Zenaida Romeu González: del acento femenino en la familia Romeu

Por Ailer Pérez Gómez

El aporte femenino en la genealogía musical del apellido “Romeu” en Cuba, tuvo su inicio en la notable impronta de la maestra Zenaida Romeu González (1910-1985). Su trayectoria como pedagoga, pianista, directora y compositora, aún poco conocida y valorada, fue reflejo de la proyección multidimensional que ha identificado durante más de una centuria a muchos de los miembros de tan ilustre familia.

Sin embargo, el piano estuvo en la esencia de su práctica musical desde siempre, cuyo origen se halla en una muy temprana formación bajo la tutela de su padre, Armando Romeu Marrero. Luego, la maestra Margot de Blanck Martín en el Conservatorio Nacional “Hubert de Blanck” (1929), y el profesor ruso Jasha Fisherman (1937), en cuya academia sería posteriormente profesora asistente, contribuyeron a completar y perfeccionar un oficio en el campo de la enseñanza de la música, que quedaría inmortalizado en la memoria de las diferentes generaciones de músicos cubanos a los cuales Zenaida formó.

Pero podría decirse que su trayectoria como pianista en diferentes ámbitos, irradió e influenció todo su quehacer. De ello dan muestra los datos que aparecen recogidos en unos pocos textos de diccionarios y enciclopedias sobre la música en Cuba.

En ese sentido, se señala su intervención, en 1936, como solista con la Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig. Siendo este un ejemplo relevante de su labor, no solo como solista en recitales y conciertos, sino también en formatos de cámara, auspiciados en ocasiones por la Sociedad de Música de Cámara de Cuba. Su desempeño también estuvo encaminado hacia músicas con acento nacional, a través del repertorio pianístico cubano de contradanzas, danzas y danzones, y además se desdobló como pianista acompañante de solistas y compañías de zarzuelas y operetas. De ahí que se asocie su trayectoria a nombres relevantes como Ernesto Lecuona y Rodrigo Prats.

El mundo escénico le llevó a la radio: en 1938 se inició en la emisora CMQ dirigiendo zarzuelas, labor que continuó hasta 1941. También le colocó, en 1946, frente a una orquesta de veinticinco músicos en el Teatro Auditórium, un año después dirigió los espectáculos artísticos del teatro Encanto y en 1954 dirigió otra orquesta, en el teatro Nacional, para acompañar a la castañuelista María del Pilar. 

Son justamente estos hechos los que llevan a la musicóloga cubana Victoria Eli a situarla: “[…] entre las primeras mujeres que asumieron en Cuba la dirección de orquesta dentro de un repertorio de zarzuelas, operetas y variedades”. (Eli 1999, p. 398)

Este hecho puede verse como premonitorio si se tiene en cuenta que justamente su hija Zenaida Castro Romeu, se convirtió luego en la primera cubana graduada doblemente, como directora orquestal y coral, al crearse como perfil académico en el país y que además se convertiría en un referente de la especialidad más allá de las fronteras nacionales.

“Yo no supe hasta hace poco que mi madre había estado al frente de dos orquestas. Ella era una persona muy modesta y las cosas que hacía no las tenía en cuenta como importantes. Creo no tuvo conciencia de lo que había hecho, ni mucho menos que iba a resultar pionera.”

Cos Villar 1993, p. 9.

De ese modo rememora y valora la maestra Zenaida Castro Romeu la impronta de su madre, quien fuera también inspiración para emprender de forma definitiva el camino nada fácil de la dirección orquestal, e imprimirle a la especialidad un sello, no solo femenino, sino de excelencia, mucho más allá de cualquier frontera de género posible.

Su trabajo como pianista también le permitió transitar por otros diversos caminos: giras de concierto por varios países del continente, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Un dúo de pianos con su hermano Mario, creado en 1942, y que tuvo en su momento notables éxitos en presentaciones teatrales, en radio e incluso televisión posteriormente. Precisamente estos medios marcaron de forma especial su trayectoria musical, vinculándose a su programación como solista, pianista acompañante, repertorista, directora de orquesta y coros, e incluso directora de programas musicales. Es en ese sentido su vínculo con la conocida “Corte Suprema del Arte”, de CMQ, con la programación de RHC Cadena Azul o la emisora Mil Diez. 

De igual forma, durante la década de 1960 se desempeñó, de modo sistemático, como directora musical de programas infantiles, para los cuales puso en práctica otro de sus talentos, la composición, al crear, según se conoce, más de doscientas canciones. También su experiencia como pedagoga tuvo realce, al permitirle organizar y dirigir un grupo de niños encargados de interpretar y realizar el trabajo coreográfico para estas canciones.

Todos estos caminos recorridos se revirtieron en una proyección pedagógica cada vez más eficaz. Muchos devinieron luego excelentes ejecutantes: Danielle Andonov, Tensy Krismant, José Alberto Martí Alonso, Dagmar Muñiz o Chucho Valdés (Martel 2014, p. 48). Pero esas experiencias acumuladas también le dotaron de una visión, que fue más allá de la enseñanza del piano, una sabiduría demostrada en saber identificar, desde momentos muy tempranos la verdadera vocación, potencialidades y proyecciones futuras de muchos de sus discípulos, muchas veces ni siquiera imaginados por ellos, pero luego cumplidos como una suerte de designios proféticos.

Creó con objetivos pedagógicos gran cantidad de ejercicios encaminados a obtener relajación, destreza y diversas calidades de toque, así como cuadernos de pequeñas piezas sobre rondas y ritmos cubanos para la enseñanza elemental del piano. Encaminó esfuerzos por lograr la inclusión del repertorio cubano en los programas de estudio, de obligado aprendizaje entre sus alumnos.  Alcanzó exitosos resultados en la enseñanza de niños de corta edad desarrollando en ellos, desde los primeros momentos del estudio del instrumento, capacidades de reproducción e interpretación auditiva y paralelamente aplicaba el aprendizaje del solfeo a las propias dificultades enfrentadas en el estudio. 

A la creación del Instituto Superior de Arte, en 1976, se incorporó también a la casa de altos estudios, en las cátedras de Piano complementario y Canto, aunque sin abandonar la enseñanza para los primeros años de estudio del piano, a la cual legó valiosos aportes, aún hoy insuficientemente conocidos y reconocidos.

Otra faceta de su vida que influenció todo su desempeño fue su perfil como creadora. La composición le acompañó en cada espacio de trabajo: música popular (canciones), música para niños, obras didácticas, orquestaciones, musicalización de textos, música para la radio y la televisión.

Plantear un catálogo que registre y dimensione toda su obra es aún una tarea pendiente. Conocer, estudiar y valorar canciones como, Aunque sepas, dímelo, La venganza, Quiéreme como yo te quiero a ti, Qué linda es la vida, Solo tú eres capaz y Me arrepiento, las danzas Ofrenda (dedicada a Ernesto Lecuona y Guanabacoa la bella, el danzón Sueño de un anochecer, la habanera A María (dedicada a María Cervantes) o la guaracha Yo soy la candela, seguramente de daría un matiz diferente a la historia de la música cubana.

Fuentes:

Cos Villar, María Elena. “Los Romeu”, en Juventud Rebelde, 3-1-1993, p. 9.

Eli Rodríguez, Victoria. 1999. “Zenaida Romeu”, Emilio Casares (ed) Diccionario de la música española e hispanoamericana, Madrid: Editorial SGAE-ICCMU, p. 398.

Valdés Cantero, Alicia. 2005. “Romeu González, Zenaida”, Diccionario de mujeres notables en la música cubana, La Habana: Ediciones Unión, pp. 289-291.

Martel Pérez, Camila. 2014. “Zenaida Romeu: una maestra del piano en Cuba”, Clave, 16(1): 47-50.

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