Caliente Corner: la supremacía del vibráfono en la obra de Alfredo Chacón

Por: Janet Rodríguez Pino. Musicóloga y percusionista

Fotos: Castellanos Photo Design, tomadas del perfil oficial de Facebook del músico.

Las luces de neón, el bullicio de los espectadores en las mesas, dimensiones arquitectónicas reducidas… ¡El club de jazz! Un espacio que para los cultores del género deviene templo del arte y la creación. Esta atmósfera se recrea en Caliente Corner, álbum del multi-percusionista cubano-estadounidense Alfredo Chacón[1] que fue grabado en 2018 bajo el sello discográfico español Cezanne Producciones, y resultó nominado al Premio CUBADISCO 2019, en la categoría de Jazz y Música Instrumental.

Alfredo Chacón

Caliente Corner es un fonograma que viene a saldar muchas deudas, pues le otorga al vibráfono[2] un lugar supremo dentro del formato jazzístico. Esta práctica, aunque cotidiana en las corrientes jazzísticas norteamericanas y europeas, resulta inusitada para el universo musical cubano. La presencia del vibráfono aún sorprende, ya sea por la peculiaridad del timbre del instrumento o por el hecho de que no ha sido explotado en toda su magnitud.

En Cuba el vibráfono solo aparece en formatos sinfónicos y de cámara, por lo general para la realización de repertorios de música contemporánea de alto nivel interpretativo. Asimismo, el instrumento integra regularmente la agrupación del maestro Silvio Rodríguez. Sin embargo, aunque es posible encontrarlo casuísticamente dentro de algunos conjuntos jazzísticos, el instrumento no ha logrado ocupar un lugar cimero y constante en las producciones discográficas y performances.

No obstante en la obra de Alfredo Chacón, el vibráfono amplía exponencialmente su alcance artístico, convirtiéndose en el jerarca de la agrupación de jazz. Así lo demuestra el fonograma Caliente Corner, que propone diálogos tímbricos con formaciones instrumentales inusuales situadas en primer plano como el trío de saxofón, trompeta y vibráfono; o el engranaje entre piano y vibráfono, sin que ninguno de estos teclados anule el sonido del otro, hablando en términos de orquestación.

Aunque la música puede ser disfrutada en multiformes experiencias de escucha, propongo al lector seguir la secuencia lógica del disco e ir descubriendo el entramado instrumental, sonoro y mágico que develan los doce temas del álbum. Imaginemos por unos instantes un paseo por Nueva York –meca indudable del jazz internacional– o por la Avenida 23 del Vedado capitalino, donde encontramos el popular club de jazz “La Zorra y el Cuervo”.

En nuestro andar sonoro, cada pieza emerge como una nueva estación o una esquina citadina. Sus títulos reflejan ese ambiance urbano, mientras que sus muchos matices estéticos arrojan un sentido caleidoscópico y cinematográfico sobre la música propuesta.

Como punto de partida, el tema Hurry up dibuja la interesante combinación tímbrica que identifica al fonograma: el trío de trompeta, vibráfono y saxofón como formación solista para la exposición de los temas. A su vez, esta pieza propone la estilística global del disco, que versa sobre el género latin jazz en su definición más clásica: una fusión entre músicas norteamericanas y afrocubanas. Esta estética se expresa, por ejemplo, en los solos de vibráfono sobre la escala de blues y otros acordes más libres que, a su vez, se yuxtaponen con la base rítmica del latin jazz. Además, esta primera pieza es una muestra de cómo el fonograma congrega a importantes figuras del jazz cubano e internacional, como el trompetista estadounidense Brian Lynch y el pianista cubano Iván “melón” Lewis.

La segunda pieza, titulada Hazme caso, propone el uso de ritmáticas de géneros cubanos, sumadas a progresiones acordales contemporáneas, de blues, de escalas hexáfonas y modales que constituyen la base de las improvisaciones melo-armónicas en el jazz, pero que en el vibráfono adquieren una sonoridad que remite a la música expresionista, serialista y, en suma, académica contemporánea.

En este sentido, el vibráfono atraviesa diametralmente muchos estilos artísticos, pues si bien surgió y se popularizó durante la amplia ola jazzística de los años veinte del siglo pasado, sugiere al mismo tiempo una tímbrica post-moderna, por su cualidad constructiva de ser un instrumento electroacústico.

Siguiendo la secuencia del disco, el tema titulado 48 horas está claramente inspirado en los ritmos afrocubanos del abakuá y arará. En su sonoridad, evoca temas antológicos de afrojazz como Drume Negrita, cuya influencia no se localiza de forma directa –pues no son temas similares en cuanto a la métrica o a la cadencia–, pero sí se halla sugerida en la armonía, desglosada en una atractiva y sui géneris instrumentación.

La percusión cuenta con una mayor presencia expresada no solo en el carácter solista del vibráfono, sino también en la utilización de timbres distintivos de la percusión afrocubana como el cencerro y las tumbadoras. Los sonidos percutidos aparecen cual recursos literarios que van relatando una historia, y adquieren mayor jerarquía en el breve “mano a mano” desarrollado entre la batería y las tumbadoras hacia el final del tema.

Out for a walk es una pieza que tributa más hacia la sonoridad tradicional pues sugiere explícitamente un son y un chachachá que, a veces, desembocan en un songo lento, cadencioso y absolutamente bailable, a la manera de la insigne orquesta cubana Los Van Van; incluso, tanto el título de la obra (Out for a walk) como su cadencia y ritmática parecen sugerir un paseo por nuestro mundialmente famoso malecón habanero, tributando a ese aire cinematográfico que se percibe en el fonograma.

A la mitad de nuestro viaje aparece el tema Caliente corner, de singular belleza sonora. Esta obra, que da nombre al álbum, resulta la más completa por el tratamiento de la instrumentación y la estética del vibráfono, que parece estar ofreciendo un concierto de música contemporánea en calidad de solista. Asimismo, destaca la sonoridad de otros instrumentos como el bajo eléctrico, magistralmente interpretado por el venezolano Rodner Padilla, y el trombón, que junto a la trompeta y el vibráfono integra un bellísimo coral, cuya mixtura pareciera formar una gama colorida de gemas preciosas.

El bolero Larela’s song es un tema sensible que aporta ese aire meditativo inherente al género. Su formato, menos denso, deja a los solistas al descubierto, y resulta especial el diálogo entre el flugel y el vibráfono. En este tema se percibe el buen gusto en la interpretación, tanto por parte de los solistas como de los músicos acompañantes: una cualidad que ha sido requisito para seleccionar a los músicos idóneos para una agrupación de jazz. Por otra parte, la armonía construida sobre re menor en la sección final no es la típica de un bolero, sino que evoca una sonoridad modal, con lo que acercan el tema y el álbum a un estilo world music contemporáneo.

Otra de las composiciones que se acerca muchísimo a lo bailable es Ni pilón, ni changüí, que plantea una correlación entre ambos géneros tradicionales cubanos. El núcleo instrumental formado por piano, bajo eléctrico, batería y tumbadoras se presenta sólido y colorísticamente muy interesante, además de encontrar su acabado en el solo virtuoso del baterista cubano Georvis Pico.

 El tema Mamblues se fue a la guerra propone un juego retórico con el blues tanto en el título como en el género de la pieza. A su vez, emerge la sólida sonoridad del género funk fusionada con una ritmática que se percibe africana, por ejemplo, del género makuta que nos llegó por la influencia de la etnia bantú. Su cadencia trae esa especie de “guapería”, groove o “pegada”, conceptos muy usados por los jazzistas en el contexto cubano actual.

En la estructura del tema se aprecia la fusión de géneros norteamericanos y afrocubanos. Así, la sección A construida sobre el blues y la sección B concebida como latin jazz constituyen la base para los solos del tema. Entre estos destaca, particularmente, la improvisación del saxofón alto en manos del cubano-estadounidense Aldo Salvent, cuyo sonido amaderado se percibe más noble y coherente con el estilo blues; mientras que el solo del pianista Iván “melón” Lewis nos encamina siempre a esa noción bailable inherente al tumbao, que guarda tradición y contemporaneidad en una misma esencia.

El tema Go with the flow emerge de un toque afrocubano originalmente concebido para conjunto de tambores batá, pero adaptado en este caso a las tumbadoras con total naturalidad. A esta capa rítmica se superpone la belleza del trío solista conformado por vibráfono, trompeta y saxofón, que ya se torna habitual cuando el oyente arriba a este punto del disco. La armonía presenta las secuencias acordales sugeridas en muchos de los cantos africanos trasmitidos durante siglos en Cuba; mientras que, por su uso del registro grave, el vibráfono rememora a esos viejitos narradores de fábulas, personajes inolvidables grabados en nuestra memoria colectiva por el cuentero mayor, Onelio Jorge Cardoso.

En la antepenúltima estación aparece el tema Cha con cha, posiblemente el más comercial del álbum, aunque no por ello deja de tener coherencia con los anteriores. En esta pieza afloran nuevamente conceptos como el buen gusto, el “swing” y el virtuosismo interpretativo, expresados en el solo del bajista cubano Iván Ruíz Machado, así como en los juegos e ilusiones rítmicos creados por el baterista Georvis Pico, tanto en calidad de acompañante como de solista.

Casi al final de la travesía, nos embarga la delicadeza de la pieza Dance on, una hermosa alegoría al danzón cubano, tanto desde el título de la obra, como desde la ritmática, la cadencia y la sonoridad sutil del dúo de vibráfono y trombón. El sonido del vibráfono en esta obra genera imágenes diversas, transitando por los colores metálico y electrónico naturales del instrumento hasta la profundidad de los momentos más acordales. De forma similar, los efectos de vibrato y glissando en el trombón aportan dulzura a la melodía y crean el empaste preciso con el timbre del vibráfono, en una especie de canción trovadoresca de amor.

Como epílogo del álbum llega el tema Comparsa Lullaby, cuya estética hace converger la suavidad de una canción de cuna –como se define el género lullaby– con la euforia de la comparsa, que resalta como uno de los géneros cubanos más antiguos, popularizados desde la época colonial. Con improvisaciones de casi todos los músicos invitados al álbum, Comparsa Lullaby resulta el tema más extenso del disco. Precisamente, su larga duración está relacionada con el hecho de que la comparsa es una música convocativa y de peregrinación que, más allá de la escucha del fonograma, nos invita e inspira a continuar la travesía sonora y creativa hacia plurales destinos artísticos.


NOTAS

[1] El trabajo musical de Alfredo Chacón puede ser consultado en su página web oficial www.chaconmusic.com . El álbum Caliente Corner puede ser escuchado gratuitamente o comprado en las siguientes plataformas: https://www.amazon.com/Caliente-Corner-Alfredo-Chacon/dp/B07CT7NYT3 ; https://music.apple.com/bo/album/caliente-corner/1379846409 .

[2] El vibráfono es un instrumento idiófono de percusión, cuyo teclado está constituido por láminas de metal. Además, utiliza un pedal para la prolongación del sonido, en un sistema parecido al del piano.

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2 comentarios en “Caliente Corner: la supremacía del vibráfono en la obra de Alfredo Chacón

  1. Alfredo D. Chacón

    Un excelente y minucioso analisis del disco, uno de los mejores entre todas sus composiciones. Del talento de Chacón no hablo, pues al ser mi hijo, podría pensarse que es un asunto de familia, pero de los jóvenes de su generación, es uno de los mejores como compositor, arreglista, interprete de una variada gama de instrumentos, donde se destaca sin lugar a dudas, el vibráfono. Lo felicito a él, y a la persona que hizo ese análisis tan certero de este sonograma.

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    1. Janet Rodríguez Pino

      Alfredo D. Chacón, muy agradecida por su valoración de mi artículo. Fue un inmenso placer escuchar y escribir sobre la obra de su hijo, a quien admiro muchísimo como intérprete y compositor. Un saludo!

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