Benny renace en sus setenta: “…sin parar ni apagarse en el aire nuestro de cada día…”*

Por Rosendo Ruiz Quevedo. Compositor

Fotos: Archivo MINCULT

*Publicado en revista Clave No. 14/1989, 1ra etapa, pp. 24-26.

A propósito de celebrarse hoy el natalicio 101 del legendario Bárbaro del ritmo Benny Moré, les ofrecemos este artículo publicado por el destacado compositor Rosendo Ruiz Quevedo en 1989.

Un griot antillano en La Habana

Recién estrenada la década de los años cuarenta –uno de los periodos de mayor importancia en el desarrollo de la música popular cubana-, un joven, mulato, alto, desgarbado, llega a La Habana procedente de Santa Isabel de las Lajas, provincia de Las Villas, donde naciera un 24 de agosto de 1919.

Virginia Moré, refiriéndose a su hijo Bartolomé Maximiliano (quien años más tarde adoptaría el nombre artístico de Benny Moré), rememoró en varias ocasiones lo mucho que a él desde chiquitico le gustó la música.

¿Quién podía haber imaginado que el pequeño Bartolomé llegaría a ser uno de los más grandes ídolos de su pueblo, monarca de una dinastía indeclinable, símbolo de una firme identidad musical nacional, en tanto que hemisférica?

En su infancia y en los años más jóvenes, el Benny se impregna de las mejores esencias melódico-rítmicas de las supervivencias, de procedencia africana, campesina y populares, del pequeño universo de su pueblo. Aquellos primeros años dan cuenta de su actuación en el Trío Avance y de las serenatas en compañía de sus compañeros y amigos Enrique Benítez y «Cheo» Casanova. Cuando llega a La Habana, el Benny trae consigo como único capital una destartalada guitarra y un invisible saco azul, repleto de sueños y esperanzas.

En un corto viaje que realizara a la capital alrededor de 1936, su curriculum de presentación era impresionante: cuarto grado de instrucción primaria, experiencia laboral como peón agrícola, repartidor de comida en cantinas, carretillero y promotor de venta de frutas y viandas averiadas junto a su tío Tomás Armenteros.

La miseria, el hambre que imperaba en la Cuba de los años cuarenta, apresura su presentación en el escenario abierto de la zona portuaria capitalina. El Benny a modo de un Griot Antillano, (síntesis simbiosis del trovador medieval europeo y del griot/trovador africano), ofrece sus «recitales» que finalizan con el ritual invariable de «pasar el plato», solicitando de los ocasionales mecenas-transeúntes la imprescindible ayuda económica para el «amanezco».

La suerte comienza a sonreírle y en 1944, junto al Sexteto Cauto, del tresero oriental Mozo Bergulella, debuta en Radio Mil Diez. Es allí donde al escucharlo Miguel Matamoros, lo incorpora a su conjunto utilizándolo en la voz prima.

Como integrante del grupo de Matamoros, Benny Moré parte a México en 1945. Una vez cumplido el contrato, Miguel Matamoros decide regresar a Cuba. Benny, en busca de nuevos horizontes, intenta «probar fortuna» y gestiona permanecer en aquel país. Con la ayuda de Clemente Piquero (-Chicho-) un bongosero que residía desde hacía tiempo en el país azteca, obtiene el permiso necesario de los dirigentes sindicales mexicanos para poder trabajar como cantante. Una de sus primeras actuaciones se realiza en el cabaret Rio Rosa. Al poco tiempo integra con otro cantante, Lalo Montané, el dueto que indistintamente se llama Dúo Fantasma o Dúo Tropical.

El gerente de la R.C.A. Victor mexicana, Rivera Conde, facilita a Benny grabar discos con las orquestas de los cubanos Mariano Mercerón y Arturo Núñez y con la del conocido compositor mexicano Rafael de Paz. Uno de sus éxitos iniciales con Mariano Mercerón fue la guajira Me voy pa´l pueblo de Mercedes Valdés.

Sin embargo el éxito mayor llega cuando decide incorporarse a la orquesta de otro cubano, el maestro Dámaso Pérez Prado. Tal conjunción fue consagratoria. Bonito y sabroso, Ensalada de mambo, Mucho corazón, Pachito e´eche, entre otros títulos constituyeron grandes sucesos musicales. En el teatro Blanquita, de la capital mexicana, triunfó rotundamente el espectáculo musical titulado Al son del mambo:

«…pero que bonito y sabroso

bailan el mambo las mexicanas…»

El binomio Pérez Prado-Moré, permeó a tal punto la atmósfera del ambiente mexicano que, incluso los registros fonográficos de intérpretes famosos como María Luisa Landín, ofrecían el contraste del canto expresado en una línea melódica, suave y cálida con el ininterrumpido suspenso de un fondo «mambeado» acompañante.

Más de sesenta grabaciones fonográficas y al menos siete producciones fílmicas, integran el curriculum de Benny Moré quien, en 1950, decide regresar a Cuba.

Benny Moré, el intérprete vocal más completo de la música bailable cubana

Sin olvidar los valores extraordinarios de grandes figuras que hicieran triunfar la música cubana a nivel internacional como Antonio Machín y Miguelito Valdés, existe un criterio generalizado que concede a Benny Moré una categoría integral a partir de una serie de factores y cualidades que le otorgan, hasta el momento, una musicalidad única.

Mostró un dominio absoluto de los más diferentes estilos y modalidades de la música popular cubana y del ámbito caribeño (canción, bolero, criolla, son, son-montuno, mambo, chachachá, cumbia, merengue).

El Benny convirtió el timbre nasal de su voz –un defecto natural que le habría impedido el acceso a cualquier centro de estudios musicales- en una especie de resorte emotivo, un recurso de gran efectividad que utilizaba en el ataque y conclusión de determinadas frases musicales, proyectando su voz en un portamento muy personal, desde el registro medio hasta los planos más agudos.

Sabía darle a su voz la inflexión requerida de acuerdo con el sentido del texto y con el trazado melódico: satírico, irónico, dicharachero, arrullador, de alegría incontenible, de tristeza o de añoranza.

Del inimitable Bola de Nieve, citamos su opinión sobre Benny Moré: «…No he visto un título mejor que el de Bárbaro del ritmo, porque podía hacer todos los ritmos cubanos con el maravilloso timbre de su voz.»

Miguelito Cuni, el Rey de los soneros, expresó del Benny: «Como sonero: ¡excepcional!, como rumbero: ¡magnífico!, como improvisador ¡genial!».

Pocos como él han sabido escoger el repertorio musical requerido. Con independencia de sus propias creaciones, la nómina de sus grabaciones fonográficas ofrece alrededor de sesenta nombres de otros compositores muy populares, incluyendo algunos extranjeros. La ductibilidad del Benny para cantar a dúo quedo demostrada en sus versiones con Lalo Montané, Tony Camargo, Alfredo Sadel y las insuperables versiones que, junto al justamente afamado tenor mexicano Pedro Vargas, realizara de Obsesión y Perdón, dos composiciones del destacado compositor boricua Pedro Flores.

Tan importante como su forma de cantar, era el baile, sus pasillos, una coreografía excepcional y entrañablemente popular que no constituía un simple show como alguien ha dicho. Un show bien montado es importante: El Benny improvisaba sus movimientos, que no respondían a una rutina aprendida y miméticamente repetida.

El Benny y sus «genialidades»

El jazz, el tango, la samba y nuestro son cubano, algunas de las músicas populares más representativas y universales surgidas en América, evidentemente no fueron creadas en conservatorios ni academias musicales, por la sencilla razón de que los profesores de tales centros educacionales solo se ocupaban de la vida musical del Viejo Continente. Es indiscutible que los estilos y las modalidades más auténticamente representativas, siempre se han originado en las entrañas de los pueblos.

Irving Berlín, Carlos Gardel, Agustín Lara, Sindo Garay, Benny Moré, ¿dónde estudiaron? ¿Quién enseñó a César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Elena Burke, Omara Portuondo, el estilo personal que caracteriza a cada uno? Más cerca de nuestros días, sirven de ejemplo Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. ¿No habrán hecho patente sus valores naturales aun antes de recibir el apoyo, el beneficio técnico que en la actualidad se ofrece a quienes lo requieren?

Benny fue uno de esos casos ya que con una instrucción harto precaria, frente a todas las adversidades, socialmente integrado al sector de los marginados y discriminados, logró en pocos años alcanzar el triunfo no solo como cantante sino también dictando sus orquestaciones y dirigiendo su orquesta; no leyendo la partitura en un atril sino sintiéndola en el corazón.

Lo bueno y lo malo de Benny Moré

Ante todo fue un hombre definido en el arte y en la vida. Su pueblo se vio reflejado en él, por eso lo respetaba y lo quería.

Cumplió con un viejo proverbio árabe: «sembrar no uno sino muchos árboles»; escribió no un libro sino muchas canciones. Impuso sus valores de manera limpia y transparente, nunca a costa de los demás. Llegó a la cumbre como el águila, no al modo de los segmentados.

Su afición a las bebidas alcohólicas es innegable. ¿Pero acaso se podría juzgar a grandes luminarias universales por ser sensibles a la drogadicción, o por sus valores artísticos? ¿Que incumplió sus compromisos con los magnates de la contratación? Es muy posible que ocurriera así en distintas ocasiones. Sin embargo, jamás incumplió sus compromisos con el pueblo. En los años sesenta aportó su concurso artístico en múltiples ocasiones.

No solo cumplió con el pueblo cubano, en Haití rehusó cantar para el tirano Magloire, en tanto fue a ofrecer su canto al maltratado pueblo haitiano.

En Venezuela fue encarcelado por herir en la cabeza a un empresario envalentonado, un tal Max Pérez, que intentó «dar yerba» a su «tribu» (no pagarle a su orquesta).

En una ocasión rehusó actuar en un cabaret porque se le impedía el acceso al conocido compositor José Antonio Méndez, simplemente por «razones» étnicas. La estatura de Benny se acrecienta cuando rechaza una importante oferta económica cuyo propósito estaba encaminado a que abandonara nuestra patria tras el triunfo revolucionario de 1959.

Fernando Álvarez, que integró su orquesta, le agradece los consejos que siempre le brindó y el haberlo ayudado a independizarse.

Cuando la Orquesta Aragón tuvo problemas para actuar en los bailes, el fallecido Rafael Lay contaba cómo el Benny «les tendió la mano», haciendo que «los aragones» fueran contratados junto a su «tribu orquestal».

Joaquín Mendivel, quien realizara varias orquestaciones para Benny, subraya cuánto dinero de su bolsillo le costaban las grabaciones de la RCA Victor a Benny, ya que los noventa pesos por cada cara del disco no cubrían para pagar la tarifa a la cantidad de músicos de su orquesta.

Su condición de compañero y su carisma determinaron el magnífico trabajo de conjunto de la orquesta que mantuvo un estilo constante y característico, no obstante los diferentes orquestadores a quienes solicitaba sus servicios, Eduardo Cabrera («Cabrerita»), Pedro Jústiz («Peruchín»), Generoso Jiménez («Tajo») y el antes citado Joaquín Mendivel entre otros.

Te he pedido perdón

con el pensamiento,

te he pedido perdón, vida

sin saberlo tú…

Los artistas que son reflejo claro del pueblo, se tornan inmortales

A la muerte de Benny Moré, el 19 de febrero de 1963, de inmediato se produjo una espontánea manifestación de duelo nacional en todo el país.

Las personalidades de mayor representación en los diferentes sectores de la nación, expresaron su pesar por la pérdida irreparable. Había muerto uno de sus más grandes artistas, un revolucionario de la cultura, un combatiente irreductible por la dignidad y la plena vigencia de la identidad de la música cubana.

La repercusión internacional de su carrera reafirma la popularidad disfrutada por el Benny en muy lejanos países, donde sus grabaciones fonográficas eran bien conocidas. Y, por supuesto, eran más que impresionantes las referencias recibidas desde los países por él, visitados: México –una segunda patria musical para los cubanos-, Venezuela, Colombia, Haití, Panamá y los propios Estados Unidos, país al cual viajara en 1957 en ocasión de la entrega anual del Oscar en Hollywood. En aquella oportunidad fue largamente ovacionado al presentarse acompañado por la orquesta del afamado compositor mexicano Luis Alcaraz.

Sin duda, el Benny caló muy hondo en el corazón de las mayorías al tiempo que recibió expresiones de admiración de altos exponentes de la cultura nacional.

No han faltado los enfoques elitistas en la búsqueda de una pretendida perfección escolástica en el arte popular que han calificado la obra del Benny como modelo de cursilería y ejemplo de pobreza literaria de los años cuarenta a los cincuenta.

Radamés Giro, de la Editora Letras Cubanas, en la línea de publicaciones sobre música, refiere que fue testigo presencial, en 1958, de lo que hoy es una anécdota. Cuando el afamado músico italiano Luigi Nono, uno de los forjadores de la vanguardia musical contemporánea, impartía una conferencia en un estudio de la firma discográfica EGREM, un alumno de Composición, le expresó que «ya no le interesaba la música que presentara finales bethovenianos ni cualquier otro estilo convencional». Entonces Nono le pregunto: «¿Conoce usted la música de Benny Moré?» El alumno respondió que no y el compositor italiano le refuto: «Conozca primero la música de Benny Moré y luego la contemporánea.»

«Poco después –añade Radamés Giro-, leí en un boletín de música que hacía años, Luigi Nono había dirigido un espacio en la televisión italiana en el que utilizaba la música del Benny.»

Su talla de artista legitimo lo reviste de universalidad porque Benny, al decir de Radamés Giro «llevaba dentro de sí el alma de su pueblo hecho música.»

Uno de los valores más destacados de la literatura y el arte cubanos que ofreció a Benny Moré su testimonio de admiración y reconocimiento, Nicolás Guillén, nuestro Poeta Nacional, manifestó:

«… Así como nace ahora de su muerte para no morir más, el hombre a quien toda Cuba ha llorado con lágrimas que mojan, pero cuya voz suena como nunca, sin parar ni apagarse en el aire nuestro de cada día…»*

«Vida, desde el día en que te vi…»

*Subrayado del autor.

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