Aproximación al estudio de las historiografías musicales. Tips para su manejo y comprensión

Por Adaivis Marrón Pérez. Musicóloga

El concepto de historiografía está vinculado al estudio, análisis y manera de interpretar la historia (RAE, 2022), por tanto, una observación de este tipo lleva intrínseco un componente crítico por parte del sujeto que toma las obras como objeto de análisis. En este sentido, elementos indispensables son las fuentes, o sea, el texto, los autores y su procedencia, su prestigio como investigadores, dado por el bagaje de obras con resultados científicos, que, acertados o no, demuestren un trabajo serio en la selección y clasificación de las muestras, ya que serán aspectos que denotarán la legitimidad de sus postulados.

El neologismo historiografía data de 1638[1], en el ámbito de la historia, y no es hasta 1847 que aparece por primera vez en un diccionario de español. Podría definirse a grandes rasgos como el arte de escribir la historia, que enseña los diferentes métodos para hacerlo.

Como disciplina, su desarrollo ha ido de lo general a lo particular, transitando desde la historia general, a la historia de las artes, hasta llegar a la historia de la música. Aunque en los inicios la práctica historiográfica era asumida por investigadores de diversos campos de estudio, ya en el siglo XIX, se conoce el término musicologie en francés, y Musikwissenschaft en alemán, aludiendo al estudio científico de la música. Ha estado ligada a las diferentes corrientes filosóficas, que le han aportado matices a la manera de decir la historia.[2]

Entonces, ¿cómo podemos definir el concepto de historiografía moderna?

Indiscutiblemente, para comprender el presente, es necesario volver al pasado, es por ello que he tomado el artículo «Historiografías de la música española y latinoamericana: algunos problemas comunes y perspectivas para el siglo XXI», de Emilio Ros-Fábregas donde se mueven entre otros tópicos, el cómo abordar un estudio historiográfico, con el fin de ofrecer algunas pautas que podrían ayudar a los jóvenes investigadores e intérpretes en el estudio y comprensión de la historiografía musical.

El autor comienza identificándose geográficamente como español y catalán, para más señas, como bien aclara, con estudios musicales en Barcelona y formación musicológica en Estados Unidos. Esta información ya denota un posicionamiento geográfico e ideo-estético, y es de los primeros aspectos a tener en cuenta al abordar el estudio historiográfico. ¿Quién es el autor, de dónde proviene, qué corriente filosófica defiende?; puesto que en cierta medida estos aspectos denotarán presupuestos que tienen que ver con su formación, y con las corrientes filosóficas que más se defiendan en su país de origen, o donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera.

Sobre la manera de mirar el pasado tomaremos otro tip. Como bien expresa Ros-Fábregas, su objetivo es “tratar de comprender el presente para ayudar a construir el futuro” (Ros-Fábregas, 2002, pág. 25). Y es que de eso trata la historiografía: revisitar lo que ya se ha dicho, pero con ojo crítico, en pos de mejorar el presente y, de ser posible, avizorar la historia futura.

Continúa con un recorrido por las diferentes opiniones sobre el estado de la música española, de investigadores en música, muchos de ellos “no españoles”, quienes dibujaron una imagen no muy real y un poco distorsionada de la música local, fuera de las fronteras del país. Esto nos demuestra la necesidad de contrastar siempre fuentes y buscar la más verídica o, al menos, la que así lo parezca, proveniente de estudiosos que se hayan sumergido en los procesos a los que aluden, demostrando la veracidad de sus planteamientos por el rigor de su investigación.

No me refiero con esto a que la mirada de un extranjero a un fenómeno ajeno a su nacionalidad sea errada, pudiera estar tan errada o bien acertada como la de un musicólogo nativo, sino que cualquiera que sea la nacionalidad del individuo, debemos tomar con pinzas sus opiniones, y estudiar con detalle no solo lo que dice, sino a la par su propia personalidad, él mismo, ya que muchas veces, las influencias de tipo político o ideológico pueden mediar el resultado de un análisis valorativo a un fenómeno.[3] Sin embargo, los textos a los que Ros-Fábregas hace referencia,[4] continúan siendo un documento de valor, pues sin reflejar la realidad pura, sino filtrada por aspectos de diversa índole, nos ofrecen una visión de hasta dónde pueden influenciar ciertas cuestiones históricas en el ámbito artístico, o sea, realizar una apreciación multidimensional de un periodo histórico.

El problema de validar

Para poder afirmar que unos se equivocan, se necesita demostrar con pruebas físicas que efectivamente es así. Por ello, buscamos desde la ciencia documentos que acrediten nuestros planteamientos. Por ejemplo, Ros-Fábregas afirma que:

“(…) los archivos catedralicios se convierten en la fuente inagotable donde encontrar datos biográficos, documentos, partituras o libros con los que demostrar la existencia de nuestro género musical(…)”.(Ros-Fábregas, 2002, pág. 28)

Para contrarrestar estos “errores” del pasado, durante el siglo XIX y XX se desarrolló en Europa una metodología positivista, concentrada en documentar el hecho y el artista, dejando un poco de lado el contexto histórico. El arte se ve como protagonista y ocurre una especie de reivindicación del artista. Así, el autor va mencionando las más importantes obras literarias sobre música universal que han incluido a la música española con diferentes miradas, algunas desde una postura inclusiva, y otras, donde apenas se menciona alguna característica identitaria de su música.

Otro aspecto importante, es buscar la interinfluencia de una práctica musical que haya irradiado a diferentes países. En ocasiones, cuando nos faltan elementos para describir o reproducir una práctica local, debemos buscar en aquellos lugares hacia donde irradió, y con lupa tratar de encontrar de él, su parte más sustancial; por lo tanto, haríamos una especie de cruzamiento de bibliografías, intentando completar esa historia “perdida”.

Refiriéndose a la música española del siglo XVI, Ros-Fábregas expresa que: “El estudio de ese repertorio y de la música española basada en modelos foráneos, puede contribuir a conocer mejor el contexto internacional en el que se desarrolló la vida musical en España durante el siglo XVI (…)” (Ros-Fábregas, 2002, pág. 39). Esto tiene que ver con el pensamiento musicológico moderno, el cual no cierra su área de estudio solamente al objeto, sino busca relacionar diferentes disciplinas que ayuden a comprenderlo.

La historiografía como materia, como asignatura dentro de un programa curricular, para los que venimos de carreras de letras, con un alto componente de investigación, quizás no parezca demasiado nuevo o complejo; sin embargo, por experiencia propia, he notado como a muchas personas de disciplinas más “prácticas”, por llamarlo de alguna manera, les cuesta mantener la atención, y seguir el discurso historiográfico de la música desde la postura de los investigadores, no solo en clase, sino también a la hora de estudiarlo y comprenderlo.

Una primera hipótesis, y tomaré como ejemplo a los instrumentistas, tiene que ver con que en el sistema de enseñanza nuestro no contamos con estructuras curriculares en los primeros niveles que ayuden a comprender la historiografía musical como un complemento de la interpretación. Esto incide, directamente, en la posición del intérprete ante la materia, cuando se topa con ella luego de haber pasado más de la mitad de su carrera con un total desconocimiento de la misma.

Una posible solución…

Me atrevo a asegurar que todos nuestros instrumentistas podrán al menos citar algunos de nuestros más importantes autores de estudios sobre música, probablemente en orden cronológico, (porque la mente actúa de esa manera y no agrupándolos en corrientes filosóficas), a la vez podrán opinar sobre cada uno de ellos, lo que les gusta, lo que no, aquello que los ha ayudado a interpretar mejor una obra, porque gracias a ellos comprendieron mejor un estilo, un género… y lo harán sin conciencia de que realmente están haciendo una narración de la historiografía musical cubana, incluso, con una aplicación práctica: la interpretación históricamente informada de sus respectivos programas de concierto. Reitero esto puede darse de manera inconsciente, porque generalmente cuando interpretamos una obra (posicionándome desde la perspectiva del intérprete, musicalmente hablando) la presentamos como una entidad única, aunque en realidad ha sido una especie de puzzle, en el que cada pieza fue ensamblada por el intérprete, que, si bien realizó todo un trabajo historiográfico previo (aun quizás breve), en muchas ocasiones desconoce haber asumido esa práctica. Tiene incorporada esa praxis como un mecanismo propio de la preparación previa al montaje del repertorio.

Por esta razón, propongo inculcar desde tempranas edades el estudio consciente de la historiografía; desarrollar un pensamiento crítico en nuestros intérpretes, que no quede solo en el análisis de los por qué, en el área de los musicólogos.

Espero que este texto ayude en este sentido, y los invito a analizar la conferencia devenida artículo «Historiografías de la música española y latinoamericana: algunos problemas comunes y perspectivas para el siglo XXI», publicado en Boletín Música Nº 9 de la prestigiosa Casa de las Américas en el año 2002, para profundizar justamente en las bibliografías que estudió el autor para arribar a tales conclusiones.

Me quedo con las palabras de Emilio Ros-Fábregas, casi al finalizar el texto, con la ilusión de haber cumplido con el deber de contribuir, en alguna medida, a la compresión del estudio a las historiografías musicales.

“Resulta por tanto imprescindible presentar sin prejuicios nuestras investigaciones musicológicas de forma concisa y amena en foros internacionales, encuadrándolas en el marco de la historia europea (o en su caso latinoamericana) sin caer en lo superficial. Es así como se conocerá mejor nuestra música allende nuestras fronteras y se podrán establecer los nexos de unión que ayuden a integrar nuestra historia musical en la del continente. Sacar las fotos de nuestra historia musical es un reto a la creatividad musicológica, y los recientes trabajos de una joven generación de musicólogos caminan en esa dirección (…) (Ros-Fábregas, 2002, pág. 41)


Fuentes consultadas

RAE. (marzo de 2022). dle.rae.es. Recuperado el marzo de 2022, de dle.rae.es: https://dle.rae.es

Rípodas Ardanaz, D. (1968). «Notas para una propedéutica a la historia de la historiografía»,en Memoria Académica, 211-224.

Ros-Fábregas, E. (2002). «Historiografías de la música española y latinoamericana: algunos problemas comunes»,en Boletín Música(Nº 9), 25-49.


NOTAS

[1] Según D. Rípodas Ardanaz en el artículo Notas para una propedéutica a la historia de la historiografía: “(…) parece haber sido empleado por primera vez en 1638 en la Philosopia rationallis de Tomasso Campanella (…)” (Rípodas Ardanaz, 1968, pág. 211).

[2]Elaborado a partir de las notas de las conferencias de Historiografía Musical del maestro Jon P. Arregui, en la III edición de la Maestría en Gestión del Patrimonio Histórico-Documental de la Música. Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, Universidad de La Habana, marzo de2022.

[3]Más adelante en un intento de adjudicar los valores correspondientes a cada manifestación artística, el autor afirma que: “Los fundadores de la musicología española trataron de corregir esta imagen, fomentando la realización de investigaciones más rigurosas (…)” (Ros-Fábregas, 2002, pág. 26).

[4]Remitirse a Ros-Fábregas, 2002, pág. 26, donde cita diferentes resultados de investigadores no españoles durante el siglo XIX, que manifestaban una opinión pobre respecto a la música que se hacía en España en la época.

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