Problemáticas y soluciones entorno a la asignatura Historia de la Música

Por Ricardo L. Osorio Argüelles. Estudiante de Musicología (Universidad de las Artes)

La asignatura teórica de Historia de la Música constituye, como todas las materias que se imparten durante el proceso de enseñanza en la música, un referente importante en la formación de los músicos profesionales.

Esta materia en ocasiones es muy subvalorada por nuestros estudiantes e, incluso, por los propios profesores. Un componente metodológico que permitirá la correcta asimilación de la misma en las aulas dependerá de dos factores importantes: la motivación propiciada por el maestro y, en correspondencia, el interés que renazca en los estudiantes para enfrentarla.

Con la asignatura Historia de la Música, los estudiantes no solo obtendrán conocimientos históricos relacionados con la vida de personalidades de la música, también estudiarán la evolución de los medios expresivos musicales a lo largo de la historia, y ese conocimiento será volcado, luego, en la ejecución práctica de las obras correspondientes a su programa de estudio. Es por eso que el trabajo inicial del maestro es convencer a sus estudiantes de la importancia de la asignatura y su posterior proyección en la vida práctica y profesional. De ahí la importancia de la interdisciplinariedad y la intensión de relacionar la clase con fragmentos musicales de partituras conocidas o creadas por los autores que contiene el programa, así como audiciones de música y presentación de audiovisuales.

En la mayoría de las ocasiones, los grandes desafíos para los maestros son las primeras clases, cuando se introduce algún estilo, tendencia o género nuevo en el contenido, debido a la gran cantidad de información sobre hechos históricos, sociales, políticos…, que el estudiante debe recibir y ser capaz de asimilar. Estas estrategias garantizan la atención y el interés. Otro aspecto importante en el trabajo del profesor es la caracterización de sus grupos, esto hará que conozca el tipo de motivación a emplear en sus planeamientos de clases, a partir de las limitaciones y las habilidades de sus alumnos.

En los 90 nuestras aulas de música contaban con un estupendo claustro de profesores egresados de los conservatorios europeos. Estos en sus clases, ocasionalmente, acudían al piano para mostrar los ejemplos musicales, cuando no tenían a disposición las grabaciones de discos de acetato; pero la actualidad genera una nueva realidad. Los estudiantes no son los mismos; hoy forman parte de una generación digitalizada y tecnológica que hacen que su atención hacia los medios de comunicación “anticuados”, según su propia valoración, bajen el nivel de atención de la clase y, en ocasiones, causen rechazo. Sin contar que la nueva generación de profesores tampoco es diestra con el uso de esos materiales de clases. Aunque no dejo de reconocer lo emocionante de tocar las obras al piano, cuando hacemos referencia a una personalidad, igualmente reconocible que esto solo es, en la medida de las posibilidades del profesor, porque este no siempre puede responder a muchas dificultades técnicas, al no ser graduado de piano. En cualquier caso, lo cierto es que el empleo de este instrumento en clases es muy productivo.

En nuestros días los materiales audiovisuales en las clases de historia constituyen una herramienta importante, ya que lo visual es asimilado de forma más satisfactoria. Sin contar que el uso de la tecnología propicia que, involuntariamente, los alumnos cambien su percepción de la asignatura como material obsoleto. En ocasiones, el uso del televisor para exponer ejemplos musicales o histórico-sociales posibilita que el contenido de clases sea más rápido que el empleo de la propia bibliografía. Si hacemos un experimento con ellos y le damos a escoger entre leerse un libro o ver la película sobre el mismo, la mayoría escogerá la primera opción.

Manuscribir contenidos en exceso, hace que se entorpezca muchas veces la dinámica y la fluidez de la clase, sin contar lo engorroso— tanto para maestros como para los propios alumnos—tener que estar en la “dictadera”. En la mayoría de las ocasiones, los estudiantes de nivel medio no tienen la capacidad ni la madurez para captar y sintetizar el discurso oral del profesor en sus cuadernos. Ante tal situación, el empleo de los “PowerPoint” aliviaría el contenido y la asimilación del tema evitaría la fatiga de los estudiantes, y el tiempo de clase será más aprovechado.

Un ejemplo más crudo lo vemos en la propia música. Los estudiantes en su anhelo por obtener un buen resultado en sus interpretaciones de instrumentos, acuden a las audiciones de las mismas obras, en ocasiones sin conocer nada del intérprete, para reproducir dicha interpretación en sus exámenes. Este recurso es reconocido dentro del gremio como “fusilar”. De esta manera, el desarrollo sonoro del estudiante se ve fracturado sin lograr su propia interpretación de la obra.  Por ello cuando el maestro de Historia de la Música trabaja con materiales audiovisuales o audiciones es importante que hable de los intérpretes y que emplee varios materiales sobre la misma obra. Así el estudiante será capaz de discernir entre ellas y escoger la mejor interpretación.

El maestro, sin embargo, nunca debe abusar del empleo del material audiovisual, debido a que esto también puede entorpecer la asimilación de ciertos contenidos. Por ejemplo cuando el profesor tiene que enseñar algún recurso compositivo o analizar los medios expresivos musicales de una determinada obra, lo idóneo es el uso de audiciones y partituras. Esto centra la atención del estudiante solamente en lo sonoro, y por tanto le facilita un correcto análisis de cualquier tema.

El performance escénico del maestro también es muy importante en cualquier enseñanza. Su proyección debe ser segura y, en ocasiones, aportar cierto grado de actuación. Para ello el profesor debe poseer en sus aulas los medios necesarios que su contenido de clases exija: desde un simple cuadro barroco hasta un dispositivo para colocar sus ejemplos. De esta manera, la atención y participación de sus estudiantes será más activa. Igualmente, será válido hacerles entender que el conocimiento de los estilos, tendencias y géneros les ayudará en sus futuras interpretaciones musicales, en tanto los materiales audiovisuales, las audiciones y el análisis de los medios expresivos musicales, influirán de manera satisfactoria en la “imaginación sonora del estudiante”, conllevando a que este capte la esencia fundamental de la obra y los sintetice con su propia subjetividad interpretativa, a través del “pensamiento lógico”[1] obtenido en clases. De esta manera cuando los estudiantes interpreten su programa, gracias a la Historia de la Música, serán capaces de presentar sus propias propuestas interpretativas sin abandonar los principales fundamentos estéticos que la partitura exija.

Asimismo, las clases de Historia de la Música deben tener la dualidad de ser desarrolladas tanto por el profesor como por los estudiantes. Estos últimos tienen que ser capaces de llegar a conclusiones, aunque estas sean inducidas por el maestro, sobre todo si poseen conocimientos previos de la asignatura.

Un último aspecto a tener en cuenta es la forma de evaluación. Para ello el maestro debe reflexionar en su objetivo con la asignatura. Preguntas como ¿Qué quiero lograr con el tema de clases?, ¿Cómo lo voy a evaluar? serán de mucha ayuda. En mi modesta opinión como docente he percibido en mis exámenes que los estudiantes solo reproducen los contenidos de clases y no los asimilan ni los aplican. Muestra de ello son sus exámenes de instrumentos en los que, frecuentemente, pierden puntuación por sus desconocimientos sobre los estilos o las formas en las que deben tocar su programa de estudio del instrumento. Así lo plantea el músico y pedagogo Joaquín Prats en uno de sus artículos relacionados con el tema:

Facilitar la comprensión del presente, ya que no hay nada en este que no pueda ser comprendido mejor que conociendo los antecedentes, la Historia no tiene pretensión de ser la “única” disciplina que intenta ayudar a comprender el presente, pero puede afirmarse que, con ella, su conocimiento cobra mayor riqueza y relevancia. Sobre esta cuestión debe decirse que la Historia no explica el presente, sino el pasado. Y no es sólo el relato del pasado, sino el análisis de este.

Preparar a los alumnos para la vida adulta. La Historia ofrece un marco de referencia para entender los problemas sociales, para situar la importancia de los acontecimientos diarios, para usar críticamente la información, en definitiva, para vivir con la plena conciencia ciudadana.

Despertar el interés por el pasado. Esto indica que la Historia no es sinónimo de pasado. El pasado es lo que ocurrió, la Historia es la investigación que lo explica. (Prats, 2001, pág. 15)

Una solución podría ser evaluar el contenido de Historia de la Música, a partir de ella misma: sean partituras o audiciones. Esto propiciará que el alumno desarrolle sus capacidades y habilidades de análisis, a través de la multidisciplinariedad que le ofrece la unión de otras asignaturas teórico-musicales como la armonía, el contrapunto y el análisis. A partir de ello desarrollará su propia metodología de investigación ante cada obra futura a ejecutar y podrá fomentar un trabajo de mesa profundo de cómo fue concebida la obra y como esta debe interpretarse. De esa manera, el futuro artista logrará desempeñar su rol principal de interpretar de forma satisfactoria.

La selección de métodos, procedimientos e instrumentos de evaluación constituye también una problemática para los/las profesores y decisores quienes, generalmente, cuando piensan en métodos, piensan en “la clase que da”, en el contenido nuevo que el alumno aprende; sin embargo, al diseñar este componente, el profesor debe determinar cuáles acciones evaluativas debe desarrollar con sus estudiantes para garantizar una información confiable, objetiva y válida

La preparación de pruebas, exámenes, preguntas, tareas individuales y grupales, teóricas y prácticas, actividades investigativas, entre otros procedimientos de evaluación, constituye también un aspecto al que el profesor debe prestar atención y por tanto, debe preparase para ello. Los diferentes contenidos de enseñanza-aprendizaje exigen formas diferentes de evaluación. Técnicas y procedimientos tan disímiles de evaluación como la

 observación, los registros anecdóticos y los diarios de clase, los textos escritos, producciones plásticas y musicales y otros productos de la actividad, los juegos de simulación y dramáticos, las entrevistas, los diálogos, debates y asambleas, entre otros recopilados por Briones (1995), permiten a los profesores buscar, creadoramente, alternativas para caracterizar el estado actual y potencial de sus estudiantes no sólo en relación con los contenidos conceptuales, sino también con los contenidos procedimentales y afectivo-valorativos. [2] (Dr C. Doris Castellanos Simons, 2001)

Ya es hora de romper con ese canon que es poner ante el estudiante una hoja en blanco con preguntas para que respondan como si fueran meras reproductoras y sin ningún sentido en la praxis artística.[3] En esencia el hecho de recibir la asignatura de Historia de la Música desde una óptica placentera para estudiantes y profesores dependerá del nivel de competencia del maestro para dar sus clases, pero también de medios y recursos que este posea y que sean del agrado y atractivo de sus estudiantes.


Referencias Bibliográficas

Autores, C. d. “La educación histórica de niños, adolescentes y jóvenes en el contexto contemporáneo universal, americano y cubano”. En Enseñar y educar desde la Historia. Curso 19. Ministerio de Educación, La Habana, 2013.

Dr. C. Doris Castellanos Simons, D. C. Hacia una Comprensión del Aprendizaje Desarrollador, 2001

Prats, J. Enseñar Historia. Notas para una didáctica renovadora. En Junta de Extremadura, Mérida: Consejería de educación, ciencia y tecnología, 14-16, La Habana, 2001.


[1] El proceso de formación de conocimientos lógicos tiene sus peculiaridades metodológicas. La formación de conceptos, regularidades y leyes exigen de las operaciones del pensamiento lógico: análisis, síntesis, abstracción, pero sobre todo de la comparación y la generalización. (Autores, 2013)

 [2] Véase el artículo “Hacia una comprensión del aprendizaje desarrollador”, de los autores Dr. C. Doris Castellanos Simons, Dr. C. Beatriz Castellanos Simons, Dr. C. Miguel Jorge Llivina Lavigne y MsC. Mercedes Silverio Gómez. (2001)

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