A Pablo, querido Pablo

Por Ivón Peñalver. Correctora CIDMUC

Decir  tu nombre es recorrer la larga historia de generaciones de cubanos que hoy, gustosos, correríamos las calles nuevamente por encontrarte sano, fuerte y preparando una nueva canción para un próximo concierto.

Se ha dicho que no vuelves y te llevas a “Yolanda”, en “El breve espacio en que no estás”, satisfecho por “Tus días de gloria” y nos dejas huérfanos de esa paz que se respira al escuchar tu voz tan cálida y humana.

Te estará esperando ahora el sentimiento de esa Señora que confió en interpretar tus canciones, cuando apenas podías escuchar su estreno, la Elena de las sonrisas y las desventuras, compartidas con el aliento que le brindaste hasta el final. Con ella, César Portillo se sorprenderá al verte y una vez más te echará su brazo por encima, confiado de que al igual que él, otros buenos cubanos y gente de mundo, aprenderán a quererte. Por esas caprichosas reglas del azar, de igual manera, Gal Costa asistirá a la bienvenida porque se quedó repitiendo “Ámame como soy” cual plegaria de amor que inmortalizaste desde la película cubana “Una novia para David”.

Fuiste voz iniciadora de un movimiento y consecuente con un sentir que más allá de la música hablaba de verdades y esencias. Fuiste artífice de una unidad hispano-latinoamericana a la que le cantaste con la genuina fuerza de quien sabe avivar corazones. Y así Pablo, querido Pablo, no necesitaste más que las palabras precisas para respetar lo diverso, lo íntegro, lo genuino, lo auténtico. Por eso interpretaste sones, canción trovadoresca, balada y hasta rumba… los caminos fueron tan disimiles como también tus preocupaciones-

No necesitaste de frases complejas, de sintaxis rebuscadas ni subordinadas que juguetearan con sus sujetos, solo uno fue importante: el hombre cuyo complemento era responsabilidad consigo mismo y los suyos; con ese contexto que nos hace ser uno y a la vez muchos. En ese sentido, Pablo, fuiste la mejor afirmación de que “pobre del cantor que no arriesgue su cuerda por no arriesgar su vida”. Lo hiciste y con ello ganaste el respeto de todos y más; el aplauso de entendidos y neófitos, así como el silencio de quienes no pudieron anularte. Porque fuiste y eres Cuba, la de los incorruptibles, la de los consecuentes, la Cuba universal mientras más arraigada a sus orígenes, sus ancestros y tradiciones.

Para quien nació un 24 de febrero, como buen cubano, se le dice hoy hasta luego; nunca adiós porque tuviste tiempo, ganas y valor de regalarle a tus compatriotas ese último concierto en la Ciudad Deportiva, con el que te quedaste como por primera vez, de una callada manera, sencilla e imponentemente valedera. No pudiste ni supiste marcharte sin saludar a los tuyos, porque fue mucho el amor que les concediste y sin contrato que mediara, ganaste el saldo de la reciprocidad inmediata por tanto cariño.

Gracias, Pablo, querido Pablo, por todo y tanto… te seremos fieles.

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