Omara siempre de Cuba…La Habana

Por Yamilka Cabrera

Canciones colgadas como sábanas blancas de un balcón de La Habana de Omara. Cualquiera diría que en ellas desafía al tiempo, se reinventa y demuestra su cubanía como lo ha hecho siempre. Pues sí, Omara no tiene para cuando parar si de música se trata. Los años maltratan su andar y descuidan la firmeza de su voz, pero la “bomba” y las ganas de seguir representando la música cubana no se las quita nadie.

Omara siempre no es un disco más de la “diva del Buena Vista Social Club”, es un fonograma permeado de la buena música popular cubana y latinoamericana, en el cual su protagonista, a los casi 88 años de edad, se despliega para entregar desde un son montuno tradicional hasta un bossa nova o una canción latinoamericana. Es Omara consecuente con los nuevos caminos de nuestra música popular, atreviéndose a hacernos bailar salsa, timba e incluso guaguancó, aunque algunos digan que es un disco solo para escuchar en la quietud de la casa o en el disfrute de algún mojito cubano.

Omara Portuondo
Omara Portuondo

Pero Omara no caminó sola en la construcción de esta atractiva propuesta que ya comienza a causar fuerte interés en todo el público consumidor de música popular cubana, al punto de convertirse en un premio Cubadisco en la categoría de Música Tradicional. La propia música delata el trabajo de un Alain Pérez desdoblado como productor musical, arreglista e intérprete que, indiscutiblemente, dejó su huella en esta producción.

Así lo hicieron también, de alguna manera u otra, cada uno de los invitados que alzaron la voz para acompañar a la “novia del feeling”. Y, por supuesto, todo el equipo de excelente músicos que a la vieja usanza, grabaron juntos la mayoría de los temas del disco, tales como Rolando Luna (piano), Gastón Joya (contrabajo), Andrés Coayo (percusión), Rodney Barreto (drums), Eduardo J. Sandoval (trombón), entre otros.

Al adentrarnos en esta propuesta, encontramos la selección minuciosa de un repertorio integrado por 10 temas que, acertadamente, aúna autores de una variada gama de estilos musicales, representantes de la diversidad de la música cubana sin límites generacionales. Ello permite la asequible interacción en su escucha con composiciones nacidas de la mano de un emblemático Juan Formell hasta una joven cantautora como Diana Fuentes, elemento estratégicamente muy bien logrado que facilita su acercamiento a un público más joven.

El sabroso son cubano prevalece para legitimar el carácter bailable de esta producción, en arreglos de temas como Son al son de César Portillo de la Luz y el Popurrit de varios autores, que se transforman en duelos de fieras soneras a través del acompañamiento de dos jóvenes cantantes dispuestas con la mayor gratitud a mantener la tradicionalidad de Omara como son Yulaysi Miranda y Aymée Nuviola.

Sin dudas, otros viajes soneros nos trasladan a sonoridades más tradicionales como en La rosa oriental, en el cual se hace acompañar por el Septeto Santiaguero, hasta lenguajes más actuales como el arreglo al tema Otra realidad junto a su autora Diana Fuentes. Sin dejar atrás la rica salsa que nos entrega junto a Isaac Delgado con el arreglo de Para el año que viene de Héctor Quintero.

Como no puede haber tradición cubana sin Omara, no hay Omara sin canción o bolero. Aquí es donde aparecen dos duetos necesarios, cargados de gratas melodías y nostalgia que nos hacen recordar el por qué la “novia del feeling”. El primero, Tristeza con toda la delicadeza de Beatriz Márquez y el segundo, Amarte no me cuesta nada con la sensualidad de Alain Pérez.

Además, no se puede pasar por alto el canto a Latinoamérica que Omara, junto a Lila Downs, propone como bonus track. Un arreglo sencillo y transparente del antológico tema Yo vengo a ofrecer mi corazón de Fito Páez, que desde los primeros acordes en el piano de Orlando Vistel hasta las coros a unísono de ambas cantantes y, por supuesto, la melodiosa sonoridad andino-cubana que nos regalan la quena de Rodrigo Sosa y la flauta de Ethiel Failde, nos transporta en viaje directo a Bolivia, Chile, Argentina… a América Latina.

OmaraClaro, con las glorias no se pueden olvidar las memorias y este fonograma tiene una peculiaridad que no se puede ignorar. Para algunos quizás sea un criterio exagerado pero, al contrario de muchas producciones que desaciertan en un contenido musical banal y pobre, estamos frente a tan buena música que puede, en algunos casos, flaquear ante el detalle de atenuar la sencillez y tradicionalidad de su protagonista.

De ahí que en un arreglo tan completo como el que disfrutamos en el tema inicial del disco, Sábanas Blancas, mezcla de Latin Jazz con ritmos afros de 6/8 que se convierten en rumba y que nos sorprenden “rompiendo” en pura timba, nos deje entrever una Omara agitada y levemente amilanada por la velocidad y fuerza de su acompañamiento. Aun así, la descubrimos inquebrantable al corear guías como cualquier rumbera o timbera. No obstante, el tema es una excelente síntesis del discurso musical del fonograma, y anticipa de manera directa y son rodeos la contemporánea sonoridad de la nueva propuesta de la “diva del Buena Vista”.

Los exhorto con estas palabras a adentrarse un una producción discográfica que dista mucho de los estereotipos de la música tradicional cubana, y que constituye una reafirmación de la calidad interpretativa de su protagonista, que no se deja solapar por el paso de los años y que se mantiene intacta a la hora de enfrentarse a cualquier género de nuestra música.

Este fonograma nos muestra una Omara que apuesta por las nuevas sonoridades de la música popular bailable cubana. Pero no una diva distinta ni una novia diferente, sino la Omara cubana que ha sido siempre.

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