La Anécdota Musical… ¿A usted qué le importa?

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Desde mucho antes de emprender este atractivo camino de la investigación musical, se me hicieron imprescindibles los artículos, las semblanzas y los libros del inolvidable Ezequiel Rodríguez. A él se deben obras insoslayables, como las iconografías del danzón y de la trova, así como muchos cuadernos publicados por varias instituciones musicales y culturales cubanas. Le conocí en tarde trascendental: cuando el maestro Richard Egües, en los jardines del Centro de la Música Ignacio Piñeiro, presentaba su nueva orquesta. Corría el año 1985.

Trío Matamoros

Al valioso e importante investigador debemos la obra Trío Matamoros: Treinta y cinco años de música popular cubana. Publicada en 1978, mereció el premio especial del concurso Rubén Martínez Villena, en la categoría de Testimonio. Ediciones Museo de la Música la reeditó en 2012, ampliada con un catálogo discográfico y una iconografía, todo a cargo de la especialista Liliana Bonome.

En las páginas de este libro se recogen, además, anécdotas relacionadas con aquellos tres grandes trovadores santiagueros: Miguel Matamoros (1894-1971), Siro Rodríguez (1899-1981) y Rafael Cueto (1900-1991).

Una de ellas, es esta que me permito reproducir:

Durante los días 10 y 11 de diciembre de 1928, el Trío Matamoros efectuó en La Habana una nueva sesión fonográfica para el sello discográfico estadounidense Victor. El programa musical seleccionado para la segunda jornada resultó, de acuerdo con lo consignado en archivos, muy singular. Según la numeración de las matrices, mediante la cual es posible seguir el orden exacto de las grabaciones, Siro, Cueto y Miguel abrieron con su primera versión del pregón “Frutas del Caney”, de Félix B. Caignet, y cerraron con un dúo de guitarras a cargo de Cueto y Matamoros en el danzón instrumental “La corneta china” (ambos en el disco Victor 46044) y el bolero son, también de Miguel, “El consejo”, editado en el disco 46444.

La otra cara de este último soporte conserva la pieza musical que dio origen a lo que cuenta en su libro Ezequiel Rodríguez:

Al momento de su grabación, como era habitual, el técnico de sonido hizo la pregunta de rigor:

-¿Cuál es el título de lo que van a grabar?

-“¿A usted qué le importa?” -contestó Matamoros.

Asombrado, el operador, dubitativo, repitió la pregunta:

-Perdón, señor, ¿puede decirme el título?

-“¿A usted qué le importa?” -repitió el músico.

Es de suponerlo: el técnico se molestó muchísimo, ante la supuesta burla de Miguel. Aquello estaba a punto de terminar en un altercado cuando Matamoros, apenado, aclaró:

-Pero, señor, perdóneme si le molesté. Usted me preguntó cuál era el título de lo que vamos a grabar. Y es que el número se titula así: “¿A usted qué le importa?” ¡Ese es el título!

Afortunadamente, como se dice en buen cubano, “la sangre no llegó al río”.

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