La Anécdota Musical…¿Quién era la negra Tomasa?

Por Gaspar Marrero. Investigador musical

Quien estas líneas escribe, comenzaba, allá por los ya lejanos años 1970, su carrera en la radio: simulaba que dirigía un programa dominical de la querida emisora C.O.C.O., en aquellos minúsculos estudios de la calle 10 del Vedado habanero. Cuando recorro ese popular barrio, evito pasar ante aquel sitio -hoy es una casa de familia-. Es el temor a la nostalgia y la añoranza…

Para uno de esos domingos preparé un especial por el aniversario de Miguel Matamoros. Varios días antes se anunció por la emisora. Y el sábado por la tarde recibí el aviso de que Siro Rodríguez y Rafael Cueto harían acto de presencia en los estudios. En pocas horas modifiqué cuanto había escrito y conformé lo que sería una entrevista al aire. La emisora no contaba con equipamiento ni local adecuado para la grabación; así las cosas, organicé la audición de modo de que la única grabadora con que contábamos, la de la propia cabina de trasmisiones, recogiera la señal en vivo. La cinta magnetofónica obtenida quedó desde entonces en los archivos de la planta radial. No sé si habrá sobrevivido…

Con puntualidad inglesa, en aquella mañana de domingo, Cueto y Siro llegaron a la C.O.C.O. Les acompañaba el guitarrista y compositor Guillermo Rodríguez Fiffe: nacido en Mayarí, había llegado a La Habana en 1936 y organizó el Trío Azul, el cual lo completaron Enrique Valls y Rosendo Ruiz. Y, tras el obligado diálogo con los Matamoros, le escuché a Rodríguez Fiffe esta anécdota, al parecer, totalmente desconocida hoy.

Hace muchos años, una familia rica celebraba una fiesta en su residencia. Contrataron al Trío Azul para que amenizara el ágape. Producto de la difícil situación económica de la época -por entonces, no era posible vivir de la música- los del trío llevaban muchas horas sin ingerir alimento cuando llegaron al lugar de la celebración. Pero no tenían derecho al bufet. Ver pasar ante ellos las bandejas con todo tipo de comestibles y bebidas, era demasiada tortura.

A punto de desfallecer, una negrita cocinera los vio, comprendió el mal rato que los músicos pasaban y los llevó a la cocina. Allí, ella les preparó una copiosa merienda, totalmente exclusiva. Ya repuestos, saciada su apetencia, Rodríguez Fiffe, uno de los integrantes del trío, le preguntó:

-Disculpe usted, ¿cuál es su gracia?

-Tomasa, me llamo Tomasa.

-Pues, ¿sabe una cosa, Tomasa? La voy a inmortalizar, porque lo que usted ha hecho con nosotros merece que se le haga música.

Poco después, compuso una guaracha que todavía se canta: Estoy tan enamorado / de la negra Tomasa / que cuando se va de casa / qué triste me pongo… / Esa negra linda, camará’, / que me echó bilongo. / Na’ má’ que me gusta la comi’a / que me cocina / na’ má’ que me gusta la café / que ella me cuela…

Al parecer, la grabación más antigua de la guaracha Bilongo data del 5 de marzo de 1939, para discos Victor, por la Orquesta Hermanos Le Batard y su cantante Frank Carreras. Diez días después, fue registrada en Nueva York, por el boricua Davilita con la Orquesta Hermanos Morales, dirigida por el pianista y compositor Noro Morales. Y en septiembre de 1940 la grabó el también puertorriqueño Bobby Capó con la banda de Xavier Cugat. En total, unas veintitantas versiones grabadas hasta 2005, cuando se incluyó en el CD Calle 54 por el gran Bebo Valdés. Deben contarse muchas más hasta hoy.

Finalmente, aquella negrita cocinera nombrada Tomasa que me echó bilongo, gracias al agradecido músico, logró la inmortalidad.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s