Patrimonio cultural inmaterial: una aproximación historiográfica

Por: MSc. Janet Rodríguez Pino. Musicóloga y percusionista

El patrimonio inmaterial ha sido un tema discutido desde hace varias décadas por la historiografía. En efecto, la mayoría de los conceptos construidos acerca de las organizaciones patrimonialistas destacadas a nivel internacional, resulta siempre en una crítica o en una enmienda a algún artículo producido con anterioridad.

Por tanto, si bien es imprescindible revisitar las fuentes especializadas, a fin de entender qué es el patrimonio inmaterial, y cómo éste se conserva y reconoce en la actualidad; al mismo tiempo se hace necesario que cada investigador establezca sus propias conceptualizaciones, sobre todo si éste se dedica a la indagación, la gestión y la conservación del acervo patrimonial de su nación.

Se entiende por patrimonio la herencia trasmitida a través de distintas generaciones, ya sea de tipo religioso, artístico, histórico, entre otros, así como de tipo material o inmaterial. Es patrimonial aquello que es reconocido, como tal, por un grupo humano o comunidad, que establece lazos y rasgos identitarios con usos y prácticas heredados a través de los siglos.

Pero no solo es patrimonial aquello heredado, sino todo lo que determinada colectividad produzca o practique con un significado estético, ético-social, o de ambas índoles. En este sentido, todo lo patrimonial es también cultural, pues proviene de aquello que la comunidad “cultiva” y desarrolla, y que puede de igual forma ser común a la mayoría o a todos los seres humanos.[1] Entonces, es posible afirmar que patrimonio cultural es toda aquella expresión o práctica fruto de la creatividad e inherente a un grupo, una comunidad o una nación que decide reconocer y trasmitir esta herencia como propia y digna de ser internacionalizada.

Aparejada a la idea anterior hay una clara aceptación de la diversidad cultural, según la cual estas expresiones, incluso si resultan representativas y unitarias, jamás dejarán de ser complejas y variadas en su naturaleza y praxis.[2] Hay tantas expresiones culturales sobre la tierra como etnias[3] e intereses culturales que las visibilicen, podríamos afirmar.

El concepto de patrimonio cultural, si bien ha variado en considerables ocasiones (Bouchenaki, 2004:7), se fue perfilando hacia los albores del siglo XXI, cuando el propio término ganó la batalla frente a una serie de terminologías imprecisas (Kurin, 2004:69). Asimismo, se necesitó un glosario relativo a los términos patrimonialistas[4] (Zanten, 2004:36), a fin de que fueran comunes a grupos sociales, estudiosos y organizaciones para la salvaguardia.

Según Zanten, se maneja también el término de “cultura viviente” para referirse al patrimonio inmaterial y para separar éste del patrimonio material (2004:39), pero frente a esta terminología se prefiere la de patrimonio cultural inmaterial así como la de bienes culturales (Munjeri, 2004:18). Sin embargo, ¿por qué habríamos de ramificar el asunto en lugar de prestar atención a la raíz del problema? Es decir, ¿por qué el interés de los investigadores está mayormente dirigido a concretar un término para entender y comunicar aquellos bienes reconocidos como valiosos y de carácter universal; en lugar de situar su mirada en aquellas tradiciones que podrían debilitarse o desaparecer definitivamente? Localizar, preservar y proteger estas expresiones culturales locales y universales son tareas, a mi juicio, aún más arduas y perentorias.

Rumba cubana. Patrimonio cultural inmaterial de la nación

En este mar de disquisiciones teóricas, la diferenciación entre patrimonio material y patrimonio inmaterial (Bouchenaki, 2004:8), resulta la más neurálgica. La primera categoría agrupa a todos aquellos objetos y monumentos tangibles, visibles, que representan a determinadas culturas y que “acogieron” –en el caso de las edificaciones– o fueron empleados –en cuanto a los objetos– por comunidades a lo largo de la historia. Como es lógico pensar, estas expresiones de la cultura ostentan fácilmente el título de patrimoniales y son más susceptibles de ser preservadas y conservadas aun cuando se encuentren en estado crítico, pues con solo visualizarlas es posible determinar la medida a aplicar para su salvaguardia.

¿Qué ocurre, entonces, con aquellas expresiones no “visibles” ni “tangibles” y que, por supuesto, integran el acervo patrimonial inmaterial? Se debe tener en cuenta que estas expresiones se componen de prácticas movibles que dependen de sus cultores para su continuidad en el tiempo[5] (Zanten, 2004:37), y que no siempre se concentran en un único punto geográfico determinado (Bouchenaki, 2004:10-11). Por tanto, es imprescindible obrar actos de salvaguardia sobre estas expresiones al mismo tiempo que se le otorga reconocimiento internacional.

La salvaguardia del patrimonio cultural es pertinente al hombre y a las colectividades en las que este se agrupa; en esta misión coadyuvan organizaciones como la UNESCO, cuyos programas culturales actúan en favor de la preservación del patrimonio mundial. Entre estos programas se encuentran la Convención para la salvaguardia del patrimonio inmaterial, redactada en 2003; y el compendio Memoria del Mundo, que contribuye a crear una conciencia mundial acerca de la temática patrimonial y garantiza la preservación y el acceso a estos bienes culturales desde una perspectiva custodial (Edmondson, 2002:7).

En este punto de análisis emanan dos problemáticas diametralmente opuestas: el tradicionalismo y la globalización. En cuanto a la primera, se refiere a aquellas visiones de enfoque museable, que entienden toda expresión cultural como una tradición susceptible de ser preservada para que no “muera”. En este sentido, muchas comunidades y objetos culturales han sido “ayudados” por funcionarios de organizaciones a nivel mundial, quienes pretenden contribuir a que estos grupos e instrumentos patrimoniales sean durables en el tiempo, pero sin posibilidad de integrarles elementos nuevos, ya sean de tipo tecnológico o de tipo artístico-cultural. El resultado inevitable de este proceso o, mejor dicho, anti-proceso es una comunidad obsoleta, jamás en el sentido comercial, sino en los ámbitos espiritual y cultural. Es necesario preservar las tradiciones, pero el anquilosamiento es precisamente su causa de muerte, no así la inclusión paulatina de nuevas expresiones estéticas.

El segundo caso, el de la globalización, puede resultar nocivo para una comunidad, saber o instrumento cultural determinado, si a estos últimos se les connota como mercancía para comercializar y exhibir al turismo. La preocupación acerca de la globalización y sus efectos negativos sobre la cultura proviene de los años noventa del pasado siglo (Kurin, 2004:70) y se ha ido acrecentando a causa de los interminables y casi inevitables usos de elementos culturales con un fin lucrativo. No en vano Richard Kurin llama la atención a no orientar una práctica religiosa, por ejemplo, hacia objetivos turísticos y comerciales (2004:77). ¿Significa esto que una música determinada, con funciones sociales bien definidas, no pudiera ser divulgada internacionalmente y servir de influencia para la creación musical, por ejemplo? La respuesta es clara. Una música o una expresión artístico-cultural pueden ser perfectamente internacionalizadas siempre que la posición de quien las divulgue sea la del diálogo entre culturas o la interacción cultural[6], así como el respeto a otros modos de vida y costumbres culturales. Es imprescindible batallar contra la trivialización y, a su vez, mezclar, fusionar y reconocer internacionalmente los valores culturales de cada localidad, comunidad y nación sobre la tierra.

Parrandas de la región central de Cuba. Patrimonio cultural de la nación cubana.

Estas cuestiones, puestas en relieve, persisten en la actualidad y, al mismo tiempo, enriquecen la labor de los investigadores. Empero, no son las únicas. Existen otras problemáticas como, por ejemplo, las de tipo jurídico, dirigidas a la temática del derecho de autor pues, en una comunidad que origina una manifestación artístico-cultural o religiosa determinada, ¿Quién es con toda credibilidad el autor de esta expresión popular, tradicional o artística? ¿Es acaso toda la comunidad, o una persona en específico? ¿Estamos ante un fenómeno de creación colectiva? ¿O ante una cuestión de legalidad encaminada a proteger la autoría de un determinado o indeterminado –en la mayoría de los casos– individuo creador? El asunto se complejiza cuando se reconoce esta creación internacionalmente y comienzan a conjugarse intereses económicos; por tanto, es una problemática aún no resuelta.

Finalmente, en aras de enriquecer el debate, he aquí algunas preguntas que podrían devenir problemas de investigación musicológica con respecto a la temática patrimonial: ¿Abarca la UNESCO como organización el estudio y la salvaguardia de todas aquellas expresiones culturales que perviven en la actualidad, o necesita de la asistencia de alguna otra entidad local, nacional o internacional? ¿El proceso de nombramiento de algunas tradiciones como patrimonio cultural inmaterial ocurre de manera justa y equitativa; o acaso se ignoran algunas expresiones por determinados factores logísticos, políticos y ético-sociales? ¿Una tradición fracturada, revitalizada o recreada pudiera ser reconocida como patrimonio cultural inmaterial o esta categoría solo le atañe a aquellas prácticas inamovibles en un tiempo y espacio social determinados?


NOTAS

[1] Siguiendo esta línea de análisis, podrían considerarse como ejemplos de patrimonio cultural tanto una danza practicada por un grupo indígena del Amazonas (patrimonio cultural de alcance local), como una práctica culinaria reconocida internacionalmente aunque provenga de una fuente cultural identificativa y única (patrimonio cultural regional o nacional de alcance internacional). Según afirma Lourdes Arizpe: “… la mayor parte del patrimonio cultural inmaterial es fruto de una larga serie de experiencias históricas y de influencias de otras culturas. Pueden tener sentido para los miembros de comunidades culturales contiguas y, al mismo tiempo, conservar una singularidad cultural propia.” (2004:134)

[2] “Es la resonancia y la mezcla de culturas lo que propicia las obras maestras, hechas de ideas, destrezas, intercambios y cooperación entre los seres humanos.” (Arizpe, 2004:134)

[3] Se refiere este vocablo en su sentido más amplio, es decir, nación o grupo humano con códigos socio-políticos, culturales y artísticos determinados y únicos, que en la actualidad pueden gozar de reconocimiento internacional.

[4] “La recomendación de la UNESCO de 1989 tenía por objeto “la salvaguardia de la cultura tradicional y popular”, ante lo que varios especialistas invocaron que era muy problemático utilizar términos como “cultura tradicional” y “folclore” emanadas de un sistema anterior de mentalidad colonial y dominación. Algunos términos utilizados en dicha recomendación, como “protección”, “conservación” y “reactivación”, tienen connotaciones paternalistas en ciertos lugares del mundo. En general, la Recomendación dio la impresión de estar orientada a la investigación antes que a la práctica y centrada asimismo en los productos antes que en los procesos que se desarrollan en las comunidades.” (Zanten, 2004:36-37)

[5] “… la cultura sólo tendrá continuidad si los pueblos gozan de buenas condiciones para su creación y renovación. (Zanten, 2004:37)

[6] Así le denomina a este proceso, la investigadora Lourdes Arizpe (2004:135).


BIBLIOGRAFÍA

Arizpe, Lourdes: “El patrimonio cultural inmaterial, la diversidad y la coherencia”, en Revista Museum International 221/222, mayo 2004, pp. 133-139

Bouchenaki, Mounir: “Editorial”, en Revista Museum International 221/222, mayo 2004, pp. 7-12

Kurin, Richard:La salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial en la Convención de la UNESCO de 2003: una valoración crítica”, en Revista Museum International 221/222, Mayo 2004, pp. 68-81.

Memoria del mundo. Directrices para la salvaguardia del patrimonio documental, Preparado para la UNESCO por Ray Edmondson, División de la Sociedad de la Información Organización de la Naciones Unidas para la Sociedad, la Ciencia y la Cultura, Edición revisada, 2002

Munjeri, Dawson: “Patrimonio Material e Inmaterial: de la Diferencia a la Convergencia”, en Revista Museum International 221/222, mayo 2004, pp. 13-21

Zanten, Wim van: “La elaboración de una nueva terminología para el patrimonio cultural inmaterial”, en Revista Museum International 221/222, mayo 2004, pp. 36-43

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