La Anécdota Musical…¡Esa multa no la pago yo!

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Foto: Cortesía Museo de Regla

Con inmensa satisfacción, fui testigo, durante mis años como locutor en Radio Progreso, de la reorganización del Conjunto Roberto Faz, tras una injusta tregua por razones que no vienen al caso. Ello me permitió compartir con el maestro Gustavo Fleites, trompetista y director del conjunto por muchos años, y cumplir mi viejo deseo de charlar con sus veteranos cantantes Armandito Fernández, en el grupo desde 1967, y Rolito Rodríguez, fundador del grupo, junto a Faz, en 1956.

El Conjunto de Roberto Faz popularizó el dengue (1966)

En aquel diálogo, Rolito me contó que jamás vio a Faz disgustado o molesto y que sus ocurrencias eran históricas. Como aquella ocasión en que, a falta de transporte, Roberto consiguió un camión para trasladar pollos a fin de tocar un baile fuera de La Habana, ante la rotura de su transporte habitual. Fue Rolito quien le advirtió:

-Oye, Faz, ¡dile al chofer que pare varias cuadras antes de llegar! Si la gente nos ve llegar en este camión la risotada va a ser general.

Por esos días tuve oportunidad de asistir a uno de los ensayos del conjunto, en casa de Gustavo en Marianao, y de presentarlos en el muy querido Liceo de Regla, precisamente donde tocaron su primer baile en febrero del año ’56. Esa noche, después de la actuación, charlé con el trombonista Julián Fernández, quien entrara al conjunto como refuerzo para la ejecución del ritmo dengue, de Pérez Prado, que el grupo llevó a niveles máximos de popularidad, allá por 1965 y 1966.

Julián llegó al grupo por sugerencia del maestro Antonio Linares, “el maestro de todos nosotros”. Antes de aceptar, el músico indagó entre sus colegas. Todos coincidieron:

-¡Muchacho, eso es buenísimo! Vete con Faz. En ese grupo todo está muy organizado y hay mucha disciplina. ¡Acéptalo!

Julián aceptó.

Tras los lógicos ensayos, el “debut” sería en el programa Ritmos cubanos, que trasmitía Radio Rebelde, entonces, en sus primeros estudios en La Habana, en la calle O del Vedado, entre 23 y 25.

Y cuál no sería la sorpresa del joven recién llegado cuando abre la puerta del estudio… ¡Tremenda discusión entre dos músicos! Uno de ellos -me reservo el nombre- gritaba: “¡Esa multa no la pago yo…!”

En el conjunto había un reglamento, por el cual se imponía una multa a quien no cumpliera con la disciplina. Y una de las infracciones que se sancionaban de ese modo era no llevar el vestuario acordado. Era costumbre, al finalizar cada actuación, que Fernando García, uno de los trompetistas y encargado en estos menesteres organizativos, informara cuál era el traje a usar para la siguiente presentación. Pero aquel pobre instrumentista, un tanto distraído, no escuchó a Fernando cuando dijo: “mañana con el traje verde oro…” Y decidió preguntarle a Faz:

-El azul, el traje azul es el que va…

Claro, hubo un solo músico con traje azul.

Y, en medio de la porfía, Julián paseó la vista por el estudio… y encontró a Faz sentado en una silla, de frente al espaldar que le servía de apoyo, con su cabeza enorme apoyada en los brazos… para ocultar que estaba, literalmente, muerto de la risa, disfrutando de aquella, una de sus bromas colosales…

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