“Coro de claves, único en Cuba que canta así…” 1961-2012 cincuenta y un años de tradición del Coro de claves y rumbas de Sancti Spíritus (Parte I)

Por Aida Ilen Torres Cabrera. Musicóloga y profesora de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez

El coro de clave de Sancti Spíritus es el único exponente de su tipo en Cuba. Es el resultado de una longeva tradición coral popular que proliferó en la villa, y que además floreció en La Habana y Matanzas durante las primeras décadas del siglo XX. Luego de haber desaparecido por un espacio de treinta años aproximadamente, se revitalizó a partir de 1961.

Los coros de claves eran agrupaciones corales mixtas, conformadas por personas de las capas más humildes de la sociedad. Estos conjuntos vocales se hacían acompañar de instrumentos fundamentalmente de percusión y cuerdas (en el caso de Sancti Spíritus). Poseían una estructura interna en su membrecía para organizar tanto el proceso creativo musical, como lo administrativo.

En la villa espirituana desarrollaron tres funciones o prácticas fundamentales. La más importante de todas era el encuentro o competencia que se celebraba en el Parque de La Caridad en los últimos días del mes de diciembre. También los coros se visitaban en sus barrios durante la preparación de la competencia. Las salidas en busca de algún tipo de remuneración para el sostén económico de la agrupación, figuraba, igualmente, como otro de los motivos para salir a la calle.

La institucionalización de las agrupaciones folclóricas, en pos de conservar el patrimonio musical de la nación, como parte de la política cultural desplegada por la Revolución en la década del 60, contribuyó a revitalizar al coro de clave en la provincia de Sancti Spíritus. Esto fue posible debido al reintegro de un grupo de cantantes e instrumentistas portadores de esta tradición musical, que aun vivían en los barrios espirituanos, fundamentalmente el de Jesús María, bajo la égida  de Rafael Gómez Mayea “Teofilito”, que había sido fundador y director del coro de claves de Jesús María (1914).

El presente acercamiento al tema pretende reseñar los procesos relacionados con la preservación de la tradición musical del Coro de claves y rumbas de Sancti Spíritus, a partir de la revitalización en 1961 de una sola agrupación, a tenor de la nueva política cultural trazada con el Triunfo de la Revolución.

Según Jesús Guanche, la tradición es un proceso de variación continua y, junto a pervivencias numerosas sobrevienen aportaciones nuevas que enriquecen el panorama de la cultura popular y tradicional (Guanche, 2009, p. 110). De esta noción se infieren tres procesos: variación y permanencia de rasgos originales y asimilación de otros, en consonancia con nuevas dinámicas socioculturales.

ANTECEDENTES DE LOS COROS DE CLAVES EN SANCTI SPÍRITUS

Estos coros surgieron en las postrimerías del siglo XIX e inicios del siglo XX [cuando] comenzaron a difundirse los coros de guaguancó y los de clave en las ciudades de La Habana y Matanzas (Rodríguez, 1999 y León, 1974).

El primer coro de claves que existió en Sancti Spíritus: el coro o club “La Yaya”, fundado por Juan de la Cruz Echemendía (Sancti Spíritus, 1864-1935). Echemendía sostuvo una estancia en La Habana donde se relacionó con los trovadores y rumberos de aquella ciudad, e integró coros de clave y rumba habanera. A su regreso a su ciudad natal, fundó el club o Sociedad La Yaya, donde se estableció el primer coro de rumba y clave espirituana (Rodríguez, 2019, p. 12).

De pie, de izquierda a derecha: Eulogio Loyola, Pedro Velazco, Julio García, Marcos Casanova, Antonio Basante, Junco Companioni, Hilario Enrico, Manuel “El Currito” Y Julio Rodríguez. Sentados de izquierda a derecha: Gabino Viciedo, Miguelito Companioni, Luciano Vázquez y Juan Echemendía.

En La Habana y Matanzas, estos coros se diferenciaban por el tipo de género que interpretaban, clave o rumba. Las agrupaciones espirituanas asumieron en sus repertorios ambos géneros con elementos propios del entorno cultural de Sancti Spíritus.

Los coros espirituanos emplearon los instrumentos de cuerda pulsada de influencia hispánica, tales como la bandurria, la mandolina y la guitarra, a los cuales se les añadió con posterioridad el tres[1]en detrimento de los dos primeros. La herencia africana, en este caso, llegó por el flujo de músicos soneros y de las parrandas dentro de la agrupación. Además, se evidencia la influencia de los cultos afrocubanos, específicamente, los de origen carabalí, por la presencia de cuñas parietales, con sistema de tensión por una cuerda (CIDMUC, 1986, p. 19) en los tambores, que todavía se utilizan en el coro de claves.

Tambores de cuñas apareados en forma de bongó.

Estas agrupaciones corales, generalmente, estaban integradas por hombres y mujeres que compartían determinadas funciones: una de ellas era la clarina, mujer de voz potente, clara y aguda que se destacaba dentro del conjunto. De igual modo poseían un decimista, que creaba los textos de las canciones (León, 1974, p. 146); el tonista, que afinaba y daba las entradas al coro; el censor, que cuidaba la calidad de los textos y la belleza de las melodías, y el director que, por lo general, era la persona de mayor experiencia (Rodríguez, 1999, p. 51).

En las agrupaciones espirituanas solamente se destacan ‒en cuanto a funciones‒ la de guía y de director. La guía tiene una función similar a la clarina, que recibió un tratamiento musical diferente. El director era un músico empírico experimentado, compositor de las obras interpretadas por el conjunto, y encargado de ensayarlas para las competiciones navideñas.[2]

La gran depresión económica del 30 en Cuba, fue causa de la desaparición de los coros de clave en Sancti Spíritus, debido a la ausencia de los tributos que recibían en sus actuaciones. Como consecuencia, no pagaban su cuota al ayuntamiento, por tanto se extinguieron.

REVITALIZAR LA TRADICIÓN. PAPEL DE LA POLÍTICA CULTURAL

Con el triunfo de la Revolución en 1959 se instaura en Cuba el sistema socialista, que trazó un nuevo tipo de política en las diferentes esferas de la sociedad cubana, y la cultural  fue uno de los pilares fundamentales en el avance y la consolidación de este cambio socioeconómico que comenzó a regir el país.

La política cultural estableció el vínculo entre los obreros y el arte desde el propio centro de trabajo. De ahí la creación del movimiento de artistas aficionados,  organizado por el Consejo Nacional de Cultura (CNC, fundado en 1961) y por las organizaciones de masas. Éste acogió, de igual manera, grupos de carácter folclórico y tradicional (Guanche, 2009, p. 49). En la entonces región de Sancti Spíritus[3] se institucionalizaron grupos portadores de tradiciones en calidad de artistas aficionados tales como la danza canaria en Cabaiguán y Taguasco, las parrandas campesinas y las tonadas trinitarias.

En este contexto, la revitalización del clave espirituano obedeció a distintos criterios. Se plantea que en 1961 “se creó el Coro de Claves de Sancti Spíritus, por iniciativa del CNC” (Valdivia, sin fecha); y porque el músico Rafael Gómez “Teofilito” reorganizó el formato del coro y fijó las características que poseía el club “Joven Clave” (Muro, Soler y Damas, sin fecha).

“Teofilito” fue el fundador y director, en 1914, del coro de Jesús María, por lo que era el principal portador practicante de la música de la agrupación. Trasmitió estos cantos a las nuevas generaciones incorporadas al grupo; y estas, a su vez, aprendieron y guardaron en su memoria gran parte del repertorio.

En la selección de los miembros del coro durante la década del 60 ‒y en las posteriores‒coincidieron tanto los criterios del director y los músicos, como las regulaciones de las nacientes instituciones culturales. Un aspecto importante en este sentido fue la presencia del aspirante en los coros de clave antes de 1959, debido a su condición de portadores de esta tradición. Aptitudes como la afinación y la potencia de la voz también fueron criterios de ingreso. Asimismo, las relaciones entre amigos, vecinos y conocidos del propio barrio de Jesús María, o que tocaran/cantaran en otras agrupaciones musicales de la ciudad, condicionaron igualmente la entrada al coro.

La presencia del “historiador” fue un elemento nuevo, establecido por la política cultural para las agrupaciones folclóricas. Era el encargado de atesorar los datos históricos del grupo. Se desempeñaba como moderador en las presentaciones. Ejerció además como promotor del grupo en los medios de comunicación y funcionó, entonces, como gestor cultural de estos grupos. Juan Enrique Rodríguez Valle y Armando Legón Toledo fueron los primeros historiadores de los coros de claves espirituanos.

Luego del fallecimiento de Teofilito, en la década del 70, Armando Zamora fue designado director[4]. Este rol se asumió de manera institucional, obviando la significación histórica de tal condición entre los músicos del coro, así como la presencia de músicos portadores. La jubilación y el fallecimiento de los miembros más longevos trajeron consigo la inclusión de personas ajenas a la tradición, lo que generó contradicciones dentro del grupo, pues los nuevos músicos procedían de agrupaciones diferentes de los coros de claves.

En el año 1972, el coro de claves quedó registrado en su primer fonograma, un disco de 45 rpm perteneciente al sello Areíto. La grabación fue realizada en la actual Sala de Arte de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena por un equipo dirigido por la doctora María Teresa Linares (Marrero, 2012, p. 34). Según las notas discográficas, el coro ‒organizado por la entonces Delegación del Consejo Nacional de Cultura, con integrantes de antiguos coros‒ se amplió con portadores de esta tradición que ya no formaban parte de la agrupación: Leoncia Marín y Alberto López.

El fonograma recogió esta música en una grabación con fines científicos, patrimoniales y comerciales. Por tanto, la placa constituye el único referente musical del coro de claves en esa década.

En el año 1984 se grabó su segundo disco, el LDS 308, realizado en los estudios Siboney, pertenecientes a la EGREM, en Santiago de Cuba. El repertorio ‒de mayor extensión que el del disco anterior‒ incluyó un total de once obras. Se registraron temas de distintas etapas de la tradición musical de los coros de claves espirituanos. Esta grabación fue la última que se realizara de las voces y la música de los portadores que conformaban la agrupación de entonces, por lo que constituye el referente más completo, desde los puntos de vista genérico, estilístico e histórico.

Los años noventa fueron críticos para el coro como consecuencia de la jubilación y el fallecimiento de los últimos portadores de la tradición, así como de los músicos reproductores que se incorporaron. Debido a su ausencia, aun cuando el grupo se mantuvo en los escenarios, sufrió un desgaste en su calidad interpretativa, lo que acarreó la devaluación por parte de una comisión nacional perteneciente al Instituto Cubano de la Música.

Ante tal situación no se realizó un trabajo multidisciplinario para la salvaguarda de las características del coro de claves por parte de las instituciones competentes en el asunto. La información y los músicos portadores-reproductores, permanecieron en los barrios de Jesús María, Bayamo y Santa Ana, lugares donde perdura esta tradición en la memoria colectiva de sus residentes.

En ese entonces la selección de los músicos se realizó mediante audición convocada para formar parte de la agrupación” (Rodríguez, 2013). En la nueva membresía del clave espirituano coincidieron entonces dos tipos de músicos: los llamados empíricos y aquellos con formación musical académica, que integraban otras agrupaciones. Los músicos empíricos, no obstante, fueron superiores en número a los académicos. Algunos de ellos tenían además una vasta experiencia en la música popular, o sea, que su formación como músicos es de carácter dual.

En el 2014 se grabó un producto discográfico y audiovisual por el sello Colibrí. Allí se recogieron las voces del actual conjunto. El material incluyó grabaciones de los archivos radiales, así como un documental sobre la historia del conjunto. Este producto fue materializado por especialistas del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana e investigadores locales. Las grabaciones se realizaron en los estudios Eusebio Delfín de la EGREM en Cienfuegos.


NOTAS

[1] Entrevista a Leoncia, 1987.

[2] Entrevista a Leoncia, 1987.

[3] Antes de la división político-administrativa de 1976, Cuba estaba conformada por seis provincias, que, a su vez, se dividían en regiones.

[4] Zamora fue colocado con anterioridad para que asimilara las particularidades de la música en función de la salvaguarda de esa tradición (Zamora, 2013).


Referencias

CIDMUC. (1986). Informe: Trabajo de campo. Provincias Villa Clara y Sancti Spíritus. Universidad de las Artes.La Habana.

CIDMUC. (197). Instrumentos de la música folclórica y popular de Cuba. Atlas. Editorial Ciencias Sociales, La Habana.

Guanche, J. y Suco, I. (1986). “El arte popular y tradicional”, en Revista Revolución y Cultura.5 (5).2-9.

Guanche, J. (2011). El patrimonio cultural vivo y otros temas de antropología. Adagio, La Habana.

Legón, A. (sin fecha). Biografía del coro de claves. Fondo factográfico No. 1045. Museo Nacional de la música, La Habana.

León, A. (1974). Del canto y el tiempo. Pueblo y Educación, La Habana.

Marrero Pérez de Urría, G. (2012). Presencia espirituana en la fonografía musical cubana volumen I. Luminaria, Sancti Spíritus.

Mejuto, M y Guanche J. (2007) La cultura popular tradicional en Cuba. Conceptos y términos básicos (Compilación). Adagio, La Habana.

Muro, S., Soler, C. y Damas V. (Sin fecha) Historia del tradicional coro de claves de Sancti Spíritus, único en el país. Fondo # 618. Fondos del Movimiento de Activistas por la Historia. Expediente # 334. Legajo # 8. Archivo Provincial de Historia, Sancti Spíritus.

Rodríguez Esplugas, L. (2011). “Lo que la canción esconde”, en Revista Clave 1-2-3. 60-69.

Rodríguez López, M. (1999) Coros de clave. Cuba en Diccionario de la música española e Hispanoamericana, v. IV. SGAE, España.

Rodríguez Valle, J.E.  (Julio-octubre, 2019). Estudio musical referente a la interrelación de los pueblos Lagos de Moreno y Sancti Spíritus. Pedagogía y Sociedad, 22(55), 4-28. Recuperado de http://revistas.uniss.edu.cu/index.php/pedagogia-y-sociedad/article/view/92

Valdivia García, A.L (Sin fecha). Apuntes para un estudio crítico sobre el surgimiento de los coros de clave en Sancti Spíritus, Fondo # 618. Fondos Raros y Valiosos. Biblioteca Provincial “Rubén Martínez Villena”,Sancti Spíritus.

Entrevistas

Leoncia Marín, realizada por Victoria Eli y Analesse Brizuela, 1986.

Armando Zamora Naranjo, realizada por el autor, 2013.

Rosa Lidia Rodríguez Bello, realizada por el autor en 2013.

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