Carta Abierta a Juan Formell en sus primeros ochenta.*

Por Guille Vilar. Director radial y crítico musical.

*Publicado en La Jiribilla, Revista de Cultura Cubana.

Aunque ya había escrito otra crónica sobre este cumpleaños de Juan Formell, el domingo pasado me percaté de no haberle dedicado mi habitual Carta Abierta al maestro como las que le hecho desde La Jiribilla y en el Portal de Cubarte después de su partida hacia la eternidad. También comprendí, que esta forma de escribirle a Juan, tan natural y espontanea, era como una continuidad de nuestra amistad, razón por la cual comencé a dirigirles cartas similares en primera persona a aquellas personalidades del arte que, aunque ya no estén físicamente entre nosotros, se han quedado para siempre en nuestros corazones. Es la forma más sincera y directa de expresar mis sentimientos sobre esas personas, con textos en ocasiones marcados por el dolor de la inesperada pérdida y en otros casos como si realmente estuviera dialogando con ellos, pero lo más natural posible. Por lo tanto, espero comprendan la razón de porqué el uso de este lenguaje sumamente coloquial además de que vale la licencia poética cuando queremos expresar desde la fantasía, nuestra mayor admiración y respeto hacia la memoria de una gente tan importante para nosotros como Juan Formell.

Carta Abierta a Juan Formell en sus primeros ochenta.

Querido Juan:

Hermano, de nuevo me da tremendo gustazo escribirte y en esta ocasión por tu cumpleaños ochenta. Supongo que estés al tanto de cómo se va moviendo el escenario de la música bailable actual, pues siempre estabas preocupado por la mejor evolución para las nuevas orquestas y elogiabas a las que iban marcando el paso como es el caso de Havana D´Primera con Alexander Abreu. Recuerdo aquella entrevista que te hice sobre el Grammy a la Excelencia que te entregaron y hablaste muy bien de Havana D´Primera. Precisamente hace poco esta orquesta se presentó junto a Van Van en Miami y acabaron. No dejaron na´ pa´nadie. Fue tremenda la respuesta del público allí reunido. Los Van Van están muy bien. Tampoco te equivocaste con Samuelito. Sabias que ese era tu relevo natural.

Pero a propósito de tu cumpleaños ochenta, te pido permiso para proponer un concepto que te lo comento por primera vez. Se trata de cómo podríamos llamar a la reacción que nos ocurre a los nacidos en esta tierra cuando escuchamos la música de Los Van Van, contagiosa reacción que no pasa con más nadie igual. No hay que ser necesariamente musicólogo ni reconocido crítico sino simplemente cubano, para saber que es verdad lo que te estoy diciendo. Todo el mundo sabe que llegó un momento en que cada vez que Van Van sacaba un disco nuevo, eso era un acontecimiento a nivel nacional. Todo el mundo lo comentaba y tenías que pedirles personalmente a los directores de los programas de radio para que no te quemaran a la vez todas las canciones del nuevo disco. Pero la jugada es todavía más compleja porque tú sabes, que en cualquier descarga que se organizaba entre amigos, hasta que no se pusiera un disco de Los Van Van, nadie salía a bailar, sonara quien estuviera sonando. Pero la cuestión adquiere una impresionante dimensión del significado de Los Van Van para el cubano, cuando en una calle del municipio santiaguero de San Luis, apareció pintada de forma anónima la memorable frase: Van Van es la Patria. Esa sensación de plenitud espiritual máxima provocada por esta música de Van Van que sentimos tan nuestra como puede ser el sabor de los frijoles negros o el inequívoco toque de la clave en el son, merece de ser estudiada. Esa sensación de poder compartir la sangre de uno como la savia de todo un pueblo a través del exquisito sabor del songo y el de la timba dura, necesita de ser explicada.

Y por tal motivo, propongo llamar a semejante experiencia existencial del cubano cuando escucha a Los Van Van bajo el nombre de Vanvanerismo, concepto que por supuesto, debe ser analizado y discutido previamente antes de ser aceptado como válido o no. Pero lo que sí estaremos todos de acuerdo, es que tanto los musicólogos como los críticos, hemos dedicado horas y horas de nuestra profesión para tratar de explicarnos ese bienestar generalizado cada vez que escuchamos un disco de Los Van Van. No importa de qué época es el disco. No importa si es con Pedrito o con Roberton o con Yeni. ¡Son Los Van Van, man…!!! Y cuando esa orquesta suena, cuando Van Van está sonando, en los cubanos se produce un llamado ancestral al que quedamos como alegremente hipnotizados por la cadencia típica de este tumbao, hechizo al cual no podemos dejar de responder ya sea bailando o sencillamente disfrutar de su escucha. No importa tampoco del color de la piel, nuestra procedencia social, ni la profesión o el sexo. Todos somos uno en esta convocatoria del sano orgullo por saber que Los Van Van son nuestros, que son cubanos.

Por eso Juan, mi hermano, no podemos dejar que este concepto de Vanvanerismo que te propongo, sea efectivo nada más que en fechas específicas, pues estos fenómenos socioculturales como es el caso de Los Van Van, son verdaderamente hechos exclusivos de un momento histórico determinado y por lo tanto no podemos dejarlo pasar por alto. Es más. Si es cierto que la música une a los pueblos y si además es cierto que la música de Los Van Van une a diferentes generaciones de cubanos, pues no dejemos que los discos de Los Van Van cojan el polvo por estar guardados en el baúl de los recuerdos, ya que, en el tiempo del Universo, el primer disco de Los Van Van fue prácticamente grabado hace tan solo minutos. No caigamos en la trampa dominante del mercado, donde aparentemente lo que merece ser promovido es nada más lo último que ha salido a la venta, pues de acuerdo con esa forma de consumir la música, hasta la de ayer, ya está vieja y por lo tanto, no nos sirve y se saca del juego. Entonces, ignoremos esa manía fatal y que los discos de Los Van Van de Todos Los Tiempos suenen, pero que suenen y mucho por todos nuestros medios. Entonces ya comprobaremos como el termino de Vanvanerismo encierra la síntesis de un concepto de importancia cardinal para la identidad de la nación al mantener unido al pueblo cubano, feliz bajo los acordes de la música de tu afamada orquesta.

Bueno Juan, nunca antes te había escrito tanto, pero tú tampoco habías cumplido tantos años como ahora. El pueblo te sigue queriendo mucho como siempre. Pronto te escribo de nuevo para ver que pasó con todo este rollo que he creado del Vanvanerismo.

Muchas Felicidades, hermano, en tus primeros ochenta.

Fuerte Abrazo

Guille Vilar.

02/08/22

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