaje a Luis Gómez, en Cienfuegos.

Compuso más de veinte tonadas, sones, guajiras y boleros. En el año 2000 fue premiado en el Concurso “Eduardo Saborit” con la obra Canto de guitarra y sierra, interpretada por Isabelita Pérez.

El interés por preservar y promover la diversidad de estilos y códigos que identifican la música de nuestras áreas rurales, se evidenció en cada una de sus presentaciones por más de cuatro décadas.

Luego de disuelto el dúo, Cecilio Pérez se incorporó al proyecto artístico integrado por Marisol Guillama, portadora también de sus raíces campesinas, y el emblemático conjunto Palmas y Cañas, en la Taberna de la Muralla, del Centro histórico de la Habana Vieja.

Del mismo modo Gilberto Morales (Guambín) participó en dos producciones discográficas, junto a Omar Mirabal, Aramís Padilla, Albertico Rojas y Tony Iznaga “El Jilguerito”.

Las expresiones del punto cubano constituyen una de las más importantes vertientes musicales que, gracias al talento, y la ingeniosidad de músicos como Guambín y Guambán, continuarán enriqueciéndose, sin perder su esencia campesina.

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