Escena Suiza en Las Tunas

Por Brenda Lorenzo

La distante provincia de Las Tunas acogió con conocida hospitalidad un relevante hecho musical que tuvo lugar el pasado mes de marzo.

Es verdaderamente curioso -por decir lo menos- para un espectador habituado a la música sinfónica, encontrar en la cartelera de concierto los nombres de maestros vanguardistas fuera de los espacios anuales que les son conferidos a dicho estilo, como es el caso del Festival de Música Contemporánea de La Habana. Razón por la cual el estreno de sendas piezas en Cuba, pertenecientes a los compositores suizos Arthur Honegger y Daniel Schnyder, llamaron de inmediato la atención de un público ya familiarizado con el sonido de Vivaldi, Grieg o Mozart.

La promesa del Concierto para cello y orquesta de Honegger, junto con el Concierto para trompeta y orquesta de Schnyder se erigía sobre la intriga de un proyecto que bien podía resumirse en una palabra: encuentro.

El formato orquestal  integrado por músicos de disímiles provincias del oriente  cubano, confluyó amistosamente en las distintas cuerdas, combinando formas de hacer regionales que enriquecieron la sonoridad del ensemble.  La dirección fue asumida casi en su totalidad por el maestro suizo Ulrich Kaspar Nyffeler, quien a su vez invitó a sus coterráneos Joachim Müller-Crépon (violoncello) y Philipp Hutter (trompeta) para asumir los roles principales del concierto. El programa en sí mismo no dejaba de ser una conjugación de estilos y mundos sonoros; Europa y el Caribe, obras orquestales y para solistas, contemporaneidad y clasicismo.

La vasta audiencia que acudió a la cita se enfrentó tempranamente a un Honegger que si bien no es explícitamente aquel de Pacific 231 o Rugby, sí deja entrever su convicción atonal, su apego a la inestabilidad métrica y su preferencia por los ritmos marcados. No obstante, no deja de ser desafiante para el oyente esta obra, con su romántico inicio en tonalidad mayor, casi como una reminiscencia de Wagner o del romanticismo francés de Widor o Saint-Saëns. El primer tema en Do Mayor acontece con suave ternura, impoluto. Una melodía se extiende sobre la comodidad de la tónica, conduciéndonos a través del delgado hilo de una tensión que nunca llega a ser demasiado preocupante. Es una melodía para cello que recuerda a Mon coeur s´ouvre a ta voix de Samson et Dalilah, a la belle époque. Con afectuosa intimidad Müller-Crépon conduce a la orquesta desde un movimiento escalístico que reposa en vibradas notas de cierre de frase. Y súbito; un segundo tema aparece, irrumpe, vigoroso y violento. Un tema como una marcha militar amenaza aquel mundo idílico que el cello con sus dinámicas y sus fraseos construyó.

Este es el Honegger que conocemos, un Honegger que ha abandonado Suiza y se ha instalado en París, que ha atravesado la Primera Guerra Mundial y, sin saberlo aún, peleará en la Segunda. La orquesta entera entra en pugna, y aquel cello que vertió cuidadosamente sus legatos se transforma ahora en una fuerza temible. Digno de destacar el maravilloso timbre de Müller-Crépon, verdadera metamorfosis entre estas dos facetas de un mismo personaje, de un mismo ser. El conflicto se acrecienta pujante, vertiginoso, hiriente, huye presto a un clímax donde finalmente se disipa toda confusión y vuelve a renacer el primer tema. Finaliza el Concierto para cello y orquesta del modo en que inició, retornando a la ensoñación pacífica de un comienzo, pero sin negar la lucha que se ha librado.

En escenario completamente distinto se presenta el Concierto para trompeta y orquesta de Daniel Schnyder nos transporta a un ambiente similar al de Nighthawks de Edward Hopper. La escena es misteriosa, lúgubre, la trompeta camina entre el bullicio inicial de la orquesta, con andares de jazz y diners. El público no deja de sentirse extrañamente hipnotizado, cuestionado por esta insólita aparición. En un estilo heterogéneo con múltiples influencias, Schnyder nos ha presentado un solista que asemeja al protagonista masculino de aquellos film noir. No es posible saber si existirá alguna resolución para él, alguna redención, no se garantiza un feliz final. Pero es imposible dejar de contemplar el conflicto que cada vez recrudece con mayor impulso entre Hutter y la orquesta.

El segundo movimiento del concierto, aquel que debería traer la calma, en cambio seduce y engaña. Recurrente en cadencias y acordes semiconsonantes, la trompeta –ahora con sordina- se suaviza: como  una mirada de Rita Hayworth, como si se tratase de una femme fatale. No sabemos qué nos aguarda en lo subsiguiente.

Así el tercer movimiento explota los recursos del solista, diferenciándolo cada vez más del caos al que pretende sumergirlo la orquesta: frullatos, sordinas, agudos, todo evidencia la singularidad de la trompeta, elementos que Hutter sabe aprovechar bien y asume con impresionante naturalidad. Ejemplo de virtuosismo, Hutter manejó las irregularidades de Schnyder hasta el peligroso final, logrando ovaciones del público, de la propia orquesta.

Próximos al término de la velada, el Mtro. Niffeler nos brindó una pieza suiza tradicional, Herr Fröhlich, donde la gracia en el fraseo y la alegría de ese baile europeo fueron respondidos por un solo de percusión que condujo al Guaguancó de nuestro propio Guido López Gavilán, liderado por el director titular de la Orquesta de Cámara de Las Tunas, Giudel Gómez González. Entre improvisaciones y bailes, el concierto terminó en fiesta, pues es imposible contener la alegría que contagian estos músicos. Y aunque varias dificultades pudieron apreciarse en la interpretación, esta joven orquesta posee algo único y meritorio: la valentía de aventurarse hacia lo desconocido, el ímpetu por crecer.

Es aún reciente la formación de la Orquesta de Cámara de Las Tunas y así  adolece de algunos de los males de la juventud. Cierto es que pudieran señalarse varios errores técnicos en su ejecución, pero sobre la inexperiencia se encuentra ese maravilloso don del impulso, el deseo por hacer y descubrir.

Habrá quien cuestione si es que acaso esta orquesta estaba preparada para asumir un programa de tal complejidad. No obstante, (y quizás sea también mi juventud la que hable), la oportunidad de arriesgarse es un bien escaso y todo llega con el inexorable e inquebrantable paso del tiempo. Espero ser testigo de la evolución de esta maravillosa orquesta, que desde ya promete situar a Las Tunas dentro del panorama musical de concierto en nuestro país. Mis mejores deseos en su viaje.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s