Cuba está presente en todo lo que hago

Por Ivón Peñalver. Filóloga, Correctora Cidmuc

Fotos: cortesía del entrevistado

Los finales del mes de marzo trajeron nuevamente a La Habana al músico, compositor, arreglista y productor musical brasileño Swami Jr. Un profesional de reconocido prestigio que encontró en la música cubana los cauces precisos para reencontrase con una identidad que une a Brasil y Cuba, a través de una raíz común africana, y un aire de universalidad que se desprende de su propia singularidad.

Fiel seguidor y admirador de lo cubano, Swami en esta oportunidad regresa a la capital para rememorar momentos importantes, temas distintivos, historias de vida de quien fuera uno de los fundadores del movimiento feeling, y de los más cultos guitarristas populares de la Isla: Ñico Rojas.

Inmerso en su trabajo de maestría, Swami, maravillado por la impronta de este músico autodidacta, atesora información que le será de vital ayuda en su propósito de mostrar, en tierra brasileña, la obra de este imprescindible músico cubano. Otra excelente manera de afianzar esos fecundos lazos culturales que unen a la isla antillana con el Gigante suramericano.

Pero lo cierto es que antes de acercarse a la obra de Ñico Rojas, Cuba formaba parte del andar del músico brasileño:

Sí, mi relación con la música cubana comenzó cuando fui invitado en 2003 a grabar con Omara Portuondo. En aquella oportunidad vine con un productor brasileño y la intención era grabar tres temas, lo cual era un alto honor para mí. Realmente era un sueño conocer Cuba y su música.

Ya tenía algún referente sobre música cubana porque en Brasil ya había tocado algún que otro tema (sobre todo un poco de son); conocía a Pablo Milanés; pero realmente no era suficiente. Vine a grabar con Omara, y el sueño adquirió otra dimensión. Fue la oportunidad de trabajar junto a músicos como Cachaíto, Barbarito Torres, Amadito Valdés, Roberto Fonseca, el guajiro Miranda: todos extraordinarios.

Luego regresé y grabé todo el disco Flor de amor, y cuando terminamos, Omara me invitó a quedarme en el proyecto, y me integré a una gira mundial que duró dos años. Se trataba de un grupo grande de magníficos músicos entre los que se encontraban Jorge Chicoy, Papi Oviedo, Robertico García, a quienes le agradezco mucho por todo lo que aprendí.

A partir de ahí, en 2006, comencé a asumir la dirección musical de Omara, y acompañados por un grupo menor, giramos mucho, hasta grabar su disco Gracias, producido y lanzado en la Isla, en 2008, junto al productor brasileño Ale Siqueira.

Este fonograma Gracias, obtuvo el Grammy latino en la categoría de Mejor Álbum tropical Contemporáneo. La historia continuó y salimos, entonces, con un grupo muy joven, entre los que se encontraban Harold López-Nussa, Rodny Barreto, Andrés Coayo, Felipe Cabrera. Fue una inmersión en la música cubana que me trajo muchos amigos, y la certeza de conocer mucho mejor la música cubana.

Hay otro disco muy especial que lo une a Omara Portuondo

Ciertamente, y es un disco también del 2008, en el que se unen Omara y Maria Bethania. Ese fue un hecho-disco histórico en todos los sentidos. Fue una idea que tuvimos de unir a las dos voces más importantes de Cuba y Brasil. Cuando le presentamos la idea a Bethania, inmediatamente, la aceptó y abrazó. Preparamos el repertorio y produje el álbum con Jaime Além. Unimos a importantes músicos brasileños y cubanos y logramos un fonograma con muy buen sabor que unió lo más genuino de ambos países.

Ese fue un trabajo que me dio gran alegría. Se produjo también un DVD e hicimos una gira larga y hermosa por Brasil y Latinoamérica. Recordándola ahora, creo que fue una propuesta que representa muy bien la música de ambas naciones protagonizada, además, por dos de sus más importantes representantes.

Y decir Omara, es afirmar en usted, la presencia del Buena Vista Social Club

Pues sí, completamente, porque en 2016 fui designado para asumir la producción musical del Buena Vista Social Club, y a partir de esa experiencia giramos por todo el mundo con integrantes como: Idania Valdés, Barbarito Torres, Eliades, el guajiro y el guajirito Miranda; Gastón Joya.

Echando el tiempo atrás, me siento muy privilegiado porque tengo el gran honor de haber compartido y aprendido de todos ellos. Haber formado parte de esta historia musical me propició una relación inmensa con la música cubana que, para mí, es un tesoro, como igual lo son sus cultores. Por eso a Cuba lo siento también como mi país.

Año 2022, nueva visita a Cuba, ¿significa nuevos aprendizajes?

Siempre llegar a Cuba es estar abierto a nuevos conocimientos y motivaciones. En el proceso de aprendizaje sobre la música cubana, desde mi primera estancia aquí decidí trabajar y a la vez investigar. Así conocí las obras de Sindo Garay, Arsenio Rodríguez, Miguel Matamoros, Benny Moré, la Orquesta Aragón, y tantos grandes exponentes. Tengo que agradecer en ese sentido la ayuda que me han ofrecido siempre los músicos de casa.

Y en esa búsqueda constante descubro a Ñico Rojas, que para mí fue develar un fenómeno muy particular dentro de la guitarra cubana. Se trata de un músico de expresión popular muy sofisticada, compleja, similar a la que existía en Brasil, con la misma matriz, pero con elementos de África, Europa, con influencias del jazz. Antes de escuchar a Ñico Rojas no imaginaba que esta perfecta unión la encontraría acá de la manera en que existe.

Ñico para mí fue una sorpresa. Cuando en mi primera grabación en Cuba, el gran guitarrista Carlos Emilio me regaló un disco de Rojas, desde ese momento se inició un largo y atractivo camino, que me abrió un universo muy especial dentro de la música cubana. Yo no pensaba que existía en Cuba una música para guitarra así, tan sofisticada, y que desde lo popular resultase tan hermosa y con tanto apego a lo nacional.

Es entonces que decido buscar temas de él, encontré algunas partituras, y siempre tuve en mente poder interpretar algunos temas suyos y mostrarlos en Brasil para que la gente conociera un poco más sobre su valía, como mismo me estaba sucediendo a mí. Comencé a estudiarlo, ingresé en la Maestría y dije: «este el momento de abordar la obra de Ñico Rojas. Es un trabajo que, de seguro, me dará muchas alegrías y constituye la oportunidad de darlo a conocer en Brasil por la importancia que tiene para la guitarra popular contemporánea».

A partir de su experiencia, ¿qué valor le concede a la investigación musical?

Creo que la investigación musical es muy importante porque le agrega valores a la música fuera del pentagrama. Es de vital importancia antes de interpretar, investigar sobre el compositor, la época en que vivió, su contexto social, las condiciones en que desarrolló su creación, sus conexiones, ramificaciones, o sea, saber cuánto adopta del alma de un país, sus valores culturales…

Yo apenas entro en el mundo de la Academia pues estoy estudiando la Maestría luego de muchos años de práctica musical, y es entonces que veo y valoro mucho más la labor tan exhaustiva que hay que emprender en el momento de asumir un repertorio.

Y en medio de este proceso de estudio y praxis, ¿qué proyectos nos adelanta?

Proyectos, afortunadamente, tengo muchos; la realización de dos discos: uno de guitarra sola que está listo y lo sacaré próximamente y otro de canciones, que lo concebí durante los primeros tiempos de la pandemia, por tanto nació en casa.

Además tengo a mi cargo la producción de cuatro discos de artistas brasileños, tengo un trío con el que vamos preparar un trabajo instrumental, y por supuesto, en medio de todo esto, seguiré avanzando en este trabajo de Ñico Rojas, pues pretendo grabar a finales de este año diez temas de su autoría. Este trabajo lo realizaría con guitarra de siete cuerdas, que es la que yo toco. Y quiero lograr una producción más libre, un poco más brasileña.

Más adelante debo ir a Japón y a Francia con proyectos personales y tal vez salga una gira con el Buena Vista, pues eran presentaciones que quedaron pendientes como consecuencia de la pandemia. Son muchos proyectos que me motivan porque todos son con músicas diferentes y eso es algo que al tiempo que me exige mucho resulta muy rico.

Swami Jr., recientemente se presentó en La Habana con la Orquesta de Cámara de La Habana, bajo la batuta de la prestigiosa directora Daiana García. Con esta agrupación ingenia otras presentaciones, mientras deja espacio para crear nuevos montunos e improvisaciones que lo regresarán Cuba: isla de acordes y melodías, tan arraigada en su alma, que se convierte en pretexto y respuesta de cuanto siente y crea.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s