El ISA, “45 Aniversario”… Irina Martínova. Renovación en la enseñanza del Solfeo y la Armonía en Cuba

Por Iliana Z. García García. Directora coral. Musicóloga. Profesora de la Universidad de las Artes

Una especial estela quedó para siempre en la Escuela de Música de la Escuela Nacional de Arte cuando en la década de 1970 llegaron profesores de la entonces Unión Soviética. Maestros de piano, en especial, hicieron su entrada en el primer lustro. Pero no fue hasta 1975 que arribó a la prestigiosa institución una maestra de asignaturas teóricas, sobre todo de Solfeo y Armonía, cuya irrupción en estos estudios revolucionó la enseñanza de esas fundamentales disciplinas. Irina Martínova fue destinada a impartir tales materias a pocos grupos, entre los que me encontraba, para recibir, mediante sus rudimentos del idioma español, nuevos y sólidos enfoques teóricos. 

En Irina estaba presente toda la historia de la pedagogía rusa y la teoría de la música. Tanto para los maestros cubanos de la Escuela de Música como para los estudiantes, aquella visión de la enseñanza del tan controvertido Solfeo como de la difícil Armonía resultaba novedosa y científicamente muy bien avalada. 

Yo que procedía de una carrera de Matemática en la Universidad, podía entender los enfoques presentados de una manera más profunda y coherentemente argumentada. En cuanto a la enseñanza de la Armonía, el artículo “Una visión integradora del pensamiento armónico en el contexto académico cubano”, publicado en la Revista Clave No. 2 de 2013, dedicada a la pedagogía, señalaba al respecto:

Esta óptica se debía, sobre todo, al desarrollo alcanzado en esa múltiple nación, cuyo progreso en los estudios musicológicos respondía a una gran tradición filosófica, científica, teórica, así como pedagógica, que desde siglos anteriores se venía gestando y consolidando. En el terreno de la teoría de la armonía se generó un despliegue que le permitió penetrar en un vasto campo de interrelaciones y significados, aspectos necesarios para una comprensión más plena de su función en las imágenes y formas del lenguaje musical.

Y en lo referente al Solfeo, se ampliaba el campo del entrenamiento auditivo, especialmente en el llamado “oído armónico”, en el cual se ejercitan las relaciones funcionales de los acordes en la tonalidad junto a las estructuras de los mismos, así como la lógica de su ordenamiento para auxiliar la memoria y proveer el conocimiento necesario y precedente a los estudios de Armonía. Aquí también se abrió el pensamiento hacia las relaciones de estabilidad e inestabilidad, presentes en el sistema tonal, a partir de elementos básicos como los sonidos estables e inestables que conforman los intervalos característicos y aquellos cromáticos que forman parte de los acordes alterados. Esa comprensión de los fenómenos inherentes a los sistemas tonales o no tonales crearía una base firme para el desarrollo de habilidades necesarias en la teoría y práctica de la armonía, el contrapunto o el análisis. Los ejercicios escritos, el análisis armónico de las obras así como la práctica de la armonía al piano, constituyeron formas de trabajos esenciales para el desarrollo de las habilidades, no solo armónicas, sino en las restantes disciplinas.

En ese sentido el aporte decisivo de los maestros rusos y en este caso de Irina Martínova permitió una renovación de los enfoques en estos campos, una complementariedad con lo que teníamos de nuestra propia tradición en la enseñanza de la música en Cuba.

En lo personal, podría añadir muchas experiencias vividas a partir de la llegada de la maestra, pues para mí fue no solo encontrarme con todo ese pensamiento profundo, sino también con la persona amable, inteligente y capaz de ayudar a todos aquellos que deseaban superarse en estas disciplinas teóricas. Primero tuvo una presencia en el nivel medio desplegada en los dos primeros años de su estancia. Luego, al volver después de un año en su país, permaneció tres más en Cuba, y los dedicó además de la Escuela Nacional de Música, a la enseñanza en el ISA.

Pude trabajar de lleno con Irina en la realización de programas actualizados con las nuevas metodologías aplicadas al Solfeo y la Armonía, así como participar en eventos pedagógicos con un trabajo sobre la importancia de la Armonía al teclado. A su vez ella trabajó en la traducción de libros especialmente el Manual de Armonía del colectivo de autores rusos-soviéticos, que tradujo completo.

Su relación con los profesores igualmente fue determinante para implantar nuevos puntos de vista de las asignaturas. Un rol fundamental lo jugó la maestra Elvira Fuentes, metodóloga principal a nivel nacional en esos años, quien tuvo la visión y tarea de organizar, propiciar seminarios y encuentros con maestros del país para poder proceder con todo lo nuevo.

Puedo decir con orgullo que la maestra Irina Martínova me preparó para asumir esa renovación de las disciplinas referidas, en las cuales me adentré para dedicarme por entero a la enseñanza y la investigación musicológica en ese campo teórico. Le debo a ella el amor por lo que he hecho y hago, por hurgar y encontrar nuevos derroteros y contribuir en todo lo que pueda para continuar su legado, tomando, como es lógico, todo lo positivo que nuestra enseñanza cubana ha tenido a lo largo de tantos años de tradición; pero es indiscutible que su intervención dejó huellas indelebles que quedarán también directa e indirectamente en las futuras generaciones de músicos, profesores e investigadores de Cuba.

¡Gracias a la maestra Irina por toda su entrega y amor a la educación musical cubana! Nuestro sincero reconocimiento a su labor en la Escuela Nacional de Música y el Instituto Superior de Arte.

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