El ISA, “45 Aniversario”…La Facultad de Música. Memorias como alumna de Composición y profesora.

Por Magaly Ruiz. Compositora y profesora

Fui de la primera promoción de egresados del Instituto Superior de Arte (ISA), hoy Universidad de las Artes de Cuba, y de los primeros profesores del Departamento de Lectura de Partitura y Análisis Musical, así como en trabajar con los profesores de la antigua URSS que visitaron la institución.

El esfuerzo continuo del profesor y compositor José Ardévol Gimbernat por la creación del ISA todavía resuena en mi mente. Los primeros estudiantes de la Facultad de Música éramos mayoritariamente profesionales, y si bien nos presentamos con un rango de edades muy amplio, todos teníamos enormes deseos de seguir superándonos. 

El maestro José Ardévol fue el primer Decano de la Facultad de Música. Los alumnos de la carrera de Composición Musical quizás estábamos más en contacto con él, pues también era nuestro profesor. Para nosotros era muy palpable su visión del Instituto y sus constantes esfuerzos por conseguir que fuera la realidad que es hoy: una institución educativa donde los músicos cubanos tienen la oportunidad de ampliar sus conocimientos. Por supuesto, para hacer este proyecto realidad debía haber otros profesores involucrados, magníficos maestros con iguales ilusiones y empeño en la superación de los profesionales cubanos en el ámbito de las Artes, entre ellos el Dr. Mario Rodríguez Alemán, que fue el primer Rector del Instituto Superior de Arte.

Antes de la creación del ISA, la Escuela Nacional de Arte (ENA) ofrecía cursos de postgrados con un nivel avanzado; yo realicé 17 de estos cursos y obtuve los certificados. Los alumnos que, como yo, habíamos superado estos postgrados pudimos convalidar asignaturas análogas. Una vez creado el Instituto, los estudiantes de la especialidad de Composición Musical tuvimos que superar exámenes de diferentes asignaturas, para los cuales los postgrados de la ENA constituyeron una extraordinaria base de conocimientos; a ello se sumaba un examen político. Entre los profesores que impartieron clases en los inicios recuerdo a los magníficos maestros José Ardévol en Composición y Orquestación, Juan Elósegui en Adiestramiento Musical; Dolores Torres en Polifonía; José Loyola en Formas Musicales; Roberto Valera en Técnicas Contemporáneas; Alfredo Diez Nieto en Armonía Contemporánea, entre otros.

Cursando la carrera de Composición Musical recibí una asignatura nueva que atrajo mi atención desde las primeras clases: Lectura al Piano de Partituras, primero con el Maestro Gonzalo Romeu y después con dos magníficos profesores de la URSS. Tuve que estudiar mucho; recuerdo que le dedicaba solo a esta asignatura cuatro horas diarias, y cuando caía en mis manos una buena partitura la estudiaba con avidez. Había una situación especial que exigía que los alumnos del ISA nos esforzáramos mucho y era la falta de libros de texto y partituras, por eso visitábamos continuamente bibliotecas y museos de la música buscando información. En mi caso, el profesor Juan Elósegui, considerado un ángel tanto para mí como para muchos de sus estudiantes, me regaló libros imprescindibles para el estudio de Composición Musical. 

Como la mayoría de los alumnos que ingresamos en el año 1976 éramos trabajadores, se nos dio la oportunidad de asistir al Instituto solo dos días a la semana. Esto no fue impedimento para que entre nosotros surgiera un gran compañerismo, admiración recíproca y respeto mutuo, sin importar la edad que tuviéramos. También era notable la admiración que sentíamos hacia nuestros profesores. En el tercer año recibimos con sorpresa la noticia que el profesor José Ardévol era sustituido por el profesor Carlos Fariñas como Decano de la Facultad de Música. A raíz de esto se comentaba sobre, al parecer, diferencias entre profesores con títulos superiores y aquellos que no los tenían.

Mi experiencia de cinco años de estudios en el ISA fue intensa en esfuerzo y aprendizaje, al tiempo que muy bonita; los disfruté mucho. Se incorporaron al Plan de Estudios algunas asignaturas de Filosofía, Economía Política y Psicología, y asignaturas que mostraban nuevas formas para afrontar el análisis de partituras. Todas me agradaban y obtuve muy buenas calificaciones. En el tercer año de estudios, a los profesores de Lectura de Partitura les finalizó el contrato y nos seleccionaron al maestro Jorge Garciaporrúa, también alumno, y a mí, como profesores contratados para impartirla. Gracias a Dios no tuvimos problemas, pero esto nos obligó a estudiar aún más. Ese año pasé a ser alumna de Composición del profesor Sergio Fernández Barroso y posteriormente del profesor Roberto Valera.

También en ese momento fui profesora contrapartida en Análisis Musical y Armonía, de los profesores de la URSS Vladimir Klopov y Leonid Dis. Las clases de Armonía las disfruté siempre, y con el profesor Dis aprendí mucho de Armonía al Teclado, asignatura que hasta entonces no se impartía en Cuba. En las clases de Análisis Musical se explicaba una forma de analizar las obras distinta a lo que habíamos aprendido anteriormente. Acepté y trabajé con sus métodos de analizar las obras y llegamos a hacer juntos un extenso libro que después, desafortunadamente, se extravió en la Editora, por lo que nunca salió publicado, para gran decepción del profesor Klopov y mía. Estos cambios al analizar las obras musicales supusieron nuevos retos, pues en los textos alemanes y norteamericanos, que hasta el momento utilizábamos en Cuba como material de estudio, se analizaban las obras de forma distinta. Lo mismo sucedió en la asignatura de Armonía; en ella nos presentaron nuevas formas y conceptos a asimilar y poner en práctica a la hora de estudiar las obras. Todo esto que en principio traía consigo confusión, luego de mucho estudio, al final decidí por los occidentales.

En 1981 nos graduamos la primera Promoción de Nivel Superior de Música del ISA. Anunciata Calcavecchia, María Álvarez del Río y yo fuimos las tres primeras mujeres en graduarnos de Nivel Superior de Composición Musical en Cuba. Este mismo año pasé a ser profesora fija de las asignaturas de Lectura de Partitura y Análisis Musical de esta prestigiosa Institución, orgullo de todos los que deseábamos superarnos en materia de Arte en Cuba. Años más tarde— ya jubilada y tras impartir clases en otras instituciones musicales—en 1996, regreso al ISA para impartir Contrapunto, Armonía y Formas Musicales; en ese momento se me otorgó el título de Profesora Titular de Composición, y para entonces la Decana de la Facultad de Música era la maestra Mercedes Estévez. 

La creación del ISA fue el sueño hecho realidad de un gran músico como José Ardévol y la gran oportunidad para los colegas cubanos de tener casi completo el espectro de los estudios musicales. De ahí todo el agradecimiento a los que hicieron posible esta creación; a los profesores y a mis compañeros de estudios, a los cuales recuerdo como un grupo muy entusiasta y ávido por aprender, a la vez que muy unido y presto a ayudarnos unos a otros en todo momento. 

Gracias especiales a mis compañeros, los maestros Alberto Batista, primer trombón de la Sinfónica de Cuba, Juan Piñera y Luisa Margarita Quesada, por su cooperación constante con mi obra creativa durante y después de mis años en el ISA. También, a los maestros José Ardévol, Juan Elósegui, Alfredo Diez Nieto, Dolores Torres, Harold Gramatges, Teresita Junco, Roberto Valera y otros profesores que contribuyeron a hacer del ISA una institución referente mundial del aprendizaje de la música, y en la que se han formado músicos eminentes, reconocidos tanto en el ámbito nacional como internacional.

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