María Teresa Linares. Ocurrencias y concurrencias de una mujer de su tiempo*

Por María Elena Vinueza e Inés Casañas

*Publicado en Boletín Música de Casa de las Américas, No-32, junio-septiembre 2012, Separata de Autor.

Dra. MARÍA TERESA LINARES SAVIO

Musicóloga, filóloga, pedagoga, productora discográfica. Doctor Honoris Causa por el Instituto Superior de Arte. Autora de una vasta obra de investigación sobre la música y la cultura de Cuba e Hispanoamérica. Sus contribuciones teóricas y metodológicas sientan bases para el desarrollo de la musicología cubana contemporánea. Investigadora Titular Emérita de la Academia de Ciencias de Cuba. Vicepresidenta de la Fundación Fernando Ortiz. Miembro del Consejo Asesor del Ministro de Cultura y del Instituto Cubano de la Música. Ha sido distinguida con las más relevantes medallas, órdenes y premios nacionales que se otorgan en el país. Miembro de Mérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

1920.- Nació el 14 de agosto en La Habana, en el seno de una numerosa y modesta familia obrero-campesina:

Nací en un barrio muy humilde. En el Cerro, vivía en una cuadra donde había una mezcla étnica de todos los elementos que han conformado la identidad de nuestro pueblo: negros, gallegos, chinos, catalanes…Paseaba de casa en casa, me metía en todos los hogares y mi mamá me dejaba porque era una cuadra muy tranquila. Cerca había un terreno yermo muy grande, donde practicaba el famoso club del Almendares.[1] Allí me enteré también de todo lo que pasaba en los carnavales con las comparsas y conocí las costumbres de los catalanes los días de San Juan, escuché por primera vez el son, y a un sexteto cantando «Cuatro palomas», de Ignacio Piñeiro. Aprendí a cantar canciones catalanas y las habaneras que cantaba mi padre gallego.

[…]

Mi mamá, María Teresa Savio, era de origen campesino. Había nacido en Artemisa y allí la alcanzó la Guerra del ´95. Durante la llamada Reconcentración de Weyler,[2] la llevaron para Guanajay con toda su familia y fue en ese sitio donde conoció a grupos de rumberos que bailaban yambú y tocaban tambor. Ella cantaba también muchas canciones antiguas, porque su abuela por parte de padre había huido de La Habana hacia ese lugar, pues en la Guerra del ´68 su esposo había participado en la conspiración de Aldama y había huido por el Malecón en una goleta. La abuela no quiso irse y con su hijito de seis meses tuvo que retirarse al campo a casa de una hermana. Allí se crió el padre, allí se casó y allí nació mi mamá, quien tenía todos esos recuerdos. En la reconcentración murió casi toda su familia. Solo quedó vivo su padre, que estaba preso como mambí, y quedó viva la abuelita que la crió y le enseñó mucho sobre el mundo de la cultura popular. Desde niña aprendí junto a mis hermanas las canciones populares y un buen número de tonadas. Éramos ocho hermanos en total, los dos varones mayores y después, en fila, seis hembras. Nuestros padres pasaron mucho trabajo para criarnos y para darnos una educación; sin embargo, fueron centenarios. Yo también pienso llegar…

[…]

Mi padre [Santiago Linares Outón] era un hombre muy educado. Había pertenecido a una familia pequeño-burguesa en España, que se arruinó con la guerra de Cuba. Su papá, o sea mi abuelo, era republicano, director de banda, y llegó a Cuba castigado como oficial del ejército español. Solo le permitían ir a ver a su familia cada diez años. En uno de esos viajes su esposa, mi abuela, salió en estado y nació mi papá, quien se crió con su mamá en España. Siendo ya un jovencito vino a Cuba, donde se reunió con el padre que estaba muy viejito.

Aquí estudió en un seminario evangélico. Era un hombre muy culto, por la familia y por todo lo que leía. Había estudiado pintura y perspectiva lineal en España y empezó a desenvolverse como tornero. Fue un libre pensador y nos crió a todos nosotros sin creencia alguna, pero con una moral absolutamente cristiana […]. Yo fui la que más se apegó a él y la que más aprendió de sus enseñanzas. Él me enseñó a escribir lo que pensaba y a emplear la escritura como herramienta para expresar mis pensamientos.[3]

En ese contexto familiar inició su formación musical y el canto coral, estudios que luego sistematizó en la academia.

Integrantes de la Coral de La Habana junto a invitados de la Coral Universitaria / Archivo personal María Teresa Linares.

Mi familia era muy musical, aunque no eran profesionales. Cuando se hizo pastor, mi padre ya sabía un poco de solfeo, y no sólo llegó a aprenderse casi de memoria la Biblia, sino todos los himnos y todas las voces. Y a pesar de que ideológicamente se separó de la iglesia, la música para él tenía un valor artístico, y en la casa, nosotros cantábamos los himnos a cuatro voces. [4]

1938.- Junto a su hermana Rosa, integró la Sociedad Coral de La Habana, fundada y dirigida por María Muñoz de Quevedo. Como cantora de la Coral participó del intenso movimiento cultural y social de la época y como instructora, impartió clases de apreciación musical y canto coral en el Colegio de las Dominicas Francesas y en el Instituto Tecnológico de Ceiba del Agua. En esos años también laboró como maestra sustituta en escuelas públicas y en conservatorios privados, entre ellos el Conservatorio Matheu y el Conservatorio Sentenat.

Fue en la Sociedad Coral de La Habana donde comenzó su relación de vida y de trabajo con Argeliers León.                                                           

Integrantes de la Coral de La Habana junto a invitados de la Coral Universitaria / Archivo personal María Teresa Linares.

Doña María quiso hacer un Festival Coral en el atrio de la Plaza, con todos los coros fundados por ella: la Coral de La Habana, la Coral Universitaria, el coro de niñas de las Dominicas Francesas, el de la Beneficencia y el del Instituto Cívico Militar. Entonces, invitó a cinco de los estudiantes del coro Universitario para que pasaran a la Coral de La Habana y la ayudaran a reforzar las voces en un estreno que quería hacer.

Argeliers era un hombre muy sobrio igual que yo, que tenía 22 años y no tenía novio porque me decía: no puede ser un hombre que beba, no puede ser un hombre que diga groserías, no puede ser un hombre así… en resumen, no me había enamorado. Cuando el primer día lo vi entrar le dije a las jovencitas que estaban conmigo: el tercero de la fila es el mío, ni lo toquen. Fue en broma, una cosa así, de inspiración propia. Después conversamos y él empezó a hablar de música  contemporánea  y  yo  salí  a rebatirle que no me gustaba la música contemporánea. Él trató de convencerme y yo insistía en que lo único que me gustaba era escuchar música clásica y bailar.

En la Coral había gente joven y hacíamos unos bailecitos dominicales en las casas; y ahí empezamos a bailar, pero siempre había una cautela tanto de él para mí, como de mí para él. No notamos -como sí lo hicieron los demás- que estábamos enamorados hasta que nos hicimos novios casi sin darnos cuenta, pero para siempre.[5]

A través de Argeliers estableció vínculos con los compositores y las estéticas que definieron al Grupo de Renovación Musical como la vanguardia artística de la época.

Yo no sabía ni siquiera que existía el grupo; yo no sabía ni que Argeliers era músico, ni que era miembro del grupo Renovación, ni que era compositor. Yo lo conocía como estudiante de la Universidad, como cantante del coro universitario que pasó a la Coral de La Habana. Pero cuando ya llevaba dos o tres meses de relaciones con él, me dice: «Voy a invitarte a un concierto de música de un grupo de compositores al cual yo pertenezco», «Ah, ¿tú eres compositor?». Entonces me llevó a ese famoso concierto, que me dejó asombrada.

También eran miembros del grupo Renovación Gisela Hernández, Juan Antonio Cámara y Serafín Pro, que cantaban en la Coral… Cuando allí la gente empezó a darle piñazos al piano, yo me quedé perpleja. Aquella música yo no la había oído nunca en mi vida, y no sabía si me iba a gustar o no. […] yo era de las que oía nada más música del Barroco, música clásica, música del Romanticismo… pero no oía ni siquiera a Stravinsky, por ejemplo. No oía nada contemporáneo.

[…] Pero, bueno, yo me hice un propósito. Me dije: «Ya soy novia de él, ya estoy vinculada a su vida, estoy enamorada de él, si me peleo, no oigo más esta música, pero si no me peleo, tengo que acostumbrarme a escucharla». Y al día siguiente, me fui a la empresa [de venta de discos] donde yo había trabajado, que  era Humara  y Lastra,[6] pedí que me pusieran la Orestíada de Milhaud, y la oí como quince veces. Entonces, leyendo las explicaciones del folleto, me di cuenta que esa música trataba de ser como la Orestíada de Esquilo, que yo la había visto en el Teatro Universitario.

Y por ahí  empecé  a tratar  de  oír, a  tratar  de  comprender, y comprendí esa música, y comprendí a Argeliers, que era bastante difícil de comprender… Y con el tiempo, aprendí a querer y apreciar la música contemporánea, y ya dentro del grupo fue que nos casamos y, a partir de entonces, sus miembros se reunían en casa…[7]

1942.- Cursó estudios en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana.

Argeliers […] se dio cuenta que yo conocía de música, pero me faltaba mucho por aprender y me sugirió matricularme en el conservatorio que acababa de ser edificado en Belascoain,[8] donde él era profesor.

En un mismo curso vencí los contenidos del primero, segundo y tercer años. Después seguí trabajando con Argeliers en lo que se llamaba el Curso Superior de Teoría, que era el inicio de lo que es hoy la carrera de musicología. [9]

En esos cursos recibió clases de armonía, problemas de la teoría, análisis musical, historia y estética, asignaturas que complementaban las que estudiaba en el Conservatorio. Se especializó en la música popular tradicional cubana y latinoamericana y continuó estudios en los Cursos de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana bajo la orientación académica de María Muñoz de Quevedo (1886-1947).

1947.- Con Argeliers León constituyó el hogar que habitaron sus tres hijos Andrés (1948), Regina (1951) y Elena (1963) y más adelante los nietos Rodrigo, Cristina, Patricia y Gretel.

1948-1957.- María Teresa compartió con Argeliers diversos empeños de investigación y docencia, entre los que destacan el estudio bibliográfico realizado en la Sociedad de Amigos del País sobre los libros de interés para el trabajo con Don Fernando Ortíz, así como los cursos dirigidos a maestros, convocados por la Confederación de Profesionales de la Música. Juntos emprendieron trabajos de campo a lo largo y ancho del país, compilando información sobre la memoria musical y la tradición oral del pueblo cubano. De igual modo, realizó las transcripciones y análisis de géneros folclóricos para el cuaderno Lecciones de Folklore de Argeliers León (1948), editado en mimeógrafo para los Cursos de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana.

Programa de conferencia de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana, 15 de julio de 1948 / Archivo personal María Teresa Linares.

Al decidirnos a investigar las raíces de la música cubana, comenzamos a grabar a campesinos, a santeros, para con ese material profundizar en los géneros populares tradicionales. Esto era muy importante para nosotros, pues no existían antecedentes, o solo muy pocos como los de Gaspar Agüero y el propio Ortiz, que se dedicaba fundamentalmente a la etnología, aunque se servía para sus análisis sobre música de personas como Argeliers, quien le presentó muchos trabajos que partían de nuestras investigaciones.

Fue una suerte la aparición de la grabadora. Recorrimos parte de la provincia de Oriente, Placetas,   Remedios,   Cienfuegos,   Matanzas,   donde   llegamos   a   contar   con   muchos informantes que nos querían y respetaban.

Aunque se me reconoce por mis investigaciones sobre el punto cubano de -origen español- yo profundicé en la música africana, al igual que él en la campesina. Fue una tendencia de los dos la de trabajar en ambos aspectos, y lo hicimos con nuestros ahorros, pues no teníamos apoyo oficial. Examinábamos lo esencial: los cantos y su interrelación con el baile y el texto. Nunca nos adentramos en el secreto de las religiones porque no somos religiosos y esas son cosas muy privadas, pero sí examinamos la función social que tiene la música dentro de la vida y la ideología de esos grupos. […]

Ensayo sobre la influencia española_Portada

Hicimos un primer libro, Lecciones de folclor, en el que analizábamos los géneros de la música cubana hasta ese momento y sus estructuras formales; y más adelante, en 1952, Argeliers publicó El paso de los elementos de nuestro folclor.[10]

Como profesora asistente y titular de los Cursos de Verano impartió -entre otros contenidos- música folklórica de Cuba, didáctica del folklore, aplicación en la escuela del folklore y de otros elementos de la creación. Ofreció conferencias sobre distintos géneros de la música cubana, ilustradas por las voces populares más representativas de la época. Su propuesta pedagógica resultó novedosa en tanto incorporó la transcripción y escucha analítica de grabaciones de campo, así como la reevaluación del amplio repertorio musical cubano registrado fonográficamente desde principios del siglo XX, con una temprana consciencia  de  esa  fuente  como «soporte de la historia de la música cubana desde 1906, cuando se vendieron los primeros discos en Cuba».[11]

Se  sumó  a la labor  cultural  de  la  Sociedad  Nuestro  Tiempo  fundada  en  1951, vinculada al Partido Socialista Popular. La Sociedad fue presidida por el compositor Harold Gramatges e integrada por relevantes intelectuales y artistas de la época, entre ellos los músicos Manuel Duchesne Cuzán, María Antonieta Henríquez, Edgardo Martín y Nilo Rodríguez. En ese contexto, impartió conferencias que fueron publicadas en la Revista de la Sociedad y participó en el movimiento de resistencia cívica. También realizó charlas en el Liceum de La Habana y el de Santiago de Cuba.

Recorte de prensa con motivo de la conferencia La música contemporánea en Europa,
ofrecida por María Teresa Linares y Argeliers León. A la derecha, Antonio Quevedo / Archivo personal María Teresa Linares.

1957.– Los Cursos de Verano quedaron suspendidos cuando el gobierno de Fulgencio Batista cerró definitivamente la Universidad de La Habana. Entonces asumió como profesora los Cursos de Pedagogía en el Conservatorio Municipal de La Habana.

Obtuvo el Premio María Teresa García Montes de Giberga 1958, por su Ensayo sobre la influencia española en la música cubana, publicado en la Revista de la Sociedad Pro Arte Musical,[12] publicación donde aparecieron con posterioridad otros de sus artículos y conferencias.

Carlos  Rafael  Rodríguez [13] les invitó a participar en el Festival Mundial de la Juventud y Estudiantes en Moscú, 1958 (URSS). Conscientes del compromiso político que eso implicaba Argeliers asistió, mientras ella quedó a cargo de la familia.

1959.- Con el triunfo de la Revolución Cubana, María Teresa se incorporó a la intensa labor por la cultura y la educación de los más amplios sectores de la población.

Luego del triunfo de la Revolución, nos llamaron a Argeliers y a mí para que reiniciáramos los cursos de música folclórica. Argeliers ya tenía mucho trabajo y yo también, pero acordamos aceptar ese curso a dúo: una parte la hacía él, y la otra parte, yo. Se matricularon 436 personas, por lo que hubo que coger el anfiteatro más grande de la Universidad.[14]

En mayo de ese año viajó a Puerto Rico para participar del fórum La música en el Caribe, convocado por la Universidad de Río Piedras y el Ateneo de la Cultura Puertorriqueña.

Junto a Argeliers laboró en el Departamento de Folklore del Teatro Nacional de Cuba (1960) y en su Seminario de Folklore, donde contribuyó a la formación de jóvenes que luego se convertirían en personalidades de la cultura nacional, entre los que destacan Miguel Barnet, Rogelio Martínez Furé y Alberto Pedro Díaz. De este empeño resultaron la puesta en escenas de diversas expresiones rituales y del folclor urbano, así como la publicación de diez números de la Revista Actas del Folklor (1961).

Difundió la canción cubana tradicional a través de charlas y presentaciones en espacios laborales y docentes junto a María Teresa Vera y Lorenzo Hierrezuelo, a quienes grabó y editó en su último registro fonográfico.

Programa del Concierto comentado, con la participación de María Teresa Vera y Lorenzo Hierrezuelo, 1960 / Archivo personal María Teresa Linares.

Ofreció cursos sobre la música y el teatro en el Seminario de Dramaturgia en el Teatro Nacional de Cuba (1962) y seminarios a los directivos de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Contribuyó a la preparación de los maestros de alfabetizadores y a la formación de los instructores de arte (1962). Impartió cursos de adiestramiento a los profesores de las Escuelas de Arte recién fundadas por el Gobierno Revolucionario; y dictó clases de apreciación, historia de la música y el folclor cubano en los Conservatorios Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla.

Asesoró la creación del movimiento nacional de artistas aficionados. Integró diversas comisiones de trabajo cultural, así como el comité organizador de los festejos del carnaval de La Habana, que tuvo como resultado el disco Carnaval 1960-61.

En esos años colaboró con artículos de difusión masiva para las revistas Vanidades, Bohemia, la Gaceta de Cuba y Unión.

La investigación y puesta en escena de expresiones folclóricas diversas de la cultura popular en  el Teatro  Nacional de Cuba sienta las  bases  para  la  fundación  del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (1962), integrado por cultores originales y del cual fue su directora de 1965 a 1967.

María Teresa Linares impartiendo clases, 1963 / Archivo personal María Teresa Linares.

Fundó junto con Argeliers León el Instituto de Etnología y Folklor de la Academia de Ciencias de Cuba en 1962, donde hasta 1973 realizó una intensa labor de investigación, estudios y grabaciones de campo, así como cursos y adiestramientos a otros investigadores. En esos años, formó parte del equipo editorial de la Revista Etnología y Folklor (1962-1970). Realizó las primeras obras en su vasto catálogo como productora discográfica.[15] Compiló y produjo dos de las más importantes obras de la discografía etnográfica cubana: Viejos cantos afrocubanos, reeditado en México y Cancionero hispanocubano. 

… había hecho -desde la Academia de Ciencias- dos discos con grabaciones anteriores a la Revolución y de los primeros años. Porque Argeliers y yo teníamos una grabadora pequeña, y cuando nos íbamos de vacaciones a Santiago, por el interior de La Habana, o a Matanzas, grabábamos las canturías de campesinos, los toques de descendientes africanos, y muchas más cosas. De ahí yo hice una selección para el disco Viejos cantos afrocubanos, que concebí para un congreso de cultura africana que organizamos nosotros en el Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias, con la colaboración de la Unesco, al que asistieron los mejores africanistas del mundo, y como obsequio les dimos aquel disco.

Dos años después preparé un segundo, de influencias hispánicas […][16]

Participó de las labores de investigación y diseño del Atlas de la cultura popular tradicional de Cuba.[17]

1972.- Asesoró a la Casa de las Américas en la realización del Encuentro de Música Latinoamericana que contó con la participación de más de sesenta autores e intérpretes de música sinfónica, de cámara y popular de seis países: Cuba, Chile, México, Puerto Rico, Perú y Uruguay; así como observadores europeos. Entre los participantes destacó la presencia de Víctor Jara, Luigi Nono, Celso Garrido-Lecca, Fernando García, Héctor Quintanar, Mario Kurí-Aldana, Rafael Aponte-Ledée, José Ardevol, Leo Brouwer, Harold Gramatges, Enrique Jorrín y Juan Blanco.

A Haydee [Santamaría] la conocí desde el mismo principio de la Casa de las Américas, cuando empezamos en la Academia de Ciencias a organizar el Instituto de Etnología y Folclor. A partir de ahí, Haydee nos llama para hacer un Festival, y le encarga a Argeliers que además de ser etnólogo, y folclorista y todas las cosas que fue, era compositor de música contemporánea que dirija el Festival de Música.

Argeliers empieza a llamar a todos los músicos latinoamericanos, músicos eruditos […], de obras de concierto, y Haydee le dice que no, que había que poner música popular. Dice Argeliers «con todo no puedo» y ella respondió «Bueno, que venga su esposa».

Entonces voy para allá, [para la Casa de las Américas] y empiezo a ver qué posibilidades había de llevar grupos. Llevé gente de la música campesina, llevé gente de la trova tradicional, llevé a artistas como Elena Burke y Omara [Portuondo] que hicieron los dúos esos que hacían ellas con canciones del feeling…Bueno se hizo un festival muy grande. Yo lo que más recuerdo es el entusiasmo de Haydee [18]

1973-1984.- Laboró como asesora, productora discográfica y jefa del departamento de música de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem). A este período se debe su valiosa contribución en la revaloración y el reconocimiento de figuras fundamentales en la creación de la música tradicional y popular cubana a través de más de un centenar de discos editados, que por su valor artístico y patrimonial constituyen obras de referencia para los estudios musicológicos cubanos.

Allí seguí la línea etnográfica que había iniciado, y desde luego, tuve que hacer mucha música  popular  también. […] empecé a hacer discos de María Teresa Vera, el trío Matamoros, de Barbarito Diez. Hice unos treinta o cuarenta, de los que todavía tengo referencias por cartas que me envían para agradecerme, sobre todo, la información. Porque yo nunca hice un disco diciendo sólo el nombre y los apellidos de los intérpretes y autores. Siempre explicaba género por género, qué significa, cuánto representa para nuestra cultura, y la antigüedad de los mismos. Toda una serie de datos que los avala. Y todos mis discos han sido así.[19]

Carátula del LP Festival de la semana cucalambeana / Fondos Sala de Música de la Biblioteca Nacional José Martí.

Organizó el Festival del Tabaco en municipios de Pinar de Río, donde grabó a cultores populares de la música campesina. De igual modo, realizó grabaciones de gran valor patrimonial en festivales de la rumba y del danzón en la  ciudad de Matanzas,  en  el  festival  de sucu-sucu en Isla de Pinos, los festivales de la trova en Santiago de Cuba y las jornadas cucalambeanas en Las Tunas; estas últimas dedicadas a la obra del poeta Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé y caracterizadas por la presencia de poetas y repentistas de toda la isla. Sus estudios sobre la música campesina, en particular del punto y las tonadas, sustentan el conocimiento de esos géneros en toda la diversidad de especies y variantes que se conservan en el país.

1974.- Integró el jurado del primer premio de musicología que se convocó en el país bajo el nombre de «Pablo Hernández Balaguer».

La editorial Pueblo y Educación publicó su libro La música y el pueblo, obra de referencia en los estudios de la música popular cubana.

1976.- En México, ofreció un diplomado en etnomusicología en la Escuela  de Antropología de la Universidad Nacional de México (Unam).

1979.- Integró el jurado de la primera edición del Premio de Musicología Casa de las Américas, responsabilidad que compartió con César Arróspide de la Flor (Perú), Fernando García (Chile), Manuel Marino (República Dominicana), Axel Hesse (RDA), Danilo Orozco (Cuba) y Argeliers León (Cuba).

En la entrega del Premio de Musicología Casa de las Américas 1979. Junto al jurado se encuentran Haydée Santamaría y Mariano Rodríguez / Archivo fotográfico, Casa de las Américas.

Viajó a Moscú para participar en el fórum Arte en Cuba organizado por el Instituto de Investigaciones sobre Arte y regresó a esa misma ciudad unos años más tarde invitada por la Unión de Compositores para participar en un encuentro sobre cultura de masas.

1980.- Concluyó su licenciatura en Literatura y Lenguas Hispánicas con especialidad en Estudios Cubanos en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

María Teresa Linares en trabajo de campo / Archivo personal María Teresa Linares.

Profesora Titular Adjunta del Instituto Superior de Arte.

Para la compilación de información, grabación, transcripción y análisis de cantos y toques de antecedente africano e hispano realizado en Matanzas en marzo de 1980, orientó el primer trabajo de campo del equipo del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, fundado en diciembre de 1978.

Produjo la colección discográfica Antología de la música afrocubana en nueve volúmenes, que ese mismo año obtuvo el Premio Egrem. Esta colección se considera una obra fundamental de la discografía cubana en tanto compila y preserva las voces y el saber de importantes cultores de la tradición afrocubana. Antes  habían merecido igual reconocimiento los discos Décimas a Guillen y Yo soy el punto cubano. Celina González. De gran valor resulta también su serie en once volúmenes Beny Moré, sonero mayor, así como Bola de Nieves, in memoriam y La música del pueblo de Cuba, entre otros títulos.

1982.- Presidió la sección de musicología de la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) de 1982 a 1990 e integró su Consejo Nacional. Fue invitada a México para ofrecer seminario de etnomusicología en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chavez (Cenidim) y el curso Cuba: nuevo enfoque sobre la etnomúsica, en el CIATL. Al año siguiente, visitó el Instituto de Investigaciones Musicales de la Academia de Ciencias de Hungría y ofreció conferencia sobre desarrollo y actualidad de la música cubana.

Con motivo de la Semana de la Cultura Cubana en Lagos, Nigeria, dictó charlas en el Centro de Arte Negro y en la Universidad de Ifé (1983).

En la exposición de libros y discos en la Jornada de la Cultura Cubana en Lagos, Nigeria, 1983 / Archivo personal María Teresa Linares.

1984.- Asumió la dirección del Museo Nacional de la Música. A su labor se debió entre otras acciones el traslado de la serie patrimonial de instrumentos musicales reconocida como Colección Fernando Ortiz y la inauguración de la sala de igual nombre; así como la reorganización de la institución en su concepción técnica y museográfica; el desarrollo de sus colecciones; la sistematización de exposiciones permanentes y transitorias; la apertura de una sala de conciertos y un intenso programa cultural de gran interés para la comunidad.

María Teresa Linares en el Museo Nacional de la Música / Archivo
personal María Teresa Linares

Fui al museo a sustituir a María Antonieta Enríquez, su fundadora, y ella me dejó un tesoro en las manos. […]

Tuvimos la necesidad de trabajar en todo a la vez. Cuando había que inaugurar una exposición hasta yo me ponía a hacer limpieza general con los trabajadores.

Los quince años que estuve allí fueron de un disfrute pleno. Pude terminar parte de la obra del edificio, inauguré la sala de concierto con una función por el aniversario de Chopin, inauguré la sala Fernando Ortiz con los instrumentos traídos de la Academia de Ciencias, que habían pertenecido al Museo Nacional y estaban en un sótano sin que nadie los utilizara. Las piezas etnográficas se le pasaron a Eusebio Leal, a la Casa de África, y yo me quedé con las musicales. Es una sala muy valiosa, porque contiene instrumentos construidos en el siglo XIX entre los que algunos pueden valorarse en un millón de dólares. Adquirí en esa época muchas donaciones e instrumentos comprados, sobre todo violines.[20]

Desde el Museo contribuyó al desarrollo de eventos artísticos celebrados en todo el país, entre los que se cuentan: los festivales en homenaje a Barbarito Diez en Las Tunas; los festivales del son en Santiago de Cuba, Manzanillo y Guantánamo; el Festival del Bolero y el Festival de Habaneras.

1986.- Asistió al Festival IDRIART, del Movimiento por la Paz Mundial celebrado en Oaxaca, México. Contribuyó con el Festival  Internacional de la Nueva Canción Latinoamericana convocado en Managua, Nicaragua. En ese país, asesoró las labores de departamentos de investigaciones de la cultura.

Junto a la musicóloga cubana Zoila Gómez, asistió al XIV Curso Latinoamericano de Música Contemporánea realizado en Cerro del Toro, Piriápolis, Uruguay.

Participó del Congreso Iberoamericano de terminología musical castellana, organizado en Murcia, España.

Se desempeñó como asesora y consultora de programas de la radio y la televisión nacionales sobre temas de música y cultura cubana.[21]

Fue delegada del Congreso de Pedagogía, encuentro de educadores por un mundo mejor, celebrado en La Habana.

Integró el Jurado del Premio de Musicología de la Casa de las Américas 1986 y participó en la organización y dirección de la tercera edición, en representación del Dr. Argeliers León, director del Departamento de Música de la institución.

1988.- El Ministerio de Cultura de Cuba le otorgó la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla «Alejo Carpentier». Al año siguiente concurrió al Encuentro entre Cuba y Canarias, celebrado en Santa Cruz de Tenerife e Isla de la Palma.

1990.- Dedicó gran parte de su tiempo a trabajar con su esposo Argeliers y afrontó su pérdida en febrero de 1991.

Argeliers y María Teresa / Archivo personal María Teresa Linares.

En muchas ocasiones cuando me pongo triste, me acuerdo de sus chistes -porque siempre fue muy gracioso- y me pongo a reírme sola. O me pongo a ver sus dibujos, unas caricaturas maravillosas que hacía y que ahora, cuando estoy ordenando el archivo, he sacado para reírme y divertirme. Fue una vida de más de cincuenta años luchando uno con el otro, o los dos a la vez. [22]

Fue invitada como conferencista al Primer Festival Internacional de Marimbas, México DF (1991). Ese mismo año participó en el primer Festival Iberoamericano de la Décima organizado en La Habana y en el Festival de Habaneras de Calella de Palafrugell, Girona, España.

1992.- Además de contribuir a la organización y desarrollo del Festival de Habaneras en nuestro país, escribió junto a Andreu Navarro y Cástor Pérez -cultores del género- el libro L´havanera, un canto popular, editado en catalán con la colaboración de Mirna Guerra. Participó en una mesa redonda del Festival de Habaneras de Mayorga de Campos, Valladolid, España.

Regresó a Puerto Rico (1992) para realizar conferencias en el Museo de la Música de Ponce, en la Asociación de Coleccionistas y en el Instituto Superior de Música de San Juan. Cuatro años más tarde, ese país la recibió nuevamente para el Foro de Compositores del Caribe, de la Universidad de Río Piedras.

Participó en ediciones del Festival iberoamericano de la decima y el verso improvisado en las Palmas de Gran Canaria en 1992, 1994 y 1998.

1994.- Realizó la conferencia/taller «La décima en el Caribe» en el Festival de Cultura Caribeña de Veracruz, México y también dictó conferencia en el curso Paisajes humanos en la música contemporánea, en la Universidad de Sevilla, sede Latinoamericana de La Rábida, Huelva, España.

Integró el Consejo Iberoamericano de la Música constituido ese año en Madrid.

1995.- Su compilación y estudio del antiguo repertorio de habaneras sustentó la producción artística del disco Habaneras en el tiempo (Fondos Sonoros del Instituto Cubano de Radio y Televisión) de la trovadora cubana Liuba María Hevia.

1996.- El Consejo de Estado de la República de Cuba la condecoró con la Orden «Juan Marinello» por el aporte extraordinario al desarrollo de la cultura artística literaria. El Instituto Superior de Arte de La Habana la honró con el grado de Doctora Honoris Causa.

Este doctorado hace el milagro de abrir otra nueva etapa en mi vida. La anterior se cerró hace unos días cuando decidí dejar en manos jóvenes mis tareas de dirección para dedicarme a escribir y dejar constancia de lo que adquirí de manos generosas: los conocimientos sobre la cultura popular que le debo a mis informantes; los que debo a mis libros, a mis alumnos, que con sus inquietudes me hicieron estudiar más en muchas ocasiones, madurar conocimientos y dudar de conceptos que podían ser erróneos. Nunca pensé ser maestra, y aprendí mucho en el ejercicio de la docencia. A cincuenta y dos años de trabajo y estudio he llegado del brazo riguroso de Argeliers, de quien soy más deudora. Todo este milagro, desde luego, se lo debemos a la Revolución que situó la cultura entre sus parámetros principales. Recordemos en este instante al Che, que fundó en la Fortaleza de la Cabaña el primer Departamento de Cultura del Ejercito Rebelde. No me resulta una frase manida ni vacía decir que estoy en deuda con todos, que este doctorado es un compromiso sagrado. Es realmente así.[23]

Impartió conferencia y taller en el Encuentro sobre la tercera raíz, celebrado en Veracruz, México.

1997.- Ese año finalizó su responsabilidad como directora del Museo Nacional de la Música.

Cuando me jubilé, se nombró para la dirección a un alumno de Argeliers, de los primeros, de los más eminentes. Me quedé muy triste porque no quería irme del museo, pero lo acepté porque era como si un hijo mío fuera para allí. […]

Considero que fue una etapa de mi vida muy formadora y que me ha dejado muchas experiencias. Me siento muy feliz de haber estado allí.[24]

Integró el jurado de la séptima edición del Premio de Musicología Casa de las Américas.

Asumió la vicepresidencia de la Fundación Fernando Ortiz.

La Academia de Ciencias de Cuba le otorgó la categoría de Investigadora Titular Emérita.

Asistió al primer Festival Internacional de la Décima Aquiles Nasoa en Santo Domingo, República Dominicana.

1998.- Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Miami, para trabajar con los registros de música de antecedente yoruba en los archivos de Lydia Cabrera.

Ese mismo año ofreció conferencias en el Centro de Información y Desarrollo de la Música en Andalucía, Granada, España. La Universidad de Murcia la invitó al curso de verano La música en el 98, en Torrevieja, Alicante.

Realizó la edición facsimilar del ejemplar único de 1855 del Álbum Regio de Don Vicente Díaz de Comas, publicada en Madrid en 1998 por la Fundación Autor. 

1999.- El Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello le confirió el Premio Nacional de Investigación Cultural, instituido en ese mismo año y otorgado por la Academia de Ciencias de Cuba a investigadores cubanos, vivos y residentes en el país por sus resultados de incuestionable valor para la cultura nacional.

2000.- Conferencista en el Curso de Verano De Lecuona a Formell, de la Universidad Rey Juan Carlos de Málaga, España. Fue invitada al Simposio sobre Fernando Ortiz y su obra, que convocó la Queen University, en New York y al Simposio New Mundo, que organizó el Departamento de Cultura de Dallas, Texas. También dictó conferencias en instituciones mexicanas de Chetumal, Quintana Roo y Cancún.

En el festejo de sus ochenta años, recibió el Premio Internacional de Investigación Fernando Ortiz; la Orden Frank País y fue distinguida como Miembro de Mérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Presidió el Jurado del Premio Nacional de Música en su primera convocatoria.

El Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la Orden «Félix Varela» en reconocimiento a sus aportes extraordinarios realizados a favor de los valores imperecederos de la Cultura Nacional y Universal.

Colaboró con la realización del disco La rumba soy yo y fue autora de las notas críticas que aparecen publicadas en esta obra producida por Bis Music bajo la producción de Caridad Diez. El disco obtuvo el Premio Grammy Latino en el año 2001 en la categoría Mejor Álbum Folklórico.

En Ronda, Málaga. De izquiera a derecha: Mercedes Lay, María teresa Linares, Teresa Pérez Daniel, Victoria Eli, Juan Formell, Pedro de la Hoz y Danilo Orozco / Archivo personal María Teresa Linares.

2002.- Profesora en el Diplomado de Antropología de la Fundación Fernando Ortiz y de la Maestría de Antropología de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. También participó como profesora en el Curso de Verano sobre la Trova Cubana que convocó esa alta casa de estudios por iniciativa del trovador cubano Silvio Rodríguez.

Realizó la obra discográfica Dos siglos de la guaracha cubana y al año siguiente emprendió la producción de la obra multimedia Cancionero Hispano-cubano, en coautoría con Rodrigo Ronda León.

2004.- Recibió el Premio Nacional de Cultura Comunitaria que se otorga a las personalidades de diversas ramas de la cultura cubana que han dedicado parte de su carrera de manera sobresaliente al trabajo comunitario y a la promoción cultural.

2004.- Una vez más fue protagonista del Festival Internacional MatamoroSon, en Santiago de Cuba.

Estos festivales se realizan, en primer lugar, como homenaje a los grandes del son; a quienes dieron lugar a esta música cubana que nos identifica en el mundo entero; es un homenaje que está entre las cosas más honrosas que podemos hacer nosotros.

En este género nosotros tenemos no solamente una identidad nacional, sino una forma de recreación que ha pasado por muchas aristas, por muchos momentos. Y nosotros, no se si será muy aventurado lo que digo, hablamos en son, pensamos en octosílabos, elaboramos nuestros pensamientos, cuando conversamos, en octosílabos.

El octosílabo, que es una forma de decir hispánica, está presente no solo en la décima en el punto cubano, sino en el son, porque el son en sus principios asimiló décimas, coplas y redondillas.

Yo conocí personalmente a Matamoros; conocí a Lorenzo Hierrezuelo: mi esposo y yo, que proveníamos de la Escuela de Verano que fundaron María Muñoz de Quevedo y otros músicos en la Universidad de La Habana, lo conocimos allí, todavía muy vital, cuando iba a ilustrar las clases de Doña María; iba con el trío, y hacía una exposición de todos los géneros de la canción que él cantaba. Porque él en su inicio era trovador, pero, también, como oriental era sonero. Y yo traigo como ejemplo [al festival] uno de los primeros sones que él grabó […] un son titulado Santiaguera. Ese es el que traigo, porque es el son de Matamoros menos oído. […] Toda la obra de Matamoros es intachable. Matamoros no hizo nada mal.[25]

2005.- Junto a un equipo de jóvenes investigadores y realizadores audiovisuales regresó a la Sierra Maestra en la región más oriental del país para desarrollar estudios de campo sobre tradiciones musicales campesinas y cantos de trabajo, tópicos que han sido recurrentes en sus intereses de investigación y en sus grabaciones de campo, tal y como puede corroborarse en los registros fonográficos inéditos que se conservan en las cintas del Archivo de Música de la Egrem.[26] Ese mismo año realizó una estancia de investigación en la República Dominicana y participó en el Simposio Internacional El Son y la Salsa en la identidad del Caribe organizado por el Centro León, el Instituto de Estudios Caribeños y la Secretaría de Estado de Cultura en ese país, al que retornó dos años después con igual propósito Fue reconocida como Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

2006.- Recibió el Premio Nacional de Música que se otorga a los músicos cubanos, vivos y residentes en Cuba por el conjunto de su obra en los campos de la creación y la interpretación. Fue distinguida con la categoría de Investigadora Titular Emérita de la Academia de Ciencias de Cuba.

En colaboración con la musicóloga cubana Grizel Hernández emprendió la compilación editorial de las obras completas de Argeliers León para su publicación en varios tomos.

2007.- Acompañada de su familia, participó como invitada en el Festival del Changuí, Guantánamo y en las Romerías de Mayo en Holguín.

2010.- A ella fueron dedicadas las jornadas del Premio y Festival Cubadisco, galardón del que ha sido merecedora en numerosas ocasiones, así como del Premio de Honor Cubadisco por la obra de toda la vida.

La Academia de Ciencias de Cuba la nombró Académica de Honor y la reconoció como fundadora.

La Casa de las Américas le dedicó las jornadas de la decimosegunda edición del Premio de Musicología y su Coloquio Internacional, donde recibió el saludo de los colegas de América Latina y el Caribe.


A más de noventa años, Teté Linares conserva el entusiasmo y la permanente inquietud  por  el  conocimiento. En su cotidianidad, signada por el trabajo, hay espacio para el afecto de sus hijos, nietos y los bisnietos que ya están por llegar; para su compromiso como vicepresidenta de la Fundación Fernando Ortiz; para pensar y escribir sobre los procesos actuales de la música; para contribuir al debate sobre la producción discográfica cubana y latinoamericana; para asistir a conferencias y encuentros profesionales; para apoyar con generosidad a los más jóvenes en sus empeños de investigación; para responder con ese gesto siempre afable y la palabra cierta las preguntas de la radio, la televisión o el cine cuando de música y de cubanidad se trata.

No soy decana de la musicología cubana; por delante de mí hay muchos jóvenes que me han sobrepasado. Solo soy una persona fiel a su trabajo, una persona que le gusta trabajar y ahora ya anciana digo: hago lo que yo quiero; escojo un camino u otro; no tengo nada programado; no tengo la obligación de seguir una norma dada; la norma la hago yo. Entonces me siento muy feliz en primer lugar de haberme dedicado a la música, a estudiarla y a enseñarla. Haber disfrutado la música y sobretodo de que en este momento todavía yo tenga la posibilidad de hacer cosas nuevas, novedosas. Por eso no veo los noventa años como un montón de años. Miro para atrás y veo lo feliz, lo infeliz no, aunque hubo momentos malos. Veo lo que dejé y pienso que todavía debo hacer algo mejor de lo que hice. Y con ese entusiasmo vivo y pienso llegar a los cien años […] Todavía tengo muchos proyectos y por eso voy a decir un refrán que aprendí en Isla de Pinos […]. Allí le oí decir a una viejita «Oh no, de aquí a allá hay mucho coco que rayar». Entonces, pienso siempre que en el camino, yo tengo mucho coco que rayar todavía [27].


Notas

[1] Se refiere al Club Almendares de Béisbol, equipo que jugó en la liga profesional cubana de béisbol desde 1878 hasta 1961 con grandes resultados competitivos. N del E. [..]

[2] Se refiere a la política militar represiva adoptada por el mando militar español en Cuba de manos del general Weyler para aniquilar militarmente el levantamiento independentista cubano de 1895. Consistía en aglomerar a los campesinos en poblados cercados, con el fin de aislar a los insurrectos de su medio natural y posibles ayudas por parte de los campesinos. Era muy eficaz, pero la complejidad para suministrar alimentos y favorecer la sanidad provocó una gran mortandad, tanto en los soldados españoles como en la población civil, volviéndola impopular. N del E. [..]

[3] Magda Resik Aguirre: «María Teresa Linares: una cubana ilustre y de su tiempo», 2007. [..]

[4] Miriam Escudero: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», 2001, pp.16-17. [..]

[5] Magda Resik Aguirre: «María Teresa Linares: una cubana ilustre y de su tiempo», 2007. [..]

[6] Se refiere a la Casa Humara y Lastra, representante de la RCA Victor en Cuba. N del E. [..]

[7] Miriam Escudero: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», 2001, pp. 18-19. [..]

[8] Se refiere al Conservatorio Municipal de Música de La Habana, actual Conservatorio Amadeo Roldán. N del E. [..]

[9] Magda Resik Aguirre: «María Teresa Linares: una cubana ilustre y de su tiempo», 2007. [..]

[10] Nora Sosa: «Del canto y su esencia», 1998, pp. 14-15. [..]

[11] Miriam Escudero: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», 2001, p. 20. [..]

[12] El nombre del premio refiere a la fundadora de la sociedad Pro Arte Musical, institución cultural de carácter privado, cuyo objetivo era divulgar la música sinfónica europea en la sociedad cubana de la época y que tuvo como sede el Auditurium, actual Teatro Auditorium Amadeo Roldán. [..]

[13] En aquel entonces, dirigente de la lucha clandestina del Partido Socialista Popular contra Fulgencio Batista y posteriormente personalidad relevante en la vida política de la Cuba Revolucionaria. [..]

[14] Miriam Escudero: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», 2001, p. 20. [..]

[15] Su producción discográfica incluye más de cien títulos y aparece documentada en la «Discografía de María Teresa Linares» realizada para la presente separata de autor. [..]

[16] Ignacio Cruz Ortega: «De la satisfacción al mérito», s/f. [..]

[17] Esta obra, realizada por el entonces Departamento de Etnología del antiguo Departamento de Etnología del Centro de Antropología, fue culminada por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello y el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana. Obtuvo el Premio de investigación de la Academia de Ciencias de Cuba en 1998 y se ha publicado una versión sintetizada de los textos introductorios a cada sección como Cultura Popular Tradicional Cubana (1999) y otra en CD-ROM (2000). [..]

[18] Testimonio de María Teresa Linares, tomado del Documental Los Santamaría. De Prexigueiro a Cuba, de Lois Pérez Leira. [..]

[19]Ignacio Cruz Ortega: «De la satisfacción al mérito», s/f. [..]

[20] Puyol: Johanna: «La apasionante labor de amar la música», 2006. [..]

[21]Su testimonio ha sido recogido en numerosos documentales y programas de televisión, entre ellos Programa Hurón Azul de la Uneac (2010 y 2012), Contar la música (TVC, 2010), Videoteca Contracorriente (ICAIC, 2010) y Persona y pensamiento, serie documental ICAIC, director: Lester Hamlet. [..]

[22] Miriam Escudero: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», 2001, p. 25. [..]

[23] María Teresa Linares: Palabras de agradecimiento con motivo del Doctorado Honoris Causa. Archivo personal. [..]

[24] Puyol: Johanna: «La apasionante labor de amar la música», en La Jiribilla, Revista Digital de Cultura Cubana. [..]

[25] S/a: «María Teresa Linares: el son entero», Periódico Sierra Mestra, Santiago de Cuba, 6 de nov de 2004. [..]

[26] Esta información se incluye al final de la presente Separata, en el apartado Otros registros fonográficos conservados en cintas magnetofónicas en el archivo musical de la Egrem. [..]

[27] Entrevista de Grizel Hernández a María Teresa Linares para el programa Videoteca Contracorriente, 2010. Trascripción Inés Casañas y María Elena Vinueza. [..]

Entrevistas Citadas
– Cruz Ortega, Ignacio: «De la satisfacción al mérito», en CMBF Radio Musical Nacional, s/f [www.cmbfradio.cu/cmbf/música, consultado 14 de junio de 2011].
– Escudero, Miriam: «De memorias y raíces con María Teresa Linares», en Opus Habana, vol. V, no. 1/2001, pp.16-25.
– Hernández, Grizel: Entrevista a María Teresa Linares, Videoteca Contracorriente, ICAIC, 17 de agosto de 2010.
– Puyol: Johanna: «La apasionante labor de amar la música», en La Jiribilla, Revista Digital de Cultura Cubana, No. 295, año V, La Habana, 30 de diciembre-6 de enero de 2006 [http://www.lajiribilla.co.cu/, consultado 25 de septiembre de 2012].
– Resik Aguirre, Magda: «María Teresa Linares: una cubana ilustre y de su tiempo», en En mi habana, emisora Habana Radio, Oficina del Historiador de la Ciudad, 2007 [www.HabanRadio.cu., consultado el 14/06/2011, 18:03:35. Hospedado en Infocom, ISP].
– S/a: «María Teresa Linares: el son entero», Periódico Sierra Mestra, Santiago de Cuba, 6 de noviembre de 2004.
– Sosa, Nora: «Del canto y su esencia», en Bohemia, No. 13, junio 19 de 1998, pp.14-15.

Documentos

– Linares, María Teresa: Carpeta currículos y biografías 1960-2001; notas de prensa, documentos y fotos. Archivo personal de MTL.

– Quizán Pérez, Genlsy: «Periodización de María Teresa Linares Savio», documento resumen en proceso, 4 p., versión digital.

Fondos documentales

  • Colección discográfica y bibliográfica de la Sala de Música de la Biblioteca Nacional de Cuba.
  • Colección  discográfica  Departamento  de  Información  y  Documentación  del  Centro  de Investigación de la Música Cubana, Cidmuc.
  • Fotos y documentos del Archivo Fotográfico, la Dirección de Música y la Biblioteca de la Casa de las Américas.
  • Información documentada en las cintas magnetofónicas y en la base de datos del Centro de Información y Conservación del Archivo Musical de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, Egrem.
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