Un acercamiento al tópico de la sexualidad en el reguetón cubano

Por Lalau Yllarramendiz Alfonso. Musicóloga

La identidad sexual que se manifiesta en el reguetón cubano está marcada por la heteronormatividad, por las identidades de género en las narrativas musicales, textuales, danzarias, audiovisuales y mediáticas que en él convergen. El sexo es empleado como símbolo de poder tanto por hombres como mujeres intérpretes del género. Al mismo tiempo que se convierte en legitimador y potenciador de paradigmas sexuales como el erotismo, el narcicismo, el cuerpo cosificado y sexualizado, la pornografía en la música y los cánones de belleza.

Con el perreo ‒como constructo sexual‒ en el baile del reguetón, el contacto pélvico prevalece como un vínculo rítmico y simbólico entre el género y el cuerpo. Movimientos de baile generalmente interpretados por cuerpos con el canon de belleza occidental de la actualidad: jóvenes y atléticos. Infiérase que, la mención a lo occidental denota cuerpos reguetónicos cubanos en los cuales la representación del ser negro como sinónimo de belleza no es tan frecuente.

Todo ello ha sido expresado en los temas de reguetón con prejuicios ante lo diverso y la temática del sexo como una supuesta liberación sexual en la música, mientras lo que realmente ocurre es violencia simbólica y de género. Entonces se puede partir del postulado de que la industria del reguetón cubano construye una identidad sexual colectiva con expresiones de sexualidad y roles de género estereotipados por la sociedad y cultura cubana contemporáneas, donde el machismo y el sexismo son problemáticas sin resolver; aun cuando es voluntad hacerlo por parte del gobierno revolucionario, al ser una prioridad en su agenda política.

En la producción musical del reguetón cubano se aprecian códigos diferentes para la representación del hombre y la mujer, lo cual tiene un trasfondo machista y deriva en la hipersexualización femenina. La sobrecarga de sexualidad en la mujer dentro de la escena del reguetón en la Isla es la causa por la cual ellas son colocadas como símbolos sexuales en las canciones y videoclips; tanto si la creación está producida por reguetoneros como por reguetoneras. Este precepto impide la existencia de temas de reguetón voceros de un discurso liberador, ese tan necesario en este sector, uno de las más violentos dentro del panorama musical cubano contemporáneo.

Una problemática semejante sucede en las redes sociales, donde el cuerpo de la mujer reguetonera ‒ya sea intérprete o público‒ es sexualizado, empleándolo como atractivo mediático para las estrategias de marketing digital de varios artistas. Lo antes mencionado se puede constatar en las fotos de perfil, portadas de discos o álbumes compilatorios o en las imágenes que acompañan los posts en Facebook o Instagram de los reguetoneros y sus agencias de representación.

También el cuerpo masculino está hipersexualizado y cosificado al menos en el reguetón cubano, lo cual es una estrategia para afianzar relaciones entre artista y público. Al mismo tiempo genera atracción, deseo y deleite con la vocalidad y la corporalidad del artista masculino. En las secciones climáticas de los temas las formas musicales y los medios expresivos relacionan el discurso melódico, rítmico y armónico con la sexualidad. Estas partes de la estructura de los temas se caracterizan por el empleo de la clave cubana, la bomba rítmico armónica y algunas frases empleadas por los reguetoneros para estimular a su audiencia.

El reguetonero cubano El Taiger, estrenó el 15 de agosto de este año el tema titulado La pinga es mía, junto a DJ Unic y Wow Popy. Este último ha participado en los últimos meses en más de un tema de reguetón pornográfico. Lo que los artistas y su público consideran un empoderamiento masculino y una incitación al goce, es una situación alarmante para la creación contemporánea de la música urbana en Cuba. Una canción que en sí misma esboza problemáticas sociales, de gusto musical y de obscenidad en el arte. Lo que pudiera parecer un simple impulso creativo con expresiones obscenas sin justificación alguna, tiene un trasfondo social y cultural: es la forma de expresión de la voluntad de un sector de la juventud cubana, es el testimonio de un machismo arraigado en múltiples generaciones del país y un ejemplo más de cómo la diversión es muchas veces asociada al sexo y al cuerpo, reguetónico, en este caso.

El reguetón cubano, casi en su integridad, es un complejo entorno al tópico del sexo y sus diferentes dimensiones en el imaginario reguetónico. La sexualidad en el reguetón en él, es una herramienta de legitimación del poder patriarcal. Es expresión de una cultura erótica en la que los roles de género establecen códigos diferentes en cuanto a la representación de la masculinidad y la feminidad en este género musical cubano.

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